Archivos para el tag ‘ZAPATERO’

Teléfono rojo: volamos hacia Moncloa

Fede Durán | 17 de agosto de 2009 a las 18:28

A las 18.37 ha sonado mi teléfono del periódico, toda una novedad en verano. Al otro lado, una mujer de Jerez cuya identidad omitiré por cortesía y deontología profesional. Su problema: está parada, dejó de recibir la prestación el 1 de julio y no cumple los requisitos para obtener esos 420 euros con los que el Gobierno pretende cubrirse de gloria y amarrar el voto desesperado y renqueante.

La situación de nuestra jerezana anónima es dramática. Y también extrapolable a miles de ciudadanos más que se ven o se verán en breve con la soga al cuello. ¿De quién es el problema? Desde luego, del modelo productivo, es decir, de las empresas y los políticos y los ciudadanos que en general han contribuido a tejerlo tras décadas de dictadura y lustros de dinero fácil. España tiene que aprender a reinventarse en tiempo récord, y éste no es un país hábil en los ámbitos más exigentes. Como dijo hace poco Felipe González, cuando los demás comiencen su recuperación (ya lo hacen), nosotros aún estaremos en el lodo, y por tiempo indefinido.

Pero volvamos a la mujer jerezana. Empujada por su desesperación, ha recurrido a la más alta instancia: el mismísimo Ejecutivo, representado cómo no por ZP, el tótem amable. La mujer, siempre según su versión, ha pedido hablar con el presidente. Su secretaria o subsecretaria u ordenanza (cuesta creer que sólo un asesor o esbirro o colega separe a Zapatero del mundo real) le ha bajado los humos, claro, y le ha sugerido sin demasiada amabilidad que el presi no está para ponerse al teléfono sino para gestionar el país. Una carta, señora, escríbale una carta, le han propuesto con voz de palo.

¿Una carta? Quizás no sea mala idea. Quizás supere los incontables filtros del aparato, quizás llegue a un asesor áulico suficientemente avispado como para detectar el petróleo electoral del gesto. Entonces Zapatero irrumpirá en la tv con su enésima mueca de bondad, abrazará a esa pobre parada y le prometerá un empleo donde haga falta, incluidas las dependencias monclovitas, que para eso uno nace memo (perdón, bueno) y muere santo. También habría que meditar sobre la conveniencia de contar con un teléfono en el Palacio para que quien lo necesite se desahogue, o al menos deje su mensaje embotellado con la misma aspiración que las palabras escritas de la misiva anteriormente citada. Personalmente, incluso me atrevería a llevarle la contraria a esa secretaria con galones y tacones: es muy probable que a nosotros, la masa gruesa y zafia, nos convenga infinitamente más un Zapatero al teléfono que otro sobre el trono. Mandar, obviamente, triplica el peligro de escuchar.

No he votado en las europeas

Fede Durán | 9 de junio de 2009 a las 17:01

No he votado en las elecciones europeas. Es la primera vez. Creo que tras cinco años de periodismo político y apenas seis meses de periodismo económico he comprendido el contraste y alcanzado una de esas sólidas convicciones de hombre joven que empieza a ser viejo y quizás por ello maniático.

Volví de la playa el domingo, almorcé con mis padres y me dediqué al ocio hasta bien entrada la tarde. Ya de noche, en casa, encendí la tele y elegí CNN+ para saber qué demonios había pasado en Europa. Pues que gana la derecha. ¿Y en España? Pues que gana Mayor Oreja, que es el PP, que es Rajoy, que vuelve a ser la derecha. El presentador conectó con las sedes popular y socialista y tuve la mala suerte de toparme con unos y otros en uno de esos momentos de lucidez cósmica. Los socis hicieron lo que hace siempre quien pierde: minimizar la derrota, echarle imaginación a la hermenéutica… Rajoy, eufórico, jugó también a lo que le tocaba. ¡Ya queda menos para volver a La Moncloa! Conclusión: el sentido del tiempo en política no lo miden las horas ni los días ni el trabajo permanente. Lo mide la distancia hasta las siguientes elecciones. Quien vive en la oposición, cae en la trampa más típica del ser humano contemporáneo porque quiere que los segundos y las semanas pasen rápido. La velocidad, amigos míos, también nos aproxima a la muerte. Por contraste, quien manda sí procura exprimir la legislatura, vaya a ser que sea la última.

Que la política es teatro es una obviedad. También lo es que estos tipos han aprendido de los americanos el arte (o el fraude) de la telegenia, de la oratoria (es decir, de la antioratoria pensada para las masas presuntamente zafias), del espectáculo. No hay que culparles del todo por ser como son. Sólo pretenden vivir de lo suyo, que no es otra cosa que constar, mandar, mentir, robar/defraudar y embelesar hasta que se demuestre lo contrario. Y en el cierre de este círculo vicioso desempeña un rol esencial el periodismo. Ojo, les habla un contribuyente neto del mal creado. Me da la sensación de que la política no da para tanto. No en el día a día. Son los especialistas, con sus interpretaciones, los que activan el mecanismo de las hipótesis, las intrigas florentinas, la aritmética de las alianzas, los golpes de efecto. Un buen ejemplo son los escándalos por corrupción. Aquí cada bloque busca mierda en el bando contrario. Los trajes de Camps, los aviones de Zapatero. Lo más hilarante es que después, cuando toca atacar, PP, PSOE y los integrantes de cualquier otra sigla olvidan sus propias miserias para centrarse, con furia y espumarajos, en las del rival, las únicas irrefutables y visibles.

Apunto un argumento mucho más visceral. Estos tíos me caen mal. Son falsos, se creen mejores, piensan que cada español tiene dos ojos clavados en su jeta, en su coche oficial, en su primera (o segunda) dama. Aquí cada ciudadano tiene bastante con lo suyo. Y cuando raramente uno (ahora hablo de mí, no del ciudadano) enciende la tele, lo que espera es un poco de aire fresco, de diferencia, de verdadero afán de honestidad. Yo no he tenido la suerte de conocer cómo se las gastaban los Suárez, Azaña, Ortega, Giner de los Ríos (nunca político pero siempre maestro de políticos, entre ellos los dos anteriormente citados) o Tarradellas, pero estoy convencido de que mejoraban lo presente con algo de vocación junto al inevitable bucle del poder.

En fin. Que no tengo claro que quiera participar en este injusto intercambio Yo Te Soporto Cuatro Años/Tú Me Pides El Voto. Y que conste que no hago distinciones. Sólo se salvan algunos personajes secundarios; los que están suficientemente alejados de los focos y aún creen en este tinglado. Los que jamás mandarán, porque si mandan ya serán distintos y peores.

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La erótica del poder

Fede Durán | 20 de abril de 2009 a las 12:02

Ayer domingo, invitado por el hastío del final de la tarde del final de la semana, me permití una ligera sesión televisiva. Zapeé hasta toparme con el rubio montañero de Cuatro. No me pregunten el nombre del programa, eso es para nota y de las altas. El caso es que el tipo le había organizado una visita a Zapatero por las montañas de su León no natal (ZP nació en Valladolid, como Aznar) y el experimento me llamó la atención.

Zapater apareció en un 4×4 de cristales tintados. La expectación era todo lo enorme que puede ser en un pueblito aislado de Castilla. Había ancianos que le reconocían y saludaban como al hijo pródigo que sin duda siente que es. Era una buena oportunidad de observar al presidente descontextualizado y calibrar en sus carnes los estragos de la erótica del poder. No tardé más que un minuto en alcanzar mi conclusión. ZP es otra víctima del sistema político. No escuchaba, sólo hablaba (bastante mal, por cierto), y lo hacía además con un tono travestido, impostado, alarmantemente oxidado. Es una pena porque tuvo una buena oportunidad de reciclar su imagen y la de todos los políticos. El rubio, un tío de mucho palique, estaba eclipsado por la megalomanía de su invitado. Intentaba frases cortas, reflexiones ingeniosas, complicidades protocolarias… pero hablaba solo, en una dimensión perfectamente aislada del aura presidencial.

Para Zapatero, la visita era especial. Fue lo único que de verdad me quedó claro no por convicción sino por repetición (lo dijo doscientas veces), aunque tampoco se trata de negarle al superlíder su corazoncito. La lástima es que todo sea tan previsible: cinco años al mando significan cinco años de protagonismo desmedido, con cien mil asesores dispuestos a asentir, diez televisiones siguiendo todos tus pasos y la larva del ego creciendo y multiplicándose. ZP necesita unas vacaciones forzosas antes de hacerse aún más tonto. Corre el riesgo de acabar como Aznar.

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¿Chaves vicepresi?

Fede Durán | 6 de abril de 2009 a las 11:31

¿Chaves de vicepresidente? ¿Es una broma? No, es Zapatero, tan obsesionado con los golpes de efecto que vacía de sentido cualquier movimiento político. Chaves, ya lo escribí una vez, es una manta apolillada, cargada de alientos pasados y bacterias perennes. Me da igual su filiación política: la distorsión proviene en su caso de la extensión del mandato. Ahora (¿quién dijo crisis?) nos lo quieren colocar de tercer vicepresidente y habrá que suponer que con berlina, dietas y hasta sueldo. ¿Es compatible que un presidente autonómico se integre en otro Gobierno? ¿Es simplemente ético? La ley deja claro que no hay opciones de duplicidad. Pero, por si acaso, que conste en acta. La tentación puede más que la higiene.

Quizás a ZP le puede su sentido de la justicia histórica: Manolo abandonó mosca su remoto Ministerio de Trabajo y asumió el encarguito andaluz como quien debuta en las minas de sal. Ahora tendrá lo que merece: un cargote tras 20 años de cargazo, círculo definitivamente cerrado en vísperas de una jubilación dorada por una generosa pensión, y todo en función de su incuestionable hoja de méritos. ZP es el mejor. Está en otra dimensión, en otra galaxia… puede incluso que sea de otra raza. Si Obama le llama amigo, pensará, todo es posible. Yes he can.

Por cierto, compatriotas, prepárense para disfrutar de nuestro andaluz (bueno, ceutí) presi. No lo olvidarán fácilmente. Sobre todo si habla. Y disculpen si una sonrisa malvada se perfila en mi jeta: Andalucía, país obsesionado con la inercia, se libra por fin de una cadena. A costa del resto de España.

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El (afilado) puñal de Zapatero

Fede Durán | 3 de diciembre de 2008 a las 22:34

Cuando ZP ganó le apodaron Bambi. Desde entonces han sucedido muchísimas cosas y todas contribuyen al matiz. Los teóricos se dividen ahora mayoritariamente en dos grandes corrientes: 1. Quienes aún piensan que es una nenaza. 2. Quienes tras la sonrisa boba intuyen tormentosos pensamientos preludio de tormentosas acciones.

Me adhiero alegremente a la segunda vía. Que uno sea mediocre (es decir, que no tenga cultura, ni oratoria, ni idiomas, ni siquiera una sólida trayectoria profesional que avalara su salto a la vida política) no implica necesariamente que sea tonto. Incluso si ustedes lograran convercerme de que lo es, objetaría que un tonto con poder es peligrosísimo. Pero dejen que recupere el hilo: Zapatero es rebuscado. Estoy convencido. No sólo por las filtraciones a la prensa (eso lo hacen todos) y el posterior mal trago de Piqué cuando ya creía vivir las mieles del sector privado (Guantánamo es una barbaridad, pero pagaría por ver a esos jóvenes inconformistas protestando con idéntica virulencia cuando trascienda que también el PSOE conocía los vuelos con escala in Spain)… eso son naderías. Zapatero es rebuscado porque, muy al estilo Montilla, ha sabido llegar hasta la cima sin que se note el reguero de cadáveres políticos. Es obvio: en un partido cualquiera crece quien mejor apuñala (la clave es saber cuándo matar al padre; que se lo digan a Maragall).

¿Quieren ejemplos de la colección de víctimas?

Jesús Caldera. De ministro de Trabajo a presidente de la Fundación Nidea. Menuda faena para un tipo al que las encuestas y los sindicatos valoraban (si es que eso sirve para algo).

José Antonio Alonso. De ministro de Defensa a presidente… del Grupo Socialista en el Congreso. Y eso que eran amigos de infancia. O casi.

Carmen Calvo… bueno, vale, ella se lo merecía.

Juan Fernando López Aguilar. De ministro de Justicia a candidato del PSOE en Canarias (ya saben lo que pasó: victoria empañada por la pinza CC-PP; donde las dan las toman, caballeros).

José Bono. Lo suyo no es exactamente una faena. O sí, aunque no quede clara su naturaleza exterior o autoinflingida. ZP le birló contra pronóstico la Secretaría General del partido. Luego fue ministro, pero le pareció poco y se piró. Zapa lo recuperó esta legislatura… como presidente del Congreso, cargo de terribles consecuencias mentales que enlaza con nuestro último muerto…

Manuel Marín. Antecesor de Bono. Intentó ser neutral y acabó siendo tentetieso. Pobrecito. Enlazo otra vez con el de más arriba para redactar circularmente la conclusión, que ustedes en casa podrán personalizar si lo consideran oportuno: “Los del partido propio, unos hijos de puta”. Que alguien la añada urgentemente al refranero.

Visiones del Washington Post

Fede Durán | 26 de noviembre de 2008 a las 13:00

La distancia modifica la perspectiva, a veces para enriquecerla, otras para distorsionarla. Al periodismo anglosajón le atribuyo casi todas las excelencias. Son los mejores, pero también fallan. Jim Hoagland, del Washington Post, tiene un blog. Menuda novedad, dirán. Añado que en su blog recoge un encuentro reciente con Zapatero, nuestro padre y líder, y construye de inmediato paralelismos con Obama, la figura más parangonada de los últimos meses: “Ambos nacieron el 4 de julio, son apasionados del baloncesto, tienen dos hijas y han tomado el poder en nombre de una nueva generación”. El tipo se exalta unas líneas después: “Confío en que ZP visite con frecuencia la Casa Blanca y se convierta en el mejor amigo de Obama para siempre”. Y remata con un clavel en la solapa: “Los dos son altos, ágiles y gráciles”.

Podemos admitir la coincidencia del alumbramiento. También que a ambos les pirre el basket. Incluso que tengan dos niñitas. Pero poco más les une por ahora en este plano hagiográfico. ¿Ágil Zapatero? Encendiendo cigarrillos, en todo caso. ¿Grácil? Si se refiere a delgado, vale. Si quiere decir menudo, negativo. Si su intención era resaltar su sutileza, bueno, podría colar, aunque con los pertinentes matices, porque esa característica debiera aplicarse más a su habilidad estratégica que a un pretendido don anatómico. Y tampoco queda claro cómo se concreta esa habilidad indistintamente trufada de improvisación, fortuna, alguna mentirijilla y mucha apariencia iconoclasta.

En cuanto a la formidable amistad pronosticada, tiempo al tiempo. Obama no es tan progre como parece. Ni ZP tan custodio del interés estadounidense.

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Culebrón G-20 (II parte)

Fede Durán | 11 de noviembre de 2008 a las 19:21

Perdonen que me ponga tan tiquismiquis, pero es que no acabo de enterarme. Al final Francia nos presta una silla en la cumbre de Washigton (es decir, técnica y literalmente vamos de prestados), Zapatero disfruta de esa triple sesión fotográfica prevista por los organizadores (que no son curiosamente los ministerios de Economía de los países convocados sino los de Exteriores), cuelga un retrato de familia en Moncloa y supongo que le limpia las botas (con tacón) a Sarko para agradecerle el favor. ¿Por qué vamos? ¿Ahora sí somos los octavos del universo? ¿No éramos anteayer los duodécimos? Bueno, vale, estaremos ahí y no hay mucho más que añadir.

Quiero suponer que la relevancia de la presencia española, más que en los ojos de su líder o en el ya fiambre modelo ladrillescoespeculador, está en la robustez, siempre presunta, de nuestro sistema financiero, es decir, de nuestros banqueros… aunque no sé por qué uso un posesivo cuando estos tíos son en verdad dueños del destino de todo hijo de vecino.

¿Van a decidir algo? Miren la agenda y obtendrán la respuesta: dos sesiones de hora y media, tres horas para darle al capitalismo un lavado de cara que ni la madre que lo parió… Menudo farol de supercumbre comparada con la de Bretton Woods, que tampoco es que fuera la repanocha pero al menos garantizó el porvenir yanqui durante décadas. Bueno, a lo que iba: ¿Qué pinta España? Es decir, ¿nos convidan una vez a comer canapés y no se nos vuelve a ver el pelo o este apaño encierra vocación de permanencia? ¿Renombrarán al G-20 G-21? ¿O al G-8 G-9? ¿Estamos hablando de economía o de una partida al Hundir La Flota?

Me intriga también esta repentina amabilidad gabacha. ¿Pero estos señores no han procurado siempre que han podido darnos por delante y por detrás? ¿Se trata de un guiño sarkozyano a la sangre medio hispana de la bella y valiente Cecilia? No, si al final va a resultar que ZP se parece al estadista campeón que cree ser. Después de la Eurocopa me creo lo que sea.

¿Debemos estar en la cumbre del G-20?

Fede Durán | 29 de octubre de 2008 a las 14:13

Venga, me atrevo, he leído (in)suficiente como para aventurarme a emitir un diagnóstico amateur. Zapatero, el Rey y hasta el PP lo han subrayado con un puntito de énfasis histérico: España debe estar el 15 de noviembre en Washington. ¿Qué pasará allí? Se supone que los superlíderes planetarios (el G-20) refundarán el capitalismo. La agenda es demasiado ambiciosa dada la acreditada ineficacia de las estructuras internacionales. Recuperen de la hemeroteca el penúltimo artículo del exquisito Enric González y saquen conclusiones. Pueden añadirles las de este cronista, menos sólidas, por supuesto (Enric es Enric).

Veamos. Hay una doble vertiente. Está la economía, esa ciencia de la que todo el mundo lee sin entender demasiado (salven de la quema a Paul Krugman, recientísimo nobel que hace del texto comprensible una obligación aunque hable de subprimes). Los indicacores varían en función de la estadística utilizada, pero los analistas coinciden en que España estaría más o menos situada entre las 12 naciones más ricas del mundo. Lo de quitarle la silla a Canadá en el G-8 estaría pues complicado. La idea de ZP es más bien ampliar el abanico. Lo corroboran The Economist y el Financial Times: debemos estar aun gracias a esa pirueta expansiva. Para que no se note demasiado que se trata de satisfacer un capricho narcisista, añadan al paquete a China, India y Brasil. Ya tenemos un G-12 en condiciones (no parece importar que la UE represente a los países ausentes en ese foro; la foto, amigos, la foto). Una reflexión antes de pasar a la pata política: en este enrevesado ámbito de las macrocifras la creatividad es apabullante y hasta digna de admiración. Todo es posible según la lente utilizada. España es el tercer país por inversiones en el extranjero (el primero en Iberoamérica); el séptimo en envergadura de su sector financiero; cuenta con el mayor banco por capitalización bursátil de la zona euro (cómo te queremos, Santander)… pero también lidera estadísticas más profanas: somos los menos ahorradores, los que menos hijos tienen, los que más contaminan con el coche por abusar de él en trayectos cortos (*datos aportados en su columna por Rosa Montero; disculpen que anoche sólo leyera El País; créanme si les digo que varío aunque no lo parezca).

Pata política. Zapatero acusa a Aznar del papel secundario español. No aprovechó las Azores o el rancho tejano de Bush para incrustarse en el club de los más pudientes. La alternativa del G-20 carece de sentido y desprestigia porque España no es un país emergente sino emergido. El problema de la colosal tarea diplomática que el presidente se ha autoimpuesto es la precipitación. Apenas hay tiempo para enmendar en unas semanas lo que se aparcó durante lustros. Sumen al atolondramiento la cambiante línea exterior del Gobierno, donde las instantáneas con los buenos oficiales (Sarkozy, Merkel, Brown) se combinan con postales indigestas para el imperio y algún que otro satélite (Evo, Chávez, Correa)… Añadan además aquel gesto innecesario de Zapatero cuando pasó la bandera de las barras y estrellas y decidió no levantarse. No olviden que la cumbre la monta Bush. Y Bush, por idiota que sea o parezca, no creo que olvide fácilmente una afrenta que de paso toca los corazones de cualquier otro compatriota con intereses o atenciones en España. Por si aquello hubiera muerto, ahí están Pepiño Blanco y Miguel Sebastián para mantener y alargar el discurso desafiante. Nos empeñamos en juzgar a los estadounidenses sin molestarnos en desmenuzar sus propios códigos sentimentales. Mi opinión, tan valiosa como una mota de polvo mancillando el diamante de la corona real de Isabel II, es que no deberíamos estar porque:

  1. Quien piense que esos tíos refundarán el capitalismo conserva dosis de inocencia más propias de la infancia (lo cual a veces no deja de ser positivo).
  2. España NO es el gigante que cree ser (lo comprobamos ya en nuestras carnes: tras el ladrillismo toca buscar otras fuentes de riqueza; hasta que lo logremos, vamos a sufrir de lo lindo, y no hablo sólo de la estadística).
  3. España tampoco sabe venderse como marca política internacional (Francia o Inglaterra habrían hecho maravillas para colarnos aquello del enlace exclusivo de Europa con las Américas, por ejemplo).
  4. Tras el objetivo subyace la megalomanía de ZP, adicto a los gestos huecos.

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Reuniones

Fede Durán | 14 de octubre de 2008 a las 20:15

¿De qué sirven realmente las reuniones? Todos las hemos sufrido en el trabajo y me temo que con idénticas sensaciones: sí, hay una mesa redonda que se llena progresivamente, un considerable desfile de personalidades de variado pelaje y una cháchara deslavazada donde extraer conclusiones o sellar acuerdos son tareas difíciles de conciliar con los egos en liza. Zapatero y Rajoy han quedado para hablar de economía en el incomparable marco monclovita, pero ambos traían de casa sus ideas y no estaban dispuestos a enmendarlas o alargarlas. Imagino la escena: uno en un extremo con sus asesores (que se supone entran por la puerta trasera porque nunca se les ve en la foto a pie de escalinata) y el otro igualmente pertrechado en el extremo opuesto. Un montón de papeles. Algún pin del partido subrepticiamente deslizado a la otra orilla con la esperanza de que la víctima despierte empapada en el sudor de los malos sueños y cualquier otro detalle picante que el lector bloguero decida aportar…

Zapatero ya lo había decidido todo antes de recibir a Rajoy. Es lo que tiene ser líder: haces más o menos lo que te place y luego exiges compromiso patriótico a la oposición, suficientemente cabreada por no mandar como para encima tragarse sapos sin deshuesar. El caso es que Rajoy picó y se presentó. Ahí lo tienen, fotaza de media sonrisa, apretón de manos y para dentro que hay que trabajar. Insisto: me corroe la curiosidad de la conversación. Se dicen tantas barbaridades en tantísimas ocasiones que luego debe ser bonito observarles en la quietud de la intimidad sin cámaras ni focos.

He leído distintas teorías sobre los motivos por los que ZP ha apostado por esta cita. 1. Para vender su sempiterno y ya sumamente inverosímil talante dialogante. 2. Para retratar al PP, seguramente alérgico a sentarse en una mesa con el guión predeterminado. 3. Para pedir una tregua basada en el delicado momento financiero-económico.

La opción 1 ha fracasado no sólo porque no se la cree Rajoy sino porque no se la cree nadie medianamente equidistante. La opción 2 tampoco ha colado. Y la 3 es demasiado facilona, exige al PP una candidez demasiado estúpida. Así que nada de nada. Se han visto y se han largado con la mismas caras sonriente (ZP) y larga (Rajoy). La hemeroteca recogerá sin embargo el encuentro, algún periodista despistado lo citará en el futuro casi como un hito y las memorias de ambos dirigentes se referirán al episodio con perspectivas tan antagónicas que el lector colegirá de inmediato que se trata de asuntos desconectados.

Nosotros volveremos a nuestras propias reuniones, mascaremos trocitos de folio para aplacar la frustración de la ineficacia colectiva y consultaremos puntualmente el reloj, descontando minutos hasta la media hora pactada.

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España e Italia: el factor espiritual

Fede Durán | 8 de junio de 2008 a las 12:54

Riccardo y Vale son mi conexión italiana. Lo admito: el país es una de mis debilidades no sólo porque algunos de mis ancestros proceden de La Bota sino sobre todo porque el azar me ha permitido en más de una ocasión viajar y vivir allá. Cualquier español sabe que el feeling es inmediato y bidireccional. Hedonismo latino bien entendido. Cuando paso unos días con los amigos detecto sin embargo diferencias sustanciales que afectan, dígase así, al espíritu nacional ( y miren que procuro huir de esta palabra). Italia es pesimista. Me lo explica Riccardo. Allí nadie espera nada del futuro. La estructura es el pasado. Si tienen el Coliseo, ¿qué diablos importa quién y cómo gobierne? La traducción arquitectónica de este conformismo implica, por ejemplo, un inmovilismo cerril ante el miedo a lo abigarrado. Es inconcebible que la misma ciudad donde echa raíces la Torre de Pisa albergue un edificio de Moneo, Foster o cualquier autor menos mediático con ganas de innovar. Bilbao o Valencia son dos espectaculares contrapuntos. Entre tantos otros.

Cierto que España muestra a menudo, a veces incluso machaconamente, toda una colección de defectos. Lo del País Vasco podría hasta con Job. El individualismo ibérico desespera (asociacionismo suena a cuento de hadas, y más en Andalucía). Somos potentes coleccionistas de pecados capitales como la envidia. La gente no saluda en el trabajo (¿educación?, ¿eso qué es?) Menuda panda. Pero algo bueno flota en el ambiente. No somos deconstructivos. Respirar optimismo es relativamente sencillo. Madrid es un enjambre en permanente eclosión, todo se reconvierte, todo se expande con un brío que recuerda a los primeros ex convictos que pisaban Norteamérica espoleados por el chip de lo ilimitado. Alrededor crecen los tallos. El sur del trompicón y la chapuza, el sur a veces indolente y otras ensimismado también avanza, aunque su ritmo nada tenga que ver con las bondades míticas que la Junta difunde puntualmente desde su superaparato. Nápoles es una bonita forma de saber que no estamos tan mal.

Quizás nuestro optimismo se basa en la juventud democrática. Uno asume en Italia que Berlusconi roba, pero nosotros seríamos incapaces de proclamar lo mismo de Zapatero o Rajoy sin siquiera una sombra de duda. La corrupción española es más higiénica o, si lo prefieren, menos visible. Juventud divino tesoro bien acompañado de euros. El ladrillo, la obra vallada y la lenta devastación del entorno nos han hecho respetables en el exterior, pero el exterior ha comprendido antes incluso que nosotros que la gallina no pondrá más huevos porque se ha quedado seca. Se supone que es ahora cuando Solbes debería demostrar que no sólo sabe darle baños a Pizarro aferrado a un mayor conocimiento de la teoría; se supone que ZP demostrará por fin lo gran estadista que es (presumir de ser un crack cuando el viento te empuja el trasero no tiene tanto mérito como tragar arena en un día de levante); se supone que el gurú Sebastián y la esbelta Garmendia convencerán a sus jefes de que ya toca I+D (copiar a Irlanda no es malo)… se suponen un montón de cosas que yo no supongo tanto porque ese 25% de sangre genovesa que corre por mis venas debe estar contaminada de pesimismo italiano.

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