Un Gobierno récord

Ignacio Martínez | 29 de julio de 2009 a las 10:42

Nos encanta un récord, de lo que sea. Los siete Tours de Armstrong o los dos de Contador, por ejemplo. Y un ranking, también de lo que sea. Sin ir más lejos, por estos pagos nos gusta tener el carné número uno del club de fútbol de nuestros amores o ser el número uno de la hermandad, aunque sea a costa de que palmen personas próximas. Pero un ranking es superior a nuestras fuerzas, nos hechiza. El lunes, el Centro de Investigaciones Sociológicas sacó la última clasificación de los miembros del Gobierno, que tiene su interés. De entrada, un titular: todos suspenden. Desde el primero, el ministro del Interior y diputado por Cádiz, Alfredo Pérez Rubalcaba, que roza el cinco con un 4,99; hasta la última, la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, que libra del farolillo rojo a Bibiana Aído con un 3,41.

En la zona templada de la tabla, Manuel Chaves, que con un 4,14 es el vicepresidente menos cotizado del Gabinete y el ministro número 10 de los 17 que tiene Zapatero. Sólo tres miembros del Gobierno suben respecto a la última oleada de abril: el citado Rubalcaba, Moratinos, que parece un corredor de 100 metros lisos, al que hay que mirarle sus tiempos en centésimas, porque está siempre en un 4,3 (4,30, 4,33, 4,36 en las tres últimas); y Trinidad Jiménez. Lo de la ministra de Sanidad es muy destacado, porque está lidiando con la gripe A, que ya se ha cobrado seis muertos en España y amenaza con hacer estragos este otoño, cuando lleguen los fríos y las lluvias. La popularidad de esta ministra sube hasta la cuarta plaza del ranking del Gobierno por su transparencia en asunto tan delicado. El lunes hizo su tercera comparecencia en el Congreso para dar todo tipo de explicaciones. Jiménez ha sorprendido. Se la tenía por persona más ligera e inconsistente, por su imagen cuando llevaba los asuntos internacionales en el PSOE o como jefa de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid. Pero ahí está, seria, trabajadora y transparente, lo que funciona ante la opinión pública.

El ejemplo vale de referencia a lo que se considera una de las principales rémoras del actual Gobierno andaluz, su amateurismo en materia de comunicación. Los políticos latinos, por cierto, son poco transparentes de tradición, no sólo los españoles. Quien tiene la información, tiene el poder. Informar al público, que es el trabajo de los periodistas, es más fácil con administraciones anglosajonas o nórdicas, más permeables porque lo exigen la ley y la costumbre. Aquí en Andalucía, además, la cosa se complica porque tenemos novatos en puestos clave, un gobierno autónomo que dispone en el Parlamento de una mayoría absoluta que lo blinda, y un partido que lleva mucho tiempo en el poder. Con un récord de victorias, una más que los Tours que tiene Armstrong. Y no llega ningún Contador.

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