Una sonrisa para los turistas

Ignacio Martínez | 16 de octubre de 2011 a las 11:16

Una amiga, que ha estado en los Estados Unidos, viene contando lo bien que se lo ha pasado en California, pero añade que no vuelve a Estados Unidos. Resulta que cuando llegó a Los Ángeles, procedente de París en un vuelo de Air France, la apartaron del resto de viajeros en el control de pasaportes. A ella y a unas pocas de españolas o hispanoamericanas que tenían algo en común: un nombre compuesto que empezaba por María. Ninguna suiza o francesa del vuelo fue retenida.

Separada de sus acompañantes, la llevaron a una segunda inspección durante dos horas de reloj. Allí la interrogaron sobre el color de su pelo, el de sus ojos, su peso y cuestiones similares. No le dieron ninguna explicación; hay que esperar a una llamada, era todo el recado. No se sabía por qué. Mientras, a los que estaban fuera no les dejaron entrar´, ni recibir información alguna. Sólo que aquello era por su bien. Malas caras, voces más altas de la cuenta y un poquito de chulería completan el cuadro de la llegada a la tierra de Obama.

En los mismos días, otro amigo ha estado en Marruecos. Y a la salida de la frontera de Nador con Melilla un funcionario de aduanas lo retuvo para hacerle un interrogatorio sobre su profesión, especialidad, etcétera, etcétera. La impresión de la víctima es que aquello no era por su bien, sino con el objeto preciso de tocarle las narices. Y dentro de la Unión Europea, lo mismo ocurrió en junio a otra buena amiga en los controles aleatorios de frontera en Dinamarca, puestos en marcha en primavera violando los compromisos de Schengen. El terrorismo ha conseguido un enorme éxito, al amargarle la vida a los turistas. Y a veces el racismo y la mala leche del funcionario hacen el resto.

Las medidas de seguridad en los aeropuertos rozan el ridículo. Quizá nada de eso es evitable, todo es necesario para que ninguna peligrosa terrorista se camufle tontamente debajo de cualquier inocente María hispana. O un espía español no deambule a sus anchas por el antiguo protectorado rifeño. O no entre en Dinamarca ningún indeseable mafioso.

Admitamos que es imprescindible este tipo de control. La pregunta es por qué no ponen en estos sitios a gente muy eficaz y particularmente amable. Por cada peligroso terrorista habrá millones de turistas que agradecerían un poco de respeto ante la sospecha de que no son culpables de nada. Pero la ecuación que uno encuentra en las fronteras de este mundo de dios es la contraria. Hay que ladrarle al viajero, amedrentarlo, para que sepa quién manda allí.

El turismo es un fenómeno tan poderoso que aguanta todo esto. Hay mil millones de turistas internacionales al año en el mundo. ¡Uno de cada siete habitantes del planeta sale de su país! Y la cifra se puede duplicar en la próxima década. Sería deseable que nos reciban en destino con todo rigor. Y una sonrisa, no estaría de más.

  • ferran

    Despues del susto del 11 S. que les dieron a los americanos, lo mas normal es que extremen sus medidas de seguridad de entrada en su territorio. En Europa somos menos estrictos pero nada parecido a lo que ocurre en España. En el Aeropuerto de Munich de entrada a territorio Schengen a un español con rasgos arabes y en transito hacia Barcelona con pasaporte legal,delante mio ,le estuvieron interrogando para confirmar su identidad…Pasó!!…Saben como entran en Barajas procedentes de latinoamerica??..Pues entran con un pasaporte de turista valido para tres meses y luego de “volver” ya nadie se acuerda…Lo de los “customs” americanos sera incomodo. Lo siento por las españolas ,pero despues de su experiencia intentan defenderse de los imprevistos

  • juan lopez bonet

    Como narrador de historias que soy, voy a redactarles una que a su manera, también es curiosa y “denigrante”. La hija de mi cuñada de Finlandia iba por primera vez a las Islas Canarias, en viaje de
    prometida con su novio. Al llegar a término y en el autobús que les trasladaba a su hotel la guia (?) de turno aleccionó a los turistas del peligro de robo “normal” en España. Que no llevaran dinero, joyas, relojes, tarjetas, móviles etc.etc. en sus salidas a paseo o a la playa. La pareja mencionada estuvo toda la semana en la habitación del hotel, dónde uno salia para comprar una hamburguesa mientras el otro/la otra quedaba vigilando sus pertenencias. Asi ellos no vieron Las Palmas más que de la ventana de su terraza cerrada a cal y canto. ¡Qué bien!

  • Leo Berna

    Hola Juan; el problema no era del robo o hurto potencial que podría sufrir tu cuñada y y pareja ; ni era culpa del guía; sino de ellos mismos.