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La marca Andalucía

Fede Durán | 5 de septiembre de 2014 a las 13:41

EL deterioro de la marca Andalucía en comparación con la tampoco demasiado boyante marca España fue bien explicado ayer por el profesor Aurioles, aunque quizás convenga pedir el testigo y prolongar la reflexión. Franco aprovechó los atributos paisajísticos y culturales de la región para vender al extranjero una imagen del todo basada en la parte. Andalucía era –y aún es– los toros, el flamenco, los pueblos blancos, la siesta y el pescaíto. Esa marca, tan simplista como costumbrista, es el imán del turismo, al que se han añadido átomos como el golf, los museos o los festivales.

Hay una segunda marca andaluza basada –más radical y malintencionadamente– en el estereotipo del ciudadano vulgar, inculto, graciosillo y “a medio hacer”, por emplear las palabras de aquel Pujol visionario de finales de los setenta. Los medios de comunicación de ámbito nacional, con las televisiones a la cabeza, son responsables principales de la caricatura.

La tercera marca Andalucía depende directamente de la clase política y el partido hegemónico. Más de treinta años ejecutando garantizan el deterioro, el descrédito y a menudo el escándalo, pero también una tupida red clientelar (bien descrita por Álvarez Junco respecto a la otra gran comunidad corrupta según Bruselas, Cataluña) que garantiza un colchón mínimo de votos y repele del escenario a nuevos actores, estén o no cargados de cambio.

Luego está la economía (la macro y la micro), implacable en el retrato y el careo con España: más paro, menos exportaciones, menor crecimiento del PIB y nulo efecto de las diferentes ayudas públicas en la reconducción de dichas magnitudes.

Ni las tres marcas descritas ni el efecto que sobre ellas ejercen los números presagian una transformación de los usos, vicios, servidumbres y lastres que impiden a la región apearse del vagón de cola aunque sea para instalarse en mitad de la tabla autonómica. Los factores históricos (latifundio, franquismo, analfabetismo endémico, regresión tras perder el monopolio del comercio americano, Iglesia) no pueden ser la eterna excusa. La Junta maneja casi 30.000 millones de presupuesto, el país suma casi nueve millones de habitantes, los fondos europeos han sido cuantiosos y la geografía es generosa (acceso al Atlántico y Mediterráneo, vigía del Estrecho, puerta de entrada a África) pese a la intrincada orografía peninsular y su relativo aislamiento continental.

Un espacio es al final la suma de sus circunstancias, y Andalucía es hija de su clima, su milenario mestizaje y sus contemporáneas demagogias. Entre el liberalismo salvaje y el Estado interventor y ultraplanificado se cuela nuestra verdadera tercera vía: una Administración asistencial y hormonada, interesada en preservar la estupidez (Canal Sur) y dispuesta a retener el poder a costa del porvenir de un pueblo. Pueblo, hay que añadir, que nunca se ha mostrado especialmente alarmado con esos pecados que en la liga de los serios cuestan puestos e imponen rejas.

Miopía

Fede Durán | 23 de octubre de 2012 a las 20:14

La manipulación de los medios públicos de comunicación no es exclusiva de unas siglas, pero es cierto que el PP se ha cargado, en apenas unos meses, el oasis de periodismo cualificado que ZP había instaurado en RTVE. Sí, sí, las comunidades autónomas demuestran que esta tendencia es universal: ahí están Canal Sur desde un flanco y Telemadrid desde el otro. Pero la cosa central, o estatal, parecía salvada. Error.

Los Desayunos de TVE son el ejemplo más evidente. La (sana) tensión del programa conducido por Ana Pastor (no entremos en lo que cobraba, hoy no toca) ha dado paso al templo del valium. La presentadora, María Casado, no alcanza la rapidez necesaria para acorralar a sus invitados, o al menos para sacarles jugo más allá de la obviedad y la consigna, y el plantel de tertulianos se ha vuelto completamente azul: cuando acude alguien de El País, es para subrayar su extremo aislamiento frente a colegas de La Razón, ABC, El Mundo o la Cope. Lo cual me lleva a otra conclusión: el panorama mediático español es claramente de derechas, y más desde el sepelio de Público.

Me han impresionado los últimos análisis del cuarteto azulón anteriormente descrito. Nadie dice ver amenaza alguna en el nacionalismo vasco, como si Urkullu fuese de repente un hombre de Estado dispuesto a renunciar a la soberanía. Tarde o temprano disparará esa bala, y lo hará una vez observe qué ocurre con CiU, que hoy es ese desbrozador hispano a la conquista de El Dorado. Tampoco fomenta mi fe en el oficio la lectura común sobre las elecciones gallegovascas: si la victoria de Feijóo en Galicia se interpreta como un triunfo de Rajoy, ¿por qué la caída hasta el cuarto puesto en el País Vasco no es una horrible derrota?

El mal momento del PSOE da para más sorpresas. La Razón lo acusa de aliarse con la extrema izquierda. ¿Cuál es exactamente la extrema izquierda si tenemos en cuenta que la Falange (por ejemplo) es la extrema derecha? ¿Izquierda Unida? ¿Esquerra Republicana? ¿Es una broma? El socialismo ha cavado su tumba, ciertamente, sobre dos errores conocidos: las alianzas con partidos sin vocación nacional y su desastrosa y ya proverbial gestión económica. Pero son pecados que también comete el PP, aliado en más de una ocasión de los nacionalismos conservadores cuando las matemáticas no le alcanzaban o sólo le permitían ser comparsa (Aznar en 1996 en el Congreso; Sánchez-Camacho ahora en el Parlament) e igualmente torpe en la búsqueda de soluciones a la crisis actual. El mito del curandero Rato murió con Bankia y tras las generales del 20-N. La diferencia entre PSOE y PP, lo que explica que unos se desangren y otros aguanten, es que en España la izquierda siempre ha estado fragmentada mientras la derecha aprovechaba la forzosa fusión franquista (carlistas, alfonsinos, Falange, las JONS) para reforzar, ya en democracia, su vocación granítica.

También me perturba la candidez con que se afronta la cuestión catalana. Nadie en la división azul está leyendo entre líneas. Artur Mas ha dejado claro, para quien quiera entenderlo, que su Govern estaría dispuesto a recular si alguien en La Moncloa les invita a negociar un nuevo sistema de financiación y algunas golosinas federales o de Estado. No hay señales de que existan otras soluciones. España, con sus fronteras actuales, es una eterna cuenta atrás, y contentar a los nacionalistas es la única manera de ganarle segundos al reloj de la historia. Muchos renegarán de este planteamiento, y será legítimo que lo hagan, pero la integridad territorial exige concesiones en un país tan sometido a las fuerzas centrífugas.

Cierro como abrí, con una crítica. El periodismo arrostra su doble crisis como puede, o sea mal. Precariedad, despidos y cierres apenas encuentran un contrapunto en frágiles proyectos digitales. Es la hora del rigor y la calidad, de la honestidad y la independencia. La visión de unos profesionales alineados y complacientes con sus amos es la antesala del peor futuro posible.

Entre las ratas

Fede Durán | 28 de septiembre de 2012 a las 11:00

EN 2007 (precrisis), Cáritas atendió a 370.251 personas en España. Buscaban fundamentalmente comida, calzado, ropa y vivienda. Cuatro años después (2011), la cifra ascendía a 1.015.276. El paro y el final de las ayudas (prestaciones, subsidios) crean una bolsa de marginalidad creciente: una cuarta parte de la población bordea o pisa la miseria, alejándose paulatina e inexorablemente de la posibilidad de la reinserción. “Si cuando hubo crecimiento económico (1994-2007) no se redujo la pobreza, ni se consolidó la protección social, ni aumentó la proporción de inversión en gasto social del PIB, es difícil creer que salir de la crisis desde la óptica del crecimiento económico tenga consecuencias relevantes en la reducción de la desigualdad y la pobreza”, subraya el informe de la organización.

Cinco de cada diez necesitados son inmigrantes -un tercio de ellos irregulares-, pero el círculo atrapa ya a personas menos adaptables al prejuicio: parejas jóvenes con hijos y mujeres solas con familiares a cargo se unen a los parados de larga duración y los desahuciados. El New York Times publicaba en su portada del martes, a cuatro columnas y tras una visita poco fructífera del Rey al consejo editorial, un reportaje sobre las miserias del antiguo templo de los milagros. España no es actualmente aquel misil cuyo límite era el espacio sino un agujero oscuro donde hasta las chicas de buen ver rebuscan en la basura. Ésa es la imagen que abre la información.

Mientras, el Gobierno habla a la vez de austeridad, reformas, crecimiento y empleo sin que hasta la fecha alguien haya demostrado que sean conceptos compatibles; la Generalitat de órdagos e independencia; Griñán de los ERE como si en verdad la cosa no fuese con la Junta; el PSOE de federalismo (¿acaso el Estado autonómico es otra cosa?) y el PSC de asimetrías; el PNV de una reforma del Estatuto de Guernica (sí, el que les dio las ventajas de pertenecer a España sin el engorro de la igualdad); los consejeros de Bankia de su total ignorancia del desfase que presentaban sus balances; Botín de Fernando Alonso y Mou de Sergio Ramos.

Toda la élite habla mientras la gente se mancha las manos de mierda y compite con las ratas. El drama es que habla de mentira, escuchándose a sí misma, atiborrada de privilegios y ego, de tijeretazos en tercera persona del plural. Ellos, que se jodan ellos. Menos educación y menos sanidad; la estafa de las preferentes; la depresión de Cristiano; el arranque patriota de Guardiola; los cuatro dedos de la senyera de Mas; los 1.600 empleados de Canal Sur; las fundaciones bajo nuevas siglas pero con el mismo mastodóntico tamaño; los coches oficiales; los parlamentitos; las agencias duplicadas; los sueldos exorbitantes; las dietas; los consejeros que cuando salen al extranjero dicen “llamadme ministro”; la impunidad del corrupto, del estúpido, del incompetente, del cacique. El sistema no funciona y no nos dejan cambiarlo. Es la dictadura de la mediocridad. Pero casi todas las dictaduras caen. El cuándo depende de la docilidad acumulada en 35 años.

El andaluz en los medios

Fede Durán | 5 de octubre de 2009 a las 19:05

Regreso de las sombras con una inquietante duda incrustada en mi mente de seguidor de los medios: ¿Qué pasa con el acento andaluz? Un ejemplo: TVE cuenta con una canaria dedicada a asuntos sociales que nos ameniza la comida con ese deje seseante y levemente hispanoamericano del archipiélago. Sus compañeros de las delegaciones andaluzas, sin embargo, optan generalmente por un castellano sin sal donde, por cierto, se nota la impostura de las eses.

Anécdota para el segundo párrafo: cuando cursé el master de El País, nuestro profesor de radio, Carlos López-Tapia (Cadena Ser), nos sugirió hablar fino para tener más opciones en el mercado. Justificaba sus palabras con una realidad -como mínimo y siendo amable- bastante discutible: un oyente madrileño o riojano podría no entendernos, y quien no entiende al periodista transmisor cambia de emisora.

Tercer escalón: ¿Cuántos locutores, presentadores y showmen de Canal Sur utilizan el andaluz en sus intervenciones? Y de los que superan esta primera criba, ¿cuántos recurren a un andaluz natural o al menos tan hábilmente artificioso como para que no se noten los rasgos más artificiales de ese dialecto sucedáneo y prefabricado?

Toda esta historia suena a complejazo. Cierto es que en Andalucía, como en Murcia, La Mancha o Galicia, conviven infinidad de jergas y subjergas, y que no todas dan la talla en términos estéticos, o no parecen suficientemente comprensibles o serias para un medio de comunicación o incluso para los académicos de la RAE. Pero existe un andaluz espontáneo y a la vez cultivado, una especie de andaluz neutro que muchos utilizan en su día a día por haber tenido la suerte de conocer y vivir distintas ciudades de este mapa del sur. No es el castellano de las eses y las zetas el que deberíamos respetar en los medios andaluces, sino nuestro propio canon sureño. La persistencia del fenómeno contrario poco bueno dice de nosotros. ¿Acaso cambian ustedes de acento cuando están en la plaza del Salvador (Sevilla) y cuando están en la de Mina (Cádiz)? ¿Por qué travestir la voz cuando uno llama a un empresario de Bilbao? Éste es un hermoso dialecto. Y los primeros que deberían saberlo son precisamente nuestros grandes amigos de Canal Sur, tan andaluza e intelectual, tan rutilante, tan bien dirigida, y sus primos hermanos de TVE, abiertos, arriesgados, audaces creadores… Si, por casualidades de la vida, nace un movimiento reivindicativo, señores destinatarios de este post, por favor, eviten caer en la tentación de las cuotas. Y en aquél pesadísimo rollo de lo desternillantes que somos.

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