Señor Matas: ¡Yo no le conozco!

Ignacio Martínez | 31 de marzo de 2010 a las 9:08

Una fianza de tres millones de euros a un político es algo inédito. Para eludir la prisión, es lo que pide el juez a Jaume Matas, ex ministro de Medio Ambiente, ex presidente del Gobierno de Baleares y jefe del PP en las islas durante ocho años. Estas fianzas se le ponen sólo a destacados miembros de alguna banda de postín: italiana, rusa o marbellera. Sí, al lugarteniente principal de Jesús Gil y Gil, Juan Antonio Roca, le pusieron también tres millones por su responsabilidad en el caso Saqueo. Adelantándose en un día a la fianza de 500 millones de pesetas, Matas pidió la baja temporal como militante del Partido Popular. Y Rajoy dijo tres cosas: que le desea lo mejor al señor Matas; que demuestre su inocencia, si puede, y que el PP será implacable en la lucha contra la corrupción.

De las tres cosas, llama más la atención la primera. El señor Matas. Ya no es Jaume, compañero de gabinete en el Gobierno de Aznar, miembro de la misma pandilla en las vacaciones veraniegas de antaño en Baleares… No. Ahora es “el señor Matas”. Recuerda a dos personajes de la película La aventura es la aventura de Claude Lelouch que dicen el uno del otro en el inicio del filme “¡Yo no le conozco!”. Qué diferencia de trato con el amigo Paco Camps, tan cercano todavía: amigo, a su vez, de uno de los capos de la trama corrupta Gürtel, a la que dio buenos contratos en la región valenciana.

Total, que Rajoy, primero no conocía al señor Matas, después lo da por culpable, y finalmente saca pecho porque su partido es implacable contra la corrupción. Sin ánimo de faltarle, no hay partido por muy in fraganti que cojan a sus dirigentes que no se dé golpes de pecho contra la corrupción. El PSOE corrió en socorro del partido de Enciso, cuando el alcalde de El Ejido se salió por la extrema derecha del PP; se hicieron socios en la Diputación de Almería. Pero cuando Enciso fue a la cárcel, los socialistas entonaron la misma canción: no lo conocían de nada. Otro de los principales lugartenientes de Gil y Gil fue socio de coalición del alcalde socialista Barrientos durante cuatro años en el Ayuntamiento de Estepona. Cuando ambos fueron a la cárcel, el PSOE no sólo expulsó a Barrientos, sino que sus líderes se pusieron a sí mismos como ejemplo de diligencia a la hora de tomar medidas disciplinarias, ¡cinco años después de aquel pacto espurio!

Ya ven que Rajoy que no es nada original en su “lucha implacable”. Por cierto, que el PP ha desperdiciado varias ocasiones estupendas para hacer buenos sus propósitos contra la corrupción. Por ejemplo, no escondiéndose detrás de la legalidad de las escuchas en el caso Gürtel, o cesando al tesorero de su partido implicado en la trama, o apartando de sus funciones a Camps. Pero el presidente de Valencia es todavía Paco, un amigo. Si algún día su situación procesal cambia, pasará a la categoría de señor, para su desgracia.

  • Degades

    Este tipo de situaciones es lo que hace que en unas elecciones haya tanto índice de abstención, votos nulos o en blanco, que igual da cuando se trata de no dar el voto a un partido político u otro, cuando el desengaño, la frustración o la indiferencia se apoderan de los votantes ante la actitud desvergonzada de nuestra clase política, tocada por la debilidad que da el poder, por la debilidad de la tentación de quedarse con una parte substancial del dinero de todos que esta casta política administra. Servidores públicos que se llaman, pero que en realidad no son más que servidores de sí mismos, como descaradamente demuestran una y otra vez. La corrupción, ese mal endémico que aqueja a la política española, es como la mala hierba que siempre rebrota, difícil de arrancar, y que en mayor o menor medida termina contaminando a todos los partidos políticos de este país. Si ayer fue el PSOE, ahora le toca el turno al PP, aunque sin llegar a las cotas alcanzadas por aquéllos, sin contar a los partidos nacionalistas que también tienen motivos más que suficientes para avergonzarse, como, por ejemplo, Unión Mallorquina. Esto es lo que hay, para desgracia nuestra, por eso en las elecciones la verdadera opción ganadora últimamente es la abstención o el voto en blanco, aunque no quieran reconocerlo así los líderes políticos, como sucede en Cataluña.
    Si Rajoy no reacciona con más contundencia en estos casos, si toda su crítica va dirigida en exclusiva al fracaso económico del gobierno de Zapatero, y deja de lado otros asuntos que a los españoles también nos preocupan, como este de la corrupción, su victoria en las próximas elecciones puede que no sea tan holgada.