El diluvio universal

Ignacio Martínez | 9 de marzo de 2010 a las 14:45

Más de 40 días o 40 noches. Un diluvio universal a plazos; con breves días de pausa, no para de llover en Andalucía desde el mes de diciembre. Existe la sensación entre los profanos de que estamos ante lo nunca visto, como consecuencia del cambio climático. Una teoría que, en general, desmienten los técnicos, científicos y políticos consultados para este reportaje. Miguel Ángel Losada, director del Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama), opina que la volatilidad climática de Andalucía, con años secos y otros muy lluviosos, no ha cambiado sustancialmente en los últimos 9.000 años. Losada sostiene que el clima andaluz sigue el patrón del siglo XX, en el que una temporada de precipitaciones abundantes no fue excepcional.

La consecuencia, en todo caso, es que ha habido inundaciones por todas partes y el suelo de todo el territorio andaluz es calificado por la Agencia Estatal de Meteorología como saturado de agua, menos una pequeña franja del levante almeriense, que está húmeda o muy húmeda. Salvo cuatro, los 83 grandes embalses de la región están prácticamente llenos. En conjunto, está ocupado un 84,3% de los 11.377 hectómetros cúbicos de capacidad de estos pantanos. (Un hectómetro cúbico son mil millones de litros)

El diluvio, además de inundaciones, pantanos a rebosar y múltiples teorías sobre el cambio climático, también ha acentuado la vieja disputa entre agricultores y administración sobre la política hidráulica del Gobierno andaluz. Desde el sector agrario, se reclama con insistencia que se hagan nuevos embalses y en particular que se facilite la construcción de pequeñas balsas en los márgenes del Guadalquivir, que hasta ahora han sido perseguidas. Margarita Bustamante, la presidenta de Feragua, la Asociación de regantes de Andalucía, sostiene que la región no tiene embalses suficientes para evitar sequías o inundaciones. Y da un dato como prueba: desde el 20 de diciembre se han vertido al mar 7.500 hectómetros cúbicos; el doble de lo que se ha embalsado. Esta asociación reclama inversiones en nuevas infraestructuras, y señala parones en obras como el azud de El Portal (Jerez) o en la defensa de Andújar (Jaén), dos lugares en los que ha habido inundaciones. Obras que cree podrían haber evitado los desbordamientos.

El director de la Agencia Andaluza del Agua, Juan Paniagua, responde que se están haciendo inversiones. Y cita como ejemplos, de los últimos cuatro años, la terminación de La Breña II y Arenoso en Córdoba, o Melonares en Sevilla. Y añade que se están construyendo o se van a construir de inmediato la presa de Siles en Jaén, el Chanza o Alcolea en Huelva y las conducciones de Rules en Granada. Este último embalse está terminado, por cierto, desde hace tres años. En total, los nuevos embalses suponen algo más del 10% de la capacidad de regulación anterior, según el director de la Agencia del Agua. Sobre las balsas, reclamadas por Asaja o Feragua, Paniagua no se muestra contrario, lo que abre un portillo al entendimiento. En relación a una mayor regulación de la cuenca, recuerda que el año pasado hubo un congreso nacional en Córdoba en el que se localizaron cuarenta puntos en donde se podrían hacer nuevas presas en los ríos españoles, pero ninguno de esos emplazamientos estaba en Andalucía.

Estamos en un año hidrológico de fuertes lluvias, pero Pedro Parias, secretario general de Feragua, recalca que estadísticamente en estas latitudes hay un año de sequía por cada cuatro normales o abundantes en precipitaciones. Feragua agrupa a más de 50.000 usuarios, agrupados en unas 80 comunidades de regantes, que atienden unas de 260.000 hectáreas, más de la cuarta parte del total de riegos de Andalucía. Parias reconoce que en el Pacto andaluz por el agua ya se establecía que había pocas posibilidades de hacer grandes presas, por los inconvenientes económicos y medioambientales. Pero insiste en la conveniencia de que el Gobierno andaluz cambie de criterio sobre las balsas promovidas por la iniciativa privada: se están haciendo muchas, desde Jaén a Sevilla, pero no se legalizan y hasta las multan.

Hay quien opina que lo que habría que hacer es cambiar la agricultura andaluza a otra menos intensiva en el uso de agua. Los agricultores contestan que la que tenemos es la consecuencia de políticas productivistas alentadas por el primer Gobierno andaluz, que hizo una ley de Reforma Agraria confiscatoria y por la Unión Europea, que pagaba subvenciones en función de la producción. Los regadíos del Guadalquivir necesitan al año unos 1.500 hectómetros cúbicos al año.

Joan Corominas, ex director de la Agencia del Agua y hoy asesor de la Consejería de Agricultura en la materia, es uno de los principales expertos nacionales en la materia. Opina que un año o incluso diez no son suficientes para establecer teorías sobre el cambio climático. Pero admite como posible la hipótesis de que el clima mediterráneo con extremos de sequía o lluvias abundantes puede ir aumentando a lo largo del siglo. No hace falta que el incremento de precipitaciones sea muy alto, para que tenga incidencia sobre el medio ambiente: con una subida de las lluvias de un dos, tres o cuatro por ciento, el caudal de los ríos subiría entre un 15 y un 20%. “Podemos encontrarnos con una mayor irregularidad, con años de muchas lluvias y años muy secos, pero no tenemos un modelo fiable para establecer una nueva teoría”. Parecida opinión tiene Miguel Ángel Losada, director del Ceama, instituto de investigación dependiente de la Universidad de Granada y la Junta: “Este año está dentro de la estabilidad climática de Andalucía, es similar a 1961/62 o a los años 96,97 y 98, en los que no hubo tantas borrascas seguidas, pero cayó mayor cantidad de agua”. Su punto de vista es que mientras más tiempo pase de un fenómeno excepcional, mayor probabilidad hay de que se pueda repetir. Es una aseveración estadística. En 1755, con motivo del terremoto de Lisboa hubo un maremoto, con lo que no es descartable que se produzca otro 250 años después… Para ilustrar su afirmación, el director del Ceama apunta que Baelo Claudia (Bolonia, en Tarifa) fue arrasada dos veces en los siglos I y III por sendos maremotos.

Losada no cree en las teorías del cambio climático, sino en la repetición cíclica de fenómenos extremos. Y alerta sobre la necesidad de evitar las asentamientos en zonas inundables, la mayor parte de ellas con muchos años de antigüedad, en Jerez, Sevilla, Málaga y numerosas otras localidades. El encauzamiento artificial de los arroyos no evita por completo el riesgo de correntías, como han demostrado las inundaciones de las últimas semanas. La entrada de borrascas por el Golfo de Cádiz cada 11 o 13 años la atribuye a las manchas solares, provocadas por la actividad interna del sol. De donde deduce que no hay que exagerar; no estamos ante el diluvio universal.

  • Degades

    No yo creo que la abundancia de precipitaciones en Andalucía se deba, ni mucho menos al cambio climático. Es más, creo que el asunto este del cambio climático no es algo que pueda ser demostrado, como muchos pretenden hacernos creer, al no existir un intervalo de mediciones del tiempo lo suficientemente amplio que lo corrobore (varias décadas de estadísticas, incluso un siglo, no son nada en comparación con la magnitud temporal de la evolución climática de La Tierra). Además, en contra de lo que se cree, cada vez es mayor el número de científicos que ponen en cuestión esta hipótesis. Mi opinión es que estos cambios del tiempo responden más bien a períodos cíclicos, que es como funciona realmente el planeta, y que la mano del hombre es responsable solo en una pequeña parte.

  • RF

    La basílica paleocristiana de la Vega del Mar en Marbella fue destruída por un maremoto en el siglo VI. Por otro lado, aquella catástrofe permitió que se salvaran la emocionante lápida mortuoria de la niña Firmana y objetos de gran valor histórico, conservados – Dios sea loado – en el Museo Arqueólogico Nacional de Madrid.

  • Jotaeme

    De la sensación apocalíptica que tenemos los viandantes tienen buena culpa los neoperiodistas urbanos, que se desenvuelven como verdaderos catetos cuando hablan de lo que desconocen. Si nevara en julio… ¡¡menudo notición!! pero que nieve o llueva, incluso desmesuradamente, en invierno es como lo de ‘perro muerde a niño’. Es verdad qeu ha llovido mucho y ha nevado mucho pero, salvo imprevisión, las imágenes que he visto de Barcelona son mucho más leves que otras que he visto este invierno en otros puntos donde no consideran que la atmósfera tenga que tener un termostato. Esta mañana Antena 3 cerraba la crónica de Barcelona con una vocecilla que decía que la nevada “es inédita y no se conoce algo parecido desde hace casi cincuenta años”. Lo juro.

  • María

    Pues sí que hay mucho alarmismo en la prensa. O mucho indocumentado en los medios. Pero, aunque no haya llovido tanto como otros años en los 90 y 60, lo cierto es que ha llovido de manera más continuada y esto genera aquí en Andalucía una cierta psicosis.