La vida es como el fútbol

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2010 a las 8:53

Toda la prensa española, de manera unánime, llevaba ayer en portada la foto del Mundial de fútbol. ¿Sólo los periódicos españoles? No. También eran presa de la misma pasión Le Monde, El Mercurio, O Globo, Il Messaggero o Clarín. Si en los guiñoles de Canal+ el muñeco de Jesulín decía siempre, de no importa qué cosa, “eso es como un toro”, aquí podemos parafraesar al sosias del torero y decir que la vida es como el fútbol. O, lo que es lo mismo, que el fútbol es como la vida misma. Los guiñoles son una fuente de gramática parda bastante influyente. Por ejemplo, en Francia fue decisivo su apoyo al populista Chirac contra el estirado Balladur en las presidenciales de 1995. En aquella época el actual presidente de la República era presentado como le petit Nicolas, huérfano tras su traición a Chirac, por su apoyo al primer ministro que finalmente sería perdedor de aquella guerra fratricida en el seno del partido gaullista.

Con el fútbol no es necesaria filosofía alguna. Todo es más simple. Francia se clasificó de manera fraudulenta para Sudáfrica por un gol de Henry a Irlanda en el desempate de noviembre, en el que se llevó ostensiblemente con la mano dos veces al balón para ayudarse. Vergonzoso que lo puedan ver cientos de millones de espectadores por la televisión, pero no el desventurado árbitro que está en el estadio y no se ha enterado el pobre. Pero la FIFA se niega a utilizar las cámaras en los partidos. Será por guardar la intimidad de los jugadores, como sigue ocurriendo en los lugares públicos con la cámaras de seguridad. Así el sevillista Luis Fabiano puede marcar un gol al estilo Henry, tras darle dos veces con el brazo. Y al torpe del árbitro no se le ocurre otra cosa que bromear con él sobre el efecto óptico que hacía pensar que le había dado en el brazo. Ingenuo. Ingenuo por partida doble, porque el mismo árbitro, francés por más señas, cuando se tragó el teatro de Keita por una supuesta agresión de Kaká y expulsó injustamente al jugador del Real Madrid. Como en la vida, en el fútbol muchas veces el pillo se sale con la suya.

He oído la semana pasada a Manuel Pimentel, citando a Greenspan, que en economía se pasa de la euforia a la depresión sin solución de continuidad. Como en el fútbol: España iba a ganar el Mundial, entró en depresión tras la derrota contra Suiza y en los dos últimos días se han poblado los balcones de banderas rojas y amarillas con el escudo constitucional, con el toro de Osborne o lisas. Estamos otra vez enchufados. Este país necesita como el comer un bálsamo de Fierabrás que le cure todos sus males anímicos. Y ninguna medicina colectiva mejor que el fútbol, que además aprieta la frágil cohesión nacional. A falta de pan, buenas son tortas.

  • Carmen

    Hay un artículo tuyo de hace un año que se titulaba ‘La vida no es como el fútbol’. ¿En qué quedamos? Pero al margen de eso, lo de Francia ha sido de justicia divina. Si la FIFA tuviera pudor habría hecho repetir el partido contra Irlanda. Fue una vergüenza. Y es curioso que la prensa irlandesa se haya ocupado muy poco en sus portadas de las desdichas francesas.