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El nacionalismo no es una enfermedad de la democracia

Ignacio Martínez | 3 de marzo de 2009 a las 12:31

Horas bajas para el nacionalismo en España. La crisis pasa factura a los gobiernos, en general. Y a los nacionalistas en particular. Ibarretxe, que a pesar de aumentar en escaños, pierde la posibilidad de seguir de presidente vasco. Si el PNV siguiera en el poder sería con otro lenhendakari. Ibarretxe se ha expuesto mucho y se ha impuesto una barbaridad a propios y extraños. Así que la aritmética le es esquiva y la realidad también. Es inadmisible que los nacionalistas digan que sacarlos del poder sería una agresión. O que sería frentista. Frentrista ha sido Ibarretxe durante sus diez años de mandato. Por cierto, me complece ver que los electores vascos de Izquierda Unida abandonen a esta opción sumada al soberanismo de gratis.

El mundo no está para estados libres asociados. Ni para independentismos. Estoy de acuerdo con Patxi López cuando dice que no acepta ninguna amenaza de otro partido: “un gobierno con un lehendakari socialista será estable; el PNV debe asumir que es un partido más, no el régimen ni la religión de Euskadi”. Pero no sería de recibo que ahora saliera alguien intentando demonizar a los nacionalistas, como en el segundo mandato de Aznar. Si son demócratas y respetan los reglas de juego bienvenidos sean. Ser nacionalista no es una enfermedad de la democracia. Ser centralista tampoco es garantía de nada. Franco lo era y no fue el hombre muy demócrata que digamos. Por tanto, si hay algún entendimiento entre el PNV y el PSOE tampoco es para escandalizarse. Ese acuerdo, de producirse sería con la cabeza de Ibarretxe sobre la mesa.

Son tiempos, en todo caso, de prudencia. Por eso me alegro que Rajoy consolide una tendencia moderada en su partido. Quienes tenían pensado merendárselo tras un eventual fracaso en Galicia han tenido que sacar bandera blanca, como ayer la inefable Esperanza Aguirre, gran perdedora personal de las elecciones del domingo. El aseado resultado de Basagoiti en el País Vasco invita a recodar por qué dimitió María San Gil: lo hizo por “diferencias fundamentales” con Rajoy. Con el aplauso de Aguirre o Mayor Oreja, ratificado como candidato en las europeas en las horas bajas de Rajoy. Hoy seguro que no lo sería. No sólo los nacionalismos están en baja; también el sector más duro y aznarista del PP. Moderación; buenas noticias.

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