El ‘castrismo’ agoniza

Ignacio Martínez | 1 de marzo de 2010 a las 11:30

La dictadura cubana agoniza y este hecho biológico afecta a España de manera directa. Hay quien dice que Irlanda es el Estado número 51 de los Estados Unidos. Por las mismas razones sentimentales se puede decir que Cuba es la provincia número 51 de España. Más de un siglo después de la emancipación de la última colonia española, nuestro país sigue enganchado con la isla caribeña y sus habitantes. ¿También con su Gobierno? Sí y no. Desde la llegada al poder de Castro en enero de 1959, la dictadura de Franco primero y los gobernantes democráticos después han tenido debilidad por el dictador cubano. Excepción hecha del presidente Aznar, todo sea dicho. Hemos visto también que, desde Fraga a Chaves, los presidentes autonómicos cumplimentaban a Fidel, un mito para la izquierda mundial durante mucho tiempo y, en cierta manera, un héroe en el inconsciente colectivo español para gente de toda ideología y condición.

Seguro que hay muchas más razones para explicar esta vinculación emocional con el líder cubano, pero una de ellas es que Castro acabó con Batista, un lacayo de los norteamericanos, que nos habían echado de la isla en el 98. Y encima se enfrentó, como David a Goliat, con el gigante estadounidense. Aparece como un vengador de nuestra propia historia. Pero cualquier simpatía que generase su trayectoria, por el motivo que fuese, está agotada hace tiempo. Y encima un albañil y fontanero de 42 años, negro, con escasa instrucción, humilde y reservado, poco dado al protagonismo, ha hecho temblar el escaso andamiaje que le queda a la dictadura comunista cubana. Orlando Zapata estaba condenado ¡a 36 años! por delitos de opinión, que se dice pronto. No es el único caso, hay 200 como él en la isla ahora mismo. Su muerte tras 85 días de ayuno ha generado una dura protesta mundial, incluido el presidente Zapatero, aunque con un retraso de 24 horas.

Hay, si se quiere, una cierta hipocresía en la indignación internacional. China contraviene de manera sistemática los derechos humanos y es evidente que en mayor cantidad que los cubanos. Sin embargo, el presidente Bush retiró al Gobierno de Pekín de la lista de peores violadores de las libertades de sus ciudadanos. Washington mantiene un bloqueo contra la isla caribeña, mientras hace negocios de todas clases con China, y acumulaba un déficit por balanza de pagos de 200.000 millones de dólares antes de la crisis hipotecaria de 2007. La Unión Europea también es cómplice comercial del gigante asiático: el último año antes de la crisis tuvo un déficit comercial con China de 130 mil millones de euros. Pocas censuras políticas recibe Hu Jintao de sus clientes cuando se mueve por el mundo y a los Castro todo bicho viviente les reprocha su régimen de falta de libertades.

Sea como fuere, el castrismo ha perdido todo halo de romanticismo que rodeara su causa. Su dictadura agoniza, sola y desprestigiada.

  • Ignacio trillo

    1. Mostrando mi acuerdo con la opinión expresada sobre el ignominioso hecho ocurrido por el régimen castrista en la persona de Orlando Zapata, no exculpalble ni por la hipocresía que se practica con China, quisiera darle un sentido a lo que el autor de la columna, y gran amigo, denomina: “razones para explicar esta vinculación emocional con el líder cubano”. Esas razones, haberlas, haylas, pero las vincularía más hacia la interrelación económica de España con la caribeña Isla. En este sentido, el informe de las Cámaras de Comercio de España de la primavera del 2008, y la cosa ha ido mejorando, es bastante elocuente: España es el tercer socio comercial de Cuba, detrás de Venezuela y China. También tercer país con mayor volumen de inversión directa en la isla, después de China y Canadá. En el sector turístico, nueve de las 12 compañías extranjeras con presencia en Cuba son españolas. En los diez años que van de 1998-2007, las exportaciones españolas a Cuba ascendieron a 6.000 millones de euros, las mayores de Iberoamérica tras Argentina y México, mientras que Cuba exportó a España productos por valor 1.450 millones en el mismo período; queda clara pues el superávit a nuestro favor de esa balanza comercial. Más de 400 empresas españolas operan en Cuba, algunas de las cuales cotizan aquí en bolsa… Desde que pisas la isla, lo español y malagueño están más que presentes, no sólo por el pasado histórico. El agua potable con que se abastece La Habana está llevada por una empresa catalana, cuyo director allí es un malagueño de Pizarra. El hotel emblemático de la oficialidad, “Presidente” junto a otros, algunos más los son de Meliá o Barceló, son regentados por un empresario malagueño. La almendra de los helados del “Coppelia” que tan famosa a nivel internacional hiciera la excelente película, “Fresa y chocolate”, proceden de la malagueña Estación de Cártama. El 80% de los productos que se suelen ubicar en las estanterías de los supermercados tienen marca española… Por último, indicar que esos empresarios hispanos que viven o comercian con “la patria de José Martí”, a sus vez han estrechado vínculos más que fraternales con el pueblo cubano, o son familiares directos de antepasados que emigraron. No hay que olvidar que de la actual población de esta Isla, cifrada en cerca de doce millones de habitantes, tres millones aún son directos descendientes de españoles. Pues bien, estos empresarios lo pasaron muy mal aunque resistieron, por esos lazos que van más allá de la mera maximización de beneficios, y no tiraron la toalla en época de la errónea diplomacia de Aznar, también con Cuba. Son tremendamente discretos en sus apreciaciones políticas a la vez que mantienen una exquisita relación con los mandatarios económicos del Régimen, constituyendo una avanzadilla, muy interesante para los intereses españoles, enormemente bien posicionada para esa transición democrática, que más temprano que tarde ha de llegar y donde el potencial climático y de recursos humanos tan bien formados son privilegios que hoy ofrece Cuba para ese esplendor de futuro que le espera. Además su aventajada posición geoestratégica, cuasi frontera con los EEUU, da lugar a posibilidades futuras de comercio y negocios con la gran población que hay en el exilio, enormemente acaudalada, y lógicamente de habla hispana. Es otro de los grandes alicientes que mantienen esa leal relación empresarial española, económica y comercial, con Cuba, que tanto reclamo hace para que la diplomacia de Moratinos sea eso: muy diplomática.