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Irlanda y el rescate

Fede Durán | 28 de septiembre de 2012 a las 20:27

Vuelve el tigre celta

Fede Durán | 5 de marzo de 2012 a las 16:41

GRECIA, Portugal e Irlanda son los tres países de la Eurozona sometidos por ahora al escarnio del rescate. Los dos primeros pacientes siguen mal, pero el tigre celta ruge parcialmente de nuevo. Primero, la memoria: los irlandeses combinaron, como EEUU o España, dos potentes venenos: las burbujas inmobiliaria y financiera, tan estrechamente unidas. Una burbuja, ya lo saben, es la expectativa de una subida permanente de precios, de forma que quien invierte siempre ganará dinero al desprenderse del activo. Pero las burbujas tiene la costumbre de estallar. Y allí estallaron a lo grande.

Los políticos se encargaron de alisar el camino a la banca con una generosa desregulación en línea con la mejor tradición anglo. El PIB de Irlanda creció un promedio del 6,5% entre 1990 y 2007. Sus funcionarios se convirtieron en los mejor pagados de Europa. El impuesto de sociedades, apenas el 12,5% frente al 23% de la UE, atraía suculentas inversiones extranjeras. La renta per cápita superó a la de la paradigmática Alemania. Hasta el gatillazo, todo encajaba. Después, un rescate de 85.000 millones de euros y un severo plan de austeridad cuyo cumplimiento Bruselas vigilaría con espumosa rabia.
Aunque lo peor ya ha pasado, las manchas aún se ven en la corbata. La tasa de paro en 2011 (14,50%) apenas recortaba una décima a la marca de un año antes. La angustia financiera persiste, hasta el punto de que actualmente una de cada diez hipotecas se reestructura o directamente no se paga. El consumo no despega. Y las exportaciones, una de las grandes bazas de los últimos tiempos, serán perjudicadas por las malas perspectivas de la economía mundial. Los bancos, por último, se encomiendan todavía a las inyecciones revitalizadoras del BCE tras haber recibido del Estado generosos empujones.

¿Por qué entonces Irlanda apunta ya a la resurrección? Básicamente, porque los salarios y los precios han bajado. La célebre devaluación interna. España está dispuesta a copiar el folio salarial del discurso, pero se resiste a aplicar, sobre todo en el ladrillo, esa caída obligatoria para reactivar mínimamente los intercambios (siempre que fluya el crédito). Hay otra diferencia, y no es baladí: Irlanda, gracias al ya mencionado tributo societario, es la base de operaciones de numerosas compañías estadounidenses cuya actividad genera empleo e influye en el despertar de la cadena de las transacciones.

Lo esencial, en realidad, es que los mercados -los grandes jueces de esta nueva era pero también de varias eras anteriores- han perdonado al país. Lo demuestra la prima de riesgo, que pasó de aquel aberrante diferencial de hasta 1.400 puntos básicos con el bund a los actuales 640-650. Conclusión: si contentas a la banca y al inversor, el resto es pan comido. Al menos por lo que respecta a la credibilidad, un concepto etéreo que no da de comer.

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Los pisos superfluos

Fede Durán | 14 de diciembre de 2010 a las 2:15

Muchos de los muchachos que se masacraron en la Gran Guerra llevaban en el macuto Así Habló Zaratustra, el clásico de Nietschze, que para referirse a las masas descontroladas y amorfas hablaba de “los seres superfluos”. Irlanda tiene poca masa –4,5 millones de habitantes–, pero mucho ladrillo –300.000 viviendas sin vender–, así que quizás el filósofo hubiese cambiado el sujeto si pensara en el ya jubilado Tigre Celta. Comparen con España para medir la burbuja: el stock de casas es aquí de 700.000… pero para una población de 46 millones.

Entre el segundo trimestre de 2007 y el mismo periodo de 2010, los precios en Irlanda cayeron un 35%. Hasta septiembre, y en términos interanuales, se dejaron otro 14,94%, el peor dato de entre los 35 países elegidos por Standard & Poor’s para su Guía Global de la Propiedad. La constitución de hipotecas también se arrastra por el lodo (-73% en dos años), y S&P no proyecta mejoras hasta 2012.

Irlanda, igual que España, parecía un tigre –o un lince, por adaptar la metáfora al entorno–, pero no lo era. Con la adopción del euro en 2002, los precios, que crecían a ritmo constante desde 2000, intensificaron su repunte por un motivo: los tipos de interés eran mayores que en la UE y el consumidor, sencillamente, acababa pagando más porque su hipoteca era mayor. La inversión extranjera (también en el sector inmobiliario), abundaba atraída por un goloso impuesto de sociedades (12,5%). Se vendió el mito del I+D. Se atribuyó a un presunto baby boom la explosión de la construcción. Y, ya en plena sequía, el NAMA –el banco malo irlandés– planteó la demolición de promociones por su espectacular pérdida de valor.

Reveladora es la imagen de la sede inconclusa del Anglo Irish Bank a las afueras de Dublín, un bastidor de acero y hormigón desnudo y destripado que retrata lo que queda de Irlanda después de Irlanda y lo que puede ocurrir en España si se empeña en seguir siendo España. Como reconfortante contraste, la teoría del reputado gurú Jeremy Grantham: “Una burbuja ocurre cara 40 años”. A ver si acaba ésta.

Nadie conoce a nadie

Fede Durán | 19 de noviembre de 2010 a las 16:54

En el club de los países del primer mundo hay gigantes y gigantillos. Estados Unidos originó la supercrisis mundial que aún devora, también por sus propias patochadas, a España. Las hipotecas subprime y demás golosinas financieras quedarán talladas en la memoria colectiva como antes ocurrió con el esquema Ponzi y otros entrañables timos. Pero el Imperio sigue ahí, carburando, y sus gentes ya no hablan de recesión sino de las dificultades aritméticas de Obama, del big three de los Miami Heat y del presunto nuevo trabajo discográfico del fallecido Jacko. Japón, que parece sumido en un eterno bache, tampoco abandona el primer furgón macro aunque las estadísticas ya adelanten que China es mejor en algunas cosas. Alemania también se moja cuando llueve, pero tener enormes multinacionales le permite aplicar la teoría del tentáculo (repliegue de los apéndices exteriores para conservar intacta la matriz y el mercado de trabajo). Sarkozy recorta y Francia se echa a la calle, aunque a nadie se le ocurriría excluirla del G-8. Inglaterra palidece pero todavía es dueña de la City y la libra (que según sople el viento es buena, mala o simplemente regulera). Italia coloca todo el talento de su norte aunque el sur le rebaje los rating. Y luego están Grecia, Portugal, España… e Irlanda.

En realidad, el mundo anglosajón habría querido recudir esa lista tóxica a las tres primeras naciones, los auténticos cerdos del continente y el eslabón débil del euro. Grecia cocinó su caída porque quiso: falseó sus estadísticas comunitarias, se endeudó muy por encima del listón del Pacto de Estabilidad y vio como de repente su prima de riesgo volaba mucho más allá de sus posibilidades, con la consiguiente parálisis. No sin el característico titubeo marxista (de los Hermanos Marx, no de Carlos) de los socios de la UE, llegó el rescate, que no es gratis sino al 5% de interés, y con él los lamentos y los reproches. Grecia, país mediterráneo de alegres tradiciones (la historia ya no le sirve de aval), era el perfecto ejemplo del derroche meridional, extensible, claro está, a Portugal y España. Ambos fueron pronto el centro de todas las suspicacias internacionales. Si los griegos habían mentido e inflado sus cuentas, ¿por qué no habrían de hacerlo también los tramposos latinos?

El Gobierno de Zapatero se sintió, menos mal, exigido desde fuera, presentó su carta de buenas intenciones y superó la criba de la viabilidad. Sus bancos, por cierto, parecían incluso más en forma que los mejores bancos de los mejores vecinos. Aun así, puntualmente, la sospecha de un rescate vuela en círculos sobre suelo hispano como el buitre ante el ser vivo en trámites hacia la carroña. Portugal está al borde del abismo. Su ministro de Finanzas repite que es el conjunto de los países torpes el que se somete a examen y que la situación irlandesa embarra también a España. Añade, como una queja más o menos soterrada, que las cosas serían distintas si no pertenecieran a la Eurozona (cómo cambia la vida). Italia, adicta a la tragicomedia, permanece por ahora en un segundo plano. Quizás la mierda no le salpique.

Y queda Irlanda, que rompió el maléfico plan anglo aunque más de un político inglés sonría en la intimidad del hogar ante sus calamidades oficiales: el Ejecutivo irlandés ha aceptado la ayuda de la UE y el FMI, pero no porque sea incapaz de rebajar su déficit o porque haya mentido con los números, sino porque sus bancos, éstos sí, están tiesos como la mojama. Ah, Irlanda, ejemplo reciente de crecimiento bien apuntalado, poema del I+D, envidia de tantos hace tan poco… Un caso curiosamente parecido al de Islandia, el edén del que nadie nunca querría marcharse, el paraíso terrenal, el paradigma de la buena economía. En verdad, ni FMI, ni Moody’s, ni comisarios, ni gurús. Desgraciadamente, en este ámbito, nadie conoce a nadie.

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