Archivos para el tag ‘ZAPATERO’

Las siglas de Zapatero

Fede Durán | 11 de marzo de 2011 a las 20:05

ZAPATERO comentaba el miércoles que la economía española “mejorará este mismo mes”. Lo dijo sin ese brillo ocular tan característico de sus primeros pasos presidenciales. Su optimismo ya es sólo una frase hueca, una cáscara sin espíritu, y lo peor no es que tenga un impacto nulo en los mercados sino que, simplemente, ya nadie, ni siquiera los (ex) fieles, se lo cree.

El sector privado, al menos parcialmente, ha dejado de contar con el Gobierno, como un Robin al fin emancipado de Batman, y lucha en el exterior lo que sus crudas cifras de negocio apenas maldefienden en España. Internacionalización, rezan, encomendándose al sustituto de la I+D como salvador conceptual (aunque una y otra cosa sean perfectamente compatibles). La banca actúa y se reajusta, pero lo hace presionada en primera instancia por el Banco de España, que dejó hace meses de ser un satélite de La Moncloa, y por las agencias de calificación, los ogros extranjeros y -quiero suponer- la mala conciencia de una gestión excesivamente alegre y relajada cuando España parecía un milagro y no una pesadilla económica.

¿Y los trabajadores? Los currelas, como esos bulldogs originariamente pensados para desangrar al toro con el cepo de su mandíbula, agachan la cabeza y aprietan los dientes temiéndose lo peor, luchando en muchos casos por la mera pero digna supervivencia de un escenario presubsidiado -sí, aunque parezca increíble, existen millones de españoles alérgicos a la anestesia de los dos años de paro y la posterior ayuda, ahora de 400 euros, vinculada a la formación-.

Zapatero, sin embargo, ahonda en sus proverbiales errores, en sus vaticinios truncados, en esa fama de bufón que, sin querer queriendo, ha acabado sepultándole mucho antes de lo previsto. Salgado no es Solbes ni Solbes era Rato. Rato, posiblemente, tampoco fuese Krugman, ni éste Friedman, y así sucesivamente hasta constatar que los ciclos macro van a su aire, meando en esta esquina sí y en aquella no, a pesar de que, a toro pasado, adjudicarle causas lógicas y hasta obvias al hundimiento sea tarea relativamente fácil para quienes viven de esto.

Lo que la gente agradecería, y en esto me erijo en improvisado portavoz, es un discurso sobrio, sin brindis al sol, incluso aunque quien lo pronuncie sea un político, porque después de la desconfianza llega el odio (ese odio lejano y pacífico del votante anónimo, ese odio a la vez profundamente letal) y, tras el odio, la derrota más brusca, la más cruel, la que puede llevar a un partido, el PSOE, a no oler en lustros un puesto de mando en España y, por qué no, quién sabe cuál es el alcance de los milagros y los caprichos, en Andalucía. Como admitía Arenas el otro día, para hacer campaña en las autonómicas sólo es necesario recordar que Griñán es de las mismas siglas que Zapatero.

Etiquetas: ,

La esquizofrenia del PSC

Fede Durán | 2 de diciembre de 2010 a las 15:19

El tremendo sopaso con que los electores catalanes han castigado al PSC genera dos corrientes interpretativas con un punto indiscutible en común: el tripartito era un invento caótico, esquizofrénico, definitivamente marxista -de los Hermanos Marx- que ha contribuido al fracaso del partido.

Según la primera onda, el problema es que Montilla, mal converso como todos los charnegos, ha querido ser más papista (nacionalista) que el Papa (CiU/ERC), olvidando así las esencias socialistas de la Cataluña metropolitana. El pero a esta teoría es que muchos hijos (y nietos) de quienes sí sentían y votaban PSC se cambiaron de camiseta hace años. Un catalán de tercera generación se siente integrado de pleno derecho y maneja exactamente las mismas opciones ideológicas que el resto de la población.

La segunda onda nos conduce justo al extremo contrario: el PSC sigue siendo un apéndice del PSOE y por lo tanto de la pérfida Madrid, símbolo de centralismo y anticatalanismo, así que Montilla ha caído por su propia docilidad y por la eterna ausencia de una auténtica marca catalana para el socialismo.

El ex president era, en cualquier caso, una apuesta de Zapatero. A mí me gustaba infinitamente más Pasqual Maragall, federalista convencido, amigo de las otras españas, brillante y poeta cuando tocaba (y cuando no tocaba también). Maragall fue más incómodo para Zapatero porque lo llevó al huerto del Estatut y a aquella promesa kamikaze (“aprobaré el texto que salga del Parlamento de Cataluña”). ZP pensó, escarmentado, que otro gallo cantaría con Monti.

Opciones tras el severo correctivo de los escuetos 28 diputados:

  1. Mantener la senda montillista con un sucesor tipo Celestino Corbacho. Habría un tira y afloja light con el PSOE y persistirían las dualidades identitarias y orgánicas.
  2. Dividir la tortilla en dos y actuar en Cataluña con marcas independientes: PSC y PSOE podrían, posteriormente, aliarse si lo creen conveniente.
  3. Desmarcarse definitivamente de la matriz y crear, como sugiere Castells, una plataforma marcadamente diferente y sólo remotamente emparentada con Ferraz (aunque de hecho el PSC ya disponga, aunque no siempre la use para distanciarse, de esa difusa consanguinidad). El equipo estaría compuesto por políticos de marcado perfil catalanista e incluso contaría con sonoros artistas invitados (¿Carod?).

Curiosamente, el PSC no es la única víctima de la bipolaridad. La sufren o han sufrido también ERC (Puigcercós versus Bertrán/Carretero; y eso sin entrar en la lucha cainita con el guillotinado Carod) y CiU (Mas y el soberanismo versus Duran y el posibilismo). Los republicanos se codean con el betún tras perder 11 escaños. Pero CiU sigue ahí, casi tan fuerte como siempre (siempre significa en este caso Jordi Pujol), dispuesta a mandar con dos facciones que se toleran pero no se aman, e incluso permitiéndose lanzar a los derrotados un mensaje de eficacia, cordura y voluntarismo en positivo: Duran, quizás, será conseller en cap, o número dos, o mano derecha de Mas. Así se hacen las cosas. Casi que por un instante me siento convergente y todo.

No me chilles que no te veo

Fede Durán | 2 de junio de 2010 a las 13:51

En un país donde las cuotas, y no el talento, marcan el diseño de las grandes estructuras del poder político, las averías son mucho más frecuentes. Sobre todo, cuando el escenario habitual, basado en cruces de declaraciones, promesas vacías e histeria gestual, deja paso a una función mucho más exigente donde la economía marca el paso y atrae las miradas internacionales de los más adiestrados. José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, largó a Pedro Solbes por su excesiva rigidez -dogmatismo, diría aquél-. Solbes, pensó Zapatero, era espartano cuando tocaba ser generoso: la deducción de 400 euros en el IRPF, el cheque-bebé o los aún vigentes 426 euros para los parados, además de la (todavía mayor) flexibilización del subsidio agrario de 35 a 20 peonadas, fueron compromisos con el ideario socialista.

Elena Salgado, vicepresidenta segunda y ministra de Economía, llegó sin referencias demasiado claras -la polémica del vino y la ley antitabaco pocas pistas aportaban sobre su pericia- pero aparentemente dispuesta a lidiar con el toro bravo de la crisis. Sin entrar en su competencia, insondable aún a estas alturas, el sello que queda no es sólo suyo. Lo estampan distintos miembros del Ejecutivo: José Blanco, Miguel Sebastián, Celestino Corbacho, José Manuel Campa, Carlos Ocaña, Maravillas Rojo… cada uno de su padre y de su madre, con opiniones a menudo dispares en materias altamente sensibles para el ciudadano, ocupado y preocupado, quién lo diría, por su supervivencia laboral y la viabilidad de su microcosmos financiero familiar.

Corbacho, gestor del Ministerio de Trabajo, opina con frecuencia de economía. Sebastián, titular en Industria, de empleo. Blanco, sorprendente especialista en Fomento, de lo divino y humano. Zapatero ha dado un sutil paso atrás para rebatir la crítica de que no repartía juego. Los subalternos han saltado briosos a la palestra. Pero el efecto caos se ha multiplicado. La reacción fue introducir como secretario de Estado de Comunicación a Félix Monteira, veterano del periodismo con muy respetable pedigrí. Es pronto para saber si el marasmo tiene remedio. Monteira es un buen entrenador, pero necesita también buenos jugadores.

Comunicar, divino tesoro en política. Y materializar, más aún. Con el paquete de medidas antidéficit, el Gobierno ha deconstruido desde el mazo y la tijera. Le queda, sin embargo, el bisturí, reservado para las operaciones más delicadas. En la camilla aguarda el principal paciente, un mercado de trabajo que boquea y exige ayuda. Standard & Poor’s y más recientemente Fitch han rebajado la calificación de la deuda española por el tamaño de sus dos puntos negros: la reforma laboral y el formidable lío de las cajas.

Acabe como acabe, la reforma ya es un sainete por la superposición de retractaciones y la reinvención de plazos. Zapatero se resiste a asumir el rol de tipo duro pese a que ése ya es un camino iniciado con la guerra a los funcionarios, el sangriento recorte de la obra pública (que puede importunar, no lo olviden, a gigantes como FCC o ACS) o el capón a las cajas, demasiado politizadas y demasiado reacias a dejar de estarlo aunque el Banco de España haya afilado ya su guadaña.

¿Qué importa en realidad una huelga general, presidente?, podría sugerirle un asesor al jefe del Ejecutivo para darle el empujoncito final. Los retrasos cuestan dinero porque la economía, por suerte o por desgracia, es una suma de eslabones: el paro crece, el déficit se dispara, las agencias rebajan el rating nacional (y los particulares; que se lo digan a las cajas), el diferencial del bono español crece sin techo aparente, Obama toca la corneta y Alemania se cabrea.

La subida de impuestos es otra interesante cuestión: afectará a dos de los tres tipos del IVA a partir de julio, pero apenas se sabe qué ocurrirá con las rentas más altas, a las que Salgado promete apretar “sólo temporalmente”. Cuanto antes se aclare la fórmula, mejor, porque no es lo mismo -ni en términos reales ni en términos electorales- endurecer las (suaves) condiciones con que hoy funcionan las sociedades de inversión de capital variable (Sicav) que meter mano al IRPF, cuyo tipo máximo es actualmente del 43%.

La congelación de las pensiones y, especialmente, la rebaja salarial decretada para (o contra) los funcionarios tiene asimismo una lectura paralela, pues traslada al sector privado la necesidad de contener el coste salarial. Ningún indicio pronostica, sin embargo, que el otro plato de la balanza -los precios, que crecieron dos décimas en mayo según el IPCA- corra la misma suerte. Y he ahí el cogollo de la cuestión española, ya que el empobrecimiento de la población sería en ese caso mucho más impactante.

¡Levántense, muchachos!

Fede Durán | 13 de mayo de 2010 a las 12:49

Los entrenadores de la moral, los psicólogos del optimismo dicen que también de una crisis se sale por cabezonería. Esto lo arreglamos entre todos, aunque no todos piensen igual ni tengan las mismas ganas de arreglarlo. ZP rebajará los sueldos de la función pública y el alto mando político. Fuera cheque-bebé. Pensiones al congelador. La aspiración del 0,7% para los países pobres a la basura. Mordiscos a la sanidad. Quizás, y sólo quizás, más impuestos para los más ricos, el viejo guiño de los bosques de Sherwood. La empresa privada estará tan contenta que seguramente planifique ya un paralelismo mimético para que nosotros, trabajadores por cuenta ajena, veamos la nómina más chiquita. Venga, alegría, esto lo arreglamos entre todos.

Maravillado quedo con la versatilidad del compatriota: por más plumas con alquitrán que le echen encima, ahí sigue, botellín en mano, cuando el sol cae y el trabajo apenas palpita tres o cuatro neuronas más abajo como el fantasma pesado que es. Más admiración me produce, si cabe, nuestro amado líder Zapatero: las circunstancias le han obligado a cargarse todos aquellos cromos que nos vendió como primera prueba de nuestro primer mundo. Debimos ser más humildes. Y de eso también tiene culpa el de antes, extrañamente habituado a los ranchos texanos y las fotos con otros que sí eran (y serán) Potencia Internacional. Un amigo me ha exigido, como camarada comprometido, que salgamos a la calle con palos. Dios mío. Preferiría afiliarme al POUM y enredarme en las barricadas de la Telefónica, por aquello de la estampa heróica e histórica. Pero España es un perro pachón.

Volvamos al optimismo. Justo cuando más difícil nos lo ponen. ¿Menos pasta, menos Estado, menos todo? Ustedes no sé, pero yo hoy descanso tras diez días de curro, he dormido once horas y anoche cené con una de esas amigas que combinan belleza de ilustración tolkieniana e inteligencia de personaje de Ellroy. Estoy en casa, junto a mi cactus recién florecido, y de fondo suena Peter Von Poehl, como podrían sonar Grizzly Bear o Mayer Hawthorne. Los brujos del clima dicen que habrá sol en Cádiz. Esta tarde pasearé (sin garrote) por mi barrio, posiblemente el mejor del mundo, y me encontraré con muchos de sus personajes. La Tipa con Tres Perros que Jamás Recoge los Mojones, los Chicos del Sonoro, el Gorrilla de la Litro, Kaori la Japo, Adelina La Mujer Duende o, tal vez, con un poco de suerte, la Vecina del Chucho que Parece un Ewok.

Pactad, malditos

Fede Durán | 4 de mayo de 2010 a las 16:37

Zapatero y Rajoy se citan mañana (5/5/10) para hablar, esencialmente, de: 1. Grecia y 2. Las cajas de ahorros. El primer punto no debería generar demasiadas controversias. España, como país de nuevo semipobre, quiere dar ejemplo con sus 9.800 millones por si algún día se ve en las mismas que sus primos del club PIGS. El segundo tiene más chicha: salvo sorpresas, será un diálogo de sordos, pues un bando y otro han procurado convertir el chiringuito financiero en una especie de chiringazo con una matriz rentable que absorba satélites y satelitillos siempre bajo la premisa (intra)autonómica. Cajasol, la única excepción hasta la fecha si no se cuentan las alianzas frías (navarros y canarios ya entienden de eso), ha concretado una jugada demasiado pequeña, en términos de volumen de negocio, a juicio del Banco del España. ¿Van a cambiar de idea ZP y Mariano? Estaría bien. El PP podría empezar por Galicia. Y el PSOE bien podría argüir que ya lo ha hecho en Andalucía. Desbloquear es de sabios.

Lo sorprendente sería (y probalemente será) que no entre en escena la reforma laboral y su indecente retraso. No ya porque tarareen el sustantivo URGENCIA voces extranjeras y nativas, sino porque, como tantas veces se ha escrito, la demora torpedea cualquier atisbo de recuperación. Curiosamente, el Gobierno siempre ha negado la luz verde a un abaratamiento del despido que sin embargo se produciría igualmente si nos atenemos a la letra de sus más recientes propuestas (una generalización del contrato de fomento del trabajo con indemnizaciones de hasta 33 días por año trabajado en el mejor de los supuestos -despido disciplinario e improcedente-). Flotan también en la nube mixta de los asuntos pendientes la temporalidad, viejo grano en el culo español, y el absentismo, venido a menos en estos tiempos de miedo al paro. Es éste un conflicto de máscaras donde Zapatero se niega a mostrar el rostro de la responsabilidad (en términos de imagen, su valentía sería costosísima; en términos patrióticos -recuerden: fue el acuñador de aquello de los patriotas de hojalata-, relativizaría, tardía pero aceptablemente, su nefasta gestión económica). Rajoy debería poner de su parte animando al hombre con un par de palmadas en la espalda y una promesa de apoyo público tras la adopción de las medidas pertinentes. Grecia avisa: lo que no se haga cuando toca se hará mucho más traumáticamente después sin ese carácter voluntario que engrasa mejor que lo obligatorio cualquier tránsito hacia la austeridad y el sacrificio.

La cita no deja de tener, por último, una pátina mimética inspirada en la lección portugesa. Si Sócrates y Passos se unen y abrazan a las duras, nadie debe esperar menos de nosotros, vecinos pretendidamente ejemplares.

Misterios de la humanidad

Fede Durán | 8 de marzo de 2010 a las 14:24

Algunas preguntas sin respuesta, charras como ellas solas, perturban mi precaria paz interior de cuando en cuando.

  1. ¿Por qué todos los políticos llevan pulseritas de la suerte?
  2. ¿Por qué Gorosito ejerce sobre determinado tipo de mente una fascinación tan incondicional como ilimitada?
  3. ¿Por qué me indigno cuando veo una foto de Moratinos en Córdoba, chaparrón andaluz arreciando, bien protegido por un señor anónimo que le sostiene el paraguas? ¿Por qué me molesta que el propio Moratinos no sujete su paraguas? ¿No me doy cuenta de que es así como el Gobierno crea empleo?
  4. ¿Qué comemos los periodistas para que nos haya dado por una expresión tan horrenda como “Por Parte De” (PPD)?
  5. ¿En qué idioma habla Zapatero cuando viaja al extranjero? ¿De qué? ¿Con quién? Apuesto a que Obama sabe más castellano que inglés nuestro presi.
  6. ¿Cuántas abdominales hace exactamente Aznar al día?
  7. ¿Soy el único que ya se conforma con diez minutos de sol por cada semana de borrasca?
  8. ¿De verdad le han dado un Oscar a Sandra Bullock?

Abecedario abreviado de la crisis

Fede Durán | 5 de febrero de 2010 a las 12:03

Todo político es un charlatán empedernido si de teorizar se trata. Otro gallo canta cuando irrumpe el rigor de lo práctico. Esta crisis es un magnífico test de esfuerzo para el Gobierno, al que una mayoría de ciudadanos adjudica ya, sin importar el color político, un sustantivo sintetizador: caos. Ahí va un abecedario resumido de los peores años de la España reciente.

CONSTRUCCIÓN. O la reina que no supo reinar. Muchas empresas del sector que más hizo por la estadística del país han desaparecido. El Banco de España cuantifica la deuda de los promotores con la banca: 324.439 millones a cierre del tercer trimestre de 2009. La constitución de hipotecas se resiente (-9,9% con datos de noviembre) y el precio de la vivienda cayó un 6,2% el año pasado.

DÉFICIT público. La diferencia entre lo que el Estado ingresa y gasta es actualmente del -11,4%. El acumulado por estos números rojos –la deuda pública– alcanzará en 2012, según los cálculos del propio Ejecutivo, el 74,3% del PIB. El déficit comercial, pese a equilibrarse por el descenso masivo de las importaciones, aún supone un agujero de 46.111 millones de euros.

FINANZAS. Cinco cajas de ahorros –entre ellas Cajasur– entraron en pérdidas en el tercer trimestre de 2009, según la CECA. Una nefasta gestión obligó a intervenir Caja Castilla-La Mancha, posteriormente adquirida por Cajastur. El Gobierno se inventó el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) para costear las fusiones –necesarias y urgentes– del sector. Cal y arena entre los grandes. El Santander clausura el ejercicio con ganancias del 1%, pero el BBVA se deja un 19%.

JUBILACIÓN. El camarote de los Hermanos Marx. Salgado proponía inicialmente un retraso de 65 a 67 años en la edad de retirada bajo un esquema de aplicación progresiva. La base de cálculo de las pensiones se ampliaría de 15 a 25 años, tal y como constaba en el Plan de Estabilidad entregado el miércoles a Bruselas. Al final, el Gobierno sólo sabe que no sabe nada. Los sindicatos amenazan con una huelga y el PP juega a la ambigüedad.

KRUGMAN, Paul. El tótem de la economía mundial –premio Nobel por si había dudas– y Pepito Grillo de Obama, lo ha dicho alto y claro: “El punto más conflictivo no está en Grecia. Es España el principal riesgo para la estabilidad de la zona euro (…)”.

OCDE. Y FMI. Y Banco Central Europeo. Raro es el día en que una ilustre institución no llama la atención sobre el caso hispano. Sugieren medidas más ambiciosas de las que se han puesto en marcha –¿se ha puesto en marcha alguna?–.

PARO. El monstruo. La pesadilla: 4,3 millones de desempleados en España, 1.034.000 en Andalucía, 17,5 millones de afiliados a la Seguridad Social (tres millones menos que en los mejores tiempos) y una tasa (18,8%) sin parangón en Europa (Letonia no cuenta).

ZAPATERO. Debilidad. Confusión. Incapacidad. Candidez de pirómano. Su talante ya no cuela. Le crecen los enanos, le ningunean en el circo internacional. Negó la crisis. Luego la minimizó. Ahora la vive sin pulso ni valentía. Por cierto, ¿dónde diablos se ha metido Rajoy?

De mayor quiero ser controlador

Fede Durán | 11 de enero de 2010 a las 20:01

Dice Pepe Blanco, también llamado Pepiño, que la privilegiada situación de los controladores aéreos se tiene que acabar. ¿Tiene razón? Según un sólido reportaje publicado este fin de semana en El Mundo, y con los datos del Ministerio en la mano, absolutamente sí: el sueldo medio de uno de estos funcionarios asciende a 334.000 euros anuales. Los más pudientes se montan en los 900.000. Estos señores están pues al nivel de los futbolistas de Primera. Su régimen laboral añade a las rosas bastante vino: trabajan un máximo de cuatro horas seguidas por el estrés que genera la responsabilidad de controlar el tráfico de los cielos. Son 2.300 tíos capaces de gestionar 78 aviones por hora. Deben hablar un inglés perfecto. Deben ver como linces y oír como lobos. A cambio, (casi) todo el poder: un simple retraso en la aparición en su puesto de vigía destroza la cadencia oficial de vuelos. Una baja inesperada puede obligar a cerrar toda una pista. Son circunstancias nimias en tan apacible microcosmos gremial pero fundamentales para cualquier pasajero. La gestión del espacio aéreo cuesta en España 700 millones anuales. Alemania empeña en el mismo concepto apenas 90. Estamos con Fomento. Estamos con Pepiño.

El problema es cómo persuadir a un colectivo habituado al oro para que se conforme con plata o bronce, metales al fin y al cabo nobles aunque valgan menos. Tenemos tres opciones:

a. Recurrir al maravilloso invento del razonamiento humano.

b. Copiar la solución adoptada en su día por Reagan: todos a la calle y asunción de la actividad por los controladores militares (que por cierto cobran de media unos 70.000 euros).

c. Privatizar el servicio como ocurre en otros países.

La opción a lleva siglos sin funcionar en este maravilloso planeta plagado de humanos irracionales e inmovilistas. La opción b exige ciertas dosis de valentía política que este Gobierno, mal que nos pese, no ha demostrado. La c implica en cierta forma recurrir al drástico desenlace de la b sin esa pátina siempre sospechosa de lo militar. Yo creo que a Zapatero, ahora que las encuestas le condenan a un futuro ostracismo opositor, le viene bien una transformación, una liberación de melena, una diarrea de audacia por tantos meses de tontería. Atrévase, presidente, con los operadores, los sindicatos, el mercado laboral y la mamma que lo parió. Todo será más divertido así. Y puede que hasta le siente bien al país.

Mariano, juancojones

Fede Durán | 2 de noviembre de 2009 a las 20:58

Mariano Rajoy, en gaditano, sería un juancojones. No le restemos méritos: con su aura gris y setentera (de los setenta de Franco, no de los Beatles o Led Zeppelin) parece el único político honrado del planeta terror, también conocido como tierra. Yo no me creo que robe como algunos de sus subalternos del pasado y el presente. Además, él sí tiene estudios, y una oposición muy dura a sus gallegas espaldas. Su mujer le ama. Aún pasea por sus playas de adolescencia. Sí. De Mariano me fío.

Pero Rajoy, el animal político, es otra cosa. Un perro cojo, un lobo desdentado, un gato sin uñas. Le torean, le marean, le molestan. Y eso que, como He-man, él tiene el poder. O lo tuvo aunque ahora se le escurra entre las manos. A veces, cuando su clase se alborota demasiado, suelta un gritito que muchos alumnos confunden con un gemido, una lágrima, una bromita sin púas. Y él aprieta el culo al asiento, patalea el estrado y traga saliva hasta la próxima. A veces, cuando la clase se ceba en su desmedido cachondeo, cuando se anestesia a sí misma, Rajoy se topa con un remanso que procura vender como una victoria fruto de su autoridad. Pero se engaña y nos engaña: cualquier político de colmillo retorcido reventaría hoy la línea de flotación socialista, ablandaría el hojaldre de la victoria y sumaría miles de adhesiones a la causa del PP no por su acierto ni su higiene, sino por el caos que emana de las siglas al poder. Caos que Rajoy, Mariano en la vida civil, combate con caos.

Un español honesto e inocente (por seguir la estela de Enric González) no puede pretender comprender la dimensión del embrollo. Un español honesto e inocente hará mejor asistiendo al espectáculo como quien devora las páginas de un libro de Mankell en su faceta policíaca. Por puro sentido de la estética, que cosida a la ausencia de ética fabrica un concepto muy nuestro, muy latino, muy eterno e insonsable. La esperanza: que lleguen otros todavía peores cuyas fechorías garanticen la supervivencia de este folletín por entregas en que se ha convertido la actualidad. Los debates de fondo, las soluciones pactadas, el talco y el incensario, para los raros, los parias y los subterráneos.

El garbanzo de ZP

Fede Durán | 15 de septiembre de 2009 a las 17:33

Mi visión de Zapatero ha pasado con los años de la vaga esperanza de cambio al pánico por el trienio que aún le queda en Moncloa. Fuera pátinas ideológicas, aquí se trata simplemente de analizar hacia dónde vamos. Este tipo negó la crisis cuando arrancaba. Tuvo que estudiar, suponemos, para traducir y emplear el siempre difícil lenguaje económico. Hizo de aprendiz de brujo anulando y sustituyendo a Solbes como primer paladín de las políticas macro del Ejecutivo. Convirtió, y persiste en la tarea con más ímpetu que nunca, la necesidad de adaptarse al escenario en un permanente ejercicio de improvisación. ¿Dónde está el garbanzo, ZP? No basta con encomendarse al buenismo, al obamismo, al papanatismo para arrancarle una sonrisa sincera, paciente o malvada al señor ciudadano.

Ahora se trata de subir los impuestos. Justo cuando el consumo tiembla. Justo cuando los recursos familiares o personales se van al garete. Su razón, dice, es social: sin el esfuerzo solidario de la masa es imposible mantener, prolongar o crear ayudas. Ahí está su último producto estrella, la paguita (otra fruto de la generosidad socialista) de 420 euros, un filón para perpetuar en España, y especialmente en Andalucía, la cultura del subsidio, verdadera seña de identidad de la octava potencia del mundo. ¿Subir los impuestos? ¿De verdad? Como espectador, como periodista económico y hasta como andaluz y español permitan que les traslade mi estupor. Quizás el jefe no se haya enterado de que las empresas, cuando no despiden, congelan o rebajan sueldos. ¿Pretende usted que hagamos más por menos? ¿Y que no compremos? ¿Ni viajemos? España está a pocos milímetros de reeditar sus no tan remotos años oscuros, cuando era necesario emigrar para encontrar mejores perspectivas.

Supongo que la pléyade de especialistas del Gobierno debiera alcanzarle al presidente para gozar de una visión panorámica de la historia más reciente. Japón subió impuestos durante su penúltima crisis y sepultó por ello sus esperanzas de recuperación bastantes años más. Alemania, por contra, sólo se atrevió a tocar el IVA al alza cuando las cosas iban bien y la inflación se disparaba. Por lo que se ve, Z (la P se le caerá en las próximas elecciones, pero eso es una obviedad) confía en el poder de la palabra. Simple y llanamente. Sin pócimas de fondo que aliñen y den sentido a la superficie.

Se me ocurren varias acciones para controlar el déficit público sin recurrir al bolsillo privado:

1. Supresión de los ministerios de Igualdad y Vivienda.

2. Eliminación de las vicepresidencias segunda (Salgado) y tercera (Chaves).

3. Destierro de las campañas publicitarias con el sello Gobierno de España.

4. Revisión del modelo de financiación: cuanto más tienen las comunidades, menos le queda al Estado para arreglar los desperfectos económicos.

5. Supresión del 50% de los asesores, secretarios, chóferes, fotógrafos y bedeles. Aprenda usted a improvisar, a confiar en su oratoria sin chuleta ni pinganillo, a esforzarse y estudiar. A caminar sin que le abran las puertas ni le regalen reverencias. A vivir sin posar.

6. Parálisis de los sueldos, revisión de las dietas, restricción de los recursos del Estado (aviones, helicópteros, guardaespaldas).

Etiquetas: