El virus Sarkozy

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2012 a las 12:36

Hay muchas maneras de hacer campaña electoral. Los profesionales de la política, el marketing y las encuestas dirán que la buena es la que gana: todo vale para gobernar. Tengo mis dudas. Veamos un ejemplo de fuera, que nos afecta: en dos semanas, el 22 de abril, se celebra la primera vuelta para elegir al inquilino del Palacio del Elíseo. Y el 6 de mayo es la elección definitiva, previsiblemente entre el actual presidente francés y el candidato socialista François Hollande.

Hasta hace poco, Nicolas Sarkozy, viejo lobo de mar de la política francesa, iba por detrás en las encuestas. Justo hasta los atentados del mes pasado en Toulouse en los que murieron cuatro civiles y tres soldados, además del terrorista. El marketing le funcionó bien al presidente que pasó a encabezar las encuestas para la primera vuelta, gracias a su forzado protagonismo. Buena jugada.

Pero todavía está lejos de poder ganar el 6 de mayo. Así que los aprendices de brujo que le rodean han elegido otro recurso con gancho para animar a los simpatizantes. Y no han encontrado otra cosa que España y su asfixiante situación económica. Y aquí estamos ahora, aguantando un chaparrón de descalificaciones del candidato al que el rey Juan Carlos concedió hace tres meses un Toisón de Oro, la más alta condecoración de la Corona española. El último ataque de Nicolas fue ayer mismo. Es como un virus. Antes dispuesto a infectar la política de inmigración europea y ahora la estabilidad del euro.

Con los recortes en los presupuestos dejando la economía nacional en el hueso y los mercados reticentes a invertir en deuda pública española, lo último que necesitamos es al jefe de Estado de la segunda potencia continental todo el día diciendo lo mal que anda España. Pero lo hace. Sostiene que su rival colocaría a Francia en el nivel de Grecia o España. Somos el paradigma del mal.

Así, con dos ideas negativas, se está haciendo la campaña el buen hombre. Me recuerda a Arenas, empecinado durante meses en el monotema de la corrupción socialista con los eres falsos y el hartazgo de los 30 años. Cierto, pero insuficiente. Hay que poner algo más encima de la mesa para ganar. Algo positivo. Pero ni aquí Arenas, ni Sarkozy en Francia siguen esa receta. Sino la rancia de que lo importante es ganar. Como sea.

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