Por imperativo legal

Ignacio Martínez | 27 de mayo de 2012 a las 10:30

Quizá porque nos marcó el terrorismo de ETA y tenemos aversión a los partidos antisistema, pero rechina oír a los diputados de Izquierda Unida prometer sus cargos en el Parlamento andaluz por imperativo legal. Más allá de la estética, todo discurso tiene una responsabilidad, aunque sea de sólo tres palabras. Las que inventaron los de Batasuna para tomar posesión de su escaño en el Congreso sin romper con su independentismo violento. Me obligan, no tenía más remedio.
Entra dentro de este capítulo lo de la pistola en el pecho que dijo Esperanza Aguirre para justificar la fusión de Caja Madrid con Bancaja. Ellos no querían, los forzaron. Un malabarismo para desviar la atención de un fiasco que costará al erario público más del 2% del PIB nacional. Adornado con una explicación que demuestra la buena crianza de la presidenta y su perfecto dominio del inglés: shotgun marriage es casarse a la fuerza; de penalti, en castizo.

Y ahora padecen este síndrome de estreñimiento los socialistas andaluces. Resulta que han hecho los recortes en las cuentas de la Junta por imperativo legal. Empezó con la boutade el presidente Griñán y le ha seguido una consejera tan juiciosa como Aguayo, que esta semana ha atribuido en el Parlamento andaluz el 90% del ajuste presupuestario regional al Gobierno central. Ambos pasan por alto que el PIB andaluz imaginado por sus servicios para 2012 no se cumplirá. Habrá una desviación a la baja de 5.000 millones de euros. Lo que traducido a impuestos, cedidos o no, es más de la mitad del recorte andaluz. Pero nada, oficialmente les han obligado. El trazo gordo no admite matices.
Todo es fruto de la costumbre de escurrir el bulto. Los humoristas de este país le han sacado mucha punta a la cacería de Botsuana, pero el único responsable público que ha reconocido un error y ha pedido disculpas en este país ha sido el Rey. Con lo guapos que habrían quedado Dívar o Camps diciendo lo siento mucho, me equivoqué, no volverá a ocurrir. O Aguirre tras su asalto para hacerse con el poder en Caja Madrid. O Griñán asumiendo su cuota parte del ajuste andaluz. Pero no, en todos los casos se trata de fenómenos ajenos a la voluntad de los protagonistas. Forzados, irresponsables.

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