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Alerta máxima (PSOE)

Fede Durán | 27 de mayo de 2014 a las 11:11

YA se escucha el aleteo de los buitres junto al cadáver de Rubalcaba. El duelo ante los muertos-vivos difiere del de los muertos-muertos. Suárez se fue agasajado por amigos y rivales, unidos al fin en su agradecimiento al verdadero hombre de Estado; Rubalcaba lo hace perforado por las críticas internas y humillado por los pésimos resultados del PSOE, partido que dibuja una pendiente sospechosamente similar, a gran escala, a la que desangra sin remedio al PSC en Cataluña.

Rajoy necesitó que se marchase Zapatero para derrotar al socialismo. Rubalcaba era una apuesta extraña, arriesgada: evocaba a la vieja guardia, encerrando algunas de las peores esencias del felipismo, marcado siempre por el halo rasputiniano del buen tejedor subterráneo sin tirón en el escenario principal. Pero quiso resistir, primero, tras la derrota en las generales de 2011; y después, pese a los malos resultados de José Antonio Griñán en Andalucía (47 escaños frente a los históricos 50 de Javier Arenas en 2012). Las europeas del domingo, donde el PSOE se ha dejado más de dos millones y medio de votos, han sido su guillotina. Ferraz quiere frenar la hemorragia, y recurrirá a las esencias del marketing político para salvarse.

Una de las claves será contar con alguien que transmita frescura. Rostros como los de Chacón o Madina venderán más que cualquiera que supere los 50 años. Se trata, no obstante, de pertrechar el discurso: la izquierda se atomiza a la velocidad de la luz y el votante divorciado/cabreado/escandalizado se refugia ya, como demuestra el alunizaje de Podemos, en plataformas de nuevo cuño y mensajes contra el corazón del capitalismo salvaje, la partitocracia y (con matices) la tradicional democracia representativa.

Rubalcaba ha sido un icono fidedigno del virus que corroe al bipartidismo. PSOE y PP exhiben estructuras ultrajerarquizadas, altamente intervencionistas, huérfanas de disensiones constructivas y encomendadas a figuras del monocultivo que jamás han pisado las calles no siempre fáciles del sector privado. Él dice que no sabe cuál será su futuro tras el segundo congreso extraordinario del PSOE desde la democracia, aunque en realidad sólo existen dos opciones, y ambas son sintomáticas: o sestea en las Cortes con un puesto menor o directamente embutido de raso, o reproduce el mecanismo de las puertas giratorias (tránsito de lo público a la empresa aprovechando el listín de contactos forjado en décadas de acción e influencia política).

Finalmente los socialistas se encomendarán al bálsamo de la renovación. Esta vez tienen la oportunidad de celebrar unas primarias de verdad, en libre concurrencia, sin miedo al factor sorpresa o a las consecuencias de que no decidan los aristócratas sino la militancia. Los dedazos funcionan azarosamente en España: Aznar apostó por Rajoy y condenó al PP a una larga travesía por los secarrales mesetarios, que es lo mismo que le espera a Moreno Bonilla. Griñán señaló a Susana Díaz y ahora nadie conoce su techo.

La última fantasía

Fede Durán | 3 de abril de 2011 a las 11:14

Recuerdo un reportaje de Cuatro en el que Jesús Calleja pateaba con Zapatero algunas de las montañas de juventud del aún presidente. Me sorprendió que masticase un kilométrico monólogo sin atención ni interacción alguna con los figurantes montunos. Entonces comprendí que ZP se lo ha creído todo este tiempo. El hombre pensaba que era un crack y que España acabaría rebasando los indicadores de bienestar de perros viejos como Alemania o Francia. Inconscientemente, me acojoné. Deseé que se fuera y dejara paso a gente más sobria o al menos no tan iluminada. Y al final se va, eso sí, en 2012, y con la incógnita de unas primarias y una sucesión que puede encumbrar (a efectos orgánicos, no de Gobierno) a Rubalcaba, otro perro viejo sin las prestaciones, claro, de Francia o Alemania.

El PSOE perderá las próximas generales. Perderá pese a la abúlica incompetencia de Rajoy. Perderá incluso si encuentra un conejo en la chistera de sus desdibujadas siglas en forma de candidato audaz, creativo y soñador. Al presidente le honra imitar a Aznar en lo del tope de las dos legislaturas. Y le revaloriza más aún despreciar la táctica del dedazo y auspiciar unas primarias. Pero, objetivamente asumida la derrota, tal vez hubiera sido mejor (re)presentarse, hacer la estatua sin paraguas bajo la lluvia de mierda y desinfectar Ferraz a posteriori para que el nuevo líder no debute con un gargajo tan horrible en el currículum.

Por resumir sus tres legislaturas en primera línea en apenas un párrafo, diría que ZP arrancó con el encanto de los bobalicones inofensivos, maduró con medidas más simbólicas que efectivas, exageró su sueño de una España primermundista con derroches y guiños sociales mal medidos, y se curtió a base de hostias durante el increíble chapapote de la crisis, primero negada, después rebajada y finalmente aceptada en toda su magnitud y con todas sus consecuencias hasta el punto de que, hoy, la seña distintiva de la política del presidente es el permanente sacrificio económico por el bien de la nación. Despreciado y marginado por la opinión pública, Zapatero, en el fondo, se ve paralelo a Suárez. Será su última fantasía política.

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Madrid la veloz

Fede Durán | 10 de julio de 2008 a las 12:29

Madrid la veloz, eterno debate. Es curioso el vínculo de los andaluces con la capital: nunca tiende a la equidistancia sino a los extremos. Amor u odio sin demasiados matices. A mí la ciudad nunca me ha matado, pero le reconozco méritos. Su vida cultural, tradicionalmente alejada de la vanguardia barcelonesa, recorta distancias año tras año. La velocidad, generalmente enemiga, se convierte a veces en aliciente. También es el paradigma arquitectónico y empresarial de la España gigantona, esa que adelanta a Italia y amenaza a otros países de las grandes ligas. Luego están sus reductos: La Latina, Lavapiés, Malasaña; distintos paisajes bajo el mismo cielo. Concedo pues a Madrid la virtud relativa del claroscuro, pesadumbre precedida de energía o viceversa.

Lo malo es aparecer allí en un mal momento. Por ejemplo, durante el congreso federal del PSOE (4-6 de julio). Pides asilo y un viejo amigo cineasta se apiada y te ofrece un digno zulo en Lavapiés cuyas estrecheces se diluyen gracias a una hospitalidad incondicional y a esa pátina multiétnica del barrio. Atrapas un plano del Metro (cómo crece el condenado; me recuerda el enjambre de Tokio) y echas un vistazo al destino laboral (Palacio Municipal de Congresos, Campo de las Naciones) en busca de la combinación de trasbordos más rápida. Maldición: dos cambios de línea en el mejor de los casos. Te echas el portátil a la espalda (a veces cuesta entender que la tecnología pese tanto), compras un par de plátanos al tendero paquistaní y enfilas el objetivo.

Pese a mi desorientación inicial, un cartelón del PSOE me sopla cuál es el edificio. Los chicos de seguridad conservan ese aire matón seguramente alentado por el pinganillo y las espaldas de gimnasio. Una señora de prensa busca mi nombre en la inmensa lista de acreditados, me da el colgante con mis datos digitalizados y me abre las puertas de la casa socialista. Un congreso más que empieza. Invoco al lupo para que esta vez el aburrimiento sea benévolo y me permita llegar vivo al domingo.

La cosa no estuvo mal. Saludé a algunos grandes del periodismo y ratifiqué mi convicción de que Madrid es la (única) meca de la información política española. Conocí a nuestro corresponsal, Jorge Bezares, un tipo noblote y vehemente que me recordó vagamente a Walter Sobchak, el ex marine reconvertido en profesional de los bolos del Gran Lebowski. Luché a muerte contra los caprichos del ordenador hasta colarme en las páginas del periódico para rematar crónicas adelantadas en el fiel aunque sosote word.

Lo peor: nos confinaron en la planta -4, lejos de la luz y del sonido de los pájaros (alguno queda en Madrid). Aquello parecía un refugio antinuclear. Todo un detalle que los socis sí se expusieran al peligro del bombardeo desde la frágil planta cero. Nos dejaron el búnquer. Nos regalaron la vida. Lo peor II: el rancho fue lamentable. El primer día apenas repartieron unas botellas de agua (la mirada del repartidor era tipo Te Hago El Favor de Tu Vida Así Que Póstrate). Alguna voz debió trasladar la alarma a las más altas instancias porque la segunda jornada reconvirtió lo frugal en abundante. Bocadillitos de tortilla y chorizo, café, palmeras y cerveza. El domingo supusieron los organizadores que ya estaba todo el pescado vendido, así que retomaron y radicalizaron la senda inicial: la caza del último botellín de Bezoya fue dramática.

Cuando ZP despacha su discurso de clausura se precipita el epílogo. Te quedan dos horas de tajo pero los operarios te desmontan media sala de prensa sin contemplaciones. Los que viven en Madrid se despiden. Los desplazados luchamos contra el crono y pensamos en el AVE o en el Boeing o en la moto. Imaginamos nuestro regreso al hogar, los 40º de Sevilla, los 32º de Cádiz, El Salvador y Bolonia, la dolce vita sin Mastroianni pero con otras divas urbanas. Sonreimos en nuestros asientos mientras el cansacio cierra los ojos. El ordenador ya no pesa. Las proclamas plomizas tampoco.

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