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Chatarra institucional

Ignacio Martínez | 20 de diciembre de 2009 a las 10:48

Es una pena el fiasco de la Conferencia de Presidentes autonómicos, que pone en precario este foro. El riesgo no es nuevo. Ninguno de los grupos de trabajo decididos en la anterior reunión, hace casi tres años, llegó a reunirse. Pero los presidentes acarrearon tal cantidad de enviados especiales, para salir guapos en sus respectivas regiones, que hubo 900 periodistas acreditados. Cada uno hizo publicidad y propaganda ante su respectiva parroquia. La Conferencia podría haber acabado siendo una institución. Hay ejemplos europeos: las cumbres de jefes de Estado y de Gobierno de la UE las pusieron en marcha, de manera informal, en 1974 el presidente Giscard y el canciller Schmidt; en el 86, el Acta Única ya citaba al Consejo Europeo; en el 91 adquirió rango institucional en el Tratado de Maastricht. Y el de Lisboa de 2007 ha convertido al Consejo, en una nueva institución europea, que ya tiene presidente permanente y ministra de Exteriores.

Esta buena idea nacional del presidente Rodríguez Zapatero ha vivido tensiones desde su nacimiento en 2004. Fraga, firme partidario de este tipo de foros, impidió el fracaso de la primera cumbre, en la que el PP ya dijo que no tenía contenido y que era sólo para la foto. Pero en su declaración final, el presidente gallego sostuvo que había sido “un diálogo sincero, respetuoso y constructivo”. Eran otros tiempos; los de ahora son peores. Por ejemplo, el vicepresidente Chaves ha estado desafortunado en la crítica: ha dicho que el PP fue a la reunión del lunes con la calculadora en la mano. Un desliz, viniendo del hombre que, con una calculadora en su mano, no quiso convocar ni una sola vez en casi 20 años unas elecciones autonómicas andaluzas en solitario. Lo evitó cinco veces entre 1994 y 2008, porque no le convenía ni a él, ni a su partido. Ahora no puede quejarse de que sean calculadores sus adversarios.

La Conferencia de Presidentes va camino de la chatarrería institucional. Puede hacer compañía a las diputaciones, inadaptadas a la España de las autonomías, o al Senado, que no es en absoluto la Cámara de representación territorial. La Conferencia debía revitalizar el Senado. Pero hasta ahora sólo ha sido escenario para la exhibición publicitaria o propagandística de nuestros próceres.

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