Sahara a oscuras

Ignacio Martínez | 20 de noviembre de 2010 a las 18:40

La malagueña Trinidad Jiménez ha cometido más errores en un mes como ministra de Exteriores que en año y medio en Sanidad. A simple vista, ha encontrado su nivel de incompetencia. El cinismo y la ingenuidad son actitudes complementarias en cualquier relación. A más cinismo de una parte, necesariamente debe haber más ingenuidad del otro lado para conseguir acuerdos. A menos que las dos partes practiquen con igual intensidad la doctrina cínica, cosa habitual en política. No sé en cuál de estos escenarios estamos en el conflicto del Sahara.

Doce días después del ataque de fuerzas policiales y militares marroquíes contra un campamento de 20.000 personas en las afueras de El Aaiún, se produce una mínima e insuficiente concesión en el apagón informativo practicado por Marruecos, que hasta ahora ha perseguido a los periodistas españoles, los ha retenido en la frontera o los ha detenido en el interior de la antigua capital española. Las autoridades marroquíes siguen culpando de racismo y sectarismo a la prensa española, a la que no dejan trabajar. E incluso han deslizado la idea de que miembros de Al Qaeda en el Magreb Islámico se habían infiltrado entre los manifestantes que reclamaban atenciones sociales en el campamento atacado.

Algún ministro del Gobierno de Rabat, puesto en liza para paliar la avalancha de críticas, ha llegado a calificar a los manifestantes como delincuentes. Peligroso argumento, que recuerda al utilizado por el régimen de los Castro cuando en febrero murió el preso político Orlando Zapata, después de tres meses de huelga de hambre. Cuba es una dictadura sin paliativos. El régimen marroquí, a pesar de tener un monarca cuasi absoluto, pretende equipararse a las democracias europeas. De hecho, en 1979 llegó a pedir su entrada en la CEE y formalizó su solicitud en 1985. Que fue rechazada, dicho sea de paso.

Hay algo en todos los regímenes autoritarios, que los hace similares: su falta de transparencia, su aversión a la prensa libre. La propia petición del Gobierno de España de que Rabat acepte un pool de periodistas y que pueda elegir sus componentes, ya resulta rechazable. El nuevo Gobierno, que ha cogido mucho gas en numerosos temas, ha patinado en éste de manera estruendosa. La neófita ministra ha llegado a afirmar que España ya no tiene responsabilidad alguna en el Sahara. Algo que no sólo es incierto, sino que entra en contradicción con el sentimiento casi unánime de los españoles, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, que piensan que le debemos algo a los saharauis.

El Gobierno español no ha hecho buen papel, pero el suyo ha sido aseado si se compara con el marroquí. Impedir la información es el peor aval en un conflicto como éste. Marruecos entró por la fuerza en el Sahara español y está dispuesto a seguir por la fuerza. Y a oscuras.

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  • Zascandil

    ¿Cómo que el papel del Gobierno español ha sido “aseado” comparado con el del Gobierno marroquí? ¿Qué medida de comparación es esa? ¿Una manera de dulcificar el texto en el último párrafo?
    Su artículo por lo demás estupendo, pero yo añado alto y claro que son de verguenza tanto las declaraciones de Rubalcaba como las de la ministra. Y que el Gobierno marroquí, que es un fenomeno en manejar los tempos, le ha mandado un mensaje claro a Jiménez sólo dos semanas después de la foto de los dos ministros de exteriores en Rabat.