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González-Páramo: “España no tenía más remedio que realizar las reformas que ha hecho”

Ignacio Martínez | 20 de junio de 2010 a las 9:48

GPáramo

  • “El país está en la dirección de la salida de la crisis, por fin. Ha empezado ya a atajar los problemas de su economía y se nota poco a poco en los mercados”
  • “El Santander es uno de los bancos mejor gestionados de Europa”
  • “La situación en España no era tan preocupante. El mercado ha reaccionado en extremo”
  • “Nuestro mercado de trabajo está sometido a una de las regulaciones laborales más obsoletas que existen en Europa. La reforma laboral tiene que entrar en temas en los que todavía no entra”
  • “El sector privado en España tiene un nivel inusualmente alto de endeudamiento en comparación con los países europeos”
  • “No puede ser que el mercado esté dudando, un día sí y otro no, sobre el futuro del euro”
  • “El G-20 está llamado a protagonizar la gobernanza mundial”
  • “Tiene lógica un impuesto a la banca, pero se debería aplicar en todas partes”
  • “En el BCE no somos partidarios de que se aumente el techo de endeudamiento del 60%”

José Manuel González-Páramo (Madrid 1958) es un prestigioso catedrático de Hacienda Pública de la Universidad Complutense. Fue miembro del consejo de gobierno y la comisión ejecutiva del Banco de España, y desde 2004 forma parte del comité ejecutivo del Banco Central Europeo. Esta es la versión íntegra de la entrevista que mantuvimos el jueves 17 de junio, el mismo día en que se celebraba en Bruselas un Consejo Europeo. La versión reducida se publica hoy en los nueve diarios del Grupo Joly.

-Ya sé que su especialidad es la Hacienda Pública, no la psicología, pero quería pedirle algo que levante el ánimo a este país al borde de un ataque de nervios y presa de una profunda depresión por la crisis.

-Lo mejor que se puede decir es que los más importantes pasos hacia la salida de la actual situación se están dando, en las medidas de ajuste fiscal, en donde ha empezado un camino que no se ha terminado. Las medidas de reforma del mercado laboral han comenzado, aunque el decreto no ataja todos los defectos que tiene el mercado laboral. Y el Banco de España ha anunciado, no solamente la práctica conclusión del nuevo mapa de entidades financieras, sino la publicación de las pruebas de esfuerzo del sector bancario que son, en este momento, muy necesarias para transmitir confianza al mercado. Yo creo que estos tres pasos son fundamentales para entender que estamos en la dirección de la salida, por fin.

-En el Consejo Europeo de Bruselas del jueves se dijo que en las pruebas de esfuerzo, los test de estrés de toda Europa examinados por el Comité de Supervisores Bancarios, había quedado en primer lugar el Banco Santander. Un banco español, el primero, eso también contribuye a mejorar el ánimo colectivo.

-No he visto los resultados de esta prueba de estrés, pero no me extrañaría nada. Y es muy revelador de la situación de desconfianza que hay, que el Banco Santander haya sido penalizado en los mercados durante las pasadas semanas, teniendo que pagar por su financiación primas que no se justifican, cuando, seguramente sea uno de los bancos mejor gestionados de Europa. Y lo que digo del Santander, se aplica a otras entidades españolas.

-¿Es partidario de que se publiquen los test de esfuerzo de todos los bancos europeos? ¿Debería haber una norma al respecto?

-Van Rompuy ha anunciado que se publicarán los resultados de las pruebas de estrés a mucho tardar a mitad de julio.

-¿De toda la banca europea?

-Sí. Es importante que los gobiernos se hayan comprometido a publicar estos resultados.

-Financial Times ha publicado que en mayo bancos y cajas españoles pidieron 85.000 millones de euros al BCE. ¿La cifra es buena?

-La cifra la publica el Banco de España. Por supuesto coincide con nuestros datos. No todos los bancos centrales publican estas cifras. El Banco de España desde hace años lo hace.

-¿Y le parece saludable que se haga?

-Es una decisión de cada banco central. Realmente la transparencia es siempre buena, pero cuando no todos los bancos centrales publican la cifra, quedan más expuestos los bancos de aquellos países que lo hacen.

-Los cumplidores…

-Los que publican la cifra cuando hay tensiones financieras, porque inmediatamente se ve el aumento en el recurso de los bancos a las subastas del BCE.

-¿También debería haber una norma sobre esto y que todos los bancos las publicaran?

-Creo que aquí debería haber un terreno de juego nivelado. Que todos se ajustasen a la misma norma. Pero al final es discreción de cada banco central nacional si publican o no.

-Usted acaba de propugnar esta semana en Londres activar el mercado de titulación como método para mejorar el perfil crediticio de las entidades financieras. Pero este es un mercado completamente desacreditado después del fiasco de las hipotecas basura en Estados Unidos.

-Sin ninguna duda, ha sido contagiado por esta crisis cuando todos sabemos que hay buenas y malas titulizaciones y la única salida del impasse en el que estamos, que dura tres años ya, es que la forma de titulizar cambie, se haga más sencilla, más simple y que cualquier inversor pueda conocer qué es lo que hay debajo de una titulización.

-Y sea más transparente, obviamente.

-Más transparente, por eso vamos a impulsar un cambio. No tenemos capacidad regulatoria, pero sí tenemos una importante palanca que es exigir condiciones bajo las cuales aceptamos las titulizaciones como garantía en nuestras operaciones de refinanciación, y ésa es una palanca muy potente.

-¿Cuando van a regularlo?

-Empezamos el proceso cuando abrimos una consulta pública en diciembre que se cerró en el mes de febrero. Esa consulta sobre nuestras intenciones fue muy positiva en cuanto a respuesta. Estamos ahora trabajando en el terreno técnico y tomaremos la decisión final de cara a seguir adelante a la vuelta del verano, en el otoño.

<-La prensa alemana, distintos medios serios, como el Frankfurter Allgemeine o la edición alemana del Financial Times lleva varios días advirtiendo de una posible suspensión de pagos de España por falta de liquidez del sistema bancario. ¿La situación es realmente tan preocupante?

-No, estas noticias son reveladoras de un sentimiento del mercado que ha reaccionado al extremo. Como resultado del contagio griego, el sur de Europa ha estado expuesto a mucha desconfianza en el mercado por parte de los inversores, cuando las situaciones en cada país son realmente distintas. Y la única salida de esto es insuflar confianza al mercado. Y para hacerlo hay que empezar a atajar de manera decidida los problemas fundamentales de la economía. España ha empezado ya y creo que poco a poco se nota en el mercado. Las subastas de deuda, por ejemplo, en España han ido relativamente bien.

-¿Tiene noticia de cómo han ido las de hoy [jueves]?

-Sí, hablo de las de hoy. Han tenido una demanda muy satisfactoria y esto es en parte lo que explica la subida del Íbex, que ha sido el índice que mejor se ha comportado en Europa. Es decir, que poco a poco hay señales de que las cosas vuelven a su ser.

-Pero, la pregunta precisa es, ¿estamos al borde de la bancarrota? Porque ésta es la sensación que hay dentro del país.

-Bancarrota, no. Si uno mira los datos comparativos de España con otros países no hay razones para hablar de bancarrota. Un país por definición nunca está en bancarrota. Siempre hay, por mala que sea la situación, la posibilidad de utilizar impuestos, recortar los gastos públicos… Un país siempre debe poder hacer frente a sus pagos. Pero es cierto también que si la expectativa es de crecimiento bajo en los próximos años y de un déficit muy elevado, con un mercado laboral rígido y un sistema financiero afectado por la crisis inmobiliaria, lógicamente o se hace algo o la situación puede ser negativa. Y ésta es la composición que el mercado se ha hecho y por eso ha habido que reaccionar.

-Y, en todo caso, decía que si se comparan los datos españoles con otros, la situación no es tan mala.

-No, no. La situación es relativamente buena y confortable, es decir, muchos países quisieran tener los niveles de deuda pública que tiene España, por ejemplo.

-Ya que lo menciona, hay quien propugna cambiar el 60% como límite, dado que hay países como Italia que está prácticamente en el doble, y Bélgica tradicionalmente ha estado por encima del 100%. ¿Es partidario el BCE de aumentar el techo del 60% de endeudamiento?

-No, de lo que somos partidarios es de que se tome en serio el 60%. Bastaría con esto. Y pienso que hay un acuerdo muy generalizado en Europa, tanto en la Comisión Europea como entre los países que están representados en el Consejo Europeo, de que cuando se reforme la gobernanza del euro, uno de los elementos fundamentales será elevar el criterio de deuda a la altura que hoy tiene el criterio de déficit. Es decir, pedir a los países que hoy están muy endeudados que empiecen a reducir la deuda a un ritmo satisfactorio, hacia el 60%.

-Respecto a la banca, el gobernador del Banco de España, Fernández-Ordóñez, dice tres cosas: Una, el reconocimiento en las cuentas de las entidades financieras del valor real de sus activos inmobiliarios, porque se sigue contabilizando a un precio que ya no es el de mercado. Dos, reducir redes de oficinas. Y tres, corregir la excesiva dependencia de los mercados de financiación mayorista. ¿Algún otro consejo de su parte?

-Yo creo que el supervisor, el Banco de España, es absolutamente dueño de toda la información y sabe lo que mejor viene a las entidades ahora. Es una satisfacción ver que el proceso de reestructuración del sistema financiero está llegando a su fin y que tenemos todavía la posibilidad de utilizar un fondo como el FROB para inyectar capital y dotar de garantías de viabilidad todos estos procesos.

-El Banco de España ha fiado la cuantía mínima de activos para las entidades financieras en España en 50.000 millones de euros. ¿Hay un estándar europeo?

-Estoy convencido que esa cifra, si la ha expresado el Banco de España es porque tiene la información, conoce el mercado español, que es en el que operan la mayoría de entidades españolas. Y en función de eso ha hablado de ese dato y no de otro.

-¿Qué es, en su opinión, lo más preocupante en la economía española, el sector público o la economía privada?

-Yo no diría preocupante, pero los dos tienen una tarea que hacer. El sector público la ha empezado, pero el sector privado en España tiene un nivel de endeudamiento que es inusualmente alto, por comparación con otros países europeos. Y esto le hace muy vulnerable. El sector privado, con un nivel de deuda muy alto, está expuesto a que si los tipos de interés suben antes de lo previsto, la carga que va a pesar para hacer frente a los costes de la deuda sea mayor. Especialmente, además, en una situación de vulnerabilidad del empleo, porque cuando las familias se han endeudado contado con dos empleos en la casa y solamente hay uno como consecuencia de la crisis, pues hay dificultades. No cabe duda.

-¿Es previsible un aumento de los tipos en el corto o medio plazo?

-No. Sólo si hay riesgos de presiones inflacionistas, lo que no es previsible en los p´roximos trimestres.

-Otra vulnerabilidad del sector privado es la rigidez del mercado de trabajo.

-Nuestro mercado de trabajo, está sometido a una de las regulaciones laborales más obsoletas que existen en Europa. Y no hay institución que haya estudiado a España que no haya concluido lo mismo. Es decir, no es posible el dinamismo a medio plazo con un mercado laboral como el que tenemos, donde la parte mejor educada y más joven de la población es la más vulnerable ante el desempleo, sencillamente por los incentivos que tienen las empresas. Prefieren ahorrarse los costes de despido excesivamente altos y no invertir en capital humano, en la gente más joven, para hacer frente a sus dificultades. Y esto a largo plazo para un país es absolutamente autodestructivo.

-Hablando de vulnerabilidades, una de ellas también es el valor de la Bolsa. Ha bajado tanto, que hay compañías que valen en Bolsa el doble de su ebitda, no mucho más.

-Sin duda, esto es así, aunque las Bolsas de casi todo el mundo desarrollado están sufriendo ese mismo proceso. De todas maneras, no sería mala señal de que con precios tan atractivos empezase a volver la inversión extranjera. Porque ahora mismo se ha invertido el flujo, o la dirección del flujo de movimientos de capital, y serían buenas noticias que la inversión extranjera volviese a empujar con fuerza por proyectos españoles. Eso querría decir que hay confianza en el futuro del país. Sin duda, la Bolsa barata atrae compradores, pero está barata en toda Europa.

-En el Consejo Europeo de esta semana se ha hablado de una mezcla entre una tasa y un impuesto bancario que se va a proponer al G-20, para que se aplique a nivel mundial, pero he oído a Barroso decir que era voluntario y discrecional. Parece una cosa todavía muy en pañales.

-Creo que están todavía por definir en sus detalles. Ha habido un pronunciamiento genérico a favor de una tasa que permita a la sociedad recuperar todo lo que ha puesto en la resolución de la crisis bancaria. Tiene todo el sentido y toda la lógica pensar en un impuesto. Pero al mismo tiempo, hay que ser muy cuidadoso cuando se considere el impuesto en su posible aplicación, si finalmente se decide adoptar. Para empezar, debería ser un instrumento que se aplique en todas partes…

-Y no voluntario y discrecional…

-Porque si no, existe el incentivo a tratar mejor a la banca del propio país, y esto es algo que estoy convencido de que la Comisión mirará, porque tiene que vigilar la competencia y las reglas de juego. Y en segundo lugar, hay que mirar el impuesto en conjunción con las demás medidas del ámbito de Basilea III, las normas sobre capital y sobre liquidez. Ver en conjunto qué impacto puede tener, porque todos admitimos que hay que reforzar la liquidez, que hay que reforzar el capital, si a ello le añadimos el impuesto, podemos encontrarnos con dificultades para el desarrollo del negocio bancario que, como es sabido, la parte que nos toca es conceder créditos a las familias y a las empresas para desarrollar nuestra actividad. Así que no digo que en principio sea negativo, tiene lógica, pero hay que ser muy cuidadoso cuando se especifique por ejemplo qué tipo de gravamen se va a utilizar, sobre qué cifra de negocio se va a girar el impuesto, para que combinado con las medidas de reforzamiento de liquidez y capital no tenga efectos perversos.

-Felipe González el domingo pasado en una entrevista en estas páginas decía que fracasado el mercado con la crisis se llamó en rescate a la política; pero vuelta la política a su lugar, no ha tenido suficiente autoridad para regular el sistema financiero mundial. Y se lamentaba de eso.

-No conozco esas declaraciones, pero hay algo nuevo que es muy importante y muy positivo: el proceso llamado G-20. Es algo que no existía antes de la crisis, y que se ha puesto en marcha con ella, y es una señal de que el ámbito de la cooperación internacional de cara al futuro va a cambiar de manera radical, porque en el G-20 están representados países en desarrollo, países desarrollados y hay un intento no siempre fácil de coordinar las medidas que se adoptan para impedir que haya arbitraje regulatorio. Esto es fundamental porque el origen de la crisis en la que estamos tiene que ver con el arbitraje regulatorio, con bancos que se dedican a jugar con las normas y a emitir en otros países que ofrecen una mejor regulación.

-¿Tanta confianza tiene en el G-20?

-Creo que el G-20 está llamado a protagonizar en buena medida la gobernanza mundial de cara al futuro; es mucho más representativo de lo que era antes, representa a los gobiernos, por supuesto, pero no olvidemos que el sistema financiero es, ha sido y probablemente será en el futuro, un sistema gobernado por reglas de mercado y eso significa que probablemente en el futuro volvamos a ver crisis financieras. Lo que deberíamos esperar es que sean crisis financieras que responden a ciclos normales, como son los ciclos económicos, con momentos de crecimiento alto y crecimiento bajo, y no crisis prolongadísimas como la que estamos viviendo ahora mismo, que están afectando mucho a la economía real.

-Cómo se siente un destacado hacendista como usted, de una larga trayectoria académica centrada en el análisis de los impuestos, de los gastos públicos y la política presupuestaria, ejerciendo en la política monetaria.

-Si revisa, es un ejercicio muy interesante, la lista de hacendistas que han pertenecido a consejos de gobierno de bancos centrales o han sido gobernadores de los bancos centrales, se encontrará que es muy larga, y no es nada extraño. Primero, por la relación tan estrecha que existe entre la política monetaria y la política fiscal; pero segundo, y no es retórica, la inflación es el impuesto más perverso que existe, y un hacendista que está convencido de esto abraza sin ningún problema la misión de reducir ese impuesto a su mínima expresión. Es decir, asegurar a la sociedad que el impuesto que devora el ahorro, que hace mella en los más pobres y en los grupos menos protegidos de la sociedad se mantiene a su mínimo nivel. Y esto es lo que hace un banco central. Así que le es muy familiar a un hacendista la tarea del banquero central.

-Usted ha sido un firme defensor de la política de estabilidad presupuestaria, ¿qué cree que le habría ocurrido a la economía real si no se hubiese incumplido la estabilidad presupuestaria a raíz de la crisis internacional, desde el principio?

-Yo siempre defendí la ley de estabilidad presupuestaria en su versión inicial. Aquella versión a la que se acusaba de prohibir el déficit. Hoy nos damos cuenta del valor que eso tiene. Una economía como la nuestra, que tenía hasta hace poco una tasa de crecimiento significativamente más alta que la media de Europa, podía alcanzar cifras de equilibrio, de superávit, de manera permanente. Y eso, ¿para qué sirve? Para reducir mucho más la deuda y tener más colchón para reaccionar ante una crisis, pero sobre todo para hacer frente a lo que ya se nos está viniendo despacio encima, que son los gastos asociados al envejecimiento de la población, que son las pensiones y es la sanidad. Obviamente, hay dos maneras de resolver ese tipo de compromisos, uno es eliminando deuda poco a poco a base de superávit en el tiempo, y la segunda es, desafortunadamente, reformando las pensiones, con lo cual uno puede frustrar expectativas fundadas de la población. Así que el valor de la estabilidad presupuestaria, en perspectiva, creo que es enorme, y yo suscribiría por entero todo lo que he podido decir en el pasado y he publicado. De hecho, hace diez años publique un libro dedicado por entero a la estabilidad presupuestaria.

-¿La subida espectacular del déficit al inicio de la crisis debería haber sido mucho más controlada?

-Podría haberse controlado más, sin duda, porque no todas las medidas de gasto fueron igualmente felices. En todo caso habríamos tenido un aumento del déficit muy importante. Además, los gobiernos han debido aumentar su déficit para suavizar el impacto de la crisis en su momento peor, otoño 2008, comienzos de 2009. Obviamente si hubiera tenido España más margen inicial de maniobra para actuar, las dificultades en las que se vio hubieran sido menores, porque la deuda hubiera sido menor y el tamaño del déficit también. Bueno, nos hemos encontrado en esta situación, que está en vías de enderezarse, pero la lección que se extrae de aquí es que las cifras del presupuesto hay que tenerlas bajo mucho control, hay que poder usar el presupuesto, pero para hacerlo hay que tener márgenes.

-¿No hace falta que le pregunte si es partidario de prolongar la edad de jubilación?

-Parece que tiene todo el sentido. Si cuando se aprobaron las normas de edad de jubilación la esperanza de vida al jubilarse era en torno a 10 años, hoy día la esperanza de vida al jubilarse es, por lo menos, de 20, si no más. Un sistema de pensiones que está basado en sostener la jubilación de una persona durante 10 años, obviamente no es el mismo que cuando tiene que atender a una prolongación de 20, 25, o 30 años. Y más aún cuando la carrera laboral media de la población que está en el mercado es más corta porque hoy día los periodos de desempleo de la población más joven son mayores. Así que creo que responde a un criterio de justicia intergeneracional, el que no soporten las generaciones más jóvenes todo el coste de vidas mucho más prolongadas después de la jubilación.

-¿Fue acertada la decisión de elevar los tipos de interés en el inicio de las turbulencias financieras?

Los tipos de interés se subieron en julio de 2008. Y si me pregunta por qué, con perspectiva, porque muchas veces se ha criticado esta decisión, hay que ponerse en la situación en la que subieron. Primero, no hablábamos todavía de crisis financiera, sino de turbulencias financieras, la producción crecía con fuerza, el empleo estaba alto, y la primera preocupación de los españoles y de los europeos era la inflación, no era el paro, ni el crecimiento, ni la inactividad, ni el terrorismo. Era la inflación.

-El enemigo público número uno según sus tesis.<

-Un banco central tiene la misión de tener la inflación anclada, y lo que veíamos entonces era que las expectativas de inflación se nos escapaban, y teníamos que reaccionar. Luego vino Lehman Brothers. Era impredecible. Y desde entonces, todo el escenario cambia. Pero esto no lo podíamos nosotros adivinar, lo único que veíamos en nuestro radar eran unas expectativas de inflación que se podían escapar de control, si no hacíamos frente a ella. La inflación era de más del 4% en el mes de julio de 2008, no nos olvidemos. Así que no fue un error, manejamos la información que teníamos y actuamos en consecuencia.

-El principio de ‘no bail-out’ se había concebido como uno de los pilares de la unión monetaria y económica. ¿Cómo queda en la actualidad este tipo de principios con los planes de rescate financieros que se han aprobado?

-Creo que queda inalterado y me parece que la autoridad más rigurosa que este terreno, que es el Tribunal Constitucional alemán, se ha pronunciado con claridad. Cuando se presta con condiciones muy estrictas, con tipos de interés superiores a los que marca el mercado, con primas añadidas al tipo de interés del mercado, sustancialmente altas, nada menos que de 300 puntos básicos, realmente uno no puede hablar de rescate. Esto es un préstamo, que se devolverá. No se ha asumido una deuda, no se está subvencionando ni a las entidades ni a los países, y cumple por lo tanto plenamente con el Tratado.

-¿Está justificada la situación de nerviosismo que se transmite en los mercados financieros respecto a la solvencia de España?

-Yo creo que los datos objetivos de la economía española no deberían justificar un sentimiento de mercado tan pesimista como hemos visto en días pasados. Los mercados financieros sobrereaccionan en el sentido positivo, y tenemos un buen ejemplo de los años anteriores a la crisis, donde parecía que el riesgo ya no existía. Y pasan a otra situación, donde el riesgo aparece detrás de cada esquina. El sentimiento de mercado es el que domina las reacciones de los inversores y de quienes gestionan el riesgo. Entonces es tarea de cada país el tratar de restaurar la confianza. Esto se hace con transparencia, enseñando las cifras. Por ejemplo, hablamos de las pruebas de estrés de los bancos, y de acometer aquellas tareas postergadas en el tiempo porque no pueden esperar: política fiscal, reforma laboral y reforma del sistema financiero.<

-¿Necesitará España acudir al fondo de 750.000 millones de euros?

-Creo que no lo va a necesitar.

-La situación de España era límite cuando se han afrontado estas medidas de estructuración del presupuesto y del mercado.

-Sí, le digo con toda franqueza que sí. España no tenía más remedio que hacer lo que ha hecho. Recordemos la primera semana de mayo y el contagio de la situación de Grecia a buena parte de Europa, y desde luego a todos los países del sur, cuando incluso después de tener Grecia un programa importantísimo respaldado por el FMI, la Comisión Europea y el BCE, el mercado exigía, por comprar deuda griega en el mercado secundario a corto plazo, tipos de más del 20%. Eso es un mercado dislocado absolutamente. Cuando un mercado está dislocado y es temeroso, cierra sus vías a todos, o a muchos, y España era una de las candidatas a la sequía completa de financiación.

-Deduzco de sus palabras que tanto el ajuste presupuestario como la reforma del mercado laboral le parecen un buen camino, pero insuficiente en ambos casos.

-En ambos casos insuficiente. Respecto a la política fiscal, parece que el año 2010 cumple con los compromisos del programa de estabilidad presentado por la economía española, pero los datos de 2011 no llevan a esa seguridad y de hecho la Comisión ha dicho que en 2011 el ajuste presupuestario añadido tiene que ser un 1,75 por cien del PIB. Que yo creo que es una cifra razonable y la mejor noticia que pudo leerse esta semana en la prensa fue que las comunidades autónomas, aunque de manera reticente, han mostrado su disposición a hacer frente a la parte que les toca. Lo cual son muy buenas noticias porque es entender la gravedad de la situación. Y respecto de la reforma laboral, por una parte el vaso está medio lleno, porque se ha comenzado un proceso de reforma. Pero quedan temas pendientes, o sea que es un paso en la buena dirección en cuanto a los costes de despido y la diferencia tan enorme que existe entre los trabajadores fijos y los temporales, pero hay asuntos que no quedan tocados, y es de esperar que en este proceso que ahora se abre, se aborden.

-¿Cómo cuáles?

-La indiciación salarial es uno. Son estas cláusulas que todavía existen en los convenios y que son esencialmente incompatibles con una unión monetaria. Quedan los convenios colectivos en general y su hiperactividad, es un asunto que no se aborda en la reforma. Queda todavía un germen de segmentación del mercado laboral, porque lo que se hace es extender el contrato de fomento de empleo, pero la contratación temporal seguirá teniendo un papel prominente. Creo que la reforma laboral se tiene que perfilar todavía más y tiene que entrar en temas en los que no entra.

-Las comunidades autónomas están ya empezando a incrementar la carga tributaria. ¿Cree que si el coste explícito del modelo autonómico se hubiese puesto de manifiesto desde el inicio se hubiese llegado tan lejos en la descentralización?

-Si con coste explícito se refiere a la corresponsabilidad fiscal, que debiera haber sido una característica del sistema de financiación, le diría que sí. Corresponsabilidad fiscal significa que si una comunidad tiene responsabilidades tan importantes como la sanidad y la educación, por ejemplo, tiene todo el sentido que sus ciudadanos sepan cuánto cuestan estos servicios. Y hasta ahora el modelo ha sido un modelo desequilibrado, donde la mayor parte de la financiación procedía de transferencias del Estado, con lo cual el ciudadano tiene la engañosa impresión de que su comunidad autónoma gestiona muy bien porque le cobra muy poquito y le da muchos servicios, mientras que el Estado es un derrochador porque cobra muchos impuestos y los servicios no los acaba de ver. Esto es un desequilibrio en el diseño del sistema que debería empezar a resolverse porque las comunidades se han convertido, seguramente, en su conjunto, en las gestoras de gasto más importantes. Ofrecen el gasto que más importa a la gente y deberían tener una responsabilidad fiscal mayor. No es que reciban más competencias, es que ejecuten las que tienen porque el ejercicio de la corresponsabilidad no ha sido el rasgo que más ha caracterizado los años de Estado autonómico.

-¿Deberíamos simplificar las instituciones en este país? José Blanco ha planteado hace poco si las diputaciones tienen sentido en la España autonómica. Ahora que se ha estresado el gasto público ¿no habría que hacer un reajuste institucional?

-Habría que revisar el reparto de competencias, tratar de identificar duplicaciones, porque hay muchas entidades haciendo la misma cosa, en el Gobierno central, en las comunidades autónomas y en las corporaciones locales. Con la restricción, obviamente, de respetar el ordenamiento jurídico constitucional. Y si hay instituciones que están previstas en la Constitución uno no las puede suprimir.

-Se puede cambiar la Constitución.

-Sí, o vaciar de competencias esas instituciones, pero desde luego el momento es ahora mismo. En momentos de crisis, uno tiene que revisar a fondo todas estas cosas y plantearse si tiene sentido, primero gastos que no están requeridos por ningún estatuto. Y segundo duplicaciones entre los ámbitos central y autonómico.

-Tenemos más unión monetaria que unión económica. No es una pregunta, es una afirmación indiscutible, pero ¿tiene verdadero sentido una unión monetaria sin una unión política?

-Le diría que la unión monetaria se puede sostener con un grado muy estrecho de coordinación de las políticas fiscales y de las políticas económicas. Por necesidad, esto poco a poco lleva, si no a una unión política, una tendencia federalizante.

-¿De qué horizonte hablamos?

-Es un proceso tan continuo que uno no puede marcar fechas. Van Rompuy encabeza un grupo de trabajo en la UE, por mandado del Consejo Europeo, para hacer propuestas sobre cómo reforzar la gobernanza de la UE. Esto es un paso en esa dirección. Es evidente, porque hemos visto ahora con mucha claridad cómo medidas de política económica de un país, por pequeño que este sea, tienen un impacto sobre el conjunto. Y no tengo que explicar la crisis soberana que tenemos ahora mismo ni el origen, con el detonante de Grecia, que estamos observando estos días. Entonces las políticas internacionales son materias de interés común y como tales deben ser debatidas por los órganos comunes de la unión monetaria. Y los países deberían tener en cuenta la opinión de los foros comunitarios, del Consejo y de la Comisión. Y por eso, de cara al futuro, hay una serie de líneas establecidas. De cara a un futuro muy cercano porque esto es algo que tiene que percibir el mercado también; no puede ser que el mercado esté dudando un día sí y otro no sobre el futuro del euro.

-El Consejo Europeo del jueves anunció un plan de gobernanza antes del 30 de junio. En dos semanas.

-Lo que se discutió el jueves fue una entrega preliminar con las líneas generales. El informe final del grupo de trabajo de Van Rompuy se espera para octubre. Pero las líneas están muy claras y todos las conocemos. Por un lado, gobernanza más estrecha en lo fiscal, de manera que no sea posible que el Pacto de Estabilidad no se aplique, como ha ocurrido en el pasado donde se ha incumplido de manera sistemática.

-Empezando por Alemania y Francia, que son los dos grandes pilares de la Unión.

-Sin duda eso no hizo un favor a la credibilidad del Pacto de Estabilidad. Y a partir de ahí, seguramente las palancas que ha tenido la Comisión para actuar temprano han sido muy limitadas, lo que ha permitido que muchos países hayan incumplido de manera simultánea el Pacto de Estabilidad sin haber recibido una penalización, ni por parte de las instituciones europeas, ni por parte de los mercados. Porque aquí a los mercados también hay que recordarles que están aquí para controlar. Y han sido de una complacencia absoluta. Durante años, ha habido países que han podido emitir deudas prácticamente al tipo de interés de Alemania, cuando su situación fundamental no era como la alemana.

-Gobernanza en lo fiscal y en materia de competitividad.

-Esto es fundamental. Uno puede ver países en donde los costes laborales unitarios año tras año están creciendo, significativamente por encima de la media. ¿Esto a dónde lleva a ese país? Le lleva contra la pared porque en una unión monetaria no se puede devaluar. Y la única manera de recuperar competitividad es reduciendo salarios o aumentando la productividad. Y lo primero es políticamente muy difícil, como se está viendo. De manera que, de cara al futuro, evitar ese tipo de problemas requiere que el conjunto, los miembros de nuestro mismo club, que son los miembros del euro, tengamos la posibilidad de decirnos unos a otros: “Aquí hay un problema larvado de competitividad, ¿qué vas a hacer para resolverlo? Es un problema de liberalización del mercado, es un problema de competencia… ¿Y qué es lo que explica que año tras año tu coste laboral suba por encima del resto?”. Y es una pregunta muy importante y que debe contestarse además por cada país que luego es autónomo para decidir las cosas, nadie le va a imponer lo que tiene que hacer, pero es relevante no engañarse con que los costes de financiación son bajos y las cosas van bien para no hacer nada, porque en los momentos duros vemos lo difícil que es.

-Felipe González decía la semana pasada, creo que está en el informe sobre el futuro que el comité de expertos presentó el 9 de mayo al Consejo Europeo, que todo el mundo tiene que darse cuenta que una parte sustancial del salario tiene que estar en función de la productividad.

-Por eso la reforma de los convenios colectivos es tan importante.

-Para que pueda haber un descuelgue.

-Si es posible el descuelgue y se tienen en cuenta las condiciones de la empresa, entonces tiene sentido, porque se puede ajustar. Y si una empresa está perdiendo sistemáticamente dinero, no puede ser que se traslade el incremento salarial del sector a la empresa, porque la consecuencia es el despido o el cierre. Si hacemos más atractivo para un empresario cerrar la empresa que cualquier otra alternativa, es que no tenemos en cuenta el tejido competitivo.

-Como profesor, usted fue pionero en su día de abogar por un impuesto lineal sobre la renta. ¿Cree que debería de implantarse un modelo así en la actualidad?

-Yo sigo creyendo en él, pero no es solución a ninguno de los problemas que vemos hoy. El impuesto lineal sobre la renta es un avance en términos de simplicidad, de gestión, de incentivos económicos, pero hoy día las prioridades de la hacienda pública, creo yo, son otras. Y afinar el impuesto es algo que corresponde a momentos de más calma y más tranquilidad.

-Defínanos el impuesto lineal.

-Sería un impuesto sobre la renta que tiene un mínimo exento que es común para toda la población, el mismo. Y luego tiene un tipo marginal, único. Eso implica que la gente que tiene menos ingresos no paga nada, porque queda por debajo de ese mínimo, que suele ser un mínimo muy generoso. Y a partir de un umbral, la gente empieza a pagar un tipo marginal sobre sus ingresos por encima del mínimo, con el mismo porcentaje. Eso significa que para rentas muy altas el impuesto puede ser muy elevado porque es el marginal que se aplica a un tramo muy grande de renta. Mientras que para la mayoría de la población sería un tipo medio muy bajo porque, insisto, gravaría sólo el exceso sobre ese mínimo. Entonces es un impuesto tremendamente fácil de gestionar, que no genera los incentivos perversos de la progresividad, que es muy predecible, de recaudación estable, que desanima estrategias de elusión, y que permite simplificar el impuesto, reduciendo las distinciones entre rentas del trabajo, rentas del capital… Realmente tiene unas propiedades muy deseables.

-¿Lo tiene alguien?

-Ahora mismo existe en algunos pequeños países europeos, por ejemplo, en algunos de los países bálticos, en el Reino Unido se ha estado muy cerca de él, con un impuesto de dos o tres tipos de gravamen. En España nos hemos acercado muchísimo, con cuatro tipos de gravamen. La condición básica al final es: si la mayoría de la población está sujeta a un tipo, funciona casi como un impuesto lineal, así que dos o tres tipos sería perfectamente aceptable. Sigue habiendo progresividad con el impuesto lineal, porque lo que importa es el tipo medio. Pero además es que la progresividad hay que hacerla a través del gasto. La progresividad es pensiones, educación gratuita, sanidad… Ésta es la progresividad. Con los impuestos se puede hacer poca progresividad.

-En una conferencia reciente un representante de una importante empresa española de consultoría juzgaba como calamitosa la gestión del señor Trichet y lo equiparaba a San Pedro. Después de haber negado categóricamente tres veces la posibilidad de que el Banco Central adquiriera deuda soberana, posteriormente las aceptó. ¿Qué argumento tiene usted para justificar la medida del BCE?

-Si el BCE el 10 de mayo de este año no hubiera decidido comprar bonos en el mercado, decisión que sabíamos que tenía una cierta gravedad, muy probablemente los mercados se hubieran bloqueado. Porque no existía un fondo europeo de estabilización que fuera aplicable, los mercados estaban dislocados absolutamente. Cuando los mercados están bloqueados, o se exigen tipos absurdos por los fondos, realmente un banco central tiene que hacer algo. La misión fundamental de la política monetaria del banco central se canaliza en el mercado a través de la estructura de tipos de interés. Si el más importante de todos está distorsionado, por tensiones, por un sentimiento del mercado que lleva al paroxismo, realmente se bloquea el sistema financiero y entonces la política monetaria se convierte en filosofía. Si lo que debiéramos haber hecho según estos críticos con el programa de bonos era sentarnos en el sillón y contemplar cómo se hundía el sistema financiero, con tal de no comprar títulos, realmente no conocen nuestro compromiso con nuestra función.

-¿Cuánto tiempo tardará esto en serenarse?

-Esperemos que lo menos posible, pero depende de las autoridades públicas. De lo rápidamente que actuemos. Depende de que sorprendamos a los mercados yendo incluso un poco más allá de lo que ellos esperan. Tomarse tiempo en las reformas hoy día es contraproducente, e incluso puede ser peligroso.

-¿Pero ese par de años del que todo el mundo habla?

-Sí, recuperar la confianza, que es lo fundamental, se puede recuperar pronto. Pero las condiciones que se tienen que dar son: Primero, hacer un diagnóstico claro. Yo creo que el diagnóstico sobre la situación de la economía española está clarísimo para todo el mundo. Segundo, explicárselo a la población, y creo que hay una labor de pedagogía en todos los países pendiente por hacer. Las poblaciones están viendo que el sistema financiero está impactando su vida ordinaria, e incluso en algunos países como el nuestro hay una cierta sorpresa porque hace dos meses nadie hubiera esperado que nos encontráramos en la situación en la que estamos. Alguien tiene que explicar por qué está pasando esto y por qué es necesario tomar decisiones tan duras como las que se adoptaron en relación con el presupuesto o con el mercado laboral o con el sistema financiero. La pedagogía es fundamental porque hay que buscar aliados y cómplices. Si no, la gente no lo entenderá. Y finalmente, lo que hay que hacer es aplicar esas medidas con la mayor urgencia. Yo creo que cuando se dan esas condiciones, la confianza vuelve inmediatamente. Las primas de riesgo bajan, y eso tiene un efecto muy positivo, porque nos podemos volver a financiar a costes razonables. Y esta es la base para poder crecer.

-Mucha gente se fiaba de que ganáramos el Mundial… Hay quien lo había cifrado en un crecimiento del PIB suplementario del 0,7%.

-No todo está perdido… Sin duda estas cosas ayudan a la moral colectiva, pero desafortunadamente no resuelven todo.

  • Ruperto

    Sr. González: Me parece usted un imprensentable al manifestar sus opiniones a sabiendas de que miente. Si no va a decir la verdad mejor se calla y no colabora para que millones de españoles sigamos en la inopia. Mire usted, la primera reforma que habría que hacer es la del sistema bancario que ha sido uno de los que ha empeorado la situación de crisis mundial en España. Usted sabe que los bancos, son la lacra que tenemos que soportar en este pais. Digame el motivo de que las viviendas que estan robando, perdón, desauciando a sus propietatrios por no pagar las hipotgecas que ustedes les dieron con tantas facilidades, no salen al mercado a precio del mismo y si a precio de hace mas de tres años. Yo se lo diré para seguir manteniendo en sus cuentas esos valores que hacen que sus balances esten maquillados. Pero eso lo saben en EEUU y no les dan financiación ni al santander y al bilbao vizcaya. Hace falta que estos banqueros que pdecemos actuaolmente se marchen y dejen entrar a los verdaderos maestros de las finanzas.

  • Carmen

    Pues yo creo que el señor González-Páramo dice cosas muy sensatas. Con mucho sentido común. Y haríamos mal en descalificarlo y esconder la cabeza dejado del ala. El Banco Central Europeo es el garante de la estabilidad monetaria del euro, pero no tiene competencias de regulación, como algunos bancos centrales. Así que no se le puede echar la culpa de los desmanes de los bancos comerciales.