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Los robots de la Merkel

Fede Durán | 23 de julio de 2012 a las 20:05

Que vengan los robots de Merkel. Que la teutona los programe con instrucciones precisas. A igualdad de empatía con el ciudadano, serán más efectivos y menos románticos (o temerosos) que Rajoy. Dicen los expertos que el rescate traerá consigo devaluaciones generalizadas (sólo algunas de las empresas del Íbex 35 resistirían, convertidas en valores refugio), más paro, una depresión prolongada en todos los flancos. No estoy del todo de acuerdo. Los robots de la Merkel carecerán de escrúpulos, o de miedo, y se cargarán todo aquello que sobra en Spanien, antes España. Empezarán por el Estado autonómico, y de paso eliminarán al fin nuestros complejos y nuestro eterno tapón en el culo: quien quiera debería poder marcharse. Cataluña, País Vasco, Cuenca. En realidad da igual. La historia es una esquizofrenia constante de fronteras. Después barrerán de la faz de la tierra a nuestra casta política y pondrán el marcador a cero. En vez de expertos en el tráfico de influencias, los aspirantes a ministro o presidente tendrán que torcer su vocación hacia el inglés tipo Princeton, un aceptable conocimiento de las letras o las ciencias y un estricto código ético. Antes de recargar baterías, los robots merkelianos sacarán una podadora del tamaño de la Estrella de la Muerte y acabarán con el entramado de empresas, organismos, fundaciones y chiringuitos vampíricos e inútiles. Spanien dejará de tener TVs autonómicas con 10.000 empleados (o con 3, tanto da), y los programas del corazón implicarán dos años de cárcel. No habrá cajas de ahorros mayores que las de Pollença y Ontiyent, milagrosamente dedicadas a lo que las demás olvidaron: captar depósitos y conceder créditos a pequeña escala, reforzando la telaraña de sus economías locales sin pretender ser accionistas de Repsol o Telefónica ni sufragar pirámides de Keops (un Keops de Las Vegas, se entiende) en Seseña y con socios de puro, bartola, anillo diamantino y porsche cayenne. Ah, perdón, que ya sólo quedan bancos. Pues trínquense al 75%, please, porque no ha habido solución sino parche y camuflaje. Ya puestos, los robots podrían apuntar bien con sus cañones láser a todo ese litoral devastado por la ilegalidad del ladrillo, mal que les pese a los alcaldes que convalidan años después los despropósitos como si fuesen nietos del Cid y los moros fueran los ecologistas. Completo la lista de los reyes magos del rescate: diez libros (leídos, no escritos) al año por ciudadano; todo el cine en versión original; fin de la amnistía fiscal al fútbol; ventanilla única (de verdad); subvenciones al emprendedor pata negra (de verdad); prisión incondicional para Gallardón.

Podría seguir, pero me emociono, y al emocionarme me extraño por confiar mi felicidad a unos androides programados por los vencedores provisionales de la Tercera Guerra Mundial.

Pecados de una nación

Fede Durán | 18 de mayo de 2012 a las 9:33

CONCATENANDO: España es un país defectuoso. Supo crecer rápido en los últimos 35 años sin tapar su principal agujero (el paro, casi siempre por encima de la media europea) ni construir un modelo económico medianamente protegido ante la parte oscura del ciclo. Sigue siendo un enano industrial y un gusano de la I+D, y sus fortalezas (turismo, agroindustria) carecen de ese brochazo de pintura objetivamente tan vacío y subjetivamente tan decisivo: la marca-país.

La clase política ha menguado intelectualmente y sin tapón desde los tiempos de Azaña y Ortega (que también eran los tiempos, justo es admitirlo, de Lerroux o Gil Robles), contribuyendo decisivamente a la gestación y estallido de la última y más venenosa burbuja, la inmobiliario-financiera. Su rendimiento ha sido mediocre en el diseño de las estrategias necesarias para reconvertir al compatriota medio en un emprendedor solvente o en un empleado público eficaz. Ninguna universidad española está entre las mejores del mundo, como tampoco destaca en liga planetaria alguna el entramado de la formación profesional. Y lo peor de todo es que la raza dirigente ha infectado a las estructuras administrativas a su cargo de mediocridad, amiguismo e ineficacia, sin contar con verdaderos arquitectos para la cosa económica, judicial, educativa o cultural. El mejor ejemplo de este contagio, por devastador y rabiosamente actual, es el de las cajas de ahorros.

Al empresario se le pueden achacar cientos de pecados, pero el principal ha sido la generalizada ausencia de una metodología feliz de los recursos humanos, con la trampa y el cutrez siempre por delante del compromiso en la formación, el binomio productividad/premio y la fidelidad sostenible (concepto que atraca no sólo en la orilla del asalariado sino también en la del pagador).

El pueblo ha soñado durante lustros con el butacón perenne de lo público sin ambicionar un papel más activo (o autónomo) en lo privado. A menudo ha calcado los defectos de sus mandamases, haciendo bandera de la ignorancia, la barbarie y la chulería. España lee poco, y Andalucía menos que cualquier otra comunidad. Tampoco se estila dominar lenguas ajenas o propias (lo son el catalán, el gallego o el euskera, salvo que se considere que tales tierras no forman parte del país), y quienes disponen -por fin- de las herramientas para destacar, acaban marchándose para trabajar con Darth Vader (Merkel) en la Estrella de la Muerte (Alemania).

Hoy miras al frente y sólo ves un lodazal sembrado de cadáveres. Las víctimas de esta crisis son un ejército y los resistentes, cada vez más, una minoría. Necesitamos optimismo en vena, pero sabemos que nadie (y nadie significa ninguno de lo actores del sistema vigente) es capaz de construir ese discurso. Tampoco hay alternativas porque las alternativas nacen de las revoluciones, y éstas, inevitablemente, implican sangre. ¿Quién ha ganado aquí? Los sospechosos habituales (banqueros, magnates, especuladores). Ojo, también se gana perdiendo menos de lo que tocaba. ¿Qué podría haber pasado con unos cimientos más sólidos? Que la masa habría mejorado sus condiciones de vida en paralelo a las ganancias (aún mayores) de los sospechosos.

Los diálogos de nuestros líderes

Fede Durán | 9 de agosto de 2011 a las 19:25

 

¿Qué frases intercambiarían hoy los líderes de la política/economía mundial? Ahí van algunas ocurrencias.

 Sarkozy a Merkel: “Me gusta esa sonrisa”

 Merkel a Sarkozy: “La crisis, Nicolas, la crisis. Y aparta esa mano”

 Intérprete de Sarkozy para sus adentros: “¿Alguien entiende que este tío esté con la Bruni y piense en la Merkel?”

 Zapatero a Rajoy: “No me ayudas ni una mijita”

 Rajoy a Zapatero: “Nos has llevado al desastre. España es una ruina”

 Rajoy a la prensa internacional y las agencias de rating: “España es solvente y no necesita un rescate”

 Cayo Lara a Zapatero y Rajoy: “¿Hola? ¿Hola? Estoy aquí.

 Trichet a Berlusconi: “Se te va a caer el pelo”

 Berlusconi a Trichet: “Pues me lo implanto otra vez”

 S&P a Obama: “Para chulo mi pirulo”

 Obama al mundo: “Siempre seremos un país triple A”

 El mundo a Obama: “Cuéntaselo a China”

 China a Obama: “Vamos a convertir Wall Street en un todo a cien y la Casa Blanca en el mayor karaoke del mundo”

 Salgado a Europa: “Jamás seremos rescatados”

 Salgado a Solbes, alias The Teacher: “¿Jamás seremos rescatados?”

 Espe a los madrileños: “Enséñame la pasta”

 Gallardón a los madrileños: “Tranquilos, seguiré buscando el tesoro”

 Bernanke a Giamatti: “Esta vez podrías comparecer tú ante la prensa…”

 Krugman a S&P: “Pardillos”

 S&P a Krugman: “Lo de Lehman fue una menudencia. Y de Enron ni me acuerdo”

 Lagarde a Carstens: “El FMI es un deporte donde siempre gana Francia”

 Carstens a Lagarde: “Tengo hambre”

 Pulido a la prensa (no podía resistirme al enfoque local): “Cajasol ha demostrado una vez más su magnífica solvencia”

La dama del euro

Fede Durán | 26 de marzo de 2011 a las 11:57

SOPLA una brisa tibia que el Hudson conduce hasta una terraza cualquiera de cualquiera de los restaurantes caros del West Upper Side. Diez lumbreras de la economía comparten mantel. Ben Bernanke, Jean-Claude Trichet, Steve Jobs, George Soros, Carlos Slim, Dominique Strauss-Khan, Eric E. Schmidt, Paul Krugman, Mark Zuckerberg y Nouriel Roubini se miran a los ojos y reciben de cada comensal el mismo brillo, mitad respetuoso mitad soberbio, que su propia mirada transmite a los demás. El menú está a la altura de las ideas: langosta, cangrejo, foie y algunos de los mejores vinos del planeta.

Apliquemos el zoom a la escena y agucemos el oído. Este top ten cerebral habla de la partida de dominó que se disputa en la Eurozona. Cayeron las fichas griega e irlandesa y probablemente les siga la lusa. Es una cuestión de tiempo. Vasos comunicantes, you know, fella. ¿Y España? España monopoliza los entrantes y las primeras estribaciones del inefable lomo crustáceo, pero cada opinión contiene demasiados matices, demasiada subhipótesis que inevitablemente conducen a un callejón sin salida.

Alguien pronuncia Japan y las neuronas sitian a su nueva presa. Fukushima pesa más que dos recesiones seguidas y el país lo pagará, o no, porque del bosque quedado brotan más fuerte los árboles. Bernanke barre para casa y desliza las siglas de la Reserva Federal, que resiste unos minutos el asedio de Trichet y su BCE. Quizás movido por la causa común de la patria, Strauss-Khan le echa un cable y recuerda que el euro es hoy por hoy la moneda más interesante -por discutida o reivindicada- del planeta.

Los camareros sirven a continuación los monstruosos cuerpos de dos king crab (es la cifra de consenso para dividir en cuotas del 10% tan delicioso segundo) y las palabras dejan paso a un reconfortante y muy breve oasis de chupadas, chasquidos y gruñidos. Después, más leña: las capacidades de China, el empuje de Brasil, el factor México, Corea e Islandia, la inflación mundial, las quejas de la FAO, la fiabilidad de las agencias de rating y las interminables emisiones de deuda pública. Irremisiblemente perdido ante tanto tecnicismo, Zuckerberg, que perdió la umlaut en la huida transatlántica de algún antepasado, abre al azar el ejemplar del New York Times que compró antes de la cita y se topa con una foto gigante de una mujer rubia y cincuentona que tontea con un tipo bajito y bastante feo. “¿Pero quién demonios es ésta?”, pregunta a sus contertulios. Todos, obvio, reconocen a la Merkel en una milésima de segundo. Todos, guiados por la misma silenciosa reflexión, olvidan contestar al dueño de Facebook: casi han terminado los postres y no han caído en la cuenta en que ni siquiera le han dedicado a la canciller cinco minutos de charla pese a que, posiblemente, la dama del euro sea ahora el factor más determinante en la economía del viejo, muy viejo continente.

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