Carne de cañón

Ignacio Martínez | 22 de febrero de 2012 a las 11:09

Andalucía, Canarias y el Mediterráneo español pagan con una mayor competencia marroquí las ventajas que los productos agrarios e industriales del norte de Europa van a recibir a cambio. Este es un caso flagrante de abuso que se aleja por completo del espíritu europeísta. La pérdida de soberanía española no sólo se refiere a los asuntos económicos y financieros, afecta de lleno a estas cuestiones diplomáticas y comerciales.

Hace unos meses el Parlamento Europeo suspendió el acuerdo de Pesca con Marruecos, perjudicando a España, por la sensibilidad de los eurodiputados por el asunto del Sahara. Marruecos era el malo de la película y le daban una bofetada en nuestra cara; la flota andaluza y canaria era la principal beneficiada con ese tratado. Ahora de pronto el marroquí es bueno, porque los beneficiados del intercambio son otros. Un magnífico embajador español me dijo en una ocasión que la Unión Europea no era una congregación de Hermanitas de la Caridad sino un club de intereses. Que no lo olvidara.

Recuerdo la frase cuando nos anuncian un nuevo acuerdo de la UE con Marruecos, que da enormes ventajas a la agricultura del reino alauí y refuerza el espacio de libre cambio entre Europa y nuestro vecino del sur. Es un paso más en la aplicación del acuerdo de Asociación entre ambas partes firmado en 1995 y que preveía una zona total de libre cambio agrícola e industrial para 2010.

Ya ven que no se ha cumplido y ahora se habla de los años 20 para que esté plenamente en vigor. La pérdida de soberanía española es dramática y perjudica gravemente a la agricultura andaluza. La entrada de mayores contingentes de frutas y hortalizas sin arancel, y la rebaja de las tasas de entrada para el resto, amenaza una parte sustancial de la economía regional. Entre la agricultura y la agroindustria pueden suponer del 10 al 15% del PIB andaluz.

Asaja cifra las pérdidas en mil millones de euros al año. Pero el daño es muy superior: el euroescepticismo, la desconfianza en la UE como ámbito de protección de los derechos de todos. El norte desarrollado no sólo nos tiene intervenida la economía y la legislación social. Ahora hace negocios agrícolas e industriales a costa de hipotecar el futuro del sur, convertido en carne de cañón.

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