Marqueses

Ignacio Martínez | 5 de febrero de 2011 a las 16:32

Ya no se puede decir modernamente eso de ¡vives como un marqués! En primer lugar, porque hay marqueses muy tiesos. Tan arruinados, que ya lo estaban en esa época cercana en la que todos los españoles nos creímos ricos, antes de que la crisis nos pusiera en nuestro sitio. Pero es que además el jefe de la cosa aristocrática, que es mismamente el Rey, nos sorprendió ayer con unos nombramientos que desmienten ese comentario popular, que identifica el marquesado con la buena vida y la holganza. Vargas Llosa, Del Bosque, Villar Mir y Menéndez son hombres que han trabajado muy duramente para triunfar en la vida. Y ¡vive dios que han triunfado! Ninguno de ellos tiene problemas de tesorería, en esta España sometida a una severa dieta de austeridad por el directorio europeo.

Complace ver a un escritor de la talla de Vargas Llosa con su Nobel reciente, elevado a la categoría de aristócrata moderno y nacional; es español de nacionalidad desde 1993. Disfrutó del Madrid de finales de los 50, con una beca de doctorado en la Universidad Complutense y sostiene que se hizo escritor en la Barcelona de los primeros años 70, en una ciudad bella, culta y divertida, a pesar del franquismo, en la que vivió cuatro años. Villar Mir y Menéndez tienen en común haber sido ministros tras la muerte de Franco. El empresario como ministro de Hacienda en el primer Gobierno de la monarquía, en la prórroga de Arias Navarro, junto a pesos pesados como Fraga o Areilza. Y el segundo en el primer Gabinete de Suárez, el de los penenes, aunque este catedrático de Derecho Mercantil ya frisaba los 50 años por entonces.

Hay otras coincidencias en este elenco de nuevos marqueses. Por ejemplo, el indiscutible madridismo de dos de los distinguidos. Villar Mir intentó sin éxito llegar a la presidencia del Real Madrid cuando Florentino Pérez dio la espantada en 2006. Y Vicente del Bosque fue jugador del Madrid durante once temporadas, en las que ganó cinco Ligas y cuatro Copas. Y como entrenador del mismo club ganó dos Champions y dos Ligas. Lo echó Florentino, que no es hombre con buen ojo para los marqueses modernos. Mayormente porque a su ojito derecho actual, José Mourinho, no se le ven muchas posibilidades de conseguir semejante título nobiliario, por muchos títulos deportivos que logre.

Del Bosque es un hombre noble de natural, sin necesidad que lo diga el Boletín Oficial. Es de esos deportistas a los que da gloria oír, por su humildad y consideración con los contrarios. Como Guardiola, como Nadal. Lejos de la arrogancia, soberbia y mal humor de niño consentido de Mourinho. Lo de Del Bosque seguro que ha caído bien a la generalidad de los españoles. Este marqués es un ejemplo de caballerosidad, serenidad y confianza. El tipo de liderazgo que hace falta en los turbulentos tiempos que corren. Y no sólo en el fútbol.

  • Pep

    Querido Ignacio, coincidiendo contigo en la bondad del personaje, Del Bosque,yo que no visto con la pátina del cortesano ni medro de sus prebendas, se me antoja tal reparto de egregias exceléncias como una bonita y soleada tarde de tiro al plato.¡Plato!, tocado.

    El buque insignia de un latazo etiquetado como la roja, muy pasionario el apodo, no fué más que, en su columna vertebral y en sus extremidades, el resultado de una estrategia deportiva inventada por un enigmático que responde por Pep, que no soy yo.

    Por lo que puestos a bendecir con régias dignidades y rancios abolengos la efemérides deportiva, yo hubiera optado por crear el marquesado de Fuentealvilla, el conde de Terrassa, el Señorío de Busquets y el Grande de España Picapica. Lógicos merecedores de tan altísima distinción.

    Un abrazo. (Cortés pero no cortesano.)

  • Jotaeme

    Don Ignacio, estoy de acuerdo con lo que señala. Pep -excúseme el tuteo- disiento. Se deja usted llevar por la hispana costumbre de arrimar el ascua a su sardina, llevar el agua a su molino o, dicho en forma más montaraz, meternos las cabras en el corral. En el grupo de abolengos, dignidades y ringorrangos que usted reparte en base al uso tan patrimonial como sesgado de una gesta deportiva ESPAÑOLA, se ha olvidado de ciertas personas que tuvieron algo que ver con lo logrado tanto en Suráfrica, como antes en Viena (los italianos se acuerdan muy bien). Ha borrado de la relación a un chaval de nombre vasco, nacido en Madrid y de familia abulense que hizo ‘algo’ frente a Paraguay y luego frente a Holanda… cosa que permitió que un manchego se apuntara a la foto de la gloria. Y está bien que sea así porque ya antes un riojano criado en El Bocho, lo mismo que un tal Martínez, colaboró lo suyo; un chavalín de Los Palacios transportó y escondió la pelota un buen rato hasta que le pudo llegar a Iniesta; otro de Fuenlabrada emigrado a la Premier League colaboró lo que pudo; un donostiarra regresado de Liverpool se dejó literalmente el físico en el torneo, por no hablar de un Capdevila tarraconense o un camero sevillano u otros de menos fuste…. Asi que no creo que haya que ir por ahí. Aunque yo haga lo mismo. Como dijo un ilustre escritor, lo bueno que tiene el fútbol es que nos permite razonar, expresarnos y comportarnos como niños de diez años sin que nadie se alarme por ello y sin que sientan piedad de nosotros. Afectuosa y parcialmente se lo digo.

  • Pep

    Querido Ignacio, es evidente que por las connotaciones expresadas por el cordial contertulio Jotaeme, mis palabras han sido fallidas de base y no mal interpretadas, sino carentes de su verdadero objetivo: plasmar una opinión.

    Mi discurso pretende, pretendía, únicamente poner en evidencia la inutilidad y ridiculez de gestos totalmente estériles y trasnochados, a mi entender, en la Europa del siglo XXI.Es verdad que hay territorios y personas que son monárquicos de toda la vida…Pero ese y no otro era el nudo del comentario.

    La parte futbolera no era más que un tinte de guasa y de coña, si se me permite.De todos modos,dado el caso, me reafirmo en que la roja fue el Barça con distinta camiseta.No sé si será una hispánica costumbre, pero en mi caso sería curioso.

    Sr. Jotaeme, le pido disculpas por no haber sabido explicarme con claridad, y le devuelvo el mismo afecto, sin parcialidad, enteramente se lo digo.

    Un abrazo.

  • Jotaeme

    Así da gusto. Usted se expresa, yo lo hago, don Ignacio arbitra y esto es Camelot. Vamos a tener que buscar cuidadosamente asuntos para tirarnos un poquito de los pelos. En cuanto a lo de las distinciones borbonescas, pienso como usted que… a estas horas como que no es muy de recibo. / PD. No tiene usted, por lo demás, que anotar nada ni excusarse; se ha expresado perfectamente en lo futbolístico y me parece que yo también así que, como dijo aquel, entre calé y calé no sirve la buenaventura.