La casa sin barrer

Ignacio Martínez | 24 de mayo de 2010 a las 20:21

El fiasco de la fusión de Unicajasur tiene muchos ingredientes. La peculiaridad de los gestores eclesiásticos es la más comentada, pero no es la única relevante. El tribalismo andaluz, una de nuestras señas de identidad más acusadas, ha estado presente antes, durante y después del frustrado proceso de unión de dos cajas de distintos territorios de la región. Ayer en el diario Córdoba el ex presidente de Cajasur se ha envuelto en la bandera cordobesa. Como Pujol cuando el caso Banca Catalana. Nos quejamos de los nacionalistas catalanes o vascos. Nos mofamos de la afición de Arzallus por el RH negativo, pero aquí hay un nacionalismo sevillano, granaíno, malagueño o cordobés que echa para atrás.

Ya comenté aquí que un familiar me había sorprendido con una afirmación fundamentalista: que era bético antes que español. Valga el símil. La inmensa mayoría de los andaluces se sienten gaditanos, onubenses, jiennenses o almerienses antes que andaluces. Y así no sólo no podemos fusionar dos cajas de distintas provincias, es que no podemos repartir ningún papel protagonista a una provincia sin provocar el agravio de la vecina. Como consecuencia, todo se tiene que hacer por ocho, como las universidades, o no se hace nada. Hace diez días se presentó en Málaga un proyecto tecnológico conjunto de las universidades de Sevilla y Málaga para optar a la calificación de excelencia internacional. Un destacado periódico local publicó la foto del acto cumpliendo con la norma tribal al uso: se veía al consejero Ávila y a la rectora de Málaga. El rector de Sevilla no existía.

Ahora el cura Gómez Sierra, presidente de una caja imprudentemente gestionada por la Iglesia durante décadas, dice que la entidad se estaba desangrando porque los gestores de Unicaja no lo estaban haciendo bien. Es un sarcasmo. Las aventuras inmobiliarias del canónigo Castillejo y sus sucesores, ávidos de ganar dimensión a cualquier riesgo parecen pecados veniales. El pecado mortal es que una caja con sede en Málaga vaya a quedarse con una entidad quebrada en otra provincia. Y hablando de pecados, monseñor Fernández que es un docto teólogo sabrá qué calificación merece su afirmación de que Cajasur no está quebrada. Con un agujero de más de 100.000 millones de pesetas no sé si el obispo de Córdoba le falta a las leyes de la contabilidad o al octavo mandamiento. Quizá le falta a las dos.

En fin, esta frustrada operación es un fracaso colectivo. Tomémoslo así, para no descargar las culpas más sobre unos que sobre otros. A lo mejor lo que más le conviene a Andalucía no es una caja única, pero en todo caso será imposible: nadie va a atreverse a consentir una fusión de Cajasol con Unicaja y proponer la sede en Sevilla o en Málaga. Así nos va. Los unos por los otros y la casa sin barrer.

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  • Raúl

    Y digo yo. ¿no sería más probable una fusión entre cajas andaluzas usando el modelo de Caja Mediterráneo, Cajastur, Caja Cantabria y Caja Extremadura?

  • juan Lopez Bonet

    Tengo por objeto objetivo la objetividad en todas las cosas que veo, leo u oigo. En este asunto de la Cajasur hay algo que no veo, leo ni oigo. Y es el porqué de la posicion que
    yo considero personal del cabildo. Quizás tendriamos que
    remontarnos a Italia siglos atrás para entender la filosofia
    de los Montes de Piedad (llamados Montepios) y la declaracion
    de S. Tomás de Aquino sobre la usura. Porque la historia será
    de todos conocida la ofrezco como una solución al misterioso
    cambio de postura de la directiva de Cajasur. A lo mejor no
    querian que nadie se aprovechara del dinero de los demás. Más
    bien ¿lo querian para los suyos?