Archivos para el tag ‘Jean-Claude Trichet’

Veneciano Trichet

Fede Durán | 26 de agosto de 2011 a las 12:20

TODO banquero reproduce en su rostro el ángulo afilado del préstamo. Puede ser una oreja de duende, una barbilla de gladiador o, como en el caso de Trichet, una nariz de veneciano. Cuando el BCE compró deuda soberana española e italiana, el flujo informativo destapó una diferencia de trato tan obvia como improbable. A Italia se le exigieron durísimas condiciones que empujaron al histriónico Berlusconi a aparcar sus payasadas a cambio de una careta ceñuda adaptada a los recortes (alrededor de 45.500 millones) anunciados con timbre de enterrador.

¿Acaso la autopista reformista hispana tenía bula? Cada día está más claro que no. Aunque nadie conoce exactamente el contenido de la carta supuestamente escrita por el veneciano Trichet al leonés (o vallisoletano) Zapatero, los pasillos de La Moncloa son como los de aquel Escorial del Imperio: reacios al secreto de Estado. La obligación de un tope constitucional al déficit, asumida por Alemania en 2009 y reclamada ahora a los demás con ese ademán autoritario del capataz latifundista, es uno de los peajes que España debe pagar en su incierta carrera hacia la credibilidad económica. PSOE y PP negocian al sprint una reforma constitucional que derriba el mito de la urna sagrada. Si los taxidermistas rusos toquetean a Lenin, ¿no va a atreverse el político patrio con unos viejos folios articulados? Muchos detestarán las formas, pero importa analizar el fondo.

Los socialistas quieren un modelo flexible donde el déficit cero quede vinculado a un determinado ritmo de crecimiento (entre el 2% y el 3% del PIB). Un horizonte aún más halagüeño abriría el telón del superávit, mientras que evoluciones artríticas como la actual (0,2% en el segundo trimestre) autorizarían pequeños desfases en las cuentas públicas. Catástrofes naturales, situaciones de extraordinaria emergencia o recesiones como la de ahora también activarían la palanca de la excepción. Los populares, en cambio, apuestan por la disciplina total tipo cinturón medieval de castidad.

Keynes menearía la cabeza. Igual que Krugman. Un país inteligente nunca debería fundir, cierto, las herramientas del estímulo. A la vez, la disciplina fiscal superobligatoria haría a España renunciar a su profunda cultura política del derroche. No es tan descabellado pensar que las administraciones funcionen bajo la lógica de la cuadratura ingresos/gastos. ¿Implica este corsé un recorte de los programas sociales? Implica invitar al gobernante al frondoso terreno de la imaginación (a ver si nos sorprenden y no lo empeñan todo a la subida de impuestos). Implica eliminar duplicidades (al fin). Implica revisar la lógica del Estado autonómico y del bastidor territorial. Pero también implica, en última instancia, abortar la posibilidad de que las generaciones futuras hereden el abultadísimo fardo de unas deudas públicas que en otras partes del mundo (Latinoamérica, por ejemplo) subyugaron a países enteros vía EEUU, Banco Mundial y consultoras como MAIN y Halliburton. Esa historia, ay, da para otro artículo. Continuará.

El nuevo Bernanke, el viejo Trichet

Fede Durán | 29 de abril de 2011 a las 10:50

HASTA el pasado miércoles, leer los comunicados de la Reserva Federal era un deporte extremadamente creativo porque permitía a los mercados descodificar los mensajes de Bernanke más o menos como les diera la gana. La transparencia prometida en febrero de 2006 al recibir de Greenspan la antorcha sucesoria se convirtió casi desde el inicio en lo contrario. El bueno de Ben habría sido un excelente amigo de Vail y Morse, de los primeros masones, de los egipcios sin la piedra de Rosetta… y un íntimo enemigo, en este juego imaginario, de Jean-Claude Trichet, su némesis mediática, el hombre afable y transparente, el líder al que todo periodista económico pagaría por entrevistar.

Pero Bernanke ha decidido romper una racha oscurantista que comenzó en 1913 con la creación de la Fed. Cuatro veces al año se someterá a las preguntas de los plumillas. Anteayer, les concedió por primera vez 45 minutos y demostró su equiparación a los políticos en el arte de la ambigüedad y el escapismo. Para él, debió ser un trance desagradable. Nadie, y menos los académicos más laureados, quiere cerca a gente de un gremio tan (presuntamente) manipulador e indocumentado. Hubo un gesto revelador: Ben no convocó a los medios en el cuartel general de la Reserva Federal sino en un edificio adyacente bastante horrible catalogado por su arquitecto-padre como “otra muestra del noble movimiento de la modernidad”. Es como si Obama recibiese a Zapatero no en la púrpura de la Casa Blanca sino en la grasa de un Kentucky Fried Chicken.

¿Por qué eran las cosas como eran y son como son? Antes, la Fed consideraba que la opacidad amplificaba su poder y mantenía alejados a los inversores del tentador panel de la información sensible. Hablar alto y claro equivalía a prestarle a los nazis los planos de la casa de Churchill. Ahora, imitar a Trichet a lo pobre (Jean-Claude aparece ni más ni menos que una vez al mes) implica asumir una exposición mucho mayor pero evitar a cambio interpretaciones erróneas de los mercados. La Fed no deja de ser un organismo político. Y, como tal, debe someterse a las cosquillas de la prensa estadounidense, más rigurosa, exigente y despiadada que la española.

La nueva fórmula Bernanke, que es la vieja fórmula Trichet, debería convertirse en una epidemia en todos los ámbitos del poder. En España, demasiados políticos, empresarios, sindicalistas, artistas y otros notorios istas se han habituado a una fórmula que sabotea la democracia y estropea el papel del periodismo: las intervenciones (los monólogos) sin posterior turno de preguntas. Si Ben Bernanke, ex pariente de Houdini y mil veces más poderoso que nuestros salgados, bonites y MAFOs, ha aceptado el cambio, ¿qué peregrino motivo puede justificar que aquí la tónica sea otra?