Paraíso perdido

Ignacio Martínez | 13 de diciembre de 2010 a las 15:06

Ayer por la mañana oí en la radio al alcalde de Vigo, Abel Caballero, que fue ministro de Transportes en los 80 en el Gobierno de Felipe González, ejercer de nacionalista vigués. El discurso de este socialista gallego era hasta agresivo. Vigo es lo mejor del mundo en pesca, construcción de coches, cajas de ahorros o lo que le echen. El periódico de La Coruña es antivigués; la caja de Vigo se ha tenido que quedar con la de La Coruña que estaba poco menos que quebrada, y lidera la fusión, como no podía ser de otra manera. Tal era el entusiasmo del alcalde y su falta de comedimiento, que Montserrat Domínguez, tuvo que decirle “¡alcalde, no me monte aquí un mitin!” Como el que no se consuela es porque no quiere, este cronista se sintió aliviado, por comparación. Nos quejamos del localismo cainita que practicamos en Andalucía, pero si acudimos al que se gastan en otras latitudes, entonces no salimos tan mal parados.

Si el alcalde de Málaga, en este caso del PP, hubiese dicho algo similar de Unicaja y Cajasol, se monta un belén, dicho sea en alusión a las fiestas. Claro que el consuelo es efímero. Pensando en el futuro más vale insistir en que Andalucía es mucho más que ocho provincias y más que 770 municipios. El localismo es una enfermedad que se cura viajando y leyendo. Antes, cuando había menos acceso a la instrucción pública, el conocimiento de los otros se producía en el servicio militar obligatorio, que juntaba muchachos de todas las latitudes. También ayudaba a la convivencia entre las provincias que sólo hubiese universidad en Granada y Sevilla, a donde acudían estudiantes de todas partes. En el trivalismo que hoy nos atenaza tiene su influencia que casi cualquier carrera se pueda hacer en la universidad local, sin el riesgo de contaminarse conociendo a los vecinos.

Por cierto, que no es mala cosa la propuesta de la Consejería de Turismo de pasar las vacaciones cerca. A la campaña que dice que Andalucía es el mejor regalo para la Navidad, sólo le falta indicar que a ser posible se visite una provincia distinta a la propia; ayudaría a la construcción regional. Otro acierto es el de la Fundación Lara. Ana Gavín está empeñada en que conozcamos épocas señaladas de las principales ciudades andaluzas. El último producto de esta serie, que ya tiene 16 libros, se presenta esta tarde en Málaga. El prestigioso escritor Antonio Soler ha escrito en Paraíso perdido la historia de Málaga en el siglo que va desde el primer tercio del XIX hasta la Guerra Civil.

Un ensayo a la vez crítico y elogioso con la oligarquía local, y más elogioso que crítico con su clase obrera. Repasa la pujanza industrial malagueña desde que en 1831 se funda la primera siderurgia. La ciudad tenía entonces 60.000 habitantes, y los Heredia, Larios o Loring la convierten en un emporio industrial, que sigue la estela de Barcelona. Pura memoria histórica andaluza. Pasen y lean.

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  • Antonio

    La colección de la Fundación Lara tiene joyas estupendas. No sólo de las capitales. Hay libros sobre Carmona, Baeza, Gribraltar, Jerez, Úbeda, Ronda, la Costa del Sol, Lucena. Con el tiempo, se ve una trayectoria extraordinaria.