La revuelta ha llegado a nuestro patio trasero

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2011 a las 12:05

Cuando en mayo de 1994 entró en funcionamiento el Eurotúnel que conecta Francia con Inglaterra, técnicamente el Reino Unido dejó de ser una isla. Esos cincuenta kilómetros bajo el Canal de La Mancha suponen una distancia simbólica cuya importancia es difícil medir. Aunque sus efectos benéficos para la UE no se noten en exceso. Cuando en 1956 el presidente Nasser decidió nacionalizar el Canal de Suez, para financiar la presa de Asuán, el Reino Unido y Francia, principales propietarios del canal, ayudados por Israel, invadieron militarmente la zona. Egipto bloqueó la navegación y Estados Unidos obligó a las dos potencias europeas a retirarse.

El canal tenía ya casi un siglo, pero nunca había sido tan conflictiva su existencia. Egipto fue gobernado con mano de hierro tras la muerte de Nasser por otros dos militares como él, Sadat y Mubarak. La democracia pudo esperar, para tranquilidad de la Unión Europea, Estados Unidos e Israel. Hasta que la revuelta árabe llegó a El Cairo y se llevó por delante el régimen.

El estado judío se inquieta ahora cuando barcos de guerra iraníes remontan el canal, camino del Mediterráneo desde el Mar Rojo. Simon Peres, presidente de Israel, entrevistado hoy en TVE por Ana Pastor, canta las excelencias de régimen impuesto en Egipto por los oficiales libres que dieron el golpe de Estado de 1952 que llevaría al poder cuatro después al coronel Nasser. La distancia simbólica de este trayecto es bastante más grande que los 160 kilómetros de canal.

El año 56 fue también el año de la independencia de Marruecos. La revuelta árabe ha llegado este fin de semana a nuestro vecino del sur. Ayer hubo disturbios en Tánger y miles de personas se manifestaron en una decena de ciudades marroquíes, como Alhucemas, a medio camino entre Ceuta y Melilla. En Rabat hubo al menos ocho mil participantes. A este movimiento por la libertad y el progreso en el mundo árabe no lo paran ni las balas: en Libia pueden haber muerto 200 personas. Desde el Mediterráneo hasta Bahrein, en el Golfo Pérsico, una ola de indignación se alza contra toda clase de dictadores y autócratas. No parece la clásica protesta anticolonialista, anticapitalista. Tampoco islamista. Es algo nuevo, que urge una respuesta europea. Lady Ashton, la insegura ministra de Exteriores de la UE, estuvo el miércoles en Túnez e irá mañana a El Cairo. ¡Por fin! Aunque sólo ofrece ayuda económica. Como en el 56 en en Canal de Suez, Estados Unidos va por delante de Europa.

Están en nuestra puerta y tenemos muchos intereses cruzados. Sin ir más lejos, hoy entra en funcionamiento el gaseoducto submarino entre Beni Saf (Argelia) y Almería. MedGaz tiene 210 kilómetros y capacidad para transportar 8.000 millones de metros cúbicos al año. Esta empresa va a tener socios árabes mayoritarios, porque la argelina Sonatrach tiene el 36%, y Cepsa, con otro 20%, va a acabar controlada por el fondo soberano de Abu Dhabi. El resto es de Iberdrola, Endesa y Gaz de France. La anchura simbólica del Estrecho es bastante más pequeña que los 15 kilómetros que hay entre el puerto de Algeciras y el de Tánger-Med. La revuelta ha llegado a nuestro patio trasero.

  • Carmen

    Ahora Estados Unidos debería intervenir militarmente en Libia. No se puede consentir que un dictador ataque a la población civil con aviones. De la Unión Europea nadie espera gran cosa, así que es difícil pedirle nada.