Contra el secuestro

Fede Durán | 24 de mayo de 2014 a las 12:16

ES probable que el votante español, espiritualmente desencantado con el país y maltrecho en expectativas laborales y económicas, considere la opción de la abstención en las europeas del domingo como la mejor senda posible por la carga de castigo (simbólico) que apareja. Se equivoca: un voto siempre vale más que el silencio. Además, los partidos convencionales (PP, PSOE, UPyD y en menor medida IU) jamás se han dado por aludidos cuando el latigazo adopta esa forma ausente.

Opciones nuevas hay básicamente tres. Una a la derecha de la derecha (Vox) y dos más al socaire del 15M (Podemos y Partido X). También está Ciudadanos, alternativa curtida en Cataluña cuyo discurso reformista global se queda en mi opinión corto. Quizás Vox sea la punta de un iceberg que Aznar mantuvo sumergido: la atomización de la derecha. Es lo que le ocurre precisamente a la nueva izquierda: Podemos, el Partido X e incluso Equo podrían haber sumado fuerzas, alargando así las expectativas proyectadas por el CIS en su último sondeo.

Se advierte en cualquier caso una interesante división discursiva. PP y PSOE evidencian desde hace años parálisis cerebral. Sus cúpulas han mamado el veneno de la partitocracia y no aceptan la demolición del sistema ni el reto de crear en España una verdadera democracia. Ni sus líderes ni sus emergentes representan la posibilidad del cambio. Al otro extremo se sitúan los ya citados átomos neoizquierdistas, mucho más explícitos y audaces: revisión de la deuda financiera, políticas medioambientales ambiciosas, democracia directa o participativa, fin del austericidio, personas antes que cifras y economía real por delante de economía especulativa. Entre medias, el quiero y no puedo de UPyD, formación fundada por una ex integrante del viejo engranaje y tal vez por ello con un claro sesgo personalista; y el viaje al generalismo de C’s tras romper el huevo original de la cuestión catalana.

Han pasado seis años desde que el falso bienestar hispano se hiciera trizas. Seis años de sinsabores, sacrificios y borrones densos de corrupción. En apariencia, todo sigue como estaba: ninguna de las reformas salvadoras ha desplegado las dosis de intrepidez que la situación exigía. Las dinámicas políticas no sólo se mantienen, se refuerzan: culpar por defecto al contrario; tolerar los latrocinios propios; preservar la Constitución a toda costa porque ahí reside la base del poder de los partidos; administrar la estadística a favor o en contra según se gobierne o se ejerza la oposición; coronar a mediocres en puestos esenciales; prohibir las disensiones internas. Al paquete anterior hay que añadir el divorcio tangible de Cataluña, a cuyo rebufo se coloca el País vasco igual que el señor se sitúa tras el mozo cuando éste desbroza la selva.

No es excesivo imaginar que el país se encamine al subdesarrollo relativo si persiste en el inmovilismo radical. Ninguna de las naciones-modelo europeas (Suecia, Inglaterra, incluso Francia) está tan descaradamente secuestrada como España.

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La utopía de Piketty

Fede Durán | 23 de mayo de 2014 a las 8:00

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LOS megaconceptos económicos son a menudo los más digeribles. Uno en alza es la desigualdad, presente en la España de los seis años en el hoyo pero también en el resto de Europa y del mundo –Hispanoamérica y África siguen siendo campeonas en este luctuoso ránking–. Thomas Piketty, francés de 43 años y autor del raro best-seller El Capital en el Siglo XXI, es el nuevo gran filósofo del capitalismo amable, bendecido y aplaudido por el mismísimo Paul Krugman y elevado por la crítica especializada (incluido el bastante neoliberal The Economist) a la categoría de monstruo teorético.

En esencia, Piketty sostiene que las cosas van mal cuando la tasa de acumulación de capital crece más que la economía, es decir, cuando los beneficios, dividendos e intereses superan a los sueldos y la producción. O cuando la ingeniería creativa vence a la realidad. Es lo que ocurre desde hace décadas y es lo que Obama en EEUU y los 28 en Europa han intentado suavizar tras el viscoso estallido de las burbujas financiera e inmobiliaria. Sin éxito, claro.

La solución propuesta por el galo es tan bella como utópica: crear un impuesto mundial sobre la riqueza que equilibre los dos extremos de la pirámide social, cada día más alejados, tal y como se empeña en demostrar el coeficiente de Gini (por ejemplo). Los ricos nunca accederán a pagar mucho más de lo que pagan. Ellos son el poder convenientemente diluido en la estructura sin rostro de la corporatocracia. Y la corporatocracia es sagrada, mucho más intocable que los políticos que sumisamente la sostienen en pago de sus deudas.

“Si no reformamos el capitalismo, el sistema democrático estará en peligro”, alerta Piketty. Desgraciadamente, el presente ha superado ya esa fase de riesgo. Si las correcciones se fían a Bruselas, a la proverbial cobardía de la clase dirigente habría que añadir el caracolero ritmo típico de las instituciones comunitarias, que parecen conformarse con una reforma a medias. Conviene recordar, asimismo, que el Banco de España (etapa MAFO) alardeaba antes del petardazo universal de su granítica supervisión, luego ni siquiera aquello que nos vendían como modélico era más que un trasto parcheado. Cuando Piketty, Krugman o Stiglitz hablan de revisiones del modelo no piensan precisamente en colorete o lápiz de labios.

Mientras confiamos en que una conjunción astral empuje a Motoro a entender la curva de Laffer antes de que acabe la legislatura, el chapapote de Piketty luce espléndido en España, segundo país europeo con mayor pobreza infantil (Cáritas), pésimo según Gini en la distribución de la riqueza, absurdamente benévolo con las grandes en detrimento de las pymes (tipos reales de Sociedades) y, sobre todo, indecentemente generoso con las rentas del capital cuando las del trabajo rozan a menudo lo confiscatorio (sucesiones y donaciones, IBI, IVA, IRPF y un largo y funesto etcétera). Es lo de siempre. Darwinismo contra regulación. Y aquí llega el círculo vicioso: lo segundo depende de unos estados secuestrados por los partidarios de lo primero.

Y seis tíos más

Fede Durán | 21 de mayo de 2014 a las 20:38

Técnicamente, Memorias de un Poliperturbado llevaba un lustro descatalogado, pero fue un relativo éxito de ventas y apelmazó adhesiones que todavía afloraban como hongos en un pastel demasiado tiempo confinado en el frigorífico. Goliath Stevens, nacido Goliath Pérez por la fijación de su padre por El Capitán Trueno y voluntariamente redenominado en sufijo tras descubrir a Cat Stevens una mala tarde de domingo, se resistía a colgar el teclado. Se resistía sin resistencia, porque tampoco encendía su pequeño monitor con forma de cafetera alegando lumbalgia crónica antes que falta de ideas. No importaba demasiado. Su ego palpitaba brioso al fondo de su caja torácica, entre pulmones que le permitían enredarse en discursos envolventes, junto a un corazón enfermo, necesitado de amor, como los corazones de todos los solitarios forzosos. Entendámoslo: Goliath Stevens medía uno sesenta y tenía manos de niño. Su barriga era en realidad un corpiño invertido, tan expansiva que anulaba el resto de la silueta, y una especie de telaraña de grietas grises descomponía su dentadura, demasiado grande para una boca tan pequeña.

Le habían llamado y había dicho que sí. Nunca antes contó con un club de fans, así que el pecio de su imaginación navegaba por fantásticos océanos de onanismo: sin duda el club estaría compuesto básicamente por treintañeras cultas y atractivas, poco dadas a la convención católica de la castidad, con algunos elementos intrascendentes empotrados en la masa social: tal vez un par de jubilados, alguna gorda repulsiva y el típico bizco erudito dispuesto a santificar incluso a una araña reclusa sólo por sentirse partícipe de algo que no fueran sus propios pensamientos psicópatas.

Goliath llevaba varios ejemplares de Memorias en una caja de cartón de leche de soja, ocho unidades. Pesaba bastante, demasiado para él, y la barriga maniataba sus brazos y la caja se le escurría entre esos dedos de alimaña. Eran las cinco de la tarde, el sol lucía con moderada intensidad y una brisa decente silbaba entre los árboles del parque situado justo enfrente de la librería-cafetería La Rata que Leía a Nietzsche, lugar del evento/nacimiento del Club de Fans Goliath Stevens: El Escritor Maldito (CFGSEM).

Había un banco libre y lo conquistó. Sacó un libro de la caja, releyó al azar y contrajo el rostro versión asco: no le gustaba leerse. Era como cuando John Malkovich se metía en la cabeza de John Malkovich en aquella película de Spike Jonze.

Una mujer gritó su nombre. Se sintió famoso, poderoso, infinito. Puso pie a tierra de un saltito, alerta, energético, y la barriga y las leyes de Newton casi le juegan una mala pasada. Raspó con la vista el parque y la vio. Considerarla fea habría sido demasiado amable: era una mole con textura de gelatina, cada paso le provocaba un seísmo integral, desde el tobillo hasta la frente y las orejas. Goliath percibió una sombra de bigote y el meandro de unas patillas.

-Es increíble que hayas venido. Es increíble tocarte -la mole alargó el brazo rozándole el hombro-. Es increíble que hayas escrito Memorias de un Poliperturbado y que vayas a contarnos tus secretos. Creo que voy a desmayarme.

Tras un ligero tambaleo, la mole permaneció donde estaba, extasiada, con la boca tan abierta que podría absorber las almas de medio planeta convirtiéndolas en metano tras una compleja digestión. Goliath Stevens se repeinó. Minúsculas perlas de sudor le correteaban por el cuello.

-Vamos. Nos esperan.
-¿No vas a besarme?
-No. Oye, ¿puedes llevar la caja? Pareces más fuerte que un mulo -la mole agarró la caja como si fuese un paquete de tabaco y avanzaron hacia La Rata.

*

Estamos dentro, hace calor y huele ligeramente a sobaco.

-Joder.

Todo el mundo escucha el taco. Goliath ha olvidado en el banco el libro que hojeaba. Pensaba venderlos todos. En La Rata hay unas treinta personas. Treinta por veinte, seiscientos.

La mole se sienta, desplazando con los codos a sus dos adláteres/víctimas/potenciales contertulios. Un señor mayor con gafas de culo de botella y el pelo blanco se acerca a Goliath.

-Soy Bruno -al hablar le tiemblan los dientes, como si llevase dentadura postiza y le faltase pegamento.
-Ajá.
-El presidente del club. Es un honor. Le estimamos. Tome asiento -es probable que también visite las fases iniciales del Parkinson.

Goliath toma asiento. Sus esperanzas se desvanecen conforme el visor rastrea al público. Sólo hay restos de pan duro. Granos, cicatrices, asimetrías, dentaduras coloreadas de nicotina, uñas mordidas, párpados a medio cerrar, antiestilismo, alpargatas sin calcetines, demasiados pelos en lugares equivocados y el ya mencionado hedor a sobaco.

-Joder -repite Goliath. La palabra flota sobre los asistentes como una mariposa malparida.
-Creo que es un poema nihilista -comenta la mole al tipo de su derecha.
-Quizás sea un mensaje codificado. Dos joder. Piénsalo. Significa que ya trabaja en su segunda novela. La primera fue un inmenso joder. La segunda joderá todavía más. Un escupitajo al canon de la belleza impuesta por las mafias culturales -argumenta un señor de la cuarta fila.
-Hay más música en las palabrotas que en los discursos. ¡Di otra, tío! -interviene desde la segunda fila el bizco que cubre esa cuota social en cualquier acto democrático.

El escritor expone durante algo menos de diez minutos. Bruno el parkinsoniano modera el debate posterior. Se suceden las preguntas, Goliath activa el piloto automático en las respuestas incorpóreas. Treinta por veinte, seiscientos. Unas litronas en el chino de la esquina y a casa. Surcar las mucosidades del porno. Algo de lectura suburbial. Cerrar los ojos y olvidarlo todo hasta mañana. Stop. Luz roja, parpadeo. El visor ha detectado algo. Fila seis, extremo izquierdo, una voz que emerge como una serpiente encantada. Goliath se levanta, apenas logra verla, y luego la eclosión, la epifanía de dos pechos casi erizados, una piel lechosa, labios color remolacha y facciones de princesa persa. Oye la pregunta pero no la escucha. Abandona el tronito de orador e intenta acercarse. La mole cree que ella es el objeto cuando en realidad es la montaña. Goliath la esquiva con sorprendente agilidad, pero la fila seis está lejos y los corredores son estrechos y están repletos de piernas colgantes y calzado de mal gusto. Al final Goliath trepa a un respaldo, el morador de la silla se incorpora y el usurpador cae sobre la princesa, atrapada como un conejo por esa enorme bolsa de grasa. Nota la erección, nota el aliento a sardinas, nota el calor. Varios voluntarios rescatan al autor y auxilian a la princesa. Se alisan, se revisan, regresan del brutal impacto.

-Soy Goliath Stevens -el gordito le tiende una mano.
-Qué asco, por favor -dice la princesa, y se abre paso y se larga.

Instantes de duda. La nube del veredicto está reuniendo todas sus humedades.

-Eres un pervertido -el juez portavoz es la mole. Le señala con un dedo que parece un taladro específicamente pensado para Fort Knox. Empieza a empujarle. Goliath se trastabilla.
-Treinta por veinte, seiscientos. Treinta por veinte. ¿No vais a comprar?
-Será mejor que te largues, cabronazo -la mole se está arremangando. Es el germen de un guantazo.

Goliath Stevens sale por piernas de La Rata. La idea original anticipada (litrona, kleenex, lectura, olvido) queda modificada por el recuerdo del libro en el banco del parque frente a La Rata. Uno por veinte, veinte. Algún día, pero veinte. El banco sigue donde estaba. Otra mujer, un término medio entre la mole y la princesa, hojea el libro ocupando el extremo derecho del banco. Goliath se sienta justo en medio. Podría enamorarse de ella, o al menos echar un par de polvos. Le recuerda a Cher, aunque no es capaz de precisar después de qué operación.

-Eh. Me recuerdas a Cher.

Ella se gira y sonríe. Tiene un diente picado, patas de gallo y una verruga justo debajo de la aleta izquierda de la nariz.

-No me jodas.
-Y el libro es mío.
-Perdona, pero estaba aquí cuando llegué, y nadie no ha reclamado cuando lo cogí. ¿Por qué tendría que creerte?
-Mira la foto del escritor y compara -ella obedece.
-Ni de coña, pringao.
-¿Qué dices? Déjame ver -Goliath lo recuerda: recuerda los retoques a instancias del editor. Más pelo, menos ojeras, más color, menos papada, más dignidad intelectual, menos soledad pajillera -Soy yo. Claramente.
-Mira, tío. Eres muy feo y me estás molestando. Si no te largas en cinco segundos empezaré a gritar como si la mismísima Cher quisiera encamarse conmigo.

Alguien tamborilea la espalda de Goliath. Es la mole. La mole y seis tíos más.

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El sambenito de la corrupción, según Maeztu

Fede Durán | 20 de mayo de 2014 a las 20:06

Maeztu 1

Las frases de Jesús Maeztu (Medina-Sidonia, Cádiz, 1943) son largas, casi kilométricas, y envolventes, casi en espiral. Defensor del Pueblo desde junio de 2013, recuerda a los partidos que su obligación es “tender puentes” porque “hay políticas de todos” como la educación o la sanidad. “La legislación diaria –dice– debe huir del sectarismo”. Entretanto, promete exprimirse en su doble alma “mediadora y beligerante”. “El Defensor es incómodo por naturaleza porque personifica el punto de vista del ciudadano frente a los poderes públicos”.

–Si un andaluz de a pie le para en mitad de la calle y le pregunta para qué sirve su cargo, ¿qué le explicaría?

–Le argumentaría que sirve para que sus problemas diarios tengan una casa a la que acudir. Allí vamos a tratar de defenderle –si tiene razón– para que pueda conseguir lo que por otras vías no es posible. Si me encuentro con alguien y le pregunto por su problema y le ofrezco una mesa y mi tiempo, voy a hacer lo imposible por que obtenga el derecho reclamado. El Defensor del Pueblo es un sitio cercano y accesible, muy ágil, gratuito, para que la Administración no oprima al ciudadano.

–Pero usted es un comisionado del Parlamento. No tiene poder ejecutivo ni puede legislar.

–Se habla de que el Defensor es muy grandilocuente: parece un conseguidor que va a lograr que se respete el derecho de un ciudadano en una causa. Pero el sistema de distribución de poderes está muy instaurado, y la Administración tiene su dimensión y su papel, igual que la Justicia. El Defensor es más bien un persuasor que le dice a la Administración que tome aquellas soluciones justas que aún no ha tomado, que de cara al futuro no repita algunas actuaciones irregulares y que además rectifique alguna decisión por los argumentos que le presentamos. Y a la vez me dirijo al Parlamento para darle cuenta de lo que he hecho; para sugerirle reformas normativas que veo en el día a día. Aquí vienen al año 42.000 andaluces. Tenemos un bagaje.

–¿Y le hacen caso?

–Todos los grupos parlamentarios han cerrado filas en torno a esta institución tras el informe de la CORA (Comisión para la Reforma de las Administraciones), que propone eliminar la figura del defensor autonómico. Eso fue maravilloso. Las relaciones en comisión son fluidas. También lo son con el presidente de la Cámara [Manuel Gracia]. Trabajo con los diputados en sus circunscripciones. Y haré una ronda con los partidos para poder debatir sin necesidad de esperar a uno de mis informes o comparecencias.

–El caso es que la tijera estatal se ha fijado en usted y sus ocho homónimos regionales.

–También se anunció la supresión de ayuntamientos y diputaciones y al final ha quedado en poca cosa. El informe coincidió con un momento bajo de las autonomías ante el Gobierno central con motivo de la crisis. También se argumentó que con un Defensor estatal más potente no hay necesidad de los autonómicos, pero creo que esa reflexión se ha diluido. Yo acepto asumir la austeridad necesaria [el presupuesto de la institución para 2014 es de 4,18 millones, la plantilla roza las 70 personas]. Pero trabajo con la Defensora estatal en los informes de las listas de espera en urgencias, la trata de menores, el anteproyecto de reforma del Código Penal, la guía para proceder a la incapacitación de las personas con enfermedades mentales… y luego están las visitas a las provincias, los contactos semanales con colectivos. Además, ¿cómo se puede explicar que se evalúe cómo actúan las consejerías de la Junta o los ayuntamientos en el Congreso y no en el Parlamento propio? No hay duplicidades. Este organismo es necesario en una sociedad democrática porque los contrapoderes han de estar muy repartidos.

–¿Entiende que José Chamizo, su predecesor, quisiera prorrogar su mandato tras 17 años?

–A este tipo de trabajo hay que ponerle mucha pasión porque está muy cerca del dolor humano. Las situaciones que yo veo son las que no funcionan; las que funcionan no me llegan. Es una radiografía de los recortes. Entiendo que uno quiera seguir, sobre todo cuando lleva ya un tiempo, y por otra parte, toda misión tiene su caducidad. Siempre he pensado que dos legislaturas son el término óptimo. La renovación es buena.

–Un dato impactante: España es el segundo país con más pobreza infantil de la UE, según Cáritas.

–Hay un rosario de niños con trastornos de conducta graves que cazados a tiempo en el colegio y la familia no deberían terminar en centros de tutela. Con menos recursos para pedagogos y tutores sí terminan ahí. El menor es la víctima en todas las crisis económicas. En la violencia de género, en los desahucios, en las separaciones matrimoniales, en las componendas de los repartos de la unidad familiar, en el empleo. Asociada a la carestía de cuando la familia no tiene una renta mínima o está sumida en la insolvencia energética, la pobreza infantil ha llegado a tal extremo que nadie la pone en duda. Hay familias que ya no pueden recibir alimentos si no están cocinados porque no disponen de luz ni gas. Tenemos 355 quejas de menores, estamos actuando de oficio en el acoso familiar y observamos también una cierta delincuencia de niños contra padres, porque han vivido en la sobreabundancia: son los llamados niños emperador, que muestran una crueldad imponente. Esas son las semillas de la violencia de género y la desigualdad.

–¿Está a favor de la renta básica?

–Totalmente. Esa renta sería una garantía para mantener las redes del Estado del bienestar en tiempos de crisis. Y a la vez ha de ser compatible con los suministros básicos de luz y agua, tarifando por persona y no por vivienda, tal y como estamos haciendo en Málaga. A partir de ahí tenemos que ver, con todos los controles, cómo se ejecuta. Toca priorizar otro tipo de ajustes: una buena reforma fiscal; más inversión en economía productiva; que la I+D sea una inversión y no un gasto; que los estudiantes puedan seguir estudiando si se quedan sin recursos. Hemos pedido al Parlamento tres objetivos: que igual que existen concursos de acreedores para las sociedades mercantiles, haya una ley de segunda oportunidad para la gente. Queremos saber asimismo cuál es la política de vivienda en Andalucía. ¿Los ayuntamientos y la Junta tienen viviendas en compraventa? Si eso no se vende porque no hay crédito, ¿por qué no la pasan ustedes a alquiler social? Queremos que el procedimiento de adjudicación no tarde un año. Que los bancos con VPO las inscriban en el registro de demandantes. Y que haya cupos para las viviendas de exclusión social.

–¿Respalda el desalojo de la Corrala Utopía? Casi le cuesta el pacto de Gobierno a PSOE e IU.

–Una cosa es realojar por razones de emergencia social y otra adjudicar. Aprovechando estas invasiones de casas, cuyo germen es esa situación de necesidad en paralelo a esa visión de casas vacías, vamos a ordenar el tema.

–A instancias de Madrid, la Junta se comprometió, como el resto de CCAA, a rebajar el tamaño de su Administración paralela, pero ha habido más cosmética que bisturí.

–Se ha hecho un trabajo de reajuste y concentración de organismos y empresas públicas. También hay órganos necesarios tal y como ya están. El Consejo Económico y Social, la Cámara de Cuentas, el Consejo Consultivo y el Defensor tienen un papel. No me niego a la simplificación, pero sin meter en el saco a instituciones esenciales.

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–¿Cuál es su percepción del problema de la corrupción?

–Me preocupa la corrupción porque en 2013 y este año casi todos los periódicos machacan con eso. Es necesario eliminarla. La transparencia debe ser total. Han de salir a la luz irregularidades, aprovechamientos, sobrecostes interesados, comisiones en urbanismo… Pero la solución a la corrupción es muy lenta. Hay poca asunción de responsabilidades y muy poca efectividad en la recuperación del dinero defraudado. Las instrucciones judiciales son muy lentas, se convierten en macrocausas sin fin. Los periodos de instrucción han de ser mucho más ágiles para que después en el juicio de determinen responsabilidades y culpables. Nadie puede creerse impune. No son compatibles ajustes fuertes en las familias y una corrupción galopante. La tinta del calamar es muy difícil de borrar: parece que todos los políticos son culpables salvo que se demuestre lo contrario. Ojo, en Andalucía no debemos pagar constantemente por hechos muy lamentables porque parece que todos somos corruptos. Ese manto de sospecha generalizado es muy injusto.

–¿Qué rol ha desempeñado la banca en esta crisis?

–[Breve silencio]. No sólo no ha sido ejemplar sino que ha caminado por sendas muy poco controladas. En la ciudadanía se ha alojado una percepción de la banca muy dura: no entiende que haya sido rescatada para mantener el sistema monetario y financiero sin que hayan sido responsables quienes han conducido a esa situación. El problema de las preferentes ha sido muy doloroso. Algunos bancos se están sometiendo al control del Defensor, que no tiene competencias por tratarse del ámbito jurídico privado, pero hay un intercambio entre asesorías para que todos los ciudadanos que se quejen respecto de la cláusula suelo, la dación en pago y las preferentes puedan encontrar soluciones. Aquí ha habido casos muy lamentables de opacidad con las preferentes, incluso alguna firma falsificada de gente que ni siquiera sabe leer y escribir. La banca no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Ha habido un desmedido afán de dar prestamos a troche y moche con una simple nómina de 1.000 euros. Si a eso se le suma que ahora se resisten al préstamo, a programas de aplazamiento de deuda… Ése es el papel que yo les exigiría para que laven su imagen.

–Una de su ámbito académico: las reformas laborales de Zapatero y Rajoy confirman la tesis de que con la ley no se arregla el problema del paro.

–Estuvimos al borde del rescate. La recuperación exigía reformas estructurales muy duras, pero debían ser más completas. En el aspecto laboral se han planteado retoques sucesivos muy frágiles: algunos eran necesarios, pero se ha llegado muy lejos en la infravaloración de la negociación colectiva. Facilitar las decisiones unilaterales del empresario es volver a los comienzos de la legislación laboral. Una cosa es congelar los salarios y otra destruirlos, eso es crear pobreza. Se llega a una pendiente muy peligrosa que no son ya ni los minijobs. El Círculo de Empresarios le ponía pegas el otro día a los subsidios, pero nadie se las pone a los extrabeneficios de la banca. El otro día vi un anuncio de empleo en el que se advertía que durante los tres meses de prueba no se cobraba y que a quien superase la prueba se le llamaría cuando se le necesite. Faltaba decir que ese día se le pagará. La EPA es un aviso muy claro: nos quedan unos duros 2015 y 2016. Con la dinámica actual estamos propiciando la destrucción del Estatuto de los Trabajadores.

Javier Nart: La Generalitat ha quebrado sola

Fede Durán | 19 de mayo de 2014 a las 12:50

Javier Nart (Laredo, 1947) ha sido muchas cosas pero ha destacado casi siempre por una: su florete dialéctico es apabullante, una rara habilidad para diferir con clase y conceder fragmentos de razón de tamaño variable a discursistas antagónicos. Corresponsal de guerra, abogado, viajero y erudito, el español medio le conoce por su abundancia tertuliana. De su fértil pasado, algo que muchos no saben: militó en el PSOE, y se fue “porque el partido perdió el norte y lo reubicó en el poder y el enriquecimiento”. “Felipe González fue una decepción gigantesca. Y el PSOE una estafa moral”.

–C’s nunca tendría que haber existido. Lo dice usted.

–C’s es la respuesta al hartazgo de la partitocracia. Los políticos del mainstream en su vida han visto una nómina particular. Es el caso de Valenciano, Zapatero o Moreno Bonilla. Si no hubieran sido fieles al aparato durante toda su vida, habrían desaparecido. Al final no hay ideologías sino pragmatismo. Y si los partidos no son democráticos sino oligárquicos, ¿cómo van a gestionar la democracia? Y lo segundo: no conozco un solo partido tradicional que haya jamás presentado a un militante suyo ante un juzgado de guardia por corrupción. C’s existe porque los demás nos obligan a que existamos. Mire el caso ERE: ¿Han hecho PSOE, UGT y CCOO investigaciones para depurar responsabilidades?

–Hubo una comisión en el Parlamento andaluz.

–Eso es una estafa. Jamás una comisión de investigación ha servido para nada. Yo las eliminaría para siempre. Hablo de las suyas internas: ayudar a los jueces para limpiar el partido. ¿Cuál ha sido el comportamiento del PSOE? Ha actuado como un sindicato de protección mutua, creándole a Alaya todas las dificultades de investigación. Y ahora vamos al caso Gürtel: soy abogado criminalista desde hace 45 años y nunca he visto un querellante al que expulsen de la causa por fraude diciéndole que en lugar de investigar actúa como defensor. El querellante era el PP. El fiscal general del Estado dice que no tiene medios. Se los tiene que dar el Gobierno. Es el truco del almendruco: creas unas leyes magníficas, tienes un buen Código Penal, pero luego, para que pase el Guadalquivir, pones una tubería de dos centímetros.

Nart

–Es imposible que los partidos no sean conscientes del barrizal en que se solazan. Luego si persisten es porque se sienten impunes.

–Salir del barrizal significa quebrar los principios del propio partido. En los congresos se habla de quién se come el hueso. Es la lucha por el poder con la agravante del Zapaterato, que fue un Gobierno de socialismo adolescente que negó la realidad y gastó el superávit en estupideces en lugar de hacer frente a la crisis. La responsabilidad de la especulación financiera no es del señor Blesa. Había un consejo donde nadie levantó la mano para decir que las preferentes no se comercializaban. La gloriosa IU tiene el desparpajo de querellarse contra Blesa, o sea, contra sí misma, porque tenía un consejero en Caja Madrid.

–¿Es Cataluña una sociedad enferma?

–Sí. Tenemos una patología que consiste en expulsar nuestro problema hacia un referente externo. Nos dirigimos de una manera ciega y suicida a una separación que va a significar el empobrecimiento de Cataluña, y nadie explica el mañana ni determina que vamos hacia la fractura social y territorial. Si hay referéndum separatista, habrá muchas zonas de Cataluña que votarán que no quieren la separación, y mi pregunta a CiU y ERC es qué ocurrirá entonces. ¿Se respetará el derecho a decidir de Barcelona, el Valle de Arán o Tarragona o vamos a ser obligados por una mayoría del norte de Lérida? ¿Han explicado las consecuencias? Hasta Pujol reconoce que Cataluña saldría de la UE. Y fuera de la UE estamos quebrados.

–Da la sensación de que la aspiración de independencia se rige más por el corazón que por la cabeza.

–Los sentimientos están muy bien para enamorarse incluso de quien no te conviene. Pero no cuando hablamos de economía y fractura social. El mantra permanente de TV3 no se concreta en nada. Para ser Estado de la UE tienes que serlo ya, ahora, y si eres Estado distinto tienes que negociar y te pones a la cola: detrás de Albania, Montenegro y Serbia. A la carta de Mas de noviembre de 2013, en la que se dirigía en un inglés macarrónico a los jefes de Gobierno de la UE, no ha contestado nadie. Casi la mitad del comercio de Cataluña es con el resto de España, con una diferencia enorme: con el mundo Cataluña tiene déficit; con España tiene un superávit descomunal. Si perdemos el 40%-50% de nuestro comercio con España, que es lo que han perdido naciones fraternas como Lituania, Letonia y Estonia, ¿qué pasa con nuestra riqueza? Y esa cuota se perdería seguro porque a los españoles les hemos llamado ladrones, invasores y genocidas culturales. Si la Generalitat está quebrada es por su pésima gestión. Hay un informe anual de la UE que estudia las 199 regiones europeas desde el punto de vista de la transparencia, la eficacia y la corrupción. Cataluña está en el puesto 130. La región peor calificada de España.

–Los medios de comunicación han sido muchas veces de pago, al servicio del poder.

–La Generalitat ha recortado unos 14.000 millones de euros en educación, sanidad y bienestar social, pero ha aumentado un 50% las subvenciones a los medios privados de comunicación. Lo que hace falta es tener una agitación y propaganda controlada. ¿Por qué se gastan 400 millones en la Hacienda catalana? Esa realidad no llega a los ciudadanos porque los medios están perfectamente controlados por la Generalitat.

–Dos de cada tres veces PP y PSOE votan lo mismo en Europa.

–En el Parlamento Europeo están las comisiones de investigación de verdad, no como la pantomima de aquí. ¿PP y PSOE han pedido una comisión que investigue dónde van los fondos europeos destinados a formación que se pierden en fondos fantasmas? Siguen en la higuera, siguen en la pelea por el hueso. Se han ganado a pulso la desafección.

–Los ultraconservadores repuntan en Europa. ¿Corremos el riesgo de repetir viejos errores?

–El economista Thomas Piketty sostiene que la progresiva distancia entre la política y la ciudadanía, unida al empobrecimiento de las clases bajas, traerá como consecuencia unas enormes tensiones nacionalistas que se convertirán en el refugio de los desesperados. Piketty advierte, y yo no estoy de acuerdo, que ése es el antecedente de confrontaciones incluso bélicas.

–Europa es un gigante económico, un enano político y un gusano militar. Himno más vigente si cabe tras lo de Ucrania.

–Europa es una necesidad de paz, progreso y economía. Han pasado los tiempos en que las naciones podían ser protagonistas de algo: España lo fue, igual que Portugal, Holanda, Francia, Alemania y Gran Bretaña. Europa sólo tiene sentido unida. Alemania no estaría hoy en el G-20 porque no tiene potencial económico para estarlo. Alemania necesita a Europa. El tercer bloque mundial después de EEUU y China es Europa. Tenemos una moneda única, nos faltaba la unión bancaria, que es incompleta pero existe, igual que la unión fiscal, pero quizás nos falta algo aún más básico: Defensa y Política Exterior. Un ejemplo fue Kosovo. Tuvimos que esperar a que viniera EEUU a resolver un problema doméstico europeo. Ucrania es nuestra estabilidad, y de nuevo esperamos a EEUU.

–¿Qué opina de Angela Merkel?

–No me gusta lo que hace, pero nosotros hemos permitido que se creen las condiciones para que lo haga. Si debemos mucho dinero, fundamentalmente a Alemania, es porque lo hemos pedido, y lo hemos pedido porque las cajas de ahorros se dedicaron a la especulación financiera. Habrá que hacer auditorías a PP, PSOE e IU para ver por qué aceptaron esa situación. Merkel gestiona nuestra debilidad. Por otra parte, valdría la pena que Valenciano deje de mentir: Merkel gobierna con el SPD, y todo lo que maldice de la Merkel que lo maldiga de sus compañeros. Hemos llegado a un punto en que la indecencia campa libre. Que diga que está en contra de los socialistas alemanes, que actúan indecentemente a favor del capital y contra la clase trabajadora.

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Libra por libra

Fede Durán | 16 de mayo de 2014 a las 12:45

CUANDO charla, Louis Wanderlust te clava dos ojos de zorro que son como cepos de alta tecnología. Aunque sonría, maldiga, susurre o declame, al fondo de esos ojos azules palpita la sabiduría de la antropología callejera y comercial. Wanderlust es un hombre espabilado, inteligente y sensato, así que su motor combina los caballos de las buenas ideas con el chasis de las ideas factibles.

En Nueva York compiten aproximadamente trescientos trillones de restaurantes. Algunos posiblemente sólo alimenten a las familias de los propietarios. Aun admitiendo que destacar sea relativamente fácil, lo difícil es mantenerse cuando desaparece la efervescencia de los inicios. El mayor enemigo de un negocio mal concebido es el paso del tiempo. Wanderlust ha estado en mil batallas: zapador de la venta a domicilio, pinche, propietario de una tienda de discos de segunda mano, promotor musical y asesor inmobiliario, su epifanía brotó una tarde de octubre, cuando Brooklyn se enfría y los cielos se agrisan, cuando el café comienza a ejercer su función calefactora, cuando la abulia del verano deja paso a la meditación parcialmente melancólica del otoño.

“Siempre quise montar un restaurante. Uno de esos que la gente recuerda cuando elabora su top 5, cuando aconseja a un amigo o quiere invitar a sus padres tras un ascenso laboral”, explica desde el otro lado de la mesa, golpeando tres veces con el índice un cigarrillo americano después de cada calada. Louis disponía de unos buenos ahorros gracias al ladrillo; sólo tenía que arremangarse, y eso fue lo que hizo, aprovechando además sus contactos en cada peldaño del pasado. Conocía a músicos, promotores, cocineros de primer nivel y distribuidores. Básicamente, conocía a medio Brooklyn, una ciudad del tamaño de Madrid. Pagó un plan de negocio. Rehabilitó un fabuloso (por enorme, luminoso y bien insonorizado) local a un suspiro de Bedford Avenue. Apostó por las materias primas (agricultura ecológica, carnes sin hormonas, pescado ultrafresco) y la fusión. Adiestró machaconamente al servicio: camareros profesionales, nada de estudiantes de paso, y un maître carismático, “el verdadero jefe de operaciones”. Incluso se permitió contar con una agencia que por una módica tarifa se encargaría de la comunicación durante el despegue (redes sociales, guías turísticas). El rosetón fueron los precios: Wanderlust se encerró cuatro días con su par de ojos perforadores y la auditora del proyecto para someter la carta a un régimen radical de adelgazamiento y desintoxicación. Sabía que de nada serviría el esfuerzo previo si fallaba ahí. Y no falló.

Louis no descubrió la pólvora. De hecho, es probable que cientos de miles de seres humanos hayan imaginado secuencias casi idénticas con resultados dispares. La diferencia está en los matices, en el libra por libra del boxeo. Si despedazas la idea sin romanticismos, si la sometes a las implacables matemáticas, si derrochas profesionalidad y celo y obsesión por el detalle (y el sentido común), entonces tendrás una oportunidad de sobrevivir en la jungla y gritar como Tarzán.

Escatología, marketing, hastío

Fede Durán | 14 de mayo de 2014 a las 19:49

EXTREMADURA MOCIÓN

Escatología. Andalucía, 62,20% de paro juvenil. Si alguna vez gana el PP (con mayoría absoluta, quiero decir), el PSOE hará lo mismo que en Extremadura: intentar desalojar a los nuevos a las primeras de cambio acusándoles del retraso endémico regional. Es posible que la gente tenga poca memoria. Es incluso probable que haya algún que otro imbécil entre nosotros. Pero este tipo de maniobras coloca a los políticos en el rol del mojón pinchado en un palo. Ellos lo saben. Y no les importa porque se sienten inmunes. Sólo somos moscas.

Marketing. Muchos de los dirigentes españoles necesitan rodearse de mejores comunicadores y estrategas no ya para salvar el divorcio del votante sin ataduras sino al menos para sonar aceptablemente rigurosos y creíbles. Cuando un opositor desprende tal ansia por recuperar la butacona (Fernández Vara), retrata su mezquindad.

Hastío. Vivir para uno mismo limpia de público el teatro. Nuestros políticos no son bufones como Berlusconi, casanovas de medio pelo como Hollande o sádicos como Putin. Son simplemente aburridos porque transmiten, cada día como mayor transparencia y desvergüenza, que lo suyo no es el país sino el poder, y que el poder o se ejerce o se anhela sin concesiones al diálogo y la construcción, sin imaginación o valentía, sin una sola molécula de generosidad.

España se pudre

Fede Durán | 13 de mayo de 2014 a las 14:12

La clase política española viene demostrando, con la excepción primigenia de Suárez (hablemos sólo a partir del 75-76), que la democracia le viene grande. España es una dictadura de partidos: las Cortes se someten a la disciplina de las siglas, el poder judicial está contaminado por un sistema de designaciones extrajudicial, las connivencias son antes con la banca y las grandes corporaciones que con el pueblo, y el sentimiento de casta o corporativismo es tan obvio que avergüenza.

No hay altura en el debate, ergo jamás la habrá en las soluciones. La disciplina de partido elimina la divergencia en favor de la jerarquía (franquismo puro a menor escala). Mentir es costumbre (ahí quedan los programas electorales). Y la corrupción se ha convertido en un titular habitual y universal (ERE, Gürtel, Bárcenas, Filesa, ITV).

Hay quien, como Susana Díaz, considera su dedicación exclusiva a la política el mejor aval de su capacidad. Otros socialistas más veteranos (Chaves, Borbolla) justifican la ausencia de currículum con el relleno de la experiencia y los intangibles del carisma y el liderazgo. Excusas de mal pagador: un gran político ha de cultivarse y experimentar previamente en la esfera privada, esté o no afiliado a unas ideas, para cumplir su misión sin haberse criado en una pecera y sabiendo retirarse en un plazo nunca superior a los ocho años.  A pueblo se le sirve, no se le aburre.

Moreno Bonilla (PP) falseó sus méritos nada más relevar a Zoido. Valenciano hizo lo propio al apuntar a Bruselas. Díaz ni siquiera se molestó porque no tiene nada que maquillar. Rajoy y Rubalcaba llevan en esto toda la vida. Digámoslo claro: por supuesto que el poder corrompe. No necesariamente empujando a la malversación o la prevaricación, sino intoxicando el ego, alejando el espíritu de la realidad, entrenando la mente para contentar a todos sin contentar a ninguno y acostumbrando al cuerpo a la sobremesa cinco estrellas con séquito y contertulios poderosos.

Los medios de comunicación no ayudan. La información declarativa pesa demasiado. Hay un seguimiento exhaustivo a los partidos por falta de imaginación. Se les registra hasta el bostezo y se les permite la humillación de las ruedas de prensa sin preguntas. Fíjense en los telediarios: entre la política y el fútbol apenas se cuelan las novedades de la sangre.

Muchos opinan que Zapatero fue el peor presidente de la democracia. Rajoy quizás le supere. ZP avanzó al menos en la senda social, modernizando por ley a un país tendencialmente conservador, pero Mariano, con su pasividad envuelta en volutas de puro caro, va camino de romper cinco siglos de sociedad con Cataluña. Es probable que incluso si Rajoy fuera más proactivo la tensión fuese idéntica: su proactividad estaría limitada por sus creencias. Tampoco ayudan Mas y Junqueras. Lo del contrato de adhesión es cierto. Y por favor, que nadie recurra a la Historia para salvar el presente. Esa tecla sólo activa el pasado.

La única solución contra la partitocracia y el adiós catalán impone un reto bestial. La sociedad debe despertar para que no le pase como al protagonista de Monterroso: al dinosaurio hay que ahuyentarlo, o echarlo, u obligarlo a transformarse en mamífero. Aunque parezca increíble, España cuenta por primera vez en su historia con una clase media aceptablemente solvente. De ahí ha de partir la solución. Como pese a todo encomendarse a ese deseo sigue pareciendo insensato, la conclusión más realista es también la más aterradora: PP y PSOE gobernarán ad eternum (ahora pensarán que Fraga tenía razón en el 76: un sistema electoral mayoritario, a la inglesa, habría consagrado la ley del péndulo, eliminando el prurito de las alianzas), Cataluña se independizará tanto si al Estado le parece bien como si decide recurrir a las armas (el ejército está tranquilo, advierte sutilmente Morenés), el País Vasco seguirá sus pasos y la vieja y gloriosa nación quedará reducida al adefesio de una mezcla artrítica sin dos de sus almas. Entretanto, la clase alta pagará menos impuestos que la media-baja, el tipo real de Sociedades seguirá demostrando que tener una pyme es hacer el primo, cientos de miles de autónomos se habrán rendido, el paro se sedimentará en los seis millones, las universidades serán cotos cerrados sin competencia ni fichajes, apenas un 1% de la población hablará inglés en condiciones, la I+D únicamente aparecerá en los discursos de los candidatos, y todavía alguno soñará con recurrir a los anabolizantes del ladrillo.

Pienso en Machado, Ortega o Vives. Pienso en los Balcanes o la URSS. Pienso que nos estamos acabando, esta vez sí, para vivir peor.

 

Eliminemos el Senado

Fede Durán | 12 de mayo de 2014 a las 19:09

Garrido

Profesores en la Universidad de Zaragoza, Carlos Garrido y Eva Sáenz plantean abiertamente la eliminación del Senado e invitan a abrir el melón de la democracia para hacerla menos representativa y más participativa. “Lo que frena esta apertura son los recelos de la clase política a perder el control de la agenda. Es lo que ocurrió con la iniciativa legislativa popular sobre la dación en pago”, reflexiona Garrido. “En 1978 había muchas reticencias. Los partidos, ilegalizados hasta entonces, eran la prioridad. Pero ha llegado el momento de plantear otras opciones”, añade Sáenz.

–¿Por qué son partidarios de suprimir el Senado?

–Carlos Garrido: El Senado actual carece de funcionalidad porque duplica la representación política del Congreso aunque con una composición más conservadora por su sistema electoral; reitera la misma dinámica partidista y es completamente secundario, subordinado en el control del Ejecutivo y del ejercicio de la potestad legislativa, ya que sólo formula enmiendas que pueden ser rechazadas sin explicación siquiera, y tiene un derecho de veto que puede ser superado sin ninguna dificultad incluso por mayoría simple del Congreso. El Senado es inútil cuando su voluntad coincide con la del Congreso, y también es irrelevante cuando su voluntad no coincide.

–Dinamarca, Suecia y Croacia ya lo eliminaron. Canadá e Italia meditan hacer lo mismo.

–Eva Sáenz: En los países donde el Senado existe, la experiencia política es que no funciona como una cámara territorial. En Estados Unidos, Alemania o Canadá, donde el sistema de designación de senadores es diferente, la cámara opera partidistamente. En las democracias de partido las cámaras territoriales son una auténtica quimera. El Senado es un anacronismo que reproduce la dinámica partidista.

–Al Senado español se le quiso atribuir el rol de la interconexión territorial, pero, por ejemplo, existen foros como el Consejo de Política Fiscal y Financiera que cumplen esa función más ágilmente.

–E.S: Las relaciones intergubernamentales funcionan en los estados federales para poner en común las opiniones del centro y las partes. Si lo que se quiere es hacer partícipes a los entes subestatales, esas alternativas son mucho más eficaces. En España ha habido incluso conferencias sectoriales con capacidad decisoria, como ocurrió con la ley de dependencia.
–C.G: El Bundesrat alemán se considera un referente porque ahí colaboran teóricamente el Gobierno central y los länder. Sin embargo, resulta mucho más efectivo, flexible y barato articular el doble objetivo de la participación legislativa de los territorios en la decisión federal y la colaboración entre gobiernos mediante las técnicas de cooperación intergubernamental.

–¿Cuánto se ahorra el Estado con la supresión?

–C.G: El ahorro no sería especialmente significativo. La eliminación del Senado no se justifica tanto en términos económicos como de funcionalidad. Hablamos de una partida de 50 millones de euros en los Presupuestos de 2014.
–¿Ninguna experiencia internacional avala la existencia de esa cámara?
–E.S: Los senados son residuos contractualísticos por su origen histórico: nacieron de la unión de varios estados. En las democracias contemporáneas no hay necesidad de una segunda cámara porque se reproducen las dinámicas partidistas, se duplica la representación del Congreso e incluso cuando las mayorías son diferentes puede producirse un bloqueo, el problema que tuvieron en Alemania los gobiernos de Kohl y Schröder. Fue una de las justificaciones de la reforma constitucional de 2006. El Senado es poco compatible con la democracia mayoritaria y la eficiencia.

–La II República no fue bicameral.

–C.G: Las constituciones de 1812 y 1931 no contemplaban una segunda cámara. En cambio, en todas nuestras constituciones de corte conservador sí que se previó, y su funcionalidad era conservadora: cámaras de corte aristocrático clasista cuya función era defender a las clases dominantes de los supuestos abusos producidos en la cámara elegida por sufragio. En 1978, ese objetivo estaba fuera de justificación y había que buscar otros motivos.

–Uno de ellos fue convertirla en un espacio de enfriamiento o reflexión. Da casi risa visto lo visto.

–E.S: No se puede esperar otra cosa en una democracia de partidos. Si nos fijamos en las sesiones de control en Congreso y Senado, no hay ninguna diferencia. Grupos parlamentarios y disciplina de voto.
–C.G: Rajoy llevaba en febrero tres meses sin comparecer, incumpliendo la práctica generalizada por Zapatero de acudir una vez al mes. Las preguntas que se formulan al Gobierno en el Senado tardan meses en contestarse. No puede ser tampoco una cámara de reflexión desde el punto de vista legislativo porque tiene sólo dos meses para pronunciarse sobre los proyectos de ley que le remite el Congreso. En dos meses no se puede reflexionar sobre nada. Pero es que casi el 40% de las normas que se tramitan en las Cortes se aprueban por procedimiento de urgencia, y eso reduce el plazo del senado a 20 días.

–¿Son partidarios de la democracia directa?

–E.S: El reto está en saber hasta qué punto vamos a introducir elementos de democracia directa en la democracia representativa. España, en comparación con otros países, tiene un déficit en este aspecto.
–C.G: Ha habido propuestas en los últimos meses sobre todo para fomentar las iniciativas legislativas populares ampliando el ámbito material sobre el que pueden versar y reduciendo los requisitos para que prosperen. En los 35 años de democracia constitucional que llevamos, tan sólo han prosperado tres iniciativas legislativas populares. El balance de esta fórmula es más bien pírrico.

De lombriz a anaconda (y viceversa)

Fede Durán | 9 de mayo de 2014 a las 12:30

EN 36 años, apenas media vida, España ha mudado de piel política y económica para dejar de ser lombriz y convertirse en anaconda. El inicio de la democracia fue ilusionante aun con la alargada sombra militar empañando parte de la foto. Las recetas de Fuentes Quintana, el exitoso aterrizaje capitalista y el ingreso en la CEE convirtieron por momentos al país en un cohete cuyo hito fueron los dorados años falsos (1996-2008), excesivamente inspirados en el ladrillo y el pladur del pelotazo.

Adolfo Suárez, hoy santificado pero antaño despreciado (Fraga, Areilza), apuñalado (González) o marginado (don Juan Carlos), se olvidó de intrigas y se entregó al pueblo hasta plantar los cimientos del edificio actual. Fueron sus arquitectos constitucionalistas los que más fallaron, tal y como demuestran hoy los quistes vasco y catalán y el generalizado clima de agravio y localismos que caracteriza a España, quizás con permiso de Bélgica el Estado europeo menos ducho en la gestión de las tensiones territoriales.

El principio de solidaridad/igualdad incordia más cuanto menor es la bonanza. Seis años de crisis han bastado para contaminar las aguas del proyecto común, colocando a Cataluña en un escenario cuasisedicioso de imprevisibles consecuencias para el todo y la parte. El caso vasco es diferente (plan Ibarretxe, 2004) porque el País Vasco, igual que Navarra, es una especie de ducado libre asociado: cuenta con las ventajas de pertenecer a España sin padecer sus lastres –e incluso así muestra periódicamente el colmillo de la insatisfacción–.

Los pilares de Suárez se derritieron en gran parte porque no existen ya dirigentes de su talla y con su vocación. Si a un país se le pudiesen atribuir voluntades, Cataluña –la oficial y la promocionada– quiere independizarse bajo un viento legítimo: la convicción de que en solitario mejorará su bienestar. Esa aspiración ha generado un combate esquizofrénico. Las balanzas fiscales han acabado convirtiéndose en un género de autor, con émulos de Kaurismäki en Extremadura, Madrid, el frente levantino y la principal región implicada.

De producirse, los divorcios han de afrontarse con frialdad de sicario. Hasta la fecha, parafraseando a Rajoy, Artur Mas simplemente ha ofrecido un “contrato de adhesión”, una partida con las cartas marcadas, un elige tu propia aventura unidireccional. De nada sirve agotar el manantial de las explicaciones históricas o sociológicas. Pero cuando Cataluña vote, y tarde o temprano votará salvo que el Gobierno decida recurrir a la violencia, Rajoy, o quien mande tras él, tendrá que negociar un adiós equilibrado, un cómputo justo donde se reflejen las condiciones que la ex nación precisa para que sus ciudadanos no pierdan más de lo estrictamente imprescindible: qué pasa con la telaraña estatal delegada, con la deuda catalana, con las inversiones compartidas (El Prat, por ejemplo) y con los cientos de miles de catalanes que querrían conservar sus vínculos administrativos con la vieja, cansada, escasamente imaginativa y siempre procelosa España.