La vida no es como el fútbol

Ignacio Martínez | 26 de junio de 2009 a las 6:55

Estos días son de catarsis nacional. La selección era invencible; el Barça, campeón de Europa, y el Madrid está comprando a los jugadores más caros del mundo, que luego se pagarán vendiendo camisetas, alentando leyes fiscales que beneficen a sus estrellas y recalificando terrenos. Total, que éramos los amos del planeta futbolístico y un primo de Javier Arenas y 10 yanquis más nos dieron el miércoles un repaso. El tal Bocanegra parecía Beckenbauer, siempre salía con el balón jugado. Los americanos se encomendaron a la doctrina Obama, yes we can, nos advirtieron que podían y no nos los creímos.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, lleva tiempo advirtiendo para qué quiere la bomba atómica. Ayer pidió a Obama que se disculpe por haberse inmiscuido en los asuntos internos de Irán, por su timidísimo apoyo a los manifestantes. Un amigo mío sostiene que el problema no es que alguien tenga armamento nuclear, sino si es de los buenos o de los malos. Asunto en el que mi amigo y yo no nos ponemos de acuerdo: a mí me parece muy mal que Israel tenga un arsenal con 200 cabezas nucleares y que nadie se lo reproche.

En lo que mi amigo y yo estamos de acuerdo, sin embargo, es que Ahmadineyad es de los malos. Se le han echado a la calle miles de personas para protestar por el pucherazo en las elecciones del 12 de junio y sus esbirros han matado a varias decenas. Al principio sostuvo que los manifestantes eran como hinchas del fútbol que desfogaban su pasión. Una universidad británica ha comparado las elecciones de 2005 y las de 2009 en Irán y ha llegado a la conclusión de que hubo tongo: Ahmadineyad sacó 13 millones de votos más que todos los conservadores juntos en 2005. Seis futbolistas de la selección de Irán en la Copa Confederaciones lucieron brazaletes verdes, como los manifestantes. Ahmadineyad es aficionado y se llevó un disgusto tremendo al verlo: a cuatro los han echado del equipo nacional.

Berlusconi también es aficionado. De hecho, es el dueño y presidente del Milan, uno de los clubes más grandes del mundo, que ha vendido a Kaká al Real Madrid. El primer ministro italiano reconoció esa venta tras las elecciones europeas, para evitar que los tifosi le castigaran en las urnas. Juego defensivo, como el de Rajoy con Bárcenas. El presidente del PP, que es seguidor del Madrid, está retrasando apartar a su tesorero, por si el Supremo lo exonera después de investigarle. A los aforados como este senador los juzga el Supremo. Hay quien piensa que es una ventaja, porque son jueces más malos. Por impericia: no están acostumbrados a instruir causas. Pero hay quien opina lo contrario, que pueden resultar demasiado buenos. El que instruirá el caso Gürtel estuvo en el Consejo el Poder Judicial a propuesta del PP. ¿Se habría aceptado en la Copa Confederaciones que a España la arbitrase un referee español? La vida, después de todo, no es como el fútbol.

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