La señorita de pitiminí

Ignacio Martínez | 18 de septiembre de 2012 a las 16:44

Los políticos crecen, se desarrollan y desaparecen de nuestras vidas como personajes cotidianos, como miembros de la familia. Los vemos en la televisión todos los días y alguno se convierte en estrella mediática. Ha sido el caso de Esperanza Aguirre, que siempre dio espectáculo. Eso sí, con frecuencia con gestos de populismo fácil e imprudencias. En 1989 parecía que la gran esperanza blanca femenina del PP era Isabel Tocino; la favorita de Fraga para la segunda sucesión en la presidencia del PP. Aquel verano fueron a Perbes a ver al patrón Cascos, Lucas, Trillo y Rato. Aunque éste último tenía debilidad por Herrero, el candidato derrotado por Hernández Mancha en 1987, el grupo convenció a Fraga de que el hombre del futuro era José María Aznar. Y el fundador de AP transigió. Después, Tocino fue ministra Medio Ambiente y se diluyó como un azucarillo.
Por el contrario, de la cantera madrileña surgió una ministra de buena familia y mucho desparpajo, que fue tomada al principio como una señorita de pitiminí. España descubrió a esta abogada y aristócrata como titular de Educación y Cultura. En el programa de televisión Caiga quien caiga le gritaban “¡¡¡EEEspeee!!!” y ella reía complacida, mientras la mayor parte de los políticos huían de los desvergonzados reporteros de negro, con gafas de sol. Pero a Espe le pasó como a Margaret Thatcher, que resultó estar hecha de una pasta más dura que la mayor parte de sus adversarios internos masculinos. En particular, más sólida que su enemigo mortal, Ruiz-Gallardón.
Las comparaciones siempre son odiosas. Y algunas, más todavía. De Thatcher se pueden decir muchas cosas. Y alguna podría servirle de referencia al PP o a Gallardón: como diputada en Los Comunes votó a favor de la despenalización de la homosexualidad, en contra de restaurar los castigos físicos en los colegios, a favor del aborto en caso de graves deficiencias del feto o incapacidad de la madre para hacerse cargo del niño… Aguirre, con más contaminación del caso Gürtel que Camps, limpió su región mucho antes. Cesó a consejeros, expulsó a diputados y tomó las riendas de un escándalo que devoró a su colega valenciano. Representa al ala más dura del PP, un partido demasiado ancho para tener una fuerte coherencia ideológica. Conservadores, liberales, democristianos, extrema derecha, neoliberales, son fuerzas políticas diferenciadas en cualquier país europeo.
Con la marcha de Aguirre, los neoliberales del PP pierden a su principal líder. Una política capaz de decir siempre lo que pensaba. Si se la compara con Thatcher, estaba en la edad. La dama de hierro fue inquilina del 10 de Downing Street desde los 53 hasta los 65. Y Esperanza tiene 60. Una enfermedad y la consolidación de Rajoy, a quien quiso desplazar tras la derrota de 2008, la apartan de la política. Pero se va después de demostrar que de señorita de pitiminí, nada de nada.

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  • scéptika

    Cuando una servidora no tiene respuesta para algunas preguntas, va a los gurús de la tribu a conocer su opinión.

    He escrito en google, ‘¿por qué se va E. Aguirre‘? Me encuentro con dos respuestas significativas:

    “Se va lo peor de la casta. Se va porque no está en condiciones de asumir el fracaso de su gestión”. (Enrique de Diego).

    “Nada le puede haber conducido a retirarse de la primera línea de la política, que no sea la enfermedad y los efectos psicológicos que en cualquier persona desencadena.” (Pepe Oneto)

    Comiendo, que es el rato que veo la tele, “el 24 h de tve”, Soraya, la vice -a quien algunos malvados apodan ‘la Ranita’- afirma que no se va por ninguna desavenencia con Rajoy.

    Tiempo perdido. Sigo sin saber por qué se ha ido EspAguirre.