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Reflexiones tras el 25M

Fede Durán | 27 de marzo de 2012 a las 18:02

Empiezo por el PP. Arenas lo tenía todo a favor, más incluso que en 1996, y su pírrica victoria debe empujar al partido a la autocrítica. Si pese a la marea de los ERE y la fractura del PSOE-A no han sido capaces de arrasar, si pese a 30 años de sultanato socialista los muros de esa hegemonía siguen en pie, el problema quizás haya estado en el líder de ese proyecto alternativo de la derecha y, por supuesto, en el equipo gris del que ha decidido rodearse. Ya lo dije antes de la campaña: Arenas no cae bien. Tiene enemigos incluso en sus círculos ideológicos más cercanos. Y adolece de un problema de comunicación, de conexión con el electorado andaluz. Una cosa es que alguien te dé la mano en un acto de campaña y otra bien distinta que comulgue con tus formas, tu discurso y tu modelo de país. El PP, en mi opinión, ha abusado de la guerra de guerrillas, de la agresividad, de las acusaciones indiscriminadas (y por lo tanto a veces temerarias o directamente injustas) vía rueda de prensa. Ha optado por la deconstrucción, por rehuir la fuerza del debate parlamentario, por blandir la espada en vez del programa. Y ha atacado a la Junta no sólo donde tenía razón (los ERE, Mercasevilla, la endogamia, el ejercicio desmedido del poder, el imperio del carnet) sino también donde aquella lo ha hecho más o menos bien (la sanidad pública andaluza es un buen ejemplo, como también lo es, a menos escala, la reutilización racional de San Telmo).

La soberbia ha sido otro error de bulto. Arenas hablaba como presidente de una butaca que ya nunca catará. Su destino está en Madrid, tal vez cuando Rajoy acometa su primera remodelación gubernamental, y lo lógico sería que Antonio Sanz le acompañe como Zarrías acompañó a Chaves. Al PP-A se le presenta un serio marrón a corto/medio plazo. Necesitan un líder sólido, brillante y más próximo al votante de centro (al que definiremos como aquel que elige indistintamente rojo o azul en función de los méritos de unos y otros en la gestión). A ser posible, el candidato a sucesor debería ser ajeno al equipo de Arenas. El PP-A necesita repensarse. Justo lo que muchos creían que necesitaría más bien el PSOE-A.

 

Sigo con Griñán. El hombre ha perdido. Y es la primera vez que ocurre en Andalucía. Lo de la fiesta, la tarta y los abrazos sobraba. La alegría del derrotado al que salvará una coalición siempre debe ser más comedida. Qué curioso que los bloques ideológicos importen cuando interesa pero conduzcan al desprecio sistemático si media una mayoría absoluta. El presidente en funciones tiene ahora la oportunidad de rectificar, de aprender de sus fallos. Ha de trasladar a la gente que la corrupción industrial de anteriores legislaturas no es en absoluto tolerable. Ha de entender que él mismo no es infalible, que no es el mejor, que en su mano está devolverle al partido parte del prestigio sepultado tras tres décadas de soliloquios y más de un exceso, que Andalucía debe enterrar la parida de las modernizaciones y centrarse de veras en mejorar comparativamente, porque el entorno nunca ha dejado de superarnos, porque las diferencias con España siguen siendo las mismas que en 1982. ¿Por qué no busca el verdadero talento, por qué no se fija en personajes independientes que ventilen la gran habitación hedionda de la Junta? De los Ojeda, López y Marín Rite a la plantilla actual se detecta una involución intelectual que asusta y apena.

Luego está Valderas, que tiene cara de consejero aunque Sánchez Gordillo insista en que la federación jamás debería mezclarse con el Ejecutivo autonómico sino pactar políticas que implementen otros con cariño de padre bajo amenaza de dejarles en minoría. No tengo claro que IU haya progresado tanto por sus méritos como por las torpezas en serie del PSOE. El votante de izquierdas que no quería mancharse con una papeleta al socialismo menos prestigioso de la historia ha preferido cerrar los ojos y prestarle su apoyo a Valderas y compañía, evitando así el otro escenario indeseado, que era una victoria del PP y un rodillo azul en esta España de paro y crisis. Veremos cómo combinan estos chicos el obligatorio realismo del gobernante (o del socio del gobernante) con un programa político que mezcla opciones muy respetables (código ético, gravamen a los pisos vacíos, nueva ley electoral) con otras pelín utópicas o apolilladas (III República, legalización del cannabis, banco público de tierras).

UpyD ha decepcionado. Igual que Equo. Por no hablar del PA, cuya desaparición ya sólo parece cuestión de (poco) tiempo. Es una lástima que el Parlamento andaluz recoja, por segunda legislatura consecutiva, tan poca variedad de siglas y colores. UpyD: De la Herrán era un aspirante de escasísimo perfil mediático. Equo: De Manuel es un tipo solvente y de ideas claras, pero debe aprender algunos trucos del oficio político que le hagan parecer menos cándido. PA: Gónzalez es la mejor dirigente que han tenido en lustros, pero la única figura capaz de sostener por sí sola a un partido en España es Rosa Díez.

Mención final para los propios andaluces, entre los que obviamente me incluyo. Me preocupa que la corrupción no haya calado, que se dé una imagen de inmovilismo electoral, que se permita al mismo partido sumar 34 años ininterrumpidos en el poder sin más castigo que el de un gobierno en minoría. Me preocupa, igualmente, que el PP no haya sido capaz en todo este tiempo de crear una alternativa atractiva, de vender una imagen menos rancia y previsible, de ofrecer algo de esperanza. El votante no es estúpido, y ha trasladado un mensaje claro tras el 25M: no nos gusta este PSOE, pero tampoco este PP. Griñán, muy posiblemente, ha minimizado su caída gracias a esas centurias de paniaguados sabiamente adiestrados a lo largo de nuestra breve democracia autonómica, pero también gracias al sanguinolento planteamiento de un Arenas conservador y poco creativo.

Andalucía requiere soluciones que nadie en su arco parlamentario puede ofrecerle. Ése es el verdadero drama. Y se prolongará unos años más, cuando menos. En ese lapso, el reto será que esta sociedad no quede todavía más derruida, que los jóvenes no hagan el petate, que los emprendedores no renieguen o se rindan, que los mantenidos espabilen, que los preparados den un paso al frente y conquisten esa parcela huérfana de talento de nuestra clase política. El 25M era una gran oportunidad de advertir a todos los que mandan. Me temo que nadie se haya sentido aludido. Si es que esa advertencia se ha lanzado.

@fede_duran

Griñán el cabizbajo

Fede Durán | 23 de febrero de 2012 a las 14:37

El PSOE ha hecho lo que hacen los amantes más prácticos cuando su amor se rompe: pensar en el futuro, olvidar el pasado, dominar el presente. Rapidísimo se han puesto el traje de oposición, un traje chillón con chapas reivindicativas en la solapa. Le están sacando partido a todo: a las cargas policiales de Valencia, a la subida de impuestos, a la reforma laboral, al aborto. Sólo hay un problema: tanto ímpetu queda empañado por ese pasado que pretenden dejar atrás a golpe de grito, advertencia, movilización o causa perdida. Ellos estaban ahí cuando estalló la crisis. Ellos la agravaron con medidas de despilfarro, con panes y peces no bíblicos sino de ikea (o de cartón piedra, que es casi lo mismo). Ellos, con Zapatero a la cabeza, son el símbolo, justa o injustamente, de la España del enésimo pelotazo. Y esa España, en justicia, es obra de todos: de los políticos y sus diferentes gobiernos, de los empresarios más facilones, de los trabajadores menos comprometidos, de los sindicatos y de la madre que nos parió. Pero hay una cosa que se llama credibilidad, y el ciudadano la reparte cíclicamente: hoy, al PSOE, no le toca, y cualquiera de sus ataques a Rajoy se topa con un argumento sencillo y eficaz: “miren el país que nos dejaron; y no es la primera vez”.

Andalucía, que celebra por primera vez sus elecciones separadamente, es la batalla definitiva. Mostrará hasta dónde llega la decrepitud del PSOE o hasta dónde se extiende el dominio de la gaviota. Nadie duda, o al menos las encuestas y muchos de los dirigentes implicados no lo hacen, que Arenas ganará. La cuestión es con cuánto margen. La pinza PSOE/IU, o Griñán/Valderas, es la única salvación para quienes llevan tanto tiempo al mando. Y es una solución esperpéntica y potencialmente conflictiva. Además, Valderas no es extremeño, así que no cabe esperar un Monago II en estas tierras sino más bien una negociación de reparto de consejerías donde paradójicamente los socialistas serían el eslabón más débil.

En cualquier caso, Griñán, por cuestiones exógenas pero sobre todo endógenas, lleva fatal el asunto. Ojeroso y ceñudo, parece derrotado de antemano. Sería estúpido negar su talento, pero a menudo eso no basta. Sobre todo en política. La política es otra cosa. Se basa mucho antes en la gestión del liderazgo y la contentación de los egos que en el currículum y la valía. Si de verdad quiere tener una oportunidad, debe tranformarse. Y debe hacerlo ya. No se trata de vender lo que no hay. El optimismo sólo llegará cuando los vaticinios y cifras de la Comisión Europea o el FMI lo ratifiquen. Se trata de plantar cara a Arenas inteligentemente. Con brío. Castigando su flanco débil, que sin duda serán los recortes que vienen. Explicando cómo puede él (si es que puede) modificar una trayectoria macro y microeconómica tan descendente en la comunidad. Poniendo buena cara. Despegándose del fantasma de Chaves y de la rebelión interna. Jugando a creerse con posibilidades. De lo contrario, podríamos ahorranos ir a las urnas. Le entregamos el trofeo al PP-A y que sea lo que los dioses y los astros quieran.

Twitter: @fede_duran