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9 de mayo, fiesta nacional

Ignacio Martínez | 10 de mayo de 2011 a las 2:19

Hoy es una fiesta nacional. Como el 28 de febrero para los andaluces o el 12 de octubre para los españoles, el 9 de mayo es una festividad para los 500 millones de europeos de 27 países. De hecho, es día no laborable en las instituciones europeas. Hace 61 años, el 9 de mayo de 1950, en el salón del reloj del Quai d’Orsay, el ministro de Exteriores de Francia Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, que empezó su actividad en 1952. Después vino la CEE, la Comunidad Europea y la actual UE. España forma parte del club desde 1986.

En estos tiempos que corren la primera preocupación es el paro, como en la Europa de la posguerra en la que Schuman lanzó su propuesta de unión. Pero aquel no fue un proyecto económico. En la Segunda Guerra Mundial, que terminó sólo cinco años antes, murieron en suelo europeo 36,5 millones de personas, más de la mitad civiles. Para que no se repitiera una tragedia semejante se pensó situar bajo una autoridad común la producción de carbón y acero de Francia, Alemania y los países que se quisieran adherir.

El carbón y el acero eran la materia prima para construir armamento convencional y su control por una Alta Autoridad común garantizaba que una guerra como la del 39 al 45 no volvería a producirse. Por eso el discurso de Schuman empezaba diciendo: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas”.

El primer objetivo de la Europa unida fue la paz. Los países europeos habían hecho la guerra unos contra otros a lo largo de la historia. En su último discurso ante el Parlamento Europeo, en 1995, el presidente Mitterrand se sorprendía de que sólo uno de sus catorce socios, Dinamarca, no había sido en el pasado enemigo de Francia en una guerra. Para los españoles, Europa significaba las libertades y el progreso; éramos un país de euroentusiastas. Andalucía se benefició extraordinariamente de los fondos para el desarrollo y la agricultura; ha recibido 69.000 millones de euros en 25 años, 11,5 billones de pesetas.

La llegada del euro redujo los intereses de los créditos hasta crear el espejismo de que el dinero se prestaba gratis. La crisis económica ha despertado a los españoles de ese sueño y la política del Banco Central Europeo para contener la inflación perjudica la recuperación de los países con economías más estancadas. Pero pertenecer a Europa sigue siendo un privilegio, con más ventajas que inconvenientes. Esta fiesta nacional de los europeos es una buena excusa para recordarlo a un país que tiene ahora la tentación del euroescepticismo.

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