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¿Cuándo se cierra España?

Fede Durán | 27 de mayo de 2008 a las 11:48

Nadie lo sabe. O quizás sí. España, es decir, el modelo de Estado, no se cerrará nunca. Los nacionalistas jamás lo consentirán. ¿Qué sentido tendría que existieran ellos si los contornos del mapa ya no se pueden tocar? Este país no tiene forma de piel de toro sino de bucle y pierde demasiada energía en la metafísica cuando la realidad contante y sonante de las finanzas nos atosiga por todos los flancos. En este contexto, es casi milagroso que el País Vasco no se hunda pese a ETA y experimentos psicopolíticos como el Plan Ibarretxe. ¿De verdad tienen estos tíos tiempo para pensar en el I+D, el cambio climático o las subvenciones para paliar el perverso efecto hipoteca?

Que se lo digan a Jon Juaristi. O a Mira Milosevich, una especie de discípula del iconoclasta del nacionalismo vasco que se atrevió a escribir un libro en castellano pese a ser serbia (Los Tristes y Los Héroes). Estas últimas noches dejo que sus páginas me acunen. Ya amarillentas, con ese agradable olor a viejo de las novelas míticas (el libro lo usurpé de la biblioteca paterna), las cuartillas me aclaran conceptos aparentemente básicos. La balcanización, por ejemplo, que ella define como la creación de Estados dentro de un Estado hasta hacer insostenible el sistema. Es lo que consiguió, muy esmeradamente, Tito. Yugoslavia es una ficción de corta duración (1918-1941 y de 1943 a la debacle que comenzó con Eslovenia en 1991) cuyo cordón umbilical fue el comunismo, no el patriotismo. Recuerden que Aznar utilizó ese término para referirse a España. Da miedo pensarlo, aunque la comparación sea demasiado inexacta. España es un país viejo. Aunque los siglos no le sirvan para librarse del problema.

Vale, no divago más, regreso al principio, al cogollo, al corazón del asunto. ¿Cuándo se cierra España? Como Santiago ya no está para estos trotes, habrá que recurrir, una vez más, a la política ficción. Se me ocurren varias opciones:

1. España se cierra cuando regrese a los orígenes. Dice la Misolsevich que los serbios son lo más parecido de la ex Yugoslavia a Castilla. Pues ya está.

2. Los nacionalismos se disuelven por propia voluntad al haber exprimido, con la actualización de los estatutos, su capacidad de autogobierno (dentro del marco constitucional, se entiende).

3. España se convierte en un Estado nominalmente federal sin capital fija ni moneda común ni ejército ni bandera unificadora. Eso sí, se mantienen las ligas de fútbol y baloncesto y se excluye con pavor la idea de las audanas y los aranceles, vaya a ser que alguna empresa pierda parné por aquello de la eliminación del fraternal mercado compartido.

4. Portugal, Francia y Marruecos se reparten España.

El lector puede enriquecer los limitados recursos del autor con alternativas adicionales.

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Kosovo y el paralelismo vasco

Fede Durán | 13 de mayo de 2008 a las 12:39

En febrero de este año, el Gobierno vasco, a través de su portavoz, celebró la independencia unilateral de Kosovo como el enésimo ejemplo de que el sueño secesionista del nacionalismo es posible. Cualquier ruptura les vale, cualquiera cabe en el marco de su espejo. Ahí están las repúblicas bálticas, ahí Ucrania, ahí Chequia y Eslovaquia. Chesterton, que era un inglés tan lúcido que molestaba, escribe en su Breve Historia de Inglaterra que el pasado no es como era sino como la gente lo recuerda. Los herederos del alucinógeno Sabino Arana siguen la premisa de pe a pa. Les importa bien poco la historia de Kosovo, y por extensión la de Serbia y todos los Balcanes.

Ellos prefieren el paralelismo sencillote, basado en dos premisas tan contundentes y optimistas como huecas: 1. Los conflictos de identidad se pueden resolver de manera pacífica y democrática en las sociedades modernas. 2. El derecho a la libre determinación plasmado en la legislación internacional sigue vigente.

No soy quién para darle lecciones al muy letrado Ejecutivo vasco, pero me choca que considere pacífico y democrático el provisional epílogo kosovar. Se obvia el desarrollo, el nudo, para centrar el objetivo en la foto final, tramposa como todas las fotos porque recorta una imagen que excluye el contexto, a menudo más importante que la propia realidad captada. Kosovo, el campo del mirlo o del cuervo según las aficiones ornitológicas del traductor, ha sido de todo menos un sitio tranquilo. Allí han convivido, con preeminencia serbia y frecuentes tirones de orejas, albaneses, rumanos, turcos, búlgaros y judíos. Allí estableció su cuna nacional y simbólica la Serbia de la dinastía Nemanjic (al menos durante doscientos años kosovo fue un auténtico emporio en varios órdenes de la vida). Allí se mataron serbios y turcos en 1389. Allí se aplicó el yugo otomano durante cinco siglos. Allí se conviertieron al islam los cristianos ortodoxos serbios. Allí comenzó el lento pulso entre la mayoría serbia y la minoría albanesa (hoy la estampa es la contraria). Desde allí se produjo la Gran Migración (1689). Allí experimentó Tito y masacró Milosevic. Menudo espejo, amigos nacionalistas.

El derecho a la autodeterminación internacionalmente validado merece apenas dos líneas. Una vez más, se aprovecha un concepto básico de la emancipación frente al colonialismo como comodín para satisfacer el caprichoso apetito propio.

Como la historia, igual que la energía, no se crea ni se destruye sino que se transforma, PNV, EA e incluso los esquizofrénicos chicos de EB (IU en castellano) se agarran a su propia versión con entusiasmo. No es precisamente sorprendente. Los vascos destacaron por su honor y su patriótica audacia entre los descubridores y conquistadores de América. También brilló Churruca pese al monumental repaso que nos dio la armada británica en Trafalgar. Vasco era Unamuno. Y tantos otros fanales. ¿Acaso cuenta? Lo que cuenta, dirían off the record desde las cámaras reales de Vitoria, es que una mayoría étnica cuyo pasaporte es el Rh negativo se siente oprimida por el expansionismo opresor del Estado español, también conocido como Estado maketo en el tabernario mundo proetarra. Ellos, los vascos puros, serían como los albaneses de kosovo pero con mucha más pasta. El resto, nosotros, como los serbios, esa masa venida a menos que al final tendrá que irse.