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Carta a Don Manuel

Fede Durán | 9 de junio de 2008 a las 16:56

Querido Don Manuel,

Sería un mentiroso si me confesara su admirador. Más bien al revés, siempre le he observado con inquietud desde la distancia. Recuerdo que usted tenía pelo cuando yo comenzaba a comprender de qué iba eso de la política (mi primera conclusión fue que un líder debía aparecer siempre en el centro iluminado de un escenario oscuro; el problema es que allí nadie cantaba). AP, se llamaba su marca. Me importaba poco qué se encondiera detrás de las siglas. Un día, leí que usted era todo un veterano con experiencia previa durante el Régimen. Vaya, pensé, un señor verdaderamente versátil. Después fundó el PP, con el que por suerte o desgracia estoy bastante más familiarizado.

No le escribo para satisfacer mi sed de batallitas, descuide. Se trata más bien de expresarle, treinta y un años después, mi respaldo incondicional. No crea que vivo en las musarañas. Leí su entrevista del domingo en El País con devoción, placer y cierto grado de sorpresa. Usted se siente más cerca de Obama que de McCain, afirma ante la incredulidad del entrevistador. No se enfade, Don Manuel, que ya se sabe de qué pie cojean estos gamberros de Prisa. Su explicación es cristalina: “Yo soy de centro reformista”. Como el propio PP, añade. Coño, y perdone el taco. Tanto tiempo sospechando lo contrario como un memo y resulta que ustedes nada tienen que ver con la Iglesia o la AVT, dos buenos ejemplos de vehemencia intelectual mal procesada y peor expresada. Deje que rectifique. Le entiendo. El Mundo y la Cope, antes amigos, les han traicionado. A Don Mariano y a usted, claro.

Defiende también a Gallardón, el futuro capo, el hombre por todos amado. Hombre, aquí me lo pone más difícil. Usted propone todo un ejercicio de fe. No diré que Don Alberto me parezca un zote como algunos de sus compañeros, pero de ahí a proclamar que es el favorito de la familia popular va un buen trecho. Si me permite una humilde corrección, yo diría que el alcalde representa el punto medio, que en este caso no está relacionado con la virtud aristotélica sino con la admiración y el odio que despierta a partes iguales. Le acepto el piropo porque al fin y al cabo es su pupilo y ha mamado de sus ideas (por un momento pensé en escribir ubres; diablos, no estoy a la altura de su urbanidad).

Lo de la Chacón me alucina menos. Usted lleva el espíritu militar en la sangre, aunque sólo sea porque fue ministro de una dictadura. Lo importante no es el género ni la procedencia sino el mensaje. Un mande firmes emociona y convence a cualquiera. Incluso al capitán interpelado, obediente aunque le desconcentrara/desconcertara el bombo.

Tendría que haberse empleado con más contundencia respecto a la pena de muerte. A cualquier malpensante le suscitará dudas su respuesta. “La pueden aplicar en este momento los de ETA, y nosotros, no”. En este momento es una fórmula que invita a repensar el castigo en el futuro. Más de un ciudadano le apoyaría, pero, a pesar de la calaña putrefacta y ponzoñosa del terrorismo, no cuente conmigo para esa empresa. Ni siquiera un malnacido merece morir por decisión de otra persona que acabaría convirtiéndose en lo mismo.

Me gusta su estilo, cortante y gruñón. Cuando le da la gana, no contesta, o contesta con ese hilo de voz a veces tan inextricable, o entrecierra los ojos y dormita cual fiera que invita a la presa a confiarse antes de recibir el zarpazo final. Impone usted las normas y lo hace con esa vieja autoridad que tanto echa de menos esta sociedad en manos de padres pusilánimes y niños tiranos y cazurros. Son todos unos blandos, Don Manuel, menos mal que usted sigue ahí, incombustible y madrugador, sin parangón en el Senado, donde enciende y apaga las luces.

Corto el rollo. No le molesto más. Sólo una petición de fan: mientras las fuerzas le acompañen, y deseo que sea durante muchos años aún, siga prodigándose. Don Mariano le ha descubierto tarde: es usted su mejor portavoz, el reflejo más brillante de su política-fusión, donde cabe cualquiera con ganas. Déle leña a la Aguirre, al Mayor Oreja y a los liantes Zaplana y Acebes; esos sí que son de derechas. En definitiva, el PP es en parte suyo pues usted lo creó. Nadie más apto para saber qué le conviene.

PD: no sabía que su madre fuese vascofrancesa.

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