Un debate González-Aznar

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:32

En este país no tenemos tradición de debates televisados entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno, si se exceptúa Cataluña, en donde Jordi Pujol, incluso cuando disfrutaba de cómodas mayorías se encerraba con líderes de todos los partidos, con representación en el Parlament. Cataluña en eso, como en muchas otras cosas, nos da ejemplo. Sigue una tradición francesa se que aplica en todas las elecciones a la Asamblea Nacional. También allí hay costumbre de hacer debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, en particular en la segunda vuelta, cuando ya sólo quedan dos litigantes.

En España somos más castizos. Más atrasados, por decirlo sin ambages. Cuando un candidato se sabe ganador, sencillamente no arriesga. No lo hizo nunca Suárez, ni González, hasta que en 1993 se vio con el agua la cuello y admitió dos debates con Aznar, que le ganó claramente el primero. Hasta entonces, Felipe escurría el bulto, y decía aquello de que se pusieran de acuerdo todos los demás y le dijeran con quién tenía que debatir. La broma ya no le valió en el 93 y cuando perdió en el 96 por muy poco se lamentó de que le había faltado un debate. Si los hubiera fomentado en sus años de gloria, quizá el PP no hubiera podido negarse.

Luego, Aznar hizo uso del mismo oportunismo: no quiso debates ni en 1996 ni en 2000, porque se notaba sobrado. Lo mismito que Rajoy en 2004, cuando recibió el testigo de Aznar y creía que no debía arriesgar. Detalle este muy señalado de su personalidad. En 2008 Zapatero y Rajoy estaban empatados y se celebraron dos debates trabadísimos, porque las condiciones que ponen los estados mayores de los candidatos hacen de estos encuentros dos monólogos consecutivos, sin chispa, sin chicha, ni lugar para preguntas incómodas por parte de periodistas que hagan su trabajo, en vez de guardias de tráfico que administren el tiempo.

Pero no hemos conseguido convertirlo en una costumbre. Los políticos no se sienten presionados por la opinión pública y el PP se permite ningunear a la televisión pública. De tal manera que ha conseguido evitar que Rajoy se encierre con Rubalcaba dos noches y lo ha dejado en una sola, para cubrir el expediente. Y el PSOE, que va camino de una derrota clamorosa, se ha conformado, porque no tenía más remedio. Espero sin emoción alguna el debate convenido para el lunes 7 entre los dos contendientes a la Presidencia. Otra cosa sería un González-Aznar. Ana Pastor se lo propuso a Felipe la semana pasada en Los Desayunos y aceptó de inmediato. Me temo que Aznar no puede decir que sí, por mucho que le apetezca. Pero ese debate sí que tendría emoción. Aunque se jueguen nada, o precisamente por eso.

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