‘Gigolós’

Ignacio Martínez | 11 de marzo de 2009 a las 12:39

”Sgarbi,

 

A un tipo suizo, de apellido Sgarbi, le han condenado a seis años de prisión por chantejear a unas señoras millonarias con las que primero se mostraba muy atento, después escuchaba con mucho interés y finalmente seducía. No lo hacía solo; un cómplice grababa los encuentros amorosos. Ese material sirvió para sacarle al menos a cuatro víctimas conocidas más de 1.500 millones de pesetas. La avaricia acabó con su negocio, aunque Sgarbi, en el momento de condenarle un tribunal de Munich, no sólo no parecía desolado, sino que mostraba el semblante de un ganador en una costeada partida de póker.

Extorsionó a Susanne Quandt, una de las herederas del imperio BMW, que tiene una fortuna valorada en 1,3 billones de pesetas, con perdón por las referencias a la antigua moneda española. Primero le pidió un préstamo de 10 millones de euros con la excusa de librarse de la cárcel, porque había atropellado a un niño en Estados Unidos y lo había dejado paralítico. Más tarde le pidió 50 millones, a cambio del DVD de los amoríos. Y la chantajeada prefirió el escarnio al abuso.

Qué le vieron las perjudicadas a este sujeto de 44 años, es difícil de explicar con la foto por delante. Sgarbi no es un guaperas, pero es evidente que cumple con el cliché del gigoló: vive de las mujeres. Las agencias cuentan que no podrá acortar la condena de seis años de cárcel. Pero las penas con pan son menos; el tipo no ha dicho dónde tiene los vídeos, ni el dinero que robó. Se lo imaginan en España. O, por ser más concreto, en Marbella. Se haría rico con el sistema privado de televisión basura. Iría de plató en plató, contaría detalles, le pagarían su peso en oro, sería un héroe popular. Delincuentes como un ex alcalde de esa ciudad lo han hecho sin apuro alguno. Aunque un tal Muñoz que fue novio de una tonadillera y viuda famosa no se sabe bien si extorsionó a la interesada. A la que sí extrosionó fue a la propia ciudad de Marbella. Hay condenas de todo tipo que así lo demuestran.

La sonrisa de Sgarbi, en todo caso, insinúa segundas partes obscenas: libro de memorias o película sobre su vida, si no decide optar por la discreción y vivir de las rentas. Aunque en este campo debería ser moderado en el gastar. El Dioni se fundió 125 millones de pesetas en Brasil en unos meses, tras el atraco a su furgón blindado. Aunque, eso sí, puede darle clases a Sgarbi de cómo sacarle partido a la pillería. Hizo programas de televisión, grabó discos, montó una cadena de bares y hasta tuvo una canción de Sabina. Eso de que el criminal nunca gana era el bonito título de un serial de la radio española de la postguerra. Pero en este país de Rinconetes y Correas hay una cierta fascinación con el tunante. Al suizo convicto le traicionaba su porte y también su nombre; sgarbo en italiano es grosería. Justo lo contrario que sus delicadas maneras con las damas. El Dioni o Muñoz engañaban menos. En concreto, el alcalde gilista ha sido un gigoló de libro: vivía de Marbella. Y a todo plan.

  • Don Pepe

    Está usted obsesionado con Marbella, y dale con Marbella. No desaprovecha la ocasión para asociar cualquier caso chungo con esta ciudad. Y venga y venga y venga con Marbella. ¿Por qué no nos deja en paz? ¿Por qué no sitúa al tal Sgarbi en Mieres, cullons? Sí, ya hemos tenido bastante algunos ciudadanos marbellíes con el gilismo y el muñonismo como para que usted haga sus gracietas con estos personajes. Hay muchos más municipios en el mapa. Mírelo.

  • Rafael García

    Y ¿la foto?.

  • Ignacio Martínez

    DOS RESPUESTAS

    A Rafael García: Es cierto; faltaba la foto. Aquí está ya.

    A Don Pepe: No tengo ninguna obsesión con Marbella. Es sólo que se ha producido un expolio de la ciudad por una banda de delincuentes. Muy notorios. Ningún alcalde corrupto de España se ha paseado por los platós de televisión como Jesús Gil o Julián Muñoz. Y no acuso a Marbella de nada, sino a Julián Muñoz de vivir de ella como un gigoló vive de suna millonaria. Y sobre la responsabilidad de los ciudadanos de la ciudad, alguna hay. La lista del GIL encabezada por Julián Muñoz sacó mayoría absoluta en Marbella en 2003 incluso después de que Gil estuviese condenado e inhabilitado por corrupto. Ya son ganas de equivocarse del pueblo soberano.

  • pep

    Título sugerente, no exento de cierta morbosidad. Me retrotrae a la única novela de Tennessee Williams, ambientada en Roma y llevada al cine. La Sra.Stone, en el ocaso de su fulgurante y regalada vida, se debate entre los fantasmas de la decrepitud y lo que se enmarcó como drama íntimo de la soledad. Cede a las insaciables demandas de un cuerpo decadente ,pero no resignado, y compra sexo : aparece el gigoló.

    Si Sgarbi hubiera ejercido su labor como un buen “profesional”, jamás habría extorsionado a la Sra. Quandt ni, mucho menos, traicionar. Una dama es una dama. Lo cual nos impulsa a creer que hasta en el mundo del lumpen o de los chorizos, como prefiera, existen códigos y normas de conducta no escritas que marcan la diferencia , califican a cada uno, y se adjetivan solos.

    La Sra.Stone —Vivian Leigh—por muy acuciada que se sintiera, o por enervadas que fueran las emulsiones de sus distinguidos bajos , jamás hubiera consentido el comercio o tráfico de sexo con garrulos del calibre de Muñoz o el Dioni. Tales elementos apenas reúnen condiciones para ejercer de tahúres o carteristas en cualquier estación de metro. Por otra parte, la fisonomía de ambos, en cierto aspecto, es un insulto al nada escaso colectivo de esculturales y erectos gigolós.

    Estos pájaros, como usted bien dice, son gigolós de libro : del código penal.Y si, vividores a todo plan, plan urbanístico y plan de atracos.Si Warren Beatty los conociera…¡Je!

    Un abrazo.

  • Mª José

    Es cierto Pep. Ya nada es lo que era. Y con ese careto( el de la foto o el de Muñoz, tal para cual) no comprendo como una dama, y encima millonaria, se deja engatusar

  • pep

    Estimada Mª José, la Sra.Quandt se deja engatusar, como miles de Sras.Quandt, y contradigo en este caso mis propias afirmaciones. Porque la soledad junto a unas sienes maduras y unidas a una jugosa cuenta corriente, potencian y endulzan la aletargada libido. Una solapada mirada da pie a una temblorosa aventura que finiquita con el desesperado deseo de poseer a su antojo un cuerpo joven, que casi olvidó, y saciar sus enloquecidas veleidades. Con un matiz, de pago.
    Tu frase <>, aparte de hermosa, destila una remembranza, una cierta añoranza, que no se sabe si habla de tiempos pasados o quizás de unas relaciones basadas en la galantería y el romanticismo. En cualquier caso , y a la espera de desentrañar tu dulce enigma, te confieso mi nostalgia por infinitas cosas de las que hoy abomino.

    Un abrazo.