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La encrucijada del PA

Fede Durán | 16 de abril de 2012 a las 20:45

Les habrá ocurrido alguna vez, seguro, y Freud podría explicarlo: en ocasiones, los sueños degeneran en pesadillas. Por ejemplo, cuando un puñado de personas hilan un discurso distinto, novedoso, que permite a un país reformularse dentro de otro pertrechado además con el mejor equipo, el de la autonomía plena, y en una época, la Transición, donde todo era aún posible. Suena a gloria, a Carros de Fuego, pero el tiempo afea poco a poco esa secuencia primera: divisiones internas, indefinición ideológica, zarpazos mortales de los partidos estatales, la idiosincrasia poco nacionalista del pueblo andaluz o una cadena ya demasiado larga de batacazos electorales marcan la piel del PA y dejan en el aire su futuro.

Domingo, 25 de marzo de 2012. Andalucía celebra las novenas elecciones de su historia reciente, las terceras convocadas sin el solapamiento de unas generales. Poco antes de la medianoche, las computadoras completan el escrutinio. El PA de Pilar González obtiene 96.608 votos, el peor resultado en su andadura autonómica. Son, por segunda vez en cuatro años, cero escaños. Es una herida mortal. Las Cortes eran territorio virgen desde que en 2000 José Núñez ocupara un asiento en la Carrera de San Jerónimo. Pero el Hospital de las Cinco Llagas es otra cosa. Es donde más duelen las caídas.

Sólo queda el consuelo municipal. Los restos del partido, el pecio del prestigio un día amasado, se esparce por la geografía municipal, en ayuntamientos de modesto tamaño. Algeciras es la única ciudad de más de 100.000 habitantes donde el PA tiene concejales. Otro mal síntoma.

Repensarse o morir. No hay más, no queda otra. Para aliñar el capítulo decisivo con ingredientes de autor, el fantasma de siempre se manifiesta una vez más. Pilar González se irá en julio, y lo hará -ya lo hace- recriminando al padre, al gran cofundador, a Alejandro Rojas Marcos, su vicio más proverbial: el afán por controlar desde la sombra los destinos de su criatura. Ésta es la mejor imagen de los errores del PA, aunque la coctelera incluya muchos otros ingredientes.

Miguel Ángel Arredonda es uno de los históricos. Vivió como diputado en Madrid el 23-F y dirigió el PA entre 1991 y 1995. “El pequeño no puede equivocarse, pero nosotros lo hicimos. Hubo batallas internas innecesarias y tampoco fue buena idea participar en el Gobierno de Chaves (1996)”, rememora. Factores exógenos también los hay. “En Andalucía no existe una conciencia de pueblo, no hay una pequeña burguesía a la que interese un partido nacionalista como CiU o el PNV. Tampoco existe una cultura del cambio de voto como en Cataluña o Euskadi. Uno no puede ir contra esa realidad. Además, el proceso autonómico ha sido un desastre en general: el café para todos ha sido un error craso”.

Antonio Ortega fue un poco de todo. Secretario general y consejero de Chaves son sus principales títulos. “Objetivamente, hay un hueco para el andalucismo bastante mayor que el apoyo que se logra en las urnas. Quizás no somos la primera opción de los andaluces, pero si se pudiera votar dos veces, seríamos la segunda carta de una gran mayoría”, explica. Ortega y Arredonda coinciden en que el campo del PA no es “la extrema izquierda” sino un discurso progresista “dentro de los límites de la Constitución”. “¿Errores? -continúa Ortega- Hemos cometido muchísimos, pero no creo que ésa sea la principal clave porque entonces tendríamos más votos que nadie. Si el error marca el apoyo electoral, nosotros ni hemos robado ni hemos matado, acciones que sí han podido cometer otros”.

Arredonda, Ortega, Pedro Pacheco y Diego de los Santos (volveremos a estos dos últimos ex en apenas unas líneas) confluyen en otra acción que acabó siendo losa, la utilización del artículo 144 de la Carta Magna para desbloquear el acceso de Andalucía a la plena autonomía instaurada en el 151 y anulada por la mayoría insuficiente cosechada en Almería. Aquel 144 fue la semilla del café para todos. “Y se interpretó como una traición a la patria”, lamenta Antonio Ortega. “De ésa salimos tocados. Después de todo nuestro esfuerzo, aquí se identifica al PSOE como el partido andaluz”, añade Arrendona.

“Después del 28-F, después de convertirnos en nacionalidad histórica, se nos llamó traidores por usar el 144 en vez del 151. Ya nadie recuerda nuestra ilusión y nuestro esfuerzo. Caímos de la mano de Adolfo Suárez cuando él ya estaba en decadencia. Pero él era el presidente del Gobierno y con él tuvimos que negociar el Estatuto de autonomía. Luego, mientras Alianza Popular recelaba, el PSOE se subió al carro y se llevó nuestros votos”, reflexiona De los Santos.

Pacheco ahonda en esta línea: “Nunca debimos pensar que cinco diputados en Madrid (habla de 1979) nos harían los portadores de la autonomía. Lo de Almería se vendió como la gran felonía. No supimos contrarrestar esa campaña a degüello contra el PA. Años después, cuando fuimos clave, pactamos con partidos poderosos como el PSOE, que, tal y como advierte la ley de Mitchell, nos abrazó y destrozó”.

¿Cuáles son las perspectivas a corto plazo? ¿Qué le aguarda a un partido que se desangra sin repercusión mediática ni sostén financiero? “Napoleón decía que lo más importante para ganar una guerra es el dinero. Pero el hambre agudiza el ingenio. Hay dirigentes preparados para conducir la remontada”, dice Ortega. Pacheco es muy pesimista: “Los bandazos ideológicos han sido impresionantes. Se copió el día del partido al PNV. Ante la pujanza del PSOE por la izquierda y la consolidación de la UCD y AP por la derecha, se optó por el centro y la indefinición. Si la idea es seguir por ahí, lo mejor es enterrar al PA con dignidad”.

“Creímos que Andalucía podía jugar un papel de equilibrio ante otros nacionalismos como los del norte. El PA no es independentista sino integrador. Debemos recuperar la historia después de haberla perdido. Debemos explicar nuestro papel en la Transición. Tenemos que darle a nuestro pueblo el ejemplo de la nobleza, la austeridad, la voluntad de superar las dependencias históricas. Se ha demostrado que nadie nos ayudará a salir del hoyo. Hay militantes jovenes y brillantes en el andalucismo porque sembramos mucho en los primeros años”, aporta De los Santos. “A lo mejor no es suficiente, pero yo he visto a gente en el partido con entusiasmo incluso hoy”, afirma Arredonda.

Un nombre apunta a la sucesión: Isabel Barriga, concejal en Ronda que arranca los elogios de casi todos los ilustres, Rojas Marcos incluido, quien pretendía incluirla en el fallido triunvirato encargado de pilotar la provisionalidad del PA hasta su congreso de julio. “Cuando otros dirigentes se marcharon al PSOE, ella se quedó”, le concede Pacheco. Pero es pronto para las quinielas. Pilar González no dimitirá. Tampoco admitirá, tal y como anunció, tutelas de la vieja guardia. Desde la sede sevillana del PA, resume su visión sobre la trayectoria en apariencia imparable del partido hacia el ocaso. “PP y PSOE han cultivado intencionadamente la invisibilidad de esta tierra y eso invalida nuestra opción política. En Andalucía se ha consolidado el bipartidismo cuando en Cataluña o el País Vasco ha habido hasta siete fuerzas parlamentarias. Hemos carecido de ese síntoma de riqueza. Los medios de comunicación tampoco han ayudado: nunca llegamos a contar con un altavoz idóneo, ni siquiera cuando teníamos diputados. Por último, influye la falta de conciencia del pueblo andaluz. Desde la Junta ni siquiera ha habido interés por fomentarla desde un punto de vista cultural y educativo”.

González no escurre el bulto de los fallos internos. “Hemos tenido problemas para comunicar las decisiones que tomábamos. Los pactos son legítimos y deseables, pero hay que explicarlos no en términos de poder sino de contenidos. Hicimos la primera ley andaluza del turismo; la primera del deporte. A nivel de alianzas, fue bueno entrar en la Junta pero malo permanecer en el Ejecutivo cuando Chaves anunció que convocaba nuevamente elecciones conjuntas”, admite. El otro factor intestino fueron “los conflictos del PA, que se han trasladado fuera”. “Antes había otro tipo de liderazgo más, digamos, personalista. Y eso generaba fricciones. Es necesaria una filosofía de equipos brillantes. No tengo problemas de celo o de ego. He intentado rodearme de gente mucho mejor que yo”.

¿Se va a pique el proyecto? “No habrá riesgo de desaparición mientras tengamos concejales. Nuestro arraigo municipal es fuerte”. El PA cuenta actualmente con 470 concejales fruto de los 230.274 votos obtenidos en los comicios locales de 2011. El tope histórico en votos llegó en 1999 (355.684). Y el de ediles cuatro años después (667).

“Es obligatorio un ejercicio de reflexión serena -subraya González-. Estoy convencida de que hay un espacio político para el andalucismo. Probablemente hay que adecuar la herramienta. El país se enfrenta ahora a una incertidumbre brutal. Ya se pone en tela de juicio el Estado autonómico. Y ahí es donde el PA puede rearmarse y desempeñar un rol esencial. El PSOE también arrastra mucho desprestigio. Tenemos que poner en valor que nunca hemos sido corruptos y mejorar nuestra capacidad de comunicar las cosas, porque el ciudadano valora el coraje de explicar las decisiones”.

El desenlace, al menos parcial, llegará el 7 y 8 de julio. Los andalucistas buscarán una nueva voz y un nuevo rostro, y deberán hacerlo por las buenas, mostrando al público que su principal defecto ha sido subsanado. No hay margen para un tropezón más. En realidad, apenas hay margen para respirar, para sobrevivir hasta la próxima convocatoria. Entonces quedará claro si ésta era la crónica de una muerte anunciada.

Reflexiones tras el 25M

Fede Durán | 27 de marzo de 2012 a las 18:02

Empiezo por el PP. Arenas lo tenía todo a favor, más incluso que en 1996, y su pírrica victoria debe empujar al partido a la autocrítica. Si pese a la marea de los ERE y la fractura del PSOE-A no han sido capaces de arrasar, si pese a 30 años de sultanato socialista los muros de esa hegemonía siguen en pie, el problema quizás haya estado en el líder de ese proyecto alternativo de la derecha y, por supuesto, en el equipo gris del que ha decidido rodearse. Ya lo dije antes de la campaña: Arenas no cae bien. Tiene enemigos incluso en sus círculos ideológicos más cercanos. Y adolece de un problema de comunicación, de conexión con el electorado andaluz. Una cosa es que alguien te dé la mano en un acto de campaña y otra bien distinta que comulgue con tus formas, tu discurso y tu modelo de país. El PP, en mi opinión, ha abusado de la guerra de guerrillas, de la agresividad, de las acusaciones indiscriminadas (y por lo tanto a veces temerarias o directamente injustas) vía rueda de prensa. Ha optado por la deconstrucción, por rehuir la fuerza del debate parlamentario, por blandir la espada en vez del programa. Y ha atacado a la Junta no sólo donde tenía razón (los ERE, Mercasevilla, la endogamia, el ejercicio desmedido del poder, el imperio del carnet) sino también donde aquella lo ha hecho más o menos bien (la sanidad pública andaluza es un buen ejemplo, como también lo es, a menos escala, la reutilización racional de San Telmo).

La soberbia ha sido otro error de bulto. Arenas hablaba como presidente de una butaca que ya nunca catará. Su destino está en Madrid, tal vez cuando Rajoy acometa su primera remodelación gubernamental, y lo lógico sería que Antonio Sanz le acompañe como Zarrías acompañó a Chaves. Al PP-A se le presenta un serio marrón a corto/medio plazo. Necesitan un líder sólido, brillante y más próximo al votante de centro (al que definiremos como aquel que elige indistintamente rojo o azul en función de los méritos de unos y otros en la gestión). A ser posible, el candidato a sucesor debería ser ajeno al equipo de Arenas. El PP-A necesita repensarse. Justo lo que muchos creían que necesitaría más bien el PSOE-A.

 

Sigo con Griñán. El hombre ha perdido. Y es la primera vez que ocurre en Andalucía. Lo de la fiesta, la tarta y los abrazos sobraba. La alegría del derrotado al que salvará una coalición siempre debe ser más comedida. Qué curioso que los bloques ideológicos importen cuando interesa pero conduzcan al desprecio sistemático si media una mayoría absoluta. El presidente en funciones tiene ahora la oportunidad de rectificar, de aprender de sus fallos. Ha de trasladar a la gente que la corrupción industrial de anteriores legislaturas no es en absoluto tolerable. Ha de entender que él mismo no es infalible, que no es el mejor, que en su mano está devolverle al partido parte del prestigio sepultado tras tres décadas de soliloquios y más de un exceso, que Andalucía debe enterrar la parida de las modernizaciones y centrarse de veras en mejorar comparativamente, porque el entorno nunca ha dejado de superarnos, porque las diferencias con España siguen siendo las mismas que en 1982. ¿Por qué no busca el verdadero talento, por qué no se fija en personajes independientes que ventilen la gran habitación hedionda de la Junta? De los Ojeda, López y Marín Rite a la plantilla actual se detecta una involución intelectual que asusta y apena.

Luego está Valderas, que tiene cara de consejero aunque Sánchez Gordillo insista en que la federación jamás debería mezclarse con el Ejecutivo autonómico sino pactar políticas que implementen otros con cariño de padre bajo amenaza de dejarles en minoría. No tengo claro que IU haya progresado tanto por sus méritos como por las torpezas en serie del PSOE. El votante de izquierdas que no quería mancharse con una papeleta al socialismo menos prestigioso de la historia ha preferido cerrar los ojos y prestarle su apoyo a Valderas y compañía, evitando así el otro escenario indeseado, que era una victoria del PP y un rodillo azul en esta España de paro y crisis. Veremos cómo combinan estos chicos el obligatorio realismo del gobernante (o del socio del gobernante) con un programa político que mezcla opciones muy respetables (código ético, gravamen a los pisos vacíos, nueva ley electoral) con otras pelín utópicas o apolilladas (III República, legalización del cannabis, banco público de tierras).

UpyD ha decepcionado. Igual que Equo. Por no hablar del PA, cuya desaparición ya sólo parece cuestión de (poco) tiempo. Es una lástima que el Parlamento andaluz recoja, por segunda legislatura consecutiva, tan poca variedad de siglas y colores. UpyD: De la Herrán era un aspirante de escasísimo perfil mediático. Equo: De Manuel es un tipo solvente y de ideas claras, pero debe aprender algunos trucos del oficio político que le hagan parecer menos cándido. PA: Gónzalez es la mejor dirigente que han tenido en lustros, pero la única figura capaz de sostener por sí sola a un partido en España es Rosa Díez.

Mención final para los propios andaluces, entre los que obviamente me incluyo. Me preocupa que la corrupción no haya calado, que se dé una imagen de inmovilismo electoral, que se permita al mismo partido sumar 34 años ininterrumpidos en el poder sin más castigo que el de un gobierno en minoría. Me preocupa, igualmente, que el PP no haya sido capaz en todo este tiempo de crear una alternativa atractiva, de vender una imagen menos rancia y previsible, de ofrecer algo de esperanza. El votante no es estúpido, y ha trasladado un mensaje claro tras el 25M: no nos gusta este PSOE, pero tampoco este PP. Griñán, muy posiblemente, ha minimizado su caída gracias a esas centurias de paniaguados sabiamente adiestrados a lo largo de nuestra breve democracia autonómica, pero también gracias al sanguinolento planteamiento de un Arenas conservador y poco creativo.

Andalucía requiere soluciones que nadie en su arco parlamentario puede ofrecerle. Ése es el verdadero drama. Y se prolongará unos años más, cuando menos. En ese lapso, el reto será que esta sociedad no quede todavía más derruida, que los jóvenes no hagan el petate, que los emprendedores no renieguen o se rindan, que los mantenidos espabilen, que los preparados den un paso al frente y conquisten esa parcela huérfana de talento de nuestra clase política. El 25M era una gran oportunidad de advertir a todos los que mandan. Me temo que nadie se haya sentido aludido. Si es que esa advertencia se ha lanzado.

@fede_duran