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El color del triunfo en la Davis

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2011 a las 13:54

La Copa Davis nos deja el buen sabor de boca del triunfo. Qué bonita es una victoria. Y qué fea una derrota: ver a un jugador tan grande como Del Potro con lágrimas en los ojos, impresiona. Grande, por cierto, en todos los sentidos de la palabra. Y además de buenas vibraciones, la Davis nos deja muchas imágenes. Me quedo con Nadal pasando delante del banquillo argentino, consolando a todos y cada uno de los miembros del equipo. Antes había susurrado palabras de reconocimiento a su rival, que le esperaba derrotado sobre la red. Gesto noble.

Y, nobleza obliga, el Rey hizo algo similar tras entregar el trofeo a La Armada, a la que hemos oído cantar en su himno que se autocalifica La Roja, como en el fútbol. Don Juan Carlos se fue al podio a saludar personalmente a los argentinos, que a pie quieto contemplaban la celebración española en primera fila. El monarca departió con todos, pero especialmente con Juan Martín.

Otra imagen es el estadio de La Cartuja con récord mundial de asistencia a un campo de tenis, mayor que las pistas centrales de Roland Garros en París o Flushing Meadows en Nueva York. Asistencia a la que finalmente se sumó, con buen juicio, el presidente andaluz. Un público entusiasta, que no paró de animar a los suyos, españoles o argentinos. Una señora rubia, de pelo rizado y camiseta albiceleste, salió en televisión en mil versiones: pasaba del entusiasmo a la decepción con la misma intensidad. El buen ambiente estuvo a punto de truncarse en el partido Nadal-Del Potro, cuando un grupo de aficionados argentinos empezó a importunar al español. Conjurada la tensión y acallados los alborotadores, siguió el juego.

Las cámaras de televisión no mostraron mucho al Rey, ni al palco de autoridades, en donde el primer día debutó con cara de pocos amigos la consejera de Presidencia, Mar Moreno, correturno del desaparecido presidente autonómico. Al Rey no lo vimos mucho, pero por el contrario, Luis Miguel Martín Rubio aparecía una y otra vez, en primero o segundo plano y hasta de fondo, cuando sacaba Nadal. Director de Negocio para Andalucía de Ernst&Young, y ex vicepresidente de Cajasur, Luismi es otra de las imágenes de la final. Las gafas oscuras del Rey también entrarían en este catálogo, con la esperanza de que no se pongan de moda.

Y, como colofón, la imagen de equipo de los españoles. Animando a quien estaba en la pista, Verdasco debe haber quedado ronco. En marzo de 2009, en honor de Nadal, Feliciano López inventó una canción en la que le daba las gracias por ser español y subrayaba que La Roja era lo más grande. La victoria es dulce, pero no habrá mucho tiempo para saborearla. Esta semana termina el viernes con una cumbre en Bruselas en la que España no será la más grande. A Del Potro se le puede ganar, pero la Merkel es mucha Merkel. Eso tiene ya otro color.

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  • Jotaeme

    Luismi es un tipo estupendo pero, dicho esto, ¿quien pagó su abono? Es sólo una pregunta; tan malintencionada como amistosa porque no me lo imagino yo haciendo cola durante horas.

  • Javier Abad Donnici

    El triunfo de la Davis, un ejemplo a seguir.-
    Efectivamente, que buen sabor de boca deja un triunfo y que bonita es una victoria. Tenemos un gran equipo. Pienso que de la Copa Davis y de la Copa del Mundo de Futbol, tenemos muchas enseñanzas que aprender todos los españoles; por cierto, en ambos casos hablamos de “La Roja” y esto no es casualidad; nos crecemos creando la leyenda con el primer éxito, para obtener el segundo y quizás preparar el tercero. Hemos visto y hemos disfrutado con el triunfo obtenido por nuestros jugadores, pero ¿A qué precio? Detrás, años de preparación, de esfuerzo y de sacrificio. Una estricta selección de jugadores forman la Escuadra, no se les escoge por guapos o por simpáticos, son seleccionados por su juego, además de por su calidad humana, bondad y generosidad; se intenta que sean “Los mejores”. Dicen los béticos, que para triunfar hay que sufrir.
    Los seleccionadores nacionales, buscan entre los deportistas disponibles, aquellos que reúnen condiciones de capacidad y merito, además de disciplinados, entusiastas y capaces de seguir sus instrucciones, con el esfuerzo y sacrificio necesario.
    La afición, que gran afición, encabezada por el Rey, dando calor a los jugadores, sufriendo con ellos en la derrota y gozando en el éxito, todos unidos haciendo fuerza por el triunfo de la empresa. La bandera de nuestra afición, “La Española”, que es la nuestra, la de todos.
    Realmente emocionante, mi felicitación a los jugadores, organizadores, entrenadores y afición, gracias por vuestra victoria, que es la nuestra. Pero sobretodo, gracias por enseñarnos a vivir de manera ejemplar. Otro gallo cantaría, si fuésemos capaces de exportar estas actitudes al mundo de la política.