Escándalo en La Condomina

Ignacio Martínez | 9 de octubre de 2010 a las 10:23

Se oyó en la radio. Escándalo en La Condomina. Pero no era Paco González en la Cope, era Carlos Santos en Radio Nacional. No era un comentario de deportes; no era un árbitro robándole el partido al Murcia, con una decisión equivocada en opinión del respetable público. Era corrupción. O presunta corrupción, si lo prefieren. Unos señores políticos, empresarios y técnicos acusados de asuntos nada respetables.

El propietario del Murcia y promotor de la Nueva Condomina y el concejal de urbanismo del PP imputados junto a media docena de personas en una trama de presunta corrupción. Se les acusa de malversación, blanqueo de capitales y cohecho. Se trata de la recalificación urbanística de un millón de metros cuadrados de zona rústica para convertirlos en suelo residencial, comercial y deportivo. PSOE e IU llevaron el tema a los tribunales y denunciaron revalorizaciones astronómicas del precio del suelo. Esta no es materia en la que haya una exclusiva partidista: en Barcelona, el concejal socialista de Comercio y el gerente de Prevención, Seguridad y Movilidad están siendo investigados por una juez de instrucción y la Fiscalía Anticorrupción por su relación con una red de sobornos y extorsiones en las licencias municipales.

El problema mayor no es que estas cosas pasen y se descubran. Lo peor es alguna reacción. Por ejemplo, de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, veterana en estas lides. No es la primera vez que ataca al Estado de Derecho en situaciones parecidas, y por el caso de Murcia acusó a Rubalcaba: “Es una de las operaciones de distracción que, lamentablemente, tanto gustan al Gobierno; en esta ocasión para desviar la atención sobre asuntos como las primarias en Madrid”. En Barcelona el Ayuntamiento no ha atacado a nadie, pero tampoco ha cesado a su concejal y confía en su inocencia.

La presunción de inocencia de políticos y empresarios imputados en causas penales debe ser protegida, como un derecho constitucional que es. Pero esta afición de la señora Cospedal a golpear al Gobierno en el rostro de jueces, fiscales o policías es inquietante. Por cierto, que quien la ha puesto en su sitio esta vez ha sido un correligionario, que ha estado a la altura de la categoría de su puesto. El vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando de Rosa, antiguo consejero de Camps en Valencia, propuesto para el cargo por el PP, ha afirmado que la Administración de Justicia no persigue a nadie, sino que hace lo que le corresponde constitucionalmente: averiguar si hay delitos y resolver si existen o no responsabilidades judiciales.

Quien pretenda camuflar o justificar un caso de corrupción está en realidad tomando por lerdo al respetable público. Público que, desgraciadamente, no se indigna por estos casos como con los árbitros…

  • RF

    Lo de Murcia (La Condomina) podría ser otro presunto eslabón en una cadena ya interminable. La presunta cleptocracia en la que vivimos empieza a fascinar a los columnistas de los grandes periódicos internacionales. Esta semana les tocó al Wall Street Journal y al Financial Times. Lo van a tener muy duro nuestros empresarios a la hora de intentar hacer negocios con sus “confrères” de otros países.

  • RF

    Don Ignacio,

    “Éramos pocos y parió abuela”…Como le comentaba a usted ayer, en esta trágica semana malaya primero fueron el Wall Street Journal y el Financial Times. Hoy en el Frankfurter Allgemeine Zeitung – edición dominical, si no lo dice el FAZ no es noticia – un artículo imprescindible (“Das Marbella-Syndrom”) con la firma del maestro Leo Wieland. Que Dios en su infinita misericordia nos coja confesados…