El truco de Vic

Ignacio Martínez | 22 de enero de 2010 a las 7:35

El Ayuntamiento de Vic ha puesto de actualidad el fenómeno de la inmigración y ha enfrentado a la sociedad española con sus contradicciones en la materia. Su alcalde, de CiU, no quería inscribir en el padrón a inmigrantes sin papeles, pero ayer admitió que lo hará, aunque esté en desacuerdo con el dictamen que le obliga, de la Abogacía del Estado. En esta vida nada es blanco ni negro y este asunto no es un excepción. Los inmigrantes son una necesidad para la economía europea. Lo han sido en el último medio siglo y lo volverán a ser. En España representan más del 10% de los afiliados a la Seguridad Social. Dentro de veinte años en la Unión Europea habrá 30 millones menos de activos y 30 millones más de pensionistas. Sin inmigrantes habría un colapso de la economía y la bancarrota del sistema de pensiones. Pero en plena crisis este mensaje tiene difícil acogida.

Así surge el miedo, los gestos defensivos o la propuesta de leyes restrictivas. El debate actual no es ajeno a que haya elecciones catalanas dentro de unos meses, y municipales en poco más de un año. No es una novedad. El líder ultraderechista francés Le Pen descubrió hace décadas que podía quitar electores a todo el arco parlamentario con un ideario xenófobo. Incluso llegó a disputar la Presidencia de la República a Jacques Chirac en 2002, tras sacar un 17% de los sufragios en la primera vuelta. Cinco años después, Nicolas Sarkozy le birló casi la mitad de los votos copiando parte de su discurso. La Liga Norte de Umberto Bossi gobierna Italia con Berlusconi. El partido racista flamenco Vlaams Blok ha sido durante mucho tiempo el más votado en Amberes, la segunda ciudad de Bélgica: consideran extranjeros a los valones, imagínense lo que piensan de los marroquíes. Su antiguo líder, Frank Vanhecke, pidió el miércoles en Estrasburgo delante de Zapatero que se cierren las fronteras de Europa.

La localidad catalana de Vic, de 40.000 habitantes, ha sido hasta ahora modélica en la integración de inmigrantes, que ya representan el 26% de su población. La coalición gobernante de nacionalistas moderados, socialistas y nacionalistas de izquierda planteó no empadronar a los irregulares, con la Ley de Extranjería en la mano. La última modificación de la ley incluye que los sin papeles deben ser expulsados. Pero Zapatero calificó en el Parlamento Europeo esta actuación como un truco del ayuntamiento. No hay truco, sin embargo, sino dos principios legales perfectamente contradictorios: los inmigrantes irregulares deben ser inscritos en el padrón para que tengan derecho a sanidad o enseñanza gratuitos, pero también deberían ser expulsados. Las razones humanitarias, el sentido común, el miedo y el oportunismo electoral forman una mezcla explosiva. Y no hace falta mirar alrededor; basta con que cada uno consulte a su propia conciencia. Verá cómo la solución no es fácil.

  • Pep

    Querido Ignacio, es de agradecer que por fin lea un artículo tuyo acerca de un tema espinoso que, como siempre, enfocas desde el rigor, el conocimiento y el objetivo informativo. Vic, de oídas, a muchos les puede parecer un sosia del bolígrafo. Se hace necesario precisar que ésta población, y su alcaldía al frente, han llevado adelante una política modélica con el fenómeno migratorio: integración absoluta, vivienda, trabajo, escolarización, etc…, incluyendo a una marroquí ganadora del premio literario Ramón Llull ,en lengua catalana.

    Vic, con cuarenta mil habitantes, lidera una comarca de alto poder adquisitivo, de potentes industrias agro alimentarias, con un 26% de población extranjera. Sin conflictos raciales. El problema surge de la incapacidad financiera del municipio de seguir atendiendo más oleadas de inmigrantes y los costes que comporta el dichoso empadronamiento. Como casi todos los municipios de España.

    A diferencia de escandalosos artículos en distintos medios, por tendenciosos, faltos a la verdad y xenófobos, ni el municipio de Vic ni la Generalitat pintan una higa en este asunto. La ley, como tú indicas, se contradice y el alcalde, en buena lógica, se aferra en el ámbito que protege a sus conciudadanos, y el gobierno central en lo contrario. Ambas leyes estatales. Es algo así como una empinada de codo, como un esperpento.
    ¿Truco?, dicho por el malabarista de la mayor chistera vista ? Cómico si no fuera por la gravedad e importancia del tema. Ante la duda, primero las personas, de acuerdo, pero hagan el favor de legislar con criterio y seriedad. ¡Y con recursos!
    Un abrazo,Ignacio.