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Crimen y castigo

Fede Durán | 22 de noviembre de 2013 a las 11:10

EL pasado verano, la Autoridad Bancaria Europea divulgaba uno de esos sonrojantes informes para España, tan sonrojante como los del paro, las cargas burocráticas, las dificultades para hacer negocios o la corrupción percibida entre mortales, observadores y ensayistas: nuestros altos directivos del sector financiero son los mejor pagados del viejo y cada vez más achacoso continente con 2,43 millones de euros anuales (datos de 2011). Hace unos días, el Gobierno admitía que será imposible recuperar 36.000 millones inyectados desde dentro a ese mismo sector (recuerden que también hubo un rescate externo) pese a las promesas formuladas tiempo atrás en sentido contrario. El 13 de julio de 2012, travestido con la jerga tecnicista que llama ajuste al recorte, Moncloa anticipaba un tajo de 3.000 millones en educación y 7.000 en sanidad. El tijeretazo acumulado en I+D en el trienio 2010-2012 es del 37%. Los funcionarios han perdido poder adquisitivo. El CSIC casi la palma. Las tasas judiciales se dispararon. Las indemnizaciones por despido se jibarizaron. Wert insinúa que las becas Erasmus pasarán de 40.000 a 20.000, además de afirmar que el trasvase/exilio de talento no es en absoluto negativo. Ah, los impuestos subieron (IVA, IRPF), la deducción por adquisición de vivienda habitual pasó a mejor vida y se enterraron distintas bonificaciones a la contratación.

Este resumen evidencia que Rajoy prefirió premiar al tramposo a costa del contribuyente (sí, también por la amnistía fiscal). Las ex cajas y neobancos anabolizados con millonarias ayudas demuestran que la cultura dominante fue la del abuso. ¿Cuántos olvidaron el propósito esencial de una entidad de crédito -dar crédito, pardiez- para dedicarse al arte del favor, la especulación y el abuso retributivo? ¿Cuántos diletantes ocuparon puestos de enorme responsabilidad? Pero lo peor es el mensaje que queda: defrauda que no habrá guillotina. El castigo en España está pensado para el pobre, el yonqui o el estafador de poca monta. El sistema respeta a los moradores de las alturas porque está regentado por pares.

La derecha y la falsa izquierda admiran a Darwin en la misma medida en que desprecian a Hannah Arendt. Su fe en la ley de la selva es tan fuerte como su desprecio a la apertura de la democracia. Confunden a sabiendas la antipolítica con la transformación de la política. E ignoran, deliberada y peligrosamente, lo que Moisés Naím considera la revolución de la transparencia, o sea, el control cada vez más férreo del ciudadano hacia las administraciones públicas y sus ejecutivos. Corolario: aunque saben que sabemos lo que hacen mejor que nunca antes, siguen haciendo lo mismo. En Francia, implicaría un levantamiento popular. En España, de momento, apenas un ceño fruncido.

Hay más: Bruselas proclama ahora que nuestra banca es solidérrima. Y De Guindos lo complementa dando por zanjado (que no pagado) el rescate. Sólo falta que las cúpulas rebajen notablemente sus retribuciones, pidan perdón y regresen a la esencia del préstamo asequible, aunque sea una esencia tan despojada de romanticismo.

La gran estafa

Fede Durán | 8 de febrero de 2013 a las 10:40

EL círculo del rescate financiero funciona así: Bruselas aprueba las ayudas, que llegan al Estado, que las deposita en el FROB, que inyecta en la banca, que reconstruye su capital y compra deuda soberana. Comprando deuda soberana, el Estado recibe de nuevo parte de ese dinero, pero esta vez paga por él unos intereses que se supone compensará con los que cobra a dichos bancos vía FROB. Hasta la fecha se han liberado dos tramos de ayuda: uno de 39.500 millones el pasado 5 de diciembre y otro de 1.865 el 28 de enero. Bankia se come la inmensa mayoría del pastel. Y los españoles -empresas y familias- no ven un duro.

Aunque De Guindos afirmase meses atrás que la finalidad del rescate es en última instancia la reapertura del grifo crediticio, el objetivo real era otro: reconstruir la anatomía bancaria para que las entidades ganen credibilidad y puedan financiarse algún día por el cauce ordinario de los mercados. En Madrid no aterrizó cash alguno, sólo papelitos. No se trataba de un empujón a la economía de carne y hueso.

Sería en cualquier caso imposible evaluar el impacto del rescate en la evolución del crédito. No ha dado tiempo. Pero la radiografía de 2012, firmada por el Banco de España, describe un fenómeno común en toda Europa. Mientras los préstamos a las Administraciones Públicas crecen al 15,6% interanual, los concedidos a las familias (-3,6%) y empresas (-5,2%) continúan su agonía. O sea, que el Gobierno sí se pertrecha, aunque sólo sea para afrontar su monstruosa deuda: en 2013 deberá desembolsar 38.590 millones para hacer frente a los intereses acumulados.

El inmenso mecanismo diseñado desde la UE para auxiliar a España encierra otros defectos. El importe liberado (41.365 millones) no computa como déficit pero sí como deuda pública. A cierre de 2012, la española rozaba el 78% del PIB, porcentaje que no ha dejado de crecer con la crisis. No obstante, los intereses derivados del préstamo sí que afectan al déficit, así que cabe esperar que el Estado cobre un extra sobre el tipo aplicado a la banca para amortizar la superoperación.

Desgraciadamente, el sistema vuelve a demostrar que vive de grandes palabras basadas en abstracciones contables y tráfico monetario ficticio. El ciudadano no era una prioridad en esta última entrega del culebrón, y a este paso no queda claro si alguna vez lo será. Ya sabíamos que la banca nunca pierde. Lo que nos faltaba por confirmar es que los gobiernos, casi siempre, están en el mismo bando, pagando deudas de sangre derivadas de la partitocracia, indultando a magnates condenados, aprobando una ley ofensivamente light destinada sobre el papel a frenar los desahucios y permitiendo, por ejemplo, que gran parte del maná que llega desde las frías tierras de la otra Europa sufraguen en verdad millonarias indemnizaciones a esas cúpulas financieras que estafaron, se lucraron y ahora podrán retirarse sin el miedo con que otras personas de su edad afrontan un futuro sin colchón ni empleo.

Tras el sanedrín

Fede Durán | 20 de junio de 2011 a las 18:48

El sanedrín financiero de la semana pasada en Santander (UIMP) produjo un discurso oficial donde cada presidente cajista jugó hasta donde quiso con su libertad de opinión y los límites del sentido de la estrategia y la lealtad institucional, pero generó a la vez otro discurso paralelo extraído de la exégesis, de las frases entre líneas, de los gestos del orador, esa caja negra que, como siempre subraya Gay Talese, es a menudo más representativa que las versiones on the record and on the air. Preocupa esencialmente el deterioro de la marca España, cuestión a la que sólo Mario Fernández (BBK) se refirió explícitamente. Las cajas saldrán en bloque a bolsa para captar inversiones en un contexto pésimo porque: 1. julio, el mes oficialmente señalado para el desembarco, pilla a los mercados en retirada veraniega y 2. España no logra separarse del club europeriférico que conforman Grecia, Irlanda y Portugal por más que desde fuera nos echen un cable cada vez que pueden (Rehn, Trichet, Juncker hablan del español como un caso claramente diferente). El folletín del pepino ha agravado la potencia de la bofetada aunque el tiempo y los análisis hayan demostrado que Alemania cometió una soberana estupidez de la que queda impune por la tradicional docilidad diplomática hispana. Si la marca-nación preocupa, también fastidia la uniformidad del traje cosido por el sastre Estado (aunque Fainé y Medel difieran: si el primero considera suficientemente variado el panorama, el segundo cree que el Gobierno ha empujado a todos por el mismo camino). En teoría, las cajas, ya lo saben, pueden seguir siéndolo si alcanzan un 10% de core capital; otra opción es constituir un SIP (siempre conformado por varias cajas que además pueden retener parte del negocio bancario); o dejarse nacionalizar transitoriamente por el FROB (en principio, la CAM, Unimm, Catalunyacaixa y Novacaixagalicia); o crear un banco al que traspasar todo o parte del negocio financiero, quedando como mera fundación la caja en el primer caso. Ésta última es la modalidad que prevalece.

Sobre la labor del Gobierno, el más radical es Medel, que habla sin tapujos de un agravio comparativo con la banca. Nada se dijo bajo micro de los bandazos normativos de Zapatero o de la utilidad de las recetas barajadas contra la crisis, aunque el sector asume la profesionalización de la gestión como única salida hacia la supervivencia (los presidentes enchufados por los partidos tienen sus días contados, pero eso estaba claro desde hace tiempo) y reza por que al Ejecutivo se le hayan agotado las ocurrencias y se concentre, asumido el desgate ante la opinión pública y hasta la derrota frente al PP de Rajoy, en rematar la faena reformista sin temblores espirituales.

Un aparte merecen González (BBVA) y Botín (Santander), que me parecieron igualmente decepcionantes. El primero, por traer un discurso escrito cuando la inmensa mayoría optó por tirar de memoria, conocimientos y agilidad comunicativa. El segundo, porque sus formas son impropias de tamaño banco (ni siquiera me refiero al discurso porque no me queda nada claro que Botín lo tenga).