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España: presente gris, futuro negro

Fede Durán | 29 de octubre de 2014 a las 21:33

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, evoca metódicamente el karma del PIB (+1,2% interanual en el segundo trimestre) para afirmar que España mejora cada día, creando empleo, financiándose a tipos razonables en los mercados internacionales y granjeándose el respeto de las grandes economías entre las que ya no está. Un sinfín de informes procedentes de distintos espectros ideológicos rebate semejante conclusión y arroja un retrato del país goyesco, áspero, seco. La modesta salud de lo macro esconde el imparable deterioro de lo micro.

Recién salido del horno, el VII Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social de Cáritas es contundente: España es el segundo país con un reparto menos equitativo de la renta (índice Gini) tras Dinamarca (han leído bien). El 41,5% de la población está excluida del mercado laboral y otro 29,2% de la vivienda. Apenas un tercio de los ciudadanos está plenamente integrado en la sociedad. En Andalucía, por ejemplo, el 10% más rico ha mejorado su renta un 0,09% entre 2008 y 2012, es decir, ha podido mantenerse, pero el 10% más pobre se ha dejado un 4,32%.

La exclusión corroe por igual a hombres y mujeres, pero se ceba con los jóvenes de hasta 29 años (66,6% del total), los extranjeros (extracomunitarios y nativos de los 12 estados de la ampliación a 27 de la UE) y los peor formados. Incluso entre quienes trabajan, un 15,1% lo hace en pésimas condiciones.

Estas estadísticas pueden combinarse con muchas otras. El 25% de los recién graduados con empleo ejerce uno de baja cualificación, según el Ministerio de Educación. Quizás se trate de la famosa devaluación interna con la que el Ejecutivo dice haber sorteado la crisis. En las carreras de Artes y Humanidades, el nivel de ocupación apenas llega al 49%.

Unicef sostiene que la pobreza infantil en España ha crecido hasta los niveles de hace una década. La inversión por niño se ha contraído un 15,3% entre 2007 y 2013, según la institución, que también advierte que las Administraciones dedican un 1,4% del PIB a la protección social de la infancia y la familia frente al promedio del 2,2% de la UE. Sólo Rumanía exhibe un índice de pobreza infantil mayor al hispano (Cáritas Europa). El abandono escolar está en un 23,5% y el fracaso en un 23,1%. La puntuación media de los estudiantes españoles aterriza en los 490 puntos (comprensión lectora, matemáticas, ciencias) cuando la media de la OCDE sube hasta los 497, subraya el informe PISA.

Paro, carencias materiales y marginalidades civiles suelen ir de la mano de un sector público ineficaz en la construcción del Estado del bienestar, la jerarquía del gasto y el castigo de las corruptelas. La ONG Transparencia Internacional ubica a España en el puesto cuadragésimo de su liga de Percepción de la Corrupción con 59 puntos, siendo 100 un paisaje límpido y cero una república bananera. Singapur (86), Barbados y Hong Kong (75), Uruguay (73), Bahamas, Chile y Santa Lucía (71), Emiratos Árabes Unidos (69), Estonia (68), Botswana (67), Bután (63), Taiwán (61) o Brunei (60) nos sacan los colores. Son datos de 2013. Los ERE, el caso Bárcenas, las tarjetas negras de Caja Madrid, el escándalo de los cursos de formación, la fortuna de los Pujol en paraísos fiscales, la espesa telaraña destapada con la operación Púnica o la calderilla amasada por el líder sindical minero José Ángel Fernández Villa podrían disparar la cotización española en esta muy dudosa competición.

Fundada en 1960 y compuesta actualmente por 34 países, la OCDE prepara cada año otro jugoso estudio, esta vez sobre la calidad de vida. Son los propios habitantes los que puntúan los aspectos clave de sus existencias, siendo la nota final fiel reveladora de virtudes y carencias. España saca un 2,6 sobre 10 en empleo y un 2,9 en ingresos. También suspende en felicidad (how happy you are), 4,7, y aprueban raspados el compromiso con la democracia (5) y la educación (5,3). El medio ambiente (6) y la vivienda (6,8) están en tierra de nadie, y en la cumbre destacan los elixires latinos de la vida en sociedad (8,7) y el equilibrio entre la vida personal y profesional (9,4), con la salud (8,7) y la seguridad (idéntica marca) rozando el sobresaliente. “En general, el 65% de los españoles afirma experimentar más sensaciones positivas (descanso, orgullo por los logros cosechados, diversión) que negativas (dolor, tristeza, aburrimiento) en un día estándar, por debajo del 76% que registran de media los países miembros de la OCDE”, enfatiza el documento.

Hablábamos de la salud de hierro del compatriota tipo, fenómeno que choca con el muro de la sangría demográfica. Si Suecia es el país con mayor natalidad en la UE (1,9 hijos por mujer), España se queda en 1,26, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Con esa tendencia, los nacimientos caerán un 24,8% en 14 años y el país perderá en medio siglo cinco millones de habitantes. El 38%, además, tendrá al menos 66 años. Es un círculo vicioso potencialmente infinito: en 2063, la esperanza de vida de las mujeres se incrementará en nueve años, hasta 94,3, y la de los hombres en casi 11, hasta 90,9. Sociedades gerontocráticas donde la falta de efectivos nos acercará a un paisaje marciano. Japón, asesiado por el mismo problema, recurre aún modestamente a robots para el cuidado de sus mayores. Es la estampa del futuro. Para quien pueda pagarla.

Los gastos dependen de los ingresos, y éstos, en gran medida, del músculo que muestre el colectivo para los negocios. Doing Business, la biblia del Banco Mundial al respecto, instala a España en el puesto 33 de 189, aunque perdamos toneladas de prestigio en el detalle. Apertura de un negocio, lugar 74; registro de propiedades, 66; obtención de crédito, 52; pago de impuestos, 76; cumplimiento de contratos, 69; protección de inversores minoritarios, 30; y resolución de la insolvencia, 23.

Congelada ETA con tres años sin atentados, las últimas encuestas del CIS determinan que el paro y la corrupción son las principales preocupaciones de los españoles. La próxima semana, el ente publicará un nuevo barómetro sobre intención de voto. La muestra se recogió en pleno apogeo del caso tarjetas de Caja Madrid, con imputados de renombre como Rodrigo Rato y Miguel Blesa. La indignación y el hastío pueden alimentar la sorpresa. España necesita redecorar un futuro que pinta negro.

El último referéndum

Fede Durán | 21 de marzo de 2014 a las 11:35

LA pústula de la crisis no ha salpicado la cultura del blindaje directivo. En España, el fenómeno queda reflejado en las estadísticas: según la OCDE, el 10% más rico de la población apenas ha visto mermado su poder adquisitivo pese a que la embarrada base de la pirámide se hunde unos centímetros más cada año. No es que lo advierta el Banco de España, es que lo admite hasta la CEOE: la devaluación salarial empeora con mucho el amable bodegón que nos describe el Gobierno. Las manzanas que usted observa sobre la mesa están podridas.César Alierta, presidente de Telefónica, ganó el año pasado 7,3 millones de euros. Si considerásemos que ése es el tope retributivo de un país y aplicásemos la teoría de la economía del bien común (el sueldo más alto será sólo siete veces superior al más modesto), el SMI español estaría en 1,042 millones anuales. Partir de esos parámetros es obviamente inviable, así que la alternativa es el otro extremo: si el SMI para 2014 alcanza los 7.740 euros netos, la retribución máxima serían 54.204.

La lógica de los ejecutivos del Íbex (o del Nasdaq o del LSE) es diferente. Muchos ricos, y ellos lo son, creen en el darwinismo: el más fuerte (el más listo) es el que sobrevive (el que más cobra). Quien padece un subempleo es víctima de sus propias limitaciones: la pobreza, en el fondo, no es más que el reflejo de un espíritu apocado. Quizás esa filosofía -subyacente en todo país capitalista- explique que en España las políticas sociales (o aquellas políticas sociales del ramal laboral) tengan un carácter tan claramente paliativo/asistencial cuando en realidad todo el mundo sabe -también los expertos, los popes, los asesores áulicos y hasta De Guindos y Montoro- que la escasez no genera riqueza.

¿Qué ocurriría si Pablo Isla, Antoni Brufau o el propio Alierta ganasen 54.204 euros al año por imperativo legal? Que sus inmensas multinacionales tendrían muchos más beneficios. ¿Y qué podría hacerse con ese dinero? Por supuesto, generar puestos de trabajo. O invertir (de verdad) en I + D. O practicar el mecenazgo. O contribuir a perfeccionar el Estado del bienestar con mayores aportaciones a la hucha común. O dedicar recursos al desarrollo de otras zonas del planeta. O la bolsa anterior más decenas de iniciativas adicionales.

Puede que este planteamiento suene revolucionario (en sentido peyorativo). Puede que ataque la esencia egoísta del ser humano y conturbe la fluidez de la turbina consumista. Incluso es posible que Isla, Brufau y Alierta, además de Gates, Slim y Ortega, intuyan al fin y al cabo una debilidad de clase: sólo un mediopensionista sería capaz de plantear semejante estupidez. Pero en esta época de consultas populares y democracia digital sería fantástico formular a la población, amalgamada o parcelada por naciones, la siguiente pregunta: ¿Se compromete usted a limitar su riqueza potencial a cambio de erradicar para siempre la pobreza e implicar a todo hombre activo en la cadena productiva? Sorpresa. Debajo de los adoquines todavía está la playa.

Ni fondistas ni velocistas

Fede Durán | 14 de abril de 2011 a las 13:54

TITULAR secundario pero llamativo en una semana marcada por la omnipresencia del FMI y la eterna sombra de las cajas: los españoles pasan más horas en la oficina que los alemanes. Conclusión tentadora pero inexacta: España curra más que Alemania. En realidad, la OCDE, autora del informe, sólo adjudica la cuota de tiempo que cada ciudadano paradigmático del club de los países más ricos pasa en el lugar de trabajo, sin aclarar cuánto produce y cuán competitivo es.

Estar no es trabajar. Paradójicamente, más acaba significando menos. Y viceversa. La vieja escuela laboral, a la que sin duda España pertenece en contraposición a las economías 2.0, exprime un buen puñado de mitos: asumir cuantas más tareas mejor; abonarse a la reunión y las comidas de negocios; acumular toneladas de papel alrededor del ordenador; abrazar la cultura de la jerarquía; castrar creatividad e innovación para sacralizar aspectos jugosamente cuantitativos pero sin impacto cualitativo, etc.

La productividad juega con tres claves: los medios disponibles, el proceso de trabajo y la formación del empleado. Este país cuenta teóricamente con las mismas buenas herramientas que sus competidores porque, según el INE, el 97,2% de las empresas con diez o más trabajadores tiene internet y, entre éstas, dos de cada tres cuentan asimismo con página web (de acuerdo, éste no es el único indicador de la modernización de un Estado, pero vale como estimación). La formación tampoco desentona: Alemania ya dijo que quiere a nuestros ingenieros como Inglaterra y Portugal quisieron a nuestros médicos y enfermeros. Quizás el fallo parta del proceso, vinculado inevitablemente a la duración de la jornada laboral y al paquete de vicios anteriormente referido.

Enfoquémoslo al revés: ¿Qué ocurriría si España sustituyera sus defectos profesionales por virtudes equivalentes y el trabajador se concentrase en: 1. Asumir una tarea en vez de diez 2. Olvidar el tic de la reunionitis 3. Eliminar el papel y aprovechar el ordenador, las tabletas e incluso el móvil? ¿Qué pasaría si, además, el vínculo con la jefatura estuviese menos basado en el ordeno y mando y más en la independencia, la libertad, la colaboración y la confianza?

Naciones tan dispares como Japón, EEUU, China, Portugal o México nos superan en el marcador oficina/horas. Estadounidenses, chinos y nipones se desmarcan por una razón obvia: el culto al trabajo es allí sagrado (se trata de las tres primeras economías mundiales, por cierto). También el respeto a la jerarquía, aunque con diversos matices. España, sin embargo, pertenece a otra liga, la de México y Portugal, donde no abundan los fondistas ni los velocistas sino un atleta intermedio que avanza descansando, un pasito ahora, otro después del desayuno y el último tras el café. ¿Una exageración? Seguro. Como la de la OCDE.

Abecedario abreviado de la crisis

Fede Durán | 5 de febrero de 2010 a las 12:03

Todo político es un charlatán empedernido si de teorizar se trata. Otro gallo canta cuando irrumpe el rigor de lo práctico. Esta crisis es un magnífico test de esfuerzo para el Gobierno, al que una mayoría de ciudadanos adjudica ya, sin importar el color político, un sustantivo sintetizador: caos. Ahí va un abecedario resumido de los peores años de la España reciente.

CONSTRUCCIÓN. O la reina que no supo reinar. Muchas empresas del sector que más hizo por la estadística del país han desaparecido. El Banco de España cuantifica la deuda de los promotores con la banca: 324.439 millones a cierre del tercer trimestre de 2009. La constitución de hipotecas se resiente (-9,9% con datos de noviembre) y el precio de la vivienda cayó un 6,2% el año pasado.

DÉFICIT público. La diferencia entre lo que el Estado ingresa y gasta es actualmente del -11,4%. El acumulado por estos números rojos –la deuda pública– alcanzará en 2012, según los cálculos del propio Ejecutivo, el 74,3% del PIB. El déficit comercial, pese a equilibrarse por el descenso masivo de las importaciones, aún supone un agujero de 46.111 millones de euros.

FINANZAS. Cinco cajas de ahorros –entre ellas Cajasur– entraron en pérdidas en el tercer trimestre de 2009, según la CECA. Una nefasta gestión obligó a intervenir Caja Castilla-La Mancha, posteriormente adquirida por Cajastur. El Gobierno se inventó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para costear las fusiones –necesarias y urgentes– del sector. Cal y arena entre los grandes. El Santander clausura el ejercicio con ganancias del 1%, pero el BBVA se deja un 19%.

JUBILACIÓN. El camarote de los Hermanos Marx. Salgado proponía inicialmente un retraso de 65 a 67 años en la edad de retirada bajo un esquema de aplicación progresiva. La base de cálculo de las pensiones se ampliaría de 15 a 25 años, tal y como constaba en el Plan de Estabilidad entregado el miércoles a Bruselas. Al final, el Gobierno sólo sabe que no sabe nada. Los sindicatos amenazan con una huelga y el PP juega a la ambigüedad.

KRUGMAN, Paul. El tótem de la economía mundial –premio Nobel por si había dudas– y Pepito Grillo de Obama, lo ha dicho alto y claro: “El punto más conflictivo no está en Grecia. Es España el principal riesgo para la estabilidad de la zona euro (…)”.

OCDE. Y FMI. Y Banco Central Europeo. Raro es el día en que una ilustre institución no llama la atención sobre el caso hispano. Sugieren medidas más ambiciosas de las que se han puesto en marcha –¿se ha puesto en marcha alguna?–.

PARO. El monstruo. La pesadilla: 4,3 millones de desempleados en España, 1.034.000 en Andalucía, 17,5 millones de afiliados a la Seguridad Social (tres millones menos que en los mejores tiempos) y una tasa (18,8%) sin parangón en Europa (Letonia no cuenta).

ZAPATERO. Debilidad. Confusión. Incapacidad. Candidez de pirómano. Su talante ya no cuela. Le crecen los enanos, le ningunean en el circo internacional. Negó la crisis. Luego la minimizó. Ahora la vive sin pulso ni valentía. Por cierto, ¿dónde diablos se ha metido Rajoy?