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El anzuelo

Fede Durán | 3 de febrero de 2012 a las 15:07

GALLARDÓN siempre ha destacado por su servilismo en pro de la ascensión al poder. Hoy es el gran factor de distracción de un Gobierno que debería hablar casi exclusivamente de economía, una disciplina que con 5,3 millones de parados, miles de cierres empresariales y familias arruinadas también es sinónimo de sociedad, de política, de país en un sentido amplio. La prensa se traga ese gallardo anzuelo gallardonil del aborto y la cadena perpetua revisable, pero la contaminación atmosférica sigue ahí, cada día más cargada de partículas en suspensión, de metales pesados, de miasmas laborales, crediticias y personales.

La política y los políticos deberían reorientar sus vocaciones para centrarse en formar a las próximas generaciones en el arte de la ciencia empresarial y económica. Deberían explicar -todos, sin banderas distintivas- qué han hecho con los recursos públicos, cómo y por qué lo han hecho. Se conoce la última parada de esta línea de metro (la bancarrota nacional y moral), pero no exactamente cuál ha sido el camino elegido para llegar hasta ella. En realidad, justo es admitirlo, entender la economía no sirve de nada: hay expertos, los menos, que vieron ciertos movimientos de nieve allá en la cresta de EEUU antes del alud, pero otros, la inmensa mayoría, participaron de la orgía con sus mejores galas y augurios.

Lo que ni siquiera Gallardón puede impedir es que el ciudadano se haga preguntas que quizás con la panza atiborrada de especulación le pasaban de largo. Otros, los que nunca especularon, se hacían probablemente las mismas preguntas incluso aunque no fuese oficialmente necesario. ¿Por qué la Administración gasta sistemáticamente más de lo que ingresa cuando esa filosofía lleva a la quiebra a cualquier compañía del mundo en el corto, medio o largo plazo? ¿Por qué persiste -aumentada- la sensación de que los gestores del sector financiero han sido inmunes a una crisis que cose a renuncias al resto del país? ¿Por qué de repente, por haber gastado mal, el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos renuncian a gastar (invertir) allá donde su dinero sí crea riqueza? ¿Cuál es el motivo de que España, de hecho, haya transferido su soberanía a instancias ajenas como Alemania?

Liceos, concilios y foros económicos. Un flujo de ideas que construya alternativas, simbiosis y sinergias. Otra raza de empresarios diseñada para competir y ganar en el extranjero. Otra raza de trabajadores más versátil y ambiciosa, menos pasiva. De una vez por todas, una marca España potente, asociada a la calidad y a la victoria para que quien piense que nunca comprará un coche coreano no sitúe en el extremo opuesto de su balanza un coche alemán sino uno español (vale, es un mal ejemplo). El aborto y las cadenas perpetuas importan, por supuesto, pero mucho menos que la propia supervivencia.

El curandero

Fede Durán | 5 de agosto de 2011 a las 9:47

Las entrañas del motor político universal son muy rudimentarias: la propaganda de lo propio más el vilipendio de lo ajeno. Este mecanismo bicilíndrico es común a la raza examinada, pero unas veces llama la atención más que otras. Es el caso del PP, que juega en España a un peligroso deporte electoral: vender la llegada al poder como una especie de pócima milagrosa. Rajoy parece un curandero obsesionado con embaldosar su discurso a partir de tres materiales: el descrédito al PSOE, la alabanza a la seriedad de su propio partido, que presuntamente tiene clarísimas las ideas para salir del atolladero, y una suerte de esquizofrenia mal medida de cara al escaparate internacional, donde el país es a la vez un desastre fiscal, laboral y financiero y una roca preparada para soportar y burlar la presión de los mercados.

Un balance superficial y medio consensuado de la actuación política nacional ante la crisis sería más o menos como sigue. Uno. Bien en el control estatal del déficit público; regular tirando a mal en la parte del trabajo que corresponde a las comunidades autónomas. Dos. Directamente inútil la reforma laboral. Tanto la EPA como el paro registrado demuestran que la contratación indefinida aún retrocede; que el desempleo en general y el juvenil en particular son vergonzosos; y que ni siquiera el efecto estival maquilla una tasa devastadora. Tres. Inquietante la reforma financiera por el maremágnum de los SIP, las sospechas de los inversores, la profesionalización incompleta de las plantas altas cajistas y la amenaza de que en el armario se esconda algún cadáver más aparte de los de la CCM, Cajasur y la CAM.

Cuando Rajoy ocupe La Moncloa (si es que gana, recuerden lo del toro y el rabo o lo del oso y la piel), podrá ahondar en la senda de la austeridad, poner a las CCAA en su sitio (fiscal), afrontar una verdadera reforma laboral, inyectar al sector financiero las gotas de racionalidad que aún le faltan, subir el IVA o hacerse fotos con Obama, Merkel, Sarkozy y Wen Jiabao (no necesariamente en este orden). Pero la repercusión de sus acciones será limitada. Porque este partido se juega en toda la Eurozona. En Fráncfort, donde Trichet debería apuntarse a la terapia de Ambiguos Anónimos y comenzar a comprar deuda italiana y española, no sólo portuguesa e irlandesa. En Berlín, donde emerge como una orca la amenaza de la deflación. En París. En Bruselas.

Europa necesita vestirse de superhéroe y extirpar su personalidad múltiple. Necesita convencer a los mercados de que no siempre será como ahora es. Necesita reivindicarse desde la seriedad, desde aquel acervo comunitario que sólo se creen hoy los eurodiputados que viajan en primera. Si Rajoy y el PP insisten en la cultura de la chistera, el ridículo será tremendo. Es lo que quiere la piraña especulativa.

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España, Italia y el caos

Fede Durán | 4 de agosto de 2011 a las 15:03

Resumen del editorial de hoy del Financial Times (cuyo enlace no puedo colgar porque uno debe registrarse -gratis- para acceder a la información). O, más bien, resumen de mi interpretación sobre lo que piensan en FT del lío de la eurodeuda.

España ha hecho sus deberes como un alumno aplicado. Notable alto, pero no sobresaliente porque:

  1. La batalla por la contención del déficit público se gana en el terreno estatal pero se pierde en el autonómico.
  2. La reforma laboral ha vivido más de la voluntad que de la eficacia (ahí están la EPA y el paro registrado para demostrarlo).
  3. La reforma financiera aún genera dudas sobre cuántos cadáveres quedan en el armario tras los pestilentes descubrimientos de la CCM, Cajasur y la CAM.

Italia no va tan bien. Su deuda pública es enorme (119% del PIB), su disciplina fiscal mórbida y sus últimos presupuestos generales decepcionantes, porque trasladan a después de las próximas elecciones (2013) el esfuerzo reformista y de austeridad que los mercados reclaman ahora. Tampoco ayudan el histrionismo de Silvio, la superburocracia (¿recuerdan las 12 Pruebas de Astérix?) o el magro crecimiento del Producto Interior Bruto.

En realidad, y aquí viene la parte chunga, FT cuenta con una intensificación de los esfuerzos hispanoitalianos pero asume que por sí solos no son suficientes. Es urgente que la Eurozona se disfrace de superhéroe (sin síndromes bilopares, tripolares y sucesivos, a ser posible) y ejecute ya las tareas acordadas tras sellar el segundo rescate griego (básicamente, permitir que la facilidad europea de estabilidad financiera, menudo bautismo, compre deuda en los mercados secundarios).

Cero menciones, curiosamente, al rol del BCE.

Y una lúgubre reflexión final: más vale estar preparados por su el frente sur de la Eurozona vuela en mil pedazos. Glups.

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