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La extraña pareja

Fede Durán | 31 de marzo de 2014 a las 19:35

La alusión es pastelosa pero viene al pelo. En Grease (1978), Travolta y la Newton-John luchan por el premio escolar a la mejor pareja de baile, pero todo evento organizado colinda con el caos, y el guaperas italoamericano acaba ganando, sí, pero con otra pareja. La vida es así: nunca aprecias el margen de afinidad hasta que mueves el esqueleto, y ayer, en el Parlamento, lo sacudieron con sorprendente sincronía IU y PP. La crítica a Susana Díaz era el hilo musical. José Antonio Castro (IU) estuvo sembrado. Escupió sus reivindicaciones disfrazándolas de cordialidad y se guardó lo mejor para el final. “Sin querer meterle bulla, señora presidenta, sin nada de estrés, le pedimos rapidez en el cumplimiento de nuestro acuerdo de Gobierno”. Ironía, sutileza y firmeza, un buen trébol. La banca pública espera. Y la ley integral de soberanía alimentaria. Y otras que no se mencionaron pero en las que IU trabaja (participación, renta básica). Díaz contestó la parte fácil (habrá recurso contra el presunto suelo urbanizable sobre el que, según el TSJA, descansa El Algarrobico) pero calló en las cuestiones vitales. Quizás no sea la mejor bailarina.

Sin el corsé de las alianzas, Carlos Rojas (PP) estuvo más bien volcánico. “Es la economía, es el empleo… ahí tiene que centrarse (le faltó el “estúpido” que Bill Clinton añadió aquella gloriosa tarde a esa frase)”, sintetizó. El portavoz popular combinó golpes al cuerpo (al todo) y al mentón (a la parte: corrupción) sin ceder ni un milímetro a la inconsistencia que caracterizaba a su predecesor. Merece la pena reproducir su juego de pies. Paso uno. “No nos creemos sus propuestas, usted nos trae otra vez sólo propaganda”. Paso dos. “Un ejemplo: nos vende la misma ley de simplificación administrativa que Chaves trajo al Parlamento en 1995″. Paso tres. “Hasta ahora no se ha ganado el puesto que ocupa. ¿Dónde está su lucha contra la corrupción?”. Paso cuatro (los directos al mentón). Referencias a los escándalos de la Faffe y los ERE, a llamadas al señor Zarrías, al papel del supuestamente oscuro Carmelo Gómez. Y paso cinco (aquí es cuando Travolta se marca un solo y demuestra su increíble juego de cintura y piernas). “Míreme a la cara, levante la mirada y explíquele a los andaluces la corrupción. Es usted presidenta por los ERE y puede dejar de serlo por el mismo motivo”.

SD no levantó la mirada. Estaba tomando notas o consultando papeles. Necesitaba una intervención a la altura de la somanta. Increíblemente, arrancó como en el par anterior de duelos: mofándose del carácter interino de Rojas. Más que falta de imaginación, evidencia falta de seriedad. Después le acusó de llegar a la Cámara “cargado de radicalismos”, recurrió -otra vez- al y tú más al sugerirle al PP que se preocupe por sus propios mangoneos y ensayó una suerte de derribo por contraste. Es la Junta la que defiende el corredor atlántico, mantiene comedores, refuerza las becas que Madrid recorta y convoca oposiciones. “¿Sabe usted lo que me dijo Rajoy hace poco? Gracias, presidenta, porque al cumplir Andalucía su objetivo de déficit en 2013 lo cumple también España”.

En el segundo round los contendientes perdieron fuelle. “Dijo que no se podía gobernar mirando al Íbex 35″, le afeó Rojas después de sus instantáneas con Fainé y Botín. “Yo le tiendo la mano a todo aquel que quiera invertir en Andalucía”, contestó Díaz, que a la segunda sí levantó la mirada porque se siente arropada por la Cámara y con el micro del pueblo andaluz bien agarrado. “Póngase a trabajar: en estos seis meses ha demostrado que el PSOE lo puede hacer peor que en 32 años. Si se pone, le vamos a ayudar”, prometió él. “Usted confunde la inactividad del PP con la realidad de Andalucía”, replicó ella.

Y es verdad que a veces conviene husmear esa realidad, a ser posible con datos oficiales, para saber de qué estamos hablando. En la región hay 1.446.660 parados, una tasa global del 36,32% y otra juvenil del 63,95%, según la EPA del último trimestre de 2013. Andalucía cuenta con el menor presupuesto sanitario por habitante de España: 978 euros frente a una media de 1.214. El SAS ha perdido a más de 7.000 profesionales. En la enseñanza pública hay 865 profesores menos que hace un lustro y 139.224 alumnos más, según la Consejería de Educación. Por poner algunos ejemplos.

Cómo podría haber sido y no fue

Fede Durán | 18 de febrero de 2014 a las 8:00

LA torpeza de una decisión es más evidente cuanto mayor es el contraste entre la situación bajo ese influjo y una vez rotas las cadenas. En apenas cinco minutos, Carlos Rojas, portavoz del PP en el Parlamento andaluz, desnudó a su todavía superior, Juan Ignacio Zoido, y también a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, por distintos motivos y en distinta medida. A Zoido lo troceó involuntaria pero necesariamente con un discurso -al fin- estructurado, trufado de números, porcentajes y recuerdos de fracasos históricos y rémoras hiperpresentes, la hoja de servicios del PSOE andaluz en tres décadas, una teleserie de derroches, nepotismo, arbitrariedades y latrocinio institucionalizado con algunos oasis casi siempre procedentes de entidades ajenas (España y la solidaridad, Europa y los fondos de cohesión).

A Díaz no le tenía preparada ninguna novedad sencillamente porque no hace falta: basta con echarle un vistazo al cuadro estadístico andaluz para calcular el diámetro del agujero negro. Es cierto que en todo ejercicio político opera el sesgo ideológico, como cierto es que tanto socialistas como neocomunistas aprovechan cualquier oportunidad para demostrar que ese sesgo tiene plena vigencia a este lado de la Península con efectos presuntamente terapéuticos -privatización versus servicios públicos; bancos contra desahuciados; ladrillo a secas frente a ladrillo sostenible-. Pero la mancha no es menos negra: casi 1,5 millones de parados, 64% de paro juvenil (menores de 25 años), cargas burocráticas insoportables, ineficacia de la Administración en sus relaciones generales con el administrado; ausencia de los proyectos estrella (leyes de transparencia y participación) que deben teletransportar a la comunidad al siguiente estadio al menos en términos éticos, etcétera.

Rojas trazó el retrato más fiel hasta la fecha de su ayer rival, embarcada en una gira nacional y europea que promociona servilmente el socialismo español más huérfano de la historia, adicta al álbum de fotos, dispuesta a negociar con Cataluña no sé sabe muy bien en nombre de quién, esbelta en palabras grandilocuentes pero muy avara hasta ahora en acciones masticables. Donde Zoido se perdía, incapaz de combinar evidencias y articularlas con pericia, Rojas hilvanó como un sastre de Hoi An. La presidenta contaba con una buena oportunidad de aparcar su vocación pastoral (heredada de Griñán con suerte dispar) para entrar al detalle de su plan de ataque anticrisis. En vano. Arrancó con la broma del portavoz meritorio, como si uno debiera disculparse por el trabajo bien hecho, prosiguió con la nube del liderazgo popular y remató con las culpas del otro (reforma laboral vía Gobierno central), la mesa de la construcción que se iniciará el 21 de este mes y la alianza que persigue con el tejido empresarial. Palabras, postureo de Estado, sensación de déjà vu.

Tras la epifanía, es inevitable preguntarse por el funcionamiento orgánico de los partidos. Las cuasiprimarias del PSOE-A demostraron que la alergia al pluralismo, el debate y esa libertad de pensamiento que no implica una traición a las siglas no es patrimonio de la derecha. Susana Díaz ganó antes siquiera de presentarse, avalada por el aparato, que es lo mismo que un rodillo pero suena menos estalinista. A Zoido lo eligió Arenas, y punto. ¿De qué sirve entonces que el PP-A cuente con 159.000 afiliados? La travesía del alcalde hispalense ha sido corta e infructuosa. Le ha faltado rigor, le ha sobrado dispersión y jamás ha encontrado la retórica propia de los grandes conquistadores simplemente porque no está a su alcance lograrla. Que Rojas sea infinitamente mejor como espadachín parlamentario deja a Arenas y a la organización en pésimo lugar. La democracia española está en manos de fuerzas adictas al yo dispongo y al señor, sí, señor. Sin discrepancias, sin valentía, el capricho y la mediocridad campan a sus anchas. Como en tantas otras cosas, Andalucía es el peor ejemplo. Doble dedazo y chitón.

Julie Smith protagoniza un relato del muy talentoso David Foster Wallace. Irrumpe en Jeopardy!, el concurso donde se adivinan preguntas y no respuestas, y se hace eterna. Setecientos y pico programas después, Merv Griffin, el productor ejecutivo, decide sacrificar al mito para explorar nuevos alicientes. A Susana le ocurrirá algún día. Y a Moreno (Bonilla). Mejor que sea por tráfico de ideas. Los yugos pertenecen al Medievo.

El defecto Zoido

Fede Durán | 13 de mayo de 2013 a las 8:00

Dos factores desactivan la estrategia opositora de Juan Ignacio Zoido desde que asumiese el relevo de Javier Arenas en julio de 2012 como tótem del PP-A. Uno es subjetivo: el hombre no se siente a gusto en un traje que exige emular el modelo de carretera y manta de su predecesor. La Alcaldía de Sevilla es su prioridad, su pasión absorbente, su amante política. Jamás lo ha ocultado, y eso al menos le coloca en un escalón de sinceridad no siempre habitual en el gremio. Otro es objetivo: Zoido es inconsistente y liviano en su batalla dialéctica con Griñán, un presidente al que algunos populares de primera línea califican en privado como “brillante parlamentario”.

La derecha ha presumido siempre de su carácter monolítico. Si hay discrepancias, se ventilan en casa, nunca a la vista de extraños. Esta premisa, desmoronada en los últimos años por las púas Gallardón-Aguirre, Aguirre-Rajoy o Cascos-PP en general, ha sobrevivido dignamente en Andalucía, donde apenas se formula una tímida crítica a la forma en que Zoido está afrontando la legislatura.

El tándem Arenas-Antonio Sanz fue muy poderoso. Entre 1993-1999 y 2004-2012 moldeó la filial autonómica del partido a su imagen y semejanza. La interinidad de Zoido traslada al PP-A al escenario opuesto. Donde antes había estructura hoy sólo existen nubes. Si Zoido se marcha, arguyen distintas fuentes consultadas, es prioritario determinar quién llevará las riendas. Con tres años por delante, el margen para desplegar la estrategia de la nueva era sería más que suficiente. Varios dirigentes se han pronunciado públicamente en este sentido. El último en hacerlo ha sido el alcalde de Granada, José Torres.

Otros abogan por una transición suave. Es el bando de los sin estrés (Carmen Crespo y Elías Bendodo se alinearon el jueves). El próximo Congreso del PP regional aún no tiene fecha, pero el debate del calendario refleja fidedignamente la división de opiniones. Se habla de 2015 (año de elecciones municipales), 2014 (elecciones europeas) y hasta verano de 2013. Cualquiera que sea la decisión, se ajustará invariablemente a un mandamiento sagrado: el nombre del elegido deberá contar con el plácet de Arenas y el sí puramente formal de la secretaria general del PP nacional, María Dolores de Cospedal. Históricos en clave autonómica como Teófila Martínez, la alcaldesa de Cádiz, también estarán en el sanedrín.

Florecen los candidatos. Por ejemplo José Luis Sanz, secretario general del PP-A, el único que se postula con más o menos claridad sin arrancar de momento ni aplausos ni abucheos. O Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Igualdad y avalado por la familia malagueña; Carmen Crespo, delegada del Gobierno de Rajoy y adscrita al clan almeriense; y Carlos Rojas, portavoz en el Parlamento y censado en Granada. Con ventaja sobre todos ellos parte el diputado y alcalde de Córdoba José Antonio Nieto, con un perfil más político y menos técnico que algunos de los futuribles. Cada una de las fuentes consultadas le cita entre los favoritos.

Nadie teme en realidad un terremoto orgánico ni una pelea sucesoria. Los taifas provinciales opinarán, pero lo harán bajo esa inveterada predilección por la unidad. “La máquina -afirma un diputado andaluz- funcionará cuando haya claridad. Somos gobierno en muchos sitios, sabemos hacer las cosas”. Otro dirigente popular complementa: “Es cierto que esta situación nos perjudica, pero las encuestas tampoco sitúan al PSOE-A en un escenario demasiado halagüeño”. Y un tercero advierte: “Aunque ahora parezca imposible, que nadie pierda de vista la posibilidad de que el bipartito se rompa”.

Los matices de lo fino no tapan los consensos de lo grueso: el sustituto de Zoido debe ser “un rostro conocido”, un guerrero a lo Mad Max de la carretera y un tipo sin miedo a castigarle el hígado a Griñán. Un puñado de voces populares proclama la convicción de que se pueden mejorar los resultados del 25M, en los que el PP-A alcanzó el histórico techo de los 50 escaños, siempre que se imponga el sentido común y se juegue inteligentemente la partida de los plazos. Zoido es una figura de transición que intenta prestarle a la formación un servicio digno. No siempre lo logra, y ésa es la gran razón para no volver a fallar. Sobre el delfín, sobre el príncipe, sobre el virrey recaerá el formidable reto de revertir de una vez 30 años de derrotas.