Archivos para el tag ‘ETA’

Viviane Reding

Fede Durán | 30 de septiembre de 2012 a las 11:46

Adjunto la entrevista a Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Justicia, Ciudadanía y Derechos fundamentales. Tocamos todos los palos: la independencia catalana, ETA, el integrismo islámico, el auge de los movimientos radicales a causa de la crisis o la negociación de los próximos presupuestos europeos y el trozo del pastel que le tocará a Andalucía.

Reding es una mujer amable y correcta, y acepta las preguntas menos cómodas sin la típica reacción contrariada de la mayoría de políticos españoles. Su inglés es más que decente (también habla francés y alemán) y su equipo atento. Es una lástima que no haya muchas oportunidades como ésta a lo largo del año. Por eso le dedicamos más espacio del habitual. Espero que os aporte cosas.

Cadena perpetua

Fede Durán | 15 de julio de 2008 a las 16:40

El regreso de Iñaki De Juana Chaos a la vida exterior tras dos décadas de condena no ha servido para cumplir el mandato constitucional de la rehabilitación social. Asesino de gesto fiero, mirada penetrante y españolísimos padres, afirma siempre que puede que no se arrepiente de nada (vocablo que incluye a sus 25 muertos). Ahora resulta que su mujer, una abertzale prototípica (fea, morena y de espaldas preferentemente anchas), ha pedido una hipoteca para comprar un nidito de amor en San Sebastián, justo en el mismo bloque donde residen algunas víctimas del terrorismo. No existen mecanismos legales que permitan por ahora impedir tamaña humillación. La congoja se multiplica además por las circunstancias: no se trata de un ser redimido y depurado.

Nuestro sistema penal falla. A los 40 años de condena máxima aprobados tras la última reforma del Código les crecen los enanos. Hagan cuentas. Con rebajas y subterfugios, a De Juana sus bombas y/o tiros en la nuca le han salido baratos: 19 años por 25 vidas, pese a que en su caso el tope jurídicamente aplicable todavía era de 30 años. ¿Cómo se puede corregir el defecto? Hay dos opciones. La primera es la pena de muerte para todos los terroristas, pero Ani Difranco lo canta y yo lo suscribo: responder a un crimen con otro crimen nos conduciría a un callejón sin salida, al menos desde una perspectiva ética. Nadie tiene derecho a disponer de la existencia de otro. Y que conste que se trata de pensamientos en frío. No quiero imaginar qué pasará por la cabeza (y el corazón) de los familiares de las víctimas de ETA. La segunda vía es la cadena perpetua para quien no demuestre arrepentimiento. Suscribo esta opción con el siguiente silogismo:

a) Quien no se arrepiente no se rehabilita.

b) Quien no se rehabilita desmonta la lógica del paso por la cárcel tal y como lo concibe nuestra Carta Magna.

c) Si el mecanismo deviene ilógico, mejor cambiar el mecanismo.

Pienso asimismo en la naturaleza de los crímenes terroristas. A diferencia de un ladrón o un yonqui, el etarra delinque por motivos ideológicos, y encauzar las ideas (las ideas que implican matar, ni más ni menos) no siempre es tarea sencilla. El observador puede añadir otros supuestos comparativos. El violador o el pedófilo, por ejemplo, espectros envilecidos a menudo por una tara psíquica. ¿Son enfermos los etarras? ¿Lo son los guerrilleros de las FARC? ¿Lo eran Franco, Hitler o Pol Pot? En la medida en que sus delirios imponían garrotes y hornos crematorios, claro que sí. ¿Les libraba la fantasía psicopática de sus responsabilidades? Nunca. Aunque los tres murieran, con distintos matices, por sus propios medios.

¿Recuerdan precisamente Cadena Perpetua, la peli protagonizada por Tim Robbins y Morgan Freeman? Con la tenacidad que TVE y Canal Sur demuestran al reponerla al menos dos veces al año y teniendo en cuenta que se estrenó en 1994 (el cálculo acongoja: 28 apariciones como película de la semana como mínimo), seguro que sí. Cada equis tiempo, una comisión de expertos analizaba cada caso y decidía si el preso estaba o no preparado para el regreso a la calle. Sería una forma de matizar el alcance de la condena eterna: también ésta sería revisable; también el etarra conservaría una última esperanza de ver la luz sin la celosía de las rejas. Y tendría que ser muy buen actor o mejor persona para trasladar al minitribunal el brillo de su nuevo espíritu. Por optimismo que no quede.

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El supervasco

Fede Durán | 21 de mayo de 2008 a las 12:16

Abro mi correo electrónico y detecto entre la maraña un mensaje de título llamativo: El Supervasco. Me lo envía Fernando Gómez Luna, joven cineasta adicto a la política (aún quedan, menos mal). Aunque de buen verbo y mejores ideas, Fernando no se anda por las ramas. Sólo añade un nombre al enunciado. Javier López Peña. ¿Quién es este tío?, se preguntará la mayoría. Reconozco que mi primer pensamiento, propulsado por un recuerdo facilón, me ha conducido al Superhombre de Nietzsche. Los nazis le usurparon la idea y la aplicaron a su alucinógena realidad, así que algo de eso hay. Pero lo más normal es concluir que López Peña es un anónimo currela, o un prometedor central de segunda división, o tal vez el penúltimo poeta cordobés.

Nanay. Se trata más bien del número uno de ETA. Ya lo sugieren sus vasquísimos apellidos. Qué despistados somos. No comprendemos que la integración (o el síndrome de Estocolmo) tiene estas cosas. El que llega de fuera abraza un nuevo credo con tanta vehemencia que acaba superando a los inventores. Hasta su Rh debe haber cambiado el más por el menos gracias a la mímesis. En el fondo, ocurre a menudo. No sólo contamos con el triste ejemplo vasco o con su equivalente light catalán y gallego, donde chicos con acento andaluz, extremeño o murciano votan a ERC o el BNG (ojo, nadie dice que eso sea nocivo; allí no se mata por las ideas). Europa está plagada. Bosnia es un magnífico referente. Los bosnios no son bosnios. O no lo eran. Bosnia es un sandwich entre Croacia y Serbia. Croatas (católicos) y serbios (ortodoxos) son eslavos y comparten idioma. Los turcos, que pasaron entre dos y cinco siglos en los Balcanes según la zona, convirtieron o forzaron a abrazar el islam a quienes vivían en esa franja, de forma que crearon otro país cuya raíz diferenciadora fue la religión. Díganle hoy a un bosnio que en realidad es croata. O serbio. O, mejor, ambas cosas.

López Peña. Veo sus fotos en internet. Es un tipo orondo. Lleva gafas (milagro, no son de pasta) y un polo del cocodrilo. Una mata de pelo le asoma bajo el cuello. Barba de dos días, orejas pequeñas, expresión fiera. Varios polis de paisano alrededor. Pese a las deficiencias de una imagen congelada, parece que amenaza a todos. Tened cuidado conmigo, advierte su mirada. Lo meten en un coche. Tras la ventanilla, sigue amenazando. Quién sabe dónde lo llevan. Según el PNV, EA y EB, debería tener miedo porque el Gobierno tortura a los terroristas. No traslada esa sensación. Su máscara retadora esconde posiblemente una convicción opuesta: en la cárcel, entre tribunal y tribunal, vivirá protegido y respetado. Tendrá su propia tele, prensa gratuita, conexión a la red y quizás hasta jamón de bellota (español, por supuesto).

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