El Capitán Trueno

Ignacio Martínez | 10 de octubre de 2011 a las 10:05

Vino el ex presidente Aznar a Málaga, con la espada del Capitán Trueno, para inaugurar la convención popular antesala de la campaña que llevará a Rajoy en volandas a La Moncloa. Estuvo duro en todos los terrenos, menos para celebrar por adelantado el triunfo de su delfín: dijo que es la hora de Mariano con la más absoluta falta de pasión. Es posible que le traicionara el subconsciente, por los arduos esfuerzos que personas y medios afines hicieron para tumbar a Rajoy tras su derrota de 2008. Ahora, con la victoria que se avecina, echa pelillos a la mar. Rajoy, por el contrario, se acuerda: dejó claro en su discurso final que estaba allí gracias a los militantes, “y a nadie más”.

Total, que vino José María Aznar en plan duro. Y lanzó como piedras algunas verdades, como que el nuevo presidente va a heredar un país en ruinas. Es cierto. Después de décadas de crecimiento de la población, España ha vuelto a ser un país de emigrantes. Y los que se van son los más jóvenes y más preparados. Sin duda que la torpeza del presidente del Gobierno tiene una enorme responsabilidad: a Zapatero la crisis le ha venido muy grande. No toda la culpa es suya; el hundimiento de la economía mundial ha ayudado a su desorientación. Pero lleva cuatro años dando tumbos.

El problema con Aznar surge cuando lanza falsedades como piedras. Ha dicho el ex presidente que el Gobierno está suplicante, mendigando a ETA algún gesto. Zapatero se equivocó gravemente cuando siguió negociando con la banda después del atentado contra la T4, pero eso fue en la anterior legislatura. En ésta ha habido un amplio consenso con el PP, y si Bildu ha podido presentarse es porque el Constitucional lo ha permitido. En todo caso, peca Aznar de poca memoria. En 1998 acercó presos etarras al País Vasco para facilitar el diálogo con la banda terrorista. En marzo afirmó que si ETA dejaba las armas sabría ser generoso. En noviembre, llamó a la banda movimiento vasco de liberación nacional. Hubo una sesión negociadora el 19 de mayo del 99 en Zúrich entre tres enviados suyos y jefes terroristas. Y se lamentó de que no se produjeran más contactos, en septiembre siguiente: “Es porque ETA no quiere, no hay ninguna otra razón”. No es mal ejemplo de súplica.

Pensando en Mas, Arenas dijo el sábado que la talla de las ideas no se mide por la capacidad de insultar. Eso no lo haría el Capitán Trueno.

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