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Manolo Ruiz | 26 de septiembre de 2016 a las 14:16

Pensábamos que la nueva etapa que se abría en el Consejo de Cofradías de Sevilla, tenía entre sus objetivos de comunicación, dar un cuarto de vuelta sobre las -pocas y malas- publicaciones en Redes Sociales – y más concretamenete, en el perfil oficial de Twitter –  que mantiene operativo el ente de San Gregorio, hasta la llegada de Joaquín Sainz de la Maza. Sí es cierto que ahora es más fluida, pero también que lo es más centrada en los actos oficialistas a los que se ven invitados. Ni las procesiones de Glorias o traslados como el de la Paz con motivo de su Coronación Canónica, tienen cabida en la red de microblogging.

Las designaciones por colleras de cartelista y pregonero, supusieron una novedad en tanto en cuanto se adelanta la fecha del segundo, y por ello, se le abre un periodo algo más extenso para la elaboración, con lo cuál el encargado de declamar la fiesta desde el atril del Maestranza, disfrutará de algo más de desahogo respecto de ediciones anteriores. Pero el Consejo, acabó perdiendo por otro lado, el doble impacto que la separata de anuncios tendría en los medios locales, y sobre todo, en los diferentes soportes digitales. No digamos ya, de la repercusión 2.0 que acarrea cualquier noticia del calado que el cofrade sevillano tiene en su quiniela de los anuncios.

Una vez más, el Consejo debilita su postura de hermetismo en la toma de decisiones, por la constante violación de los secretos del designio. El nombre del elegido, era más noticia en las redes sociales por su más que probable salto al escenario, que por sus excelsas crónicas sobre flamenco, o el incondicional amor verde que profesa.  Desde las escalinatas de mi templete, nada que reprobar a la prensa que que sacó su nombre: es su pan, pero un poco de memoria selectiva sí se le puede rogar  a algún estrecho de miras, para que cese el repudio a otros informadores, ya que en su momento y con su pan en juego, pudieron hacer algo similar: adelantar algo.

A fecha de hoy, ya sabemos quién es el elegido y por qué y de quién fue segundo plato . Nada nuevo que no hubiese sufrido el bueno de Carlos Bourrelier, pero que peor cartel tenía entre los medios y el cofrade de a pie, a los que les faltó conocer de cerca a la persona.

Última chicotá: el cartelista provoca en quien firma una ilusión por apreciar algo diferente, al menos, en base a lo bueno conocido.

Cerezal Triana

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