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Oxímoron audiovisual

Ignacio Martínez | 22 de diciembre de 2008 a las 0:06

El nuevo director ha hecho dos movimientos arriesgados en el tablero de la RTVA. Ha comparecido ante una Comisión del Parlamento andaluz hace un par de semanas y ha dicho que quiere hacer una televisión pública de calidad y con público. Lo mismo decía su antecesor y el resultado fue una primera cadena bastante ordinaria, que tenía poco servicio público, escasa calidad y mucha propaganda gubernamental, pero cumplía con creces el último postulado: tenía audiencia. Calidad y público. Las privadas ya han descubierto hace tiempo que con basura rosa y culebrones se disparan las audiencias. Así que dejemos claro que la calidad de la cadena PBS norteamericana da para poco público.

Estamos ante un oxímoron: calidad y público son dos expresiones con significado opuesto para los programadores de televisión. Y tarde o temprano termina por dejarles en evidencia. El francés Hervé Bourges prefería hablar de la televisión del público. No se regodeaba diciendo que quería una televisión pública de calidad. La hacía; incluidos unos informativos neutrales, rigurosos, críticos, veraces. Y no despreciaba las audiencias, pero no eran su obsesión. Bourges fue presidente de la televisión pública francesa y más tarde del Consejo Superior del Audiovisual, el órgano supervisor, del que teóricamente se ha copiado nuestro Consejo Audiovisual de Andalucía.

El CAA reclamó a Canal Sur Televisión que quitase del horario infantil un culebrón latinoamericano, Ángel rebelde, que en cinco capítulos analizados tenía 19 escenas de violencia, de las que catorce eran violencia de género. El culebrón en cuestión, es una estrella de la programación de CST, con más del 30% de audiencia y 26.000 espectadores menores de 13 años. Pablo Carrasco ha decidido retirarlo del horario infantil y programarlo después de las 22:00. Me pregunto si a esa hora no habrá posibles maltratadores viendo la televisión, aprendiendo modelos de comportamiento. En fin, este es un caso de clara incompatibilidad entre televisión de calidad y audiencia. Y la RTVA apuesta por la audiencia.

Andalucía no ha sabido dotarse en 20 años de una moderna televisión que aporte ventajas a quienes la vean, mejore las expectativas y ambiciones de los ciudadanos, convoque a un máximo de gente joven, preparada, comunicada. Y sea un motor de cambio social. Canal Sur 2 ha sido la excepción que confirmaba la regla. A su directora, Marisa Doctor, la han premiado con el cese. El nuevo equipo directivo está desmontando la estructura de la segunda cadena. Otro movimiento arriesgado. Los mismos programadores llevarán las dos cadenas: así que podemos ver cómo mejora la primera o como la segunda se vuelve ordinaria. Sobre todo si sigue primando la audiencia sobre la calidad y la propaganda sobre el servicio público.

  • María

    Me gustaba la programación de cine de la 2. Y las películas en versión original. Me temo lo peor.

  • pep

    Durante un mes al año me traslado a Andalucía, repartiéndolo en dos etapas.Es toda mi experiencia en la visión de Canal Sur.Creo que sí hay un Oxímoron entre televisión pública y RTVA.Es antagónica la programación de esta cadena con el concepto de televisión pública.Ya sé que en todas partes cuecen habas, pero en este caso creo que se roza lo esperpéntico.¡Y todo el santo día!No conozco la 2 y celebro su criterio.Si tiene encomendada la misión de ser el motor del cambio social,que Dios nos coja confesados.Formación y modernidad son conceptos inexcusables en un medio de masas que,por cierto, se nutre con los impuestos de sus usuarios.El folclore cutre y la risotada de mal gusto.¿Se quejan los andaluces?

  • Antonio

    Se quejan algunos andaluces. Otros están tan contentos. Cuando han anunciado que quitan de la tarde el culebrón Ángel rebelde, ha habido protestas de mujeres que no ven nada malo en los malos tratos. El perfil de la audiencia de Canal Sur es de personas mayores, de poca formación y de zonas rurales. La gente más indefensa ante la propaganda gubernamental de los informativos. Y no quieren ni modernidad ni formación, sino chistes de sal gruesa y folklore. Esta televisión pública es peor que la de Franco.