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Garzón: El enemigo público número uno

Ignacio Martínez | 14 de abril de 2010 a las 8:52

La nómina de personas que querrían hacerle daño al juez Garzón debe ser amplia. Incluye a terroristas, narcotraficantes y grandes partidos políticos. Hay una forma antigua de daño que significa condenar a alguien o dar sentencia contra él, que encaja perfectamente en esta historia. Pero a los procesos contra Garzón le valen otras acepciones. Hay gente que le quiere perjudicar, causarle dolor y hasta destruirlo. Los procedimientos judiciales contra él son tres: uno por el auto de procesamiento a Franco, otro por el cobro de unas conferencias organizadas en Nueva York, que habría pagado el Banco Santander, y el último por las escuchas de las conversaciones de los procesados por el caso Gürtel con sus abogados. Los dos primeros casos han sido promovidos por personas y organizaciones nostálgicas de la Dictadura, como Falange o un supuesto sindicato llamado Manos Limpias. El superjuez ha acabado siendo el superprocesado de manera simultánea e implacable, como si fuese el enemigo púbñico número uno.

Vaya por delante que no pertenezco al club de fans de este juez estrella, cuyo ego ensombrece sus actuaciones. En octubre de 2008 escribí aquí que su auto contra Franco era un capítulo lucido para sus obras completas. Abrir un juicio de Nuremberg contra el dictador, los jefes del levantamiento militar del 18 de julio y los ministros de los gobiernos españoles desde el 36 al 51 era muy audaz. Les imputaba el asesinato de 114.266 personas. El tema tenía la polémica asegurada por muchos motivos, sobre todo por las dudas sobre si la ley de amnistía de 1977 amparaba los crímenes del franquismo, y también porque se pretendía procesar a personas ya fallecidas. Sea como fuere, el encausamiento de Garzón no se entiende fuera de España y abre una brecha en la convivencia nacional.

El acto de ayer de los sindicatos UGT y CCOO en la Universidad Complutense de Madrid es una muestra de esa fractura. Cándido Méndez considera que las querellas persiguen injustamente al juez por actuaciones judiciales como la instrucción del caso Gürtel y lo califica de vergüenza histórica. Por el contrario, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, piensa que este homenaje es un disparate y un atentado contra la democracia. El ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo ha llegado más lejos y acusa a los magistrados del Supremo de dar un golpe brutal a la democracia española, convirtiéndose en instrumento del fascismo español.

Esto ocurre en un país en el que un delincuente como Jesús Gil y Gil, alcalde de Marbella entre 1991 y 2002, invitaba a unas jornadas jurídicas anuales a la crema y nata de la judicatura española, incluidos magistrados del Supremo y el Consejo del Poder Judicial, a mesa, mantel y cama, bien acompañados y regalados, y no pasaba nada. Las jornadas jurídicas eran una pantomima: una conferencia de una hora a mediodía y el resto, una semanita a toda plan en la capital de la Costa del Sol. Y todos tan contentos. Sobre todo, Gil. 

La democracia ha llegado a todas partes tras la Dictadura, incluida la Policía, el Ejército y hasta la Iglesia, en la época del cardenal Tarancón. Pero está por llegar a la judicatura. Quizá haya llegado el momento de abordar esa cuestión. Éste es el lado bueno de convertir a Garzón en el enemigo público número uno.

  • Antonio

    Jueces de la época de Franco no deben de quedar muchos 35 años después. Pero alguno habrá. Y en todo caso, a los que ponían las sentencias en el Tribunal de Orden Público nadie los depuró. Se jubilarían con todos los honores. Los honores que no parece que le vayan a dar a Garzón. Es una vergüenza para España la imagen que damos en el mundo. ¿Se imaginan a un juez alemán, procesado por querer aclarar un crimen nazi? El capítulo de las jornadas de Marbella es muy interesante. Seguro que los ‘grandes jueces’, como los llamaba Gil, no se sintieron nunca comprados con aquellas fantásticas vacaciones a costa del expolio de Marbella. Estaban allí porque se lo merecían. Y a Garzón lo quieren fundir, porque se lo merece. En el fondo es una manera peculiar de impartir justicia, que podría definirse como: “La justicia empieza por uno mismo”. Es evidente que hay que democratizar la judicatura, empezando por el método de selección y adiestramiento, con padrinos y tutores preparadores que ya desde el inicio eligen un perfil determinado de protegidos, los aleccionan y les facilitan el acceso a la carrera. Un cuerpo tan alejado de la sociedad y tan endogámico como este no debe quedar ninguno en España. Garzón, aunque sea un tocanarices, es un buen juez. Pero su problema no es ser bueno o malo, sino que no lo ven como uno de los suyos.

  • RF

    Don Ignacio y don Antonio,

    Gracias por recordarnos las famosas jornadas de Marbella, bajo el cálido palio de Don Ezú. Si aquellas paredes de aquel famoso hotel pudieran hablar…

    Durante los años más duros del gilismo, un pequeño grupo de ciudadanos se manifestaban todos los miércoles frente a los Juzgados de Marbella contra los casos de presunta inhibición judicial. Durante tres años se archivaron todas las denuncias de las irregularidades urbanísticas alentadas desde aquel Ayuntamiento siniestro.

  • Moncho

    También hay terroristas, narcotraficantes y grandes partidos políticos muy agradecidos al juez estrellado. Basta con pensar en ese caso Faisán, el chivatazo policial a ETA, que ha tenido guardadito en el cajón, y en sus pésimas instrucciones, que dieron pie a la puesta en libertad de narcos.

  • Degades

    Yo creo que a cuenta del enjuiciamiento de Garzón se está generando una tremenda confusión, y se está desviando el tema por unos derroteros que en nada beneficia a las instituciones de este país. Si éstas, como el Poder Judicial, ya de por sí generan gran malestar entre los ciudadanos por su mal o deficiente funcionamiento, es una insensatez echar más leña al fuego diciendo como se ha dicho en el acto de apoyo al juez en la Complutense de Madrid, que el tribunal que lo juzga es franquista, dicho en unos términos y en un tono que, verdaderamente, preocupan. Franco murió hace ya treinta y cinco años, hubo una transición a la Democracia, hubo una ley de amnistía que pretendía facilitar la convivencia entre todos los españoles…, yo pensaba que todo esto estaba ya superado; no entiendo, pues, el espectáculo que se ha montado, máxime teniendo en cuenta, además, que el juez que lleva el caso no es precisamente de derechas. Aquí lo único que se juzga es si Garzón ha actuado correctamente o no al instruir el caso de los crímenes del franquismo, si tenía o no competencias para ello, como le podría haber pasado a cualquier otro juez, y la ley está para cumplirla. En mi modesta opinión, los sindicatos se equivocan gravemente convocando esta clase de actos políticos, su labor es o debe ser otra muy distinta; desde luego que tienen todo el derecho del mundo a expresarse y a manifestarse libremente, pero su labor esencial es la defensa de los trabajadores, incluyendo en éstos también a los varios millones de parados que hay actualmente en España, y por los que parece que nunca se manifiestan. Por esta labor les pagamos con nuestros impuestos.

  • deguzmán

    A mí sinceramente todo este lío me asquea bastante la verdad sea dicha. Pensaba que con el tiempo transcurrido desde la transición había quedado claro que a la historia que es inamovible, hay que dejarla estar. Yo no quiero ni puedo estar de acuerdo con las personas salva patrias que autoproclamándose salvador de la misma, aniquile un poder elegido democráticamente por el pueblo soberano, aunque según sus criterios y en ese momento, pensara que era lo mejor para ellos y como consecuencia para el resto de personas. Pero bueno la historia está ahí y forma parte de todos los españoles. Ahora bien, eso no tiene nada que ver, para que ahora se intenten presionar al poder judicial, que debe tener su independencia, como el poder ejecutivo y el legislativo.

  • Camilo

    Enhorabuena por el artículo, no lo comparto todo, pero el hecho de atreverse a sacar del olvido las Jornadas marbellíes donde abrevaron tantos jueces a la sombra de Don Ezú es de agradecer.

    Es curioso como se ponen nerviosas algunos cuando se habla de memoria e historia.Lo dicho, enhorabuena.