Mal de muchos

Ignacio Martínez | 23 de septiembre de 2012 a las 13:10

Resulta que el candidato norteamericano a la Presidencia por el Partido Republicano se resiste a publicar sus declaraciones de la renta de los últimos diez años, como es costumbre en su país. Y ha entregado el buen hombre unas cartas certificadas por su asesor fiscal y un notario con algunos datos del último año y otros de ejercicios anteriores espulgados cuidadosamente. En Andalucía tuvimos un precedente no hace mucho. Estamos en la onda.
El popular refrán “dime de qué presumes y te diré de que careces”, habría que hacerle un anexo destinado a los políticos: “dime que quieres que te certifique un notario y te diré en qué tienes poca credibilidad”. En la última campaña andaluza los notarios, profesión cuyos ingresos se han hundido con el sector inmobiliario, tuvieron actividad extra. Diego Valderas, por ejemplo, firmó en Jaén un contrato de IU con el pueblo andaluz. Y desafió al PSOE y al PP a hacer lo mismo. Como si el permanente incumplimiento de las promesas de los dirigentes políticos y la falta de confianza que genera en los ciudadanos lo fuese a remediar un fedatario público. Pilar González no le fue a la zaga y firmó ante notario los compromisos que tendría que asumir quien requiriese la colaboración del PA para gobernar. No hubo caso, como saben, pero el vicio es el mismo. Es un mal de muchos.
Más refinado, Javier Arenas estuvo durante semanas intentando evitar que se hiciera pública su declaración de la renta, como ahora Mitt Romney. Y en julio de 2011 entregó unas actas notariales que daban fe de sus complementos en el Senado y en el partido. Y tardó unas semanas en darse cuenta que más le valía no esconderse detrás de un notario, para ocultar que ganaba mal contados unos 150.000 euros al año.
El caso de Romney tiene agravante. Y no porque gane al año entre 70 y 100 veces más que Arenas. El asunto es que un multimillonario como él paga un 14% de impuestos en un país en donde el tipo máximo es el 35% y el ciudadano medio paga un 25%. El millonario Warren Buffett ya pidió el año pasado más impuestos para los megarricos. Descubrió que liquidaba su contribución a un tipo menor que el de su secretaria. Como ven, es un mal de muchos.

Será verdad que los ricos también lloran. Pero a este dicho popular no le podemos poner el anexo de “también pagan”. Al menos no en todos los casos.

Los comentarios están cerrados.