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Fainé for president

Fede Durán | 15 de junio de 2011 a las 13:18

Por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) pasan siempre personajes de primer nivel de la empresa y la economía españolas. Son muchos los discursos, casi siempre encorsetados, más o menos brillantes, pero inexorablemente dignos de  atención. Estamos a miércoles y han pasado por la mesa de debate Francisco González (BBVA), Valeriano Gómez (que no es empresario sino ministro de Trabajo), Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo (que tampoco lo son precisamente), Juan Rosell (que algún día lo fue), Salvador Alemany (Abertis), Antonio Huertas (Mapfre) o Miguel Martín (AEB). Pero el mejor ha sido, a años luz, Isidre Fainé (La Caixa), viejo zorro que no por viejo ni por zorro deja de engatusar a la audiencia. ¿Por qué gusta Fainé? 1. Porque simula perfectamente su proximidad al periodista (o cliente). 2. Porque explica con luz, taquígrafos y gloriosa pedagogía su estrategia de negocio y la estructura y estado de La Caixa. 3. Porque tiene carisma. 4. Porque pilota con brillantez la ironía. 5. Porque se cree del todo su producto, requisito sine qua non para venderlo. y 6. Porque sabe torear las preguntas más comprometidas sin dejar de aportar ese matiz, esa pista que no te deja con cara de gilipollas.

Fainé for president. Y pronto.

¿Qué dos torres?

Fede Durán | 30 de marzo de 2009 a las 11:16

Lo de las dos torres (Unicaja y Cajasol) suena ahora gracioso. La sensación es que Solbes y MAFO intentaron deslizarle a los malagueños un timo aparatoso y muy peligroso. Una de las cajas del top ten se haría con otra de las del bot three (al menos en términos de rating) como paso previo a la eternidad y los diamantes. Todos quieren parecerse a La Caixa. Está bien pensado, pero ejecutar el sueño a costa de la salud propia es idiota. Medel lo ha visto a tiempo. Al principio parecía convencido. Los medios dieron por hecha la operación. Qué bien. Andalucía conquistando la Península desde el sur. Pero los días pasaron y las dudas crecieron. Estos tíos no son solventes. Estos tíos erraron sus inversiones (ladrillo, traidor amigo). Estos tíos se hunden. Sálvense quien pueda. Y pueden los de siempre (atentos a la foto que El País publica de Hernández Moltó, el presidente de CCM, ayer: sale de una sucursal risueño, casi festivo).

Tenemos pues un nuevo motivo para desconfiar del Gobierno, finalmente forzado a una intervención bancaria. Recelan los grupos parlamentarios y quizás también ahora las entidades financieras. España tiene pinta de thriller. Nadie conoce a nadie. Todos contra todos. Y el país en caída libre, ajeno a la velocidad de la refundación capitalista, confiado en que la construcción resurja de sus cenizas y rellene arcas públicas y bolsillos privados. Yo me quedo con Portugal, vecino discreto, silencioso vecino que ahora no sufre la humillación del prepotente desmantelado porque jamás lo ha sido.

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Muchachadas japonesas

Fede Durán | 9 de diciembre de 2008 a las 22:59

Ayer tuve el placer -porque placentero es adherirse a personas ilustradas y humildes- de almorzar con Jaime Lanaspa, director general de la obra social de La Caixa. Vino al sur a explicarnos el menú de 2009, y de entre toda la información me conquistó por su romanticismo y lucidez una frase escueta e inconcreta. “Nuestro reto más bonito, singular y difícil será revalorizar el rol de las personas mayores en la sociedad española”. Uf (o uffa, como resoplan los italianos). Desde luego el propósito es hermoso, casi quijotesco si se plantea en términos ejecutables. Lanaspa lanzó al aire el boceto. El tiempo lo adaptará al escenario.

Por el momento contamos apenas con un anuncio televisivo (donde unos viejecitos triunfan en la batalla curricular gracias a su savia nueva), pero la magia de la frase es que me hizo viajar hasta Tokio, primavera de 2007. Fue allí donde comprendí y envidié el concepto nipón del respeto a la tercera edad. Paseaba por un parque municipal junto a una amiga nativa. Celebrábamos un hanami, que traducido viene a ser una especie de picnic con sake y cestitas de comida típica. Nuestros diligentes anfitriones habían reservado una porción de césped nada desdeñable desde las cinco de la madrugada desplegando sobre la superficie metros y metros cuadrados de lona azul. Alejado del campamento base, embelesado por la atmósfera karma del lugar, sopló el viento y noté algo en la nuca. Me giré. Un anciano espigado y bien aferrado a su sonriente esposa con el brazo derecho atrapaba las hojas de cerezo enredadas en mi pelo con el izquierdo. El gesto me emocionó. Encerraba una amabilidad extrema e inusual en estas latitudes. Después capté que además se trataba de un honor: los mayores son queridos allá.

Lo que La Caixa plantea es muy musical, pero supone romper con una cultura cada vez más agresiva donde la irreverencia se confunde con modernidad. Me temo que resultaría mucho más asequible importar una muchachada japonesa. Se entenderían de perlas con nuestros abuelos.