Crónicas de un escéptico » Puigcercós

Archivos para el tag ‘Puigcercós’

La esquizofrenia del PSC

Fede Durán | 2 de diciembre de 2010 a las 15:19

El tremendo sopaso con que los electores catalanes han castigado al PSC genera dos corrientes interpretativas con un punto indiscutible en común: el tripartito era un invento caótico, esquizofrénico, definitivamente marxista -de los Hermanos Marx- que ha contribuido al fracaso del partido.

Según la primera onda, el problema es que Montilla, mal converso como todos los charnegos, ha querido ser más papista (nacionalista) que el Papa (CiU/ERC), olvidando así las esencias socialistas de la Cataluña metropolitana. El pero a esta teoría es que muchos hijos (y nietos) de quienes sí sentían y votaban PSC se cambiaron de camiseta hace años. Un catalán de tercera generación se siente integrado de pleno derecho y maneja exactamente las mismas opciones ideológicas que el resto de la población.

La segunda onda nos conduce justo al extremo contrario: el PSC sigue siendo un apéndice del PSOE y por lo tanto de la pérfida Madrid, símbolo de centralismo y anticatalanismo, así que Montilla ha caído por su propia docilidad y por la eterna ausencia de una auténtica marca catalana para el socialismo.

El ex president era, en cualquier caso, una apuesta de Zapatero. A mí me gustaba infinitamente más Pasqual Maragall, federalista convencido, amigo de las otras españas, brillante y poeta cuando tocaba (y cuando no tocaba también). Maragall fue más incómodo para Zapatero porque lo llevó al huerto del Estatut y a aquella promesa kamikaze (“aprobaré el texto que salga del Parlamento de Cataluña”). ZP pensó, escarmentado, que otro gallo cantaría con Monti.

Opciones tras el severo correctivo de los escuetos 28 diputados:

  1. Mantener la senda montillista con un sucesor tipo Celestino Corbacho. Habría un tira y afloja light con el PSOE y persistirían las dualidades identitarias y orgánicas.
  2. Dividir la tortilla en dos y actuar en Cataluña con marcas independientes: PSC y PSOE podrían, posteriormente, aliarse si lo creen conveniente.
  3. Desmarcarse definitivamente de la matriz y crear, como sugiere Castells, una plataforma marcadamente diferente y sólo remotamente emparentada con Ferraz (aunque de hecho el PSC ya disponga, aunque no siempre la use para distanciarse, de esa difusa consanguinidad). El equipo estaría compuesto por políticos de marcado perfil catalanista e incluso contaría con sonoros artistas invitados (¿Carod?).

Curiosamente, el PSC no es la única víctima de la bipolaridad. La sufren o han sufrido también ERC (Puigcercós versus Bertrán/Carretero; y eso sin entrar en la lucha cainita con el guillotinado Carod) y CiU (Mas y el soberanismo versus Duran y el posibilismo). Los republicanos se codean con el betún tras perder 11 escaños. Pero CiU sigue ahí, casi tan fuerte como siempre (siempre significa en este caso Jordi Pujol), dispuesta a mandar con dos facciones que se toleran pero no se aman, e incluso permitiéndose lanzar a los derrotados un mensaje de eficacia, cordura y voluntarismo en positivo: Duran, quizás, será conseller en cap, o número dos, o mano derecha de Mas. Así se hacen las cosas. Casi que por un instante me siento convergente y todo.

Enséñame la pasta

Fede Durán | 30 de abril de 2008 a las 12:30

El lunes tuve la oportunidad de visitar la nueva sede de Esquerra Republicana en Barcelona (C/ Calabria). Acostumbraba a pasarme por la anterior. Menudo cambio, pensé. Propiedad frente a alquiler. Amplitud contra estrechez. La progresión electoral ha permitido a estos chicos parecerse un poco más a la oficialidad, hundir las extremidades en un hipotecón y fardar de casa con olor a barniz. Se lo han currado. Paneles de madera en las paredes, claraboyas en la planta noble, tecnología silenciosa. Abajo, en el sótano, es más difícil que los euros maquillen el efecto zulo, pero aun así los interioristas han salvado con dignidad la situación. Hay cuatro salas con nombres de otros tantos colores. Los tabiques son móviles, de manera que las ocasiones especiales permiten transformar el espacio en un imponente rectángulo donde el líder, pese a su grandeza intrínseca, parecería demasiado pequeñito a los camaradas del extremo opuesto.

Me explica mi cicerone que los cuatro cuadrados convertibles en rectángulo no son la alcoba real. Hay otra. Encendemos las luces y la veo. Es quizás la sala más fea. La guía señala con el índice una silla metálica sin lujo ni incrustaciones. “Ahí se sienta Carod“. No puedo reprimir el impulso y me siento también yo, imaginándome él por unos segundos (peliaguda transmutación) , dominando el entorno pese a la cercanísima amenaza de Puigcercós, el gran rival, acomodado en la silla contigua, a escasos quince centímetros.

La guinda, sin embargo, es la sala de prensa. Me sorprendería, salvo acontecimiento extraordinario (no sé, algo así como que Carod anuncie que cambia de sexo), que haya suficientes periodistas para llenarla. Al fondo, la pecera de los traductores. Encaramada en la palestra, junto al atril, a mis espaldas, una secuencia incansable de logos de ERC. Otra tentación me sugiere que imite a Joan Ridao frente al micro bífido. Mi catalán no es tan bueno, pero decido que los asientos vacíos y plegados son periodistas. Me hace gracia estar por una vez en la orilla opuesta. También comprendo la extrema incomodidad gestual de quienes suelen acompañar ahí arriba al portavoz de turno; son estatuas nerviosas que lo flanquean y sonríen siguiendo el consejo de los asesores (Smiles On The Air sería un buen título para una canción de Sinatra).

A lo que vamos. Todo esto es posible porque ERC ha engordado. Es como un equipo que juega la Champions. De repente, comienzas a recibir pasta por cada diputado extra y sumas y sumas y te emocionas ya no tanto por el resultado electoral sino por los sueños materialistas que se le escapan a tu imaginación. Entonces pides el superpréstamo y te embarcas en la aventura inmobiliaria. Y después llegan los comicios nacionales y caes de ocho a tres diputados. Sacas la calculadora y resoplas. Ostras. No contábamos con esto. La prensa airea la crisis del independentismo catalán. Puigcercós anuncia que competirá con Carod por el liderazgo. Voces menores se añaden a la contienda. Piensas en la hermosa batalla de las ideas que se avecina. Un partido auténticamente democrático, sin complejos autoritarios (ejem, señor Rajoy). Un momento. Un hilillo de lucidez se te cuela en la cabeza. ¿No será que el motor de toda esta historia es en realidad el dinero? ¿Y si esta gente no llegara a fin de mes? La cuestión es tan crucial que, de enquistarse, incluso haría olvidar un ratito la independencia a quienes la propugnan. Lo primero es lo primero.