Andalucía en Europa

Ignacio Martínez | 31 de mayo de 2009 a las 8:59

Lo peor de esta campaña electoral sucia no es que no se hable de Europa, es que tampoco se tienen en cuenta los intereses regionales. Aquí estamos a estacazo limpio entre los mastodontes de la política nacional, que no entran ni por asomo en las necesidades comunitarias. El debate sobre las energías renovables y la nuclear es necesario plantearlo en el ámbito de la Unión Europea, como la entrada de trabajadores de terceros países, como la integración de nuevos socios. El ministro Moratinos acaba de decir la semana pasada que el camino de Albania hacia la UE es irreversible.

Más allá de la cortesía diplomática, es inquietante que con el cólico que todavía sufre la Unión por la entrada reciente de 12 países del Este haya algún responsable serio que pretenda que ingrese un grupo de estados de los Balcanes, Ucrania y hasta Turquía. Por cierto que una de las muchas cosas en las que coinciden el PSOE y el PP es en su apoyo al ingreso turco en la UE. Por seguidismo. El PP de Aznar lo quería por congraciarse con Bush y el PSOE de Zapatero por simpatía con Obama. Pero aquí, en unas elecciones europeas, deberíamos estar hablando de si nos conviene a nosotros y si estamos dispuestos a pagar el precio.

¿Y Andalucía? A día de hoy, desde la adhesión de España el 1 de enero de 1986, hemos recibido fondos comunitarios por valor de 63.300 millones de euros, casi la mitad del producto regional bruto. En 2013 dejaremos de estar estadísticamente por debajo del 75% de la media europea de PIB por habitante y perderemos una buena parte de las ayudas al desarrollo. Todavía no nos habrá salvado del furgón de cola nacional la economía sostenible del doctor ZP. Cuando España entró en la Comunidad Europea en 1986, Andalucía representaba el 3% del territorio, el 2% de la población y el 1% por PIB comunitario. Hoy somos el 2% del territorio, el 1,5% de la población, y seguimos siendo el 1% del PIB de la UE. Podemos presumir de que tenemos una posición relativa mejor. Pero en parte es un artificio estadístico, que puede ser aun más confortable si abrimos la puerta a otro paquete de países más pobres que nosotros. Como puede verse, falta rigor, debate y seriedad.

  • visualita

    Estoy de acuerdo, Ignacio, en que esta campaña se ha convertido en unas generales encubiertas en que la palabra Europa sólo sirve de coletilla a la palabra elecciones. Desde la maniquea propaganda electoral del PSOE a las declaraciones cruzadas de los candidatos. Todo se está basando en la política nacional.

    Los intereses regionales es cierto que poco tienen que ver, pero mucho menos cuando la lista de candidatos es nacional y no siguiendo el sistema de votación que empleamos en España, con lo que los pocos andaluces de las listas quedan diluidos.

    Pero difiero bastante de su opinión respecto a la entrada o no de países del Este y Balcanes. ¿Debemos oponernos a la ampliación de Europa sólo para poder seguir “chupando del bote”? Los fondos de cohesión, los feder, las ayudas europeas en general tenían como propósito ayudar a levantar países y regiones para que pudieran caminar solas. Y no hemos llegado a eso. Los ingresos europeos son una tremenda ayuda, pero no podemos seguir dependiendo de ellos porque los inútiles de nuestros dirigentes no hayan sabido distribuirlos y emplearlos para generar riqueza.

    Europa nos ha ayudado a desarrollarnos, pero Andalucía no ha sido capaz de subirse al carro. Nos han vendido segundas modernizaciones, pero todo ha sido burbuja del ladrillo. No hemos sabido aprovechar los trenes que se nos brindaban, ni los dineros. No hemos sabido adaptarnos a Europa en el campo, por ejemplo, aprovechando las ayudas, siempre dependientes de ellas, porque eran más rentables que trabajar por un cultivo rentable. Ahora que la madre Europa nos quiere retirar la teta, somos más dependientes de ella que nunca, porque no aprendimos a usar los dientes

  • Carmen

    Europa no puede crecer indefinidamente, sean ricos o pobres los candidatos. Hay que saber si queremos ser una potencia política y militar o si no queremos más que un mercado único. Y de eso no hablan los políticos, pero tampoco la prensa.